La noche de los lápices

Un relato verídico de los secuestros y torturas sufridas por siete jóvenes argentinos por la Junta Militar en 1976, cuya dictadura contó con el apoyo del empresariado, el de la jerarquía de la Iglesia Católica y el del Departamento de Estado de EEUU y su secretario de Estado, el criminal Henry Kissinger.

La Noche de los Lápices

«La noche de los lápices» es un excelente documental de 1986 que nos muestra los horrores de la dictadura en Argentina, que transcurre entre el golpe de estado de 24 de marzo de 1976 y la restauración democrática en diciembre de 1983. Dirigida por Héctor Olivera. El guión corre a cargo del mismo Héctor Olivera y de Daniel Kon, basado en el texto literario de  María Seoane y Héctor Ruiz Núñez, y la banda sonora de José Luis Castiñeira. El reparto cuenta con actores no consagrados: Alejo García Pintos, Vita Escardó, Pablo Novak, Adriana Salonia, Pablo Machado, José María Monje, Leonardo Sbaraglia, Héctor Bidonde, Tina Serrano y Lorenzo Quinteros.

El relato, completamente verídico y sin un ápice de exageración, se centra en siete jóvenes estudiantes de la ciudad de La Plata que protagonizan la lucha por el boleto estudiantil, un pase para poder efectuar los traslados escolares mediante transporte gratuito.

Son secuestrados, torturados y desaparecidos a excepción de Pablo Díaz, el único que sobrevivió para contar la historia de todos sus infortunados compañeros: Claudio de Acha, Horacio Ungaro, María Clara Ciocchini, Claudia Falcone, Francisco López Muntaner y Daniel A. Racero.

La película describe en primer lugar la actividad reivindicativa de estos estudiantes llenos de sueños, mediante asambleas (3m. 50s.) y manifestaciones ante el Ministerio de Obras Públicas (5m.), donde reclaman el boleto estudiantil sin violencia de ningún género. Le sigue una detallada descripción de los secuestros y las torturas a las que son sometidos, la entereza y la dignidad de las víctimas en no delatar a terceros, así como los esfuerzos de sus familiares para encontrarles. El film finaliza con la liberación del único superviviente.

La película destaca por su temática: el éxito de la lucha estudiantil por el transporte escolar gratuito mediante organización y movilización; la importancia del compromiso en la defensa de los derechos del estudiantado, «estás de un lado o del otro» (24m. 20s.); el carácter antisemita de la dictadura militar, «repite: soy un judío de mierda» (50m. 10s.); la importancia de defender las conquistas sociales de nuestros antepasados.

La narración prescinde de exponer el contexto socio-político de la dictadura de aquellos terribles años, para centrarse exclusivamente por las circunstancias concretas y trágicas que sufren los protagonistas de esta historia real, tan repetida en los golpes de estado y en los regímenes dictatoriales que le siguen.

Fruto de las luchas de los estudiantes de secundaria, de la que fueron líderes los jóvenes secuestrados, el alumnado consigue el boleto estudiantil en septiembre de 1975. En agosto de 1976, la dictadura lo deroga con la finalidad, relata Pablo Diaz, de localizar a los promotores de estas reivindicaciones que previsiblemente la reactivarían, para actuar finalmente contra ellos mediante un plan que el comisario general Alfredo Fernández tituló como La Noche de los  Lápices, y que fue encontrado en la Jefatura de la Policía de la provincia de Buenos Aires. Las órdenes de secuestro llevaban las firmas de este comisario y fueron ejecutadas por esbirros de la dictadura bajo el mando de los generales Ramón Camps y Miguel Etchecolatz.

Los estudiantes desaparecidos en La noche de los lápices en Argentina.  Fuente: ElPeriodico  17.09.20
Los estudiantes desaparecidos en La noche de los lápices en Argentina. Fuente: ElPeriodico 17.09.20

Según la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP), «los adolescentes secuestrados habrían sido eliminados después de padecer tormentos en distintos centros clandestinos de detención». El llamado informe Sábato reportó 8.961 víctimas, entre desaparecidos y ejecutados, de los que 43 eran españoles nativos y otros 18 se habían nacionalizado argentinos. Los llamados vuelos de la muerte constituyeron el final trágico de numerosos desaparecidos.

La represión alcanzó tal nivel que los abogados (46m. 40s.) que planteaban procedimientos de habeas corpus ante la justicia argentina para localizar a los desaparecidos eran también victimas de desaparición.

La dictadura en Argentina, que arranca con el golpe de estado de marzo de 1976, fue ejecutada por el estamento militar y contó con el apoyo del empresariado y el de la jerarquía de la Iglesia Católica. Detrás del golpe se encontraba el Departamento de Estado de EEUU y su secretario de Estado, el criminal Henry Kissinger.

Las fuerzas armadas asumieron de forma directa el ejercicio del gobierno y ocuparon la mayoría de los cargos públicos con oficiales en actividad o en retiro. Detentaron el poder absoluto, incluso el constituyente y lo ejercitaron sin limitaciones de ningún tipo. Organizaron un estado terrorista que detenía y hacía desaparecer a cualquier disidente o potencial enemigo, para luego asesinarlos de forma clandestina, tras salvajes torturas.

Bendecido por la patronal, el golpe de estado contaba entre sus objetivos el de la implementación de políticas neoliberales, en los mismos términos que se ejecutaban en el país vecino de Chile, bajo la no menos cruenta dictadura de Pinochet.

Tortalo, Presidente de la Conferencia Episcopal y vicario castrense,  Aramburu, arzobispo de Buenos Aires y Primatesta, arzobispo de Córdoba, principales responsables del Episcopado, dieron el visto bueno al golpe militar. Calificaron repetidamente al nuevo régimen dictatorial de cristiano y necesario para defender al país del comunismo. En la noche previa a este, el general Jorge Videla y el almirante Emilio Massera mantuvieron una reunión con la jerarquía eclesiástica en la sede de la Conferencia Episcopal de la capital federal.

Resignación cristiana (1h. 20m.) era la respuesta del Episcopado a los familiares de los desaparecidos que allí acudían pidiendo su intervención, mientras las ejecuciones de los secuestrados contaban con la asistencia pastoral de un sacerdote.

El 9 de diciembre de 1985, la Cámara Nacional de Apelaciones de lo Criminal y Correccional Federal de Buenos Aires dictó sentencia contra los principales responsables de la dictadura: Jorge Rafael Videla y Emilio Massera fueron condenados a cadena perpetua y  Roberto Viola, Armando Lambruschini y Orlando Agosti lo fueron a diecisiete, ocho y cuatro años y medio de prisión respectivamente.

Destaca en la película la escena del comunicado número uno de la Junta Militar y el discurso de los golpistas (19m. 15s.); la irrupción violenta de los militares en un salón de baile donde los jóvenes tejían sus primeros amores (20m. 21s.); el padre de Claudia Falcone, tras el golpe de estado, cuando le dice a su hija (23m. 30s.): «no sigas asomando la cabeza; para un poco» y ella le responde: «me dijiste que hay que luchar; que nunca hay que bajar los brazos¿qué me pides? ¿qué me apunte a un curso de corte y confección?»; las torturas en los centros clandestinos de detención (38m. 11s.); la escalofriante escena de la máquina de la verdad (44m.); las ejecuciones con la presencia de un sacerdote (50m. 30s.) y los abusos sexuales a las detenidas (1h. 1m.)o el trato degradante a una de las secuestradas embarazada (1h. 18m.).

Una película sobre un relato real que vincula el terrorismo de estado y el genocidio con la imposición de políticas neoliberales. El neoliberalismo mata.

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