El acorazado Potemkin

El acorazado Potemkin es una película para los amantes del cine, pero sobre todo, para aquellos seres humanos sensibles a los atropellos, a las humillaciones y a las injusticias.

El Acorazado Potemkin

Película histórica de 1925 sobre hechos parcialmente reales del cineasta soviético Serguéi Eisenstein. Nominada como la mejor película de la historia en la Exposición General de Bruselas de abril 1958, narra la rebelión de la marinería del acorazado Potemkin en respuesta a los tratos vejatorios que recibía, a las deplorables condiciones de vida, incluida la ingesta obligada de comida en muy mal estado. Un relato cinematográfico que conmemora el vigésimo aniversario de la revolución fallida de 1905, antecedente de la triunfante revolución de octubre de 1917.

Consta de cinco partes cada una con identidad propia: Los hombres y los gusanos; Drama en el puerto; El muerto demanda justicia; La escalera de Odesa y Encuentro con la escuadra.

La película cuenta con un montaje novedoso y espectacular con 1.290 planos en algo más de 70 minutos de metraje. Las imágenes se suceden unas veces a ritmo vertiginoso, a la velocidad de una máquina a pleno rendimiento, como en la famosa escena de la escalera de Odesa. En otras, el compás es lento, como la del funeral del heroico marinero muerto en combate. Un singular y excelente montaje que creó escuela.

El genial director soviético decía que la potencia narrativa de su montaje no era debido al aluvión de cortes, sino a su cuidada yuxtaposición. Una fusión excitante entre una imagen serena con otra perturbada, mezcla de planos generales con primeros planos, movimientos rítmicos, picados y contrapicados, planos repetitivos, acaban por provocar lo que se ha dado en llamar la tercera imagen, en la que el subconsciente del espectador, a través de su imaginación, es capaz de crear un fotograma inexistente entre dos cortes. Una técnica que Hitchcock hizo valer, por ejemplo, en Psicosis, en la conocida escena de la ducha.

Sergei Eisenstein Fuente: FILMN 22/01/2018
Sergei Eisenstein Fuente: FILMN 22/01/2018

El patetismo, decía Eisenstein, con la sucesión y cambio constante en las cualidades de la acción, genera en el espectador una emoción que lo lleva a realizar mediante un proceso psicológico una reflexión intelectual de acuerdo al tema propuesto. El discurso de la película se forma a partir de la síntesis que surge como consecuencia de la confrontación entre imágenes sucesivas. En este sentido, la extraordinaria escena de la escalera de Odesa, es propia de un montaje psicológico capaz de crear en el público sentimientos diversos intensos.

Hay quienes desde posiciones anticomunistas intentan devaluar esta enorme obra de arte calificándola de propaganda, al mismo tiempo que ensalzan otras cintas, sin imputarles este calificativo, pero que trasmiten xenofobia, como ocurre con El nacimiento de una nación de Griffith (1915), sin perjuicio de las cualidades técnicas de la película.

El acorazado Potemkin es un episodio radiográfico de la lucha de clases que nos muestra el enfrentamiento de las capas populares rusas contra la opresión zarista. Un análisis sobre la tiranía, la enorme fuerza de la colectividad, la solidaridad entre los seres humanos, la injusticia social, el despotismo. Un film que estimula el pensamiento y la reflexión sobre todas estas temáticas. Por estas y otras circunstancias fue prohibida en Suecia, España (salvo en la II República), Gran Bretaña, Francia, Alemania, etc.

Edmund Meisel, Nikolai Kryukov, Neil Tennant y Chris Lowe son los autores de la excelente banda sonora originaria escrita, por cierto, en menos de dos semanas. Con posterioridad fue objeto de una nueva sonorización en la que colaboraron los compositores Dmitri Shostakóvich y Nikolái Kriúkov.

La escena del funeral incorpora el himno revolucionario Habéis caído como víctimas cuyo emotivo texto aparece en el archivo musical que señalamos. La ceremonia mortuoria y esta sentida canción forman un todo de excepcional belleza, mientras vemos al marinero Vakulinchuk, de cuerpo presente, con una nota manuscrita entre sus manos (31m. 40s.) que dice: «por una cucharada de sopa».

Shostakóvich, en su sinfonía nº 11, una obra musical programática que relata, precisamente, los acontecimientos revolucionarios del año 1905, incorpora en la parte central de su tercer movimiento, bajo el título In Memoriam, el recuerdo eterno, esta emotiva canción rusa.

Curiosamente, en la versión cuyo enlace ofrecemos a los lectores, podemos apreciar pequeñas partes melódicas de la Marsellesa en los minutos 18.40 y 55.20 retomadas de la famosa Obertura 1812 de Chaikovski en la que las notas del himno revolucionario francés, que indican la entrada del ejército napoleónico en la incendiada Moscú, reciben la respuesta del himno imperial ruso de la época en la que el gran compositor escribe esta obra romántica. Confrontación musical que nos recuerda a Casablanca (1942) en la memorable escena del Café de Rick en la que la Marsellesa compite con la música de la Canción de Horst Wessel, segundo himno de la Alemania nazi. Una interesante versión  orquestada de esta disputa melódica pueden escucharla en este enlace.

La fotografía corre a cargo de Eduard Tissé, Vladimir Popov. De enorme calidad teniendo en cuenta la pobreza de medios de la época en que se rodó la cinta.

Junto con La Huelga y Octubre, el acorazado Potemkin forma parte de una trilogía en homenaje al proletariado ruso y su lucha por la emancipación social, económica y política. Y en todas ellas el protagonismo es coral, es la fuerza de la colectividad la que prima sobre el individuo, el pueblo alzado en armas contra la opresión, con la sola excepción del personaje del marinero Vakulinchuk, que da el primer paso frente a los déspotas mandos del buque armado y que momentos más tarde sería asesinado por la espalda por Giliarovsky, miembro del puesto de mando.

La escena de la escalera de Odesa es sobrecogedora. Siete minutos de escena y 120 escalones (48m. 10.s.). Cada plano es un fotograma impresionante: un discapacitado que baja desesperadamente huyendo por las escaleras, las fuerzas zaristas que avanzan en formación disparando a la multitud, la desbandada de las víctimas, las caídas de los abatidos por el fuego, los rostros desencajados, un niño moribundo pateado por la bota militar y la expresión aterradora de su madre ¡escuchen, no disparen!, un cochecito de bebé que se precipita empujado por el cuerpo inerte de su progenitora asesinada.

Jóvenes amantes del cine reprodujeron esta memorable escena en un interesante performance.

Destaca también la escena en la que un grupo de sublevados va a ser ejecutado sin juicio previo, sin posibilidad de defensa, un acto bendecido por un sacerdote castrense mientras blandiendo una cruz la golpea primero en su mano derecha y más tarde en la siniestra, justo cuando el marinero mártir grita ¡hermanos! ¿a quién van a disparar?

Finalmente, tras el episodio sangriento de la escalera de Odesa, la marinería responde con los cañones del acorazado disparando al Teatro de la Ópera, sede del Cuartel General del Ejercito zarista (54m. 50s.).

La última parte, el Encuentro con la escuadra, en la que se muestra la valentía de la tripulación del acorazado, constituye un emotivo e inquietante final que resulta obligado no desvelar.

El acorazado Potemkin es una película para los amantes del cine, pero sobre todo, para aquellos seres humanos sensibles a los atropellos, a las humillaciones y a las injusticias.

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