Comuna de París y canción popular

Pierre Degeyter, autor de la música de La Internacional, y el ciudadano Fourcade, comunero de 1871 (con barba, a la izquierda), en Moscú, en el 6º Congreso de la Internacional Comunista (1928). Fuente: France Culture

El 28 de mayo de 1871 caían los últimos rescoldos de resistencia del pueblo de París. Pero masacre y atroz represión no apagaron la esperanza que La Comuna había alumbrado para los pueblos del mundo. En distintas expresiones artísticas encontramos huellas de su historia y algunas de las armas de su memoria.

Poesía y canción populares figuran entre ellas, y no en segunda fila. La Internacional ocupa un lugar aparte, auténticamente excepcional. El autor de la letra, Eugène Pottier, estampador, dibujante, pintor y escritor, militaba en la sección francesa de la Asociación Internacional de Trabajadores, creada en Londres, a raíz del congreso obrero de 1864. Veterano de la revolución de junio de 1848, participó muy activamente en el movimiento comunero de 1871: resultó elegido en las votaciones del 26 de marzo por el segundo distrito de París y combatió en defensa de la Comuna hasta la Semana Sangrienta de mayo de 1871. Logró escapar a la criminal represión desatada por el poder reaccionario, exiliándose primero en Inglaterra y después en Estados Unidos, donde se afilió al Socialist Labor Party. Regresó a Francia después de la amnistía de 1880. Los gritos de «¡Viva la Comuna!» resonaron a su muerte, en 1887, en el cementerio parisino del Père Lachaise. Gozaba ya de la celebridad de un «patrimonio militante», un símbolo de continuidad revolucionaria. La Internacional de Pottier es un producto directo de la Comuna de París. Poema escrito en junio de 1871, aunque retocado después por su autor, éste lo había dedicado a otro comunero e internacionalista, Gustave Lefrançais. La letra de La Internacional recoge algunas de las ideas y lemas esenciales de los estatutos de la Asociación Internacional de Trabajadores redactados por Carlos Marx.Un año después de la muerte de Pottier, un modesto compositor popular llamado Pierre Degeyter, tornero en madera en la norteña ciudad francesa de Lille, realizó el encargo de poner música al poema de Pottier. Así se fraguó el que sería adoptado como himno universal de los trabajadores.

Cuatro décadas después, Degeyter sería solemnemente recibido en la Unión Soviética. En Moscú, en 1928, él mismo dirigió el coro que interpretó el gran himno obrero con ocasión del VI Congreso de la Internacional Comunista. Desde 1917 (y hasta 1944), La Internacional se había convertido también en el himno oficial de la URSS, el «de los 160 millones de proletarios libertos en la antigua Rusia de los zares», como recordó L’Humanité, el órgano central del PCF, en su primera página del ejemplar del 2 de octubre de 1932, enteramente consagrada al anuncio del fallecimiento del músico de Lille. Su funeral, en la ciudad de Saint-Denis, fortaleza del «cinturón rojo» de París, constituyó una impresionante y masiva manifestación de duelo.

Solemne despedida de los restos de Pierre Degeyter en la ciudad obrera de Saint-Denis, en octubre de 1932. Fotografía: Gamma Keystone - Getty
Solemne despedida de los restos de Pierre Degeyter en la ciudad obrera de Saint-Denis, en octubre de 1932. Fotografía: Gamma Keystone – Getty

El alcance de La Internacional trasciende con creces del ámbito de la canción popular. Los dos ejemplos que siguen de esta forma de expresión artística relacionada con la Comuna de 1871 se sitúan, evidentemente, en el plano más propio de la poesía y la canción populares. Más precisamente, en dos momentos de esa relación, separados por más de un siglo; cada uno de ellos, en términos históricos, dotado de un papel y de una significación específicos y, por tanto, claramente diferenciados el uno del otro. De un lado, un poema de otro revolucionario y miembro de la Comuna, Jean-Baptiste Clément (1836-1903), que, con música de Antoine Renard, se convertiría en la que sigue siendo considerada a día de hoy una de las más grandes entre las canciones populares francesas. El otro testimonio es el de una canción de homenaje a la Comuna en la conmemoración de su primer centenario, compuesta por un enorme cantautor francés, Jean Ferrat (1930-2010), con letra de Georges Coulange.

En realidad, el poema titulado Le temps des cerises («El tiempo de las cerezas») había sido escrito por Jean-Baptiste Clément en 1866, es decir, cinco años antes de la gesta revolucionaria parisina. Antoine Renard, un antiguo tenor de la Ópera reconvertido a la revista, le puso música en 1867. Clément le había entregado el manuscrito de su poema a cambio de una humilde pelliza. Pese a su fecha de origen y a que se trate propiamente de un poema y una canción de amor (en un principio llevó como subtítulo «romanza»), ésta ha quedado inseparablemente asociada a la memoria de los comuneros parisinos: sus referencias a «una herida abierta», al «recuerdo que guardo en el corazón» se aplicaron a la gran esperanza que había abierto el proletariado de París y al baño de sangre con el que la reacción castigó su generoso ejemplo. Antes de 1871, Clément ya había conocido el exilio y las cárceles del Segundo Imperio, por sus escritos y actividades revolucionarias. Elegido miembro de la Comuna de París por el distrito 18, combatió en las barricadas contra el ejército versallés durante la Semana Sangrienta, título que dio a una canción escrita poco después denunciando la brutal represión contra el pueblo comunero. Exiliado en Londres y condenado a muerte en rebeldía en Francia en 1874, volvió clandestinamente a su país y retornó a París tras la amnistía de 1880. En 1903, alrededor de 5.000 personas acompañaron sus restos hasta el Père Lachaise.

