Cinema Paradiso

La sala de cine del Paradiso constituía una singular forma de disfrutar del arte cinematográfico, hoy en franco retroceso por el auge del cine en casa que promueven las grandes multinacionales, interesadas por estimular el distanciamiento social.

Cinema Paradiso

Cinema Paradiso nos muestra la sociedad italiana de la posguerra a través de una historia reivindicativa del cine y del modo en que se exhibe al público. Salvatore, apodado Totó, hijo de una viuda de guerra, es un pequeño fascinado por las imágenes en movimiento. Acude asiduo al Cinema Paradiso, una modesta y emblemática sala de cine situada en la localidad ficticia de Gialcaldo, al norte de Sicilia, que en realidad es Cefalú, cercana a Palermo, mientras obtiene pequeñas compensaciones en tareas de monaguillo que atiende con desdén.

Alfredo, el proyectista del cinema, entabla con el menor una intensa amistad que le convierte en su figura paterna, sustituta del progenitor que nunca pudo conocer Totó, víctima en los campos de batalla de la II Guerra Mundial, al mismo tiempo que le transmite amor al cine y a su oficio.

En el cinema Paradiso se proyectan interesantes películas de la época, que muestran muy breves pasajes, como «Verso la vita» de Renoir, protagonizada por Jean Gabin, Suzy Prim y Louis Jouvet, una versión para el cine de la obra teatral de Máximo Gorki, «Los bajos fondos». Repetidamente, cuando los protagonistas en sus encuentros amorosos desean sellar su pasión con un beso, el párroco del pueblo toca la campanilla para cortar la escandalosa escena en el visionado previo de la censura (m. 10). Un sinfín de apasionados besos en muy diferentes películas es hurtado al público de manera sistemática, salvo a Totó que a escondidas acude a las sesiones de censura. Estos besos interrumptus constituyen motivo de continuas y sonoras protestas de los asistentes al Paradiso (m. 20). Un espectador grita: «¡en 20 años que llevo aquí no he visto un solo beso!», mientras los jóvenes comparten un cigarrillo encendido y un señorito de palco lanza un escupitajo a la platea, donde se ubican los sectores populares.

Tras un voraz incendio, Cinema Paradiso es reconstruido por Ciccio, quien invierte en él las ganancias obtenidas en la lotería. En la inauguración del nuevo Cinema Paradiso, se proyecta por primera vez una escena de beso romántico, recibida por el público con grandes aplausos incluido el de palco, a excepción del cura censor Adelfio, y desde entonces ninguna película proyectada en el cine fue censurada.

Años más tarde, Salvatore es ya un conocido director de cine. Hereda de Alfredo un carrete de película sin etiqueta que mediante un montaje especial contenía todos aquellos besos censurados, y reencontrándose de manera pacífica con sus orígenes, nos los muestra ahora a los espectadores a través de esta interesante y magnífica película (1 h. 53 m.).

Alfredo y Totó, protagonistas de Cinema Paradiso. Fuente La Tercera 20/11/2019
Alfredo y Totó, protagonistas de Cinema Paradiso. Fuente La Tercera 20/11/2019

A través del cinema Paradiso podremos contemplar también otros pasajes de inolvidables cintas que han sobrevivido el transcurso del tiempo, presididas por el noticiero oficioso de La Settimana Incom que muestran los efectos devastadores de la reciente contienda bélica (m. 42) y que se proyectan desde la figura enigmática de una cabeza de león: «La tierra tiembla» de Luchino Visconti (1948), «Arroz amargo», dirigida por Giuseppe de Santis, con Vittorio Gassman y Silvano Mangano, «Anna», de Alberto Lattuada que popularizó la canción de «El negro zumbon» por Silvana Mangano, «Ulises», dirigida por Mario Camerini y Mario Bava, con la participación de Kirk Douglas, «Cadenas Invisibles» de Raffaello Matarazzo, «La diligencia» de John Ford o «Los bomberos de Viggiù» de Mario Mattoli,  justo cuando en el cinema Paradiso prende el fuego, entre otras. A lo anterior hay que sumar los homenajes a dos gigantes del cine: Charles Chaplin (m. 20.42) y Antonio De Curtis «Totò» (m. 44.02).

De igual forma, la película nos hace recordar a los de más edad, escenas habituales de las décadas del franquismo: la de la escuela (m. 15) en la que un menor recibe un fortisimo tirón de orejas de la enojada maestra cuando responde 30 a la pregunta de 5 por 5, mientras rien algunos de sus supuestos compañeros de clase; el desprecio del hacendado hacia un jornalero, «a tí que te de trabajo Stalin», (m. 21) en la plaza del pueblo a la hora de las contrataciones, que finalmente acaba emigrando a Alemania en busca de empleo o la paliza que Totó recibe de su madre por distraer dinero ajeno en lugar de comprar la leche (m. 22.40). Otras nos retrotraen sencillamente al pasado, sin ninguna connotación especial, como la curiosa batalla higiénica para acabar con la plaga de piojos que ataca a los más jóvenes (m. 34); la peculiar sesión de cine en la plaza del pueblo (m. 47) que Alfredo la ofrece para los más humildes de la localidad; la declaración de amor de Totó a Elena en la divertida escena del confesionario (1 h. 15 m.) o los soldados de reemplazo esperando turno para la conferencia telefónica con sus allegados.

La sala de cine del Paradiso constituía una singular forma de disfrutar del arte cinematográfico, hoy en franco retroceso por el auge del cine en casa que promueven las grandes multinacionales, interesadas por estimular el distanciamiento social. Un lugar de encuentro que reunía a jóvenes y ancianos, ricos y pobres, ilustrados y analfabetos, progresistas y reaccionarios que a lo largo de las sesiones dejan ver contradicciones y asentimientos. Paradiso es el vínculo sólido más importante que comparte la totalidad de los vecinos de Gialcaldo: mujeres que dan el pecho a sus retoños (m. 44), jóvenes que se inician en el autosexo contemplando fotogramas de una jovencísima Brigitte Bardot, parejas que van más allá del beso romántico (m.44), espectadores que acuden a dormir (m. 18), a beber, mayores con discapacidad auditiva que gritan ¡no se oye Alfredo! (m. 18.45) o  asistentes que no paran de llorar o reír, mientras el vendedor ambulante ofrece todo tipo de golosinas al público.

Giuseppe Tornatore dirige esta excelente película y es autor de su guión. Protagonizada por Philippe Noiret en el papel de Alfredo y Salvatore Cascio en el de Totó durante la época de su niñez. La música a cargo de Ennio Morricone y de su hijo Andrea Morricone autor del entrañable tema de amor que cuenta con numerosísimas versiones entre la que destaca la de la Orquesta de Praga con el violinista Itzhak Perlman como solista. Ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1989.

La película termina con una secuencia enternecedora, epílogo de una cinta llena ternura, alegría, tristeza, amor, desamor, encuentros y divergencias que debemos ver una y más veces.

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