Queimada

El traspaso de la colonia de manos portuguesas a inglesas se produce como consecuencia de un proceso revolucionario en el que el esclavo se convierte en trabajador asalariado.

Queimada es una película que nos ofrece un interesante análisis marxista del colonialismo. Da nombre a una isla de las Antillas menores de 9.370 kilómetros cuadrados de extensión y 200.000 habitantes, de los que 5.000 eran blancos y el resto de piel negra, esclavos, naturalmente (m. 3.50). La principal y casi única actividad económica es la caña de azúcar.

Interpretada por Marlon Brando en el papel de un agente del Gobierno británico – William Walker- primero, y más tarde representante de la compañía inglesa Antilles Sugar Company. El líder revolucionario caribeño, José Dolores, lo encarna el actor Evaristo Márquez. La música a cargo del gran compositor Ennio Morricone y la dirección a manos de Gillo Pontecorvo autor de la excelente cinta La batalla de Argel.

Conviene aclarar que los hechos en los que se basa la historia fueron reales, pero los productores decidieron cambiar el argumento –y el nombre de la isla– y