Le temps des cerises ha tenido numerosos y muy célebres intérpretes: desde Tino Rossi y Charles Trenet, pasando por Yves Montand o Juliette Greco, a Mouloudji, Nana Mouskouri o Maxime Le Forestier (en dúo con Joan Baez), entre otros. La interpretación de nuestro admirado Paco Ibáñez (en actuación del 8 de mayo de 2004) no será la de mejor pronunciación francesa pero refleja con fidelidad y grave calidez la fuerza y el encanto de la canción. Precediéndola, ofrecemos una traducción de la letra:

El Tiempo de las Cerezas

Cuando cantemos el tiempo de las cerezas
Y el alegre ruiseñor y el mirlo burlón
Estén de fiesta
Las bellas tendrán la locura en la cabeza
Y los enamorados sol en su corazón
Cuando cantemos el tiempo de las cerezas
Mejor silbará el mirlo burlón

Pero es muy corto el tiempo de las cerezas
En que vamos en pareja a colectar soñando
Pendientes de orejas
Cerezas de amor igualmente vestidas
Cayendo bajo la hoja en gotas de sangre
Pero es muy corto el tiempo de las cerezas
Pendientes de coral que recogemos soñando

Cuando estéis en el tiempo de las cerezas
Si os dan miedo las penas de amor
Evitad a las bellas
Yo que no temo las penas crueles
No viviré un día sin sufrir

Cuando estéis en el tiempo de las cerezas
Tendréis también penas de amor

Me gustará siempre el tiempo de las cerezas
Es de aquel tiempo que guardo en el corazón
Una herida abierta
Y la Diosa Fortuna que me fuera dada
Jamás podrá apagar mi dolor
Me gustará siempre el tiempo de las cerezas
Y el recuerdo que guardo en el corazón

«Le Temps des Cerises» interpretada por Paco Ibáñez el 8 de mayo del 2004

Jean Ferrat (nombre artístico de Jean Tenenbaum) es uno de los mayores representantes de la canción francesa de los últimos sesenta años. Fallecido en 2010 a la edad de 79 años, llevaba desde 1973 sin subir a un escenario y cerca de quince sin grabar un disco. Sin embargo, seguían vendiéndose 100.000 álbumes suyos todos los años. Esto da idea de su inmensa popularidad en el país vecino. Cientos de miles de franceses de varias generaciones han hecho suyas canciones elevadas al rango de verdaderos himnos populares, como La Montagne o Ma France, entre otras, creaciones de un artista de enorme talento que no hizo ningún secreto de su compromiso social y político y cantó a «su» Francia, «la que el Señor Thiers mandó fusilar […], la de los trabajadores». Autor y compositor de más de 200 canciones, Jean Ferrat aunó a la nitidez y plenitud de su voz el cuidado puesto para acompañarla de bellísimas orquestaciones. Sobresalió con canciones extraordinarias poniendo música a la poesía de Louis Aragon: Aimer à perdre la raison («Amar hasta perder la razón»), Que serais-je sans toi ? («¿Qué sería yo sin ti?»)…Emocionó, con Nuit et Brouillard («Noche y Niebla»), evocando su trágica experiencia de niño a quien, cuando no había cumplido los 12 años, le fue arrancado su padre, deportado y conducido al campo de exterminio nazi de Auschwitz: «Nadie se cura de su infancia» es el título de otro de sus temas. Las canciones de Ferrat son, como resume uno de sus biógrafos, «sinónimo de amor, compromiso y fraternidad».

Jean Ferrat retratado por Ernest Pignon
Jean Ferrat retratado por Ernest Pignon Ernest. Fuente: Société des Amis de L’Humanité

Son esos los mismos rasgos de los que está hecho el homenaje firmado en 1971 por Ferrat a la Comuna de París poniendo música a la letra de G. Coulange que traducimos y podremos escuchar:

La Comuna

Hace cien años común Comuna
Como una esperanza que comienza
Se levantaron por la Comuna
Escuchando cantar a Pottier
Hace cien años común Comuna
Como una estrella en el firmamento
Daban vida a la Comuna
Escuchando cantar a Clement

Eran ferreteros
De frágiles estandartes
Eran carpinteros
De cien cepillados
Para defender París se movilizaron
Eran herreros
Convertidos en [guardias] móviles

Hace cien años común Comuna
Como artesanos y obreros
Peleaban por la Comuna
Escuchando cantar a Pottier
Hace cien años común Comuna
Como obreros y artesanos
Peleaban por la Comuna
Escuchando cantar a Clement

Convertidos en soldados
De conciencias civiles
Eran federados
Que plantaban una bandera
Disputando el futuro
A los adoquines de la ciudad
Eran herreros
Convertidos en héroes

Hace cien años común Comuna
Como una esperanza enterrada
Veían morir a la Comuna
¡Ah! Dejadme cantar a Pottier
Hace cien años común Comuna
Como una estrella en el firmamento
Se apagaban por la Comuna
Escucha cantar a Clement

«La Commune» en interpretación de Jean Ferrat

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