Adiós a las armas

El fuerte contraste entre una relación tan apasionada y sincera y el horroroso escenario por la que transcurre, la convierte en un alegato contra la guerra y sus atroces consecuencias.

Fidel Castro (1926-2016), en un memorable discurso en Naciones Unidad en el año 1979 señalaba al final de su intervención: «Digamos adiós a las armas (m. 6)  y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era.  Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo, esa es además la premisa indispensable de la supervivencia humana. Muchas gracias

Adiós a las armas es la película que este viernes proponemos en Hojas de Debate. Basada en la novela homónima del mismo nombre del escritor estadounidense Ernest Hemingway, publicada en 1929, toma su título de un verso del poeta del siglo XVI George Peele. El guion corre a cargo de Benjamin Glazer y Oliver H.P. Garrett.

Una apasionada historia de amor en tiempo de guerra que contiene pasajes  autobiográficos del autor de la novela. Una intensa atracción entre los dos grandes protagonistas del relato no hace de esta una película romántica. Cuenta, además, con un evidente mensaje antibelicista en aquella convulsa Europa de principios del siglo XX de violencia extrema, aspecto fundamental tanto en la novela como en la película. La versión que ofrecemos es la dirigida por el estadounidense Frank Borzage en 1932, especialista del drama romántico, en cuyo reparto intervienen Helen Hayes, en el papel de la enfermera inglesa Catherine Barkley, Gary Cooper, como Frederick Henry y Adolphe Menjou, en el de Alessandro Rinaldi. Más tarde, en 1957, se rodó la segunda versión homónima de la novela, esta vez a cargo del director Charles Vidor.

Frederick Henry, norteamericano, mujeriego y bebedor, sirve como conductor de ambulancias para el ejército italiano integrado en la Triple Entente, durante la Gran Guerra (1914-1918). Un conflicto bélico de inusitada crueldad en el que perdieron la vida nueve millones de soldados y siete millones de civiles. Catherine Barkley, atraída por el apuesto teniente, le regala un escapulario de San Antonio (21,28 m.) y le dice: «él te protegerá de todos los peligros…» Poco después, la aviación enemiga bombardea y Frederick, pese a las invocaciones de su admiradora al santo franciscano, cae gravemente herido mientras se encontraba de servicio. Siendo ya amantes la pareja protagonista, luego, en otra ocasión posterior, Barkley cambia de criterio (41 m.) y dejando a un lado el santoral, cuando su prometido marcha otra vez al frente, le regala un silbato para que no tuviera miedo.

"Helen Hayes y Gary Cooper". Fuente: Wikipedia
«Helen Hayes y Gary Cooper». Fuente: Wikipedia

Un intenso romance en el entorno de un atroz conflicto bélico que arranca con una sonora bofetada de la enfermera cuando el atrevido teniente le quiere besar, pero que en realidad es un no pero sí, difícil de encuadrar hoy en día con la nueva definición del consentimiento en la reciente legislación del solo el sí es sí. Poco minutos más tarde, Catherine le pide a Frederick que le bese (15 m.).

La conmovedora escena final sirvió como inspiración para Cumbres Borrascosas, una película  estadounidense de 1939, basada en la novela homónima de Emily Brontë y dirigida por William Wyler.

Adiós a las armas es una cinta íntima realizada con los escasos medios de producción de aquella época, pero llena de emotividad y buenos sentimientos. Precisamente, el fuerte contraste entre una relación tan apasionada y sincera y el horroroso escenario por la que transcurre, la convierte en un alegato contra la guerra y sus atroces consecuencias. En el café se anuncia el fin de la guerra. Uno de los contertulios (1 h. 10 m.) indica: «esto es el comienzo del fin, tardarán años, muchos años, en reconstruir lo que ha sido destrozado». Alegatos pacifistas se suceden en diversas escenas: «no volveré a la guerra» (1 h. 55 s.) exclama el teniendo huido.

Desde otra perspectiva, destaca la escena de la operación quirúrgica (m. 25,44) con la aplicación del éter como anestesia al herido enamorado. La escena ¿erótica? con los pies de una enfermera que el teniente mima (m. 7). La toma desde la camilla mirando hacia el techo y bajo la cúpula (m. 28.30) o la censura de la correspondencia postal (m. 49).

Realizada en los primeros años del cine sonoro, cobra especial relevancia las imágenes y la interpretación de los protagonistas más que las palabras. Recompensada con dos oscars, por fotografía y sonido.

Una magnífica película con un final intenso para espectadores románticos, pacifistas y romántico-pacifistas. Y desde luego, para toda la comunidad cinéfila.

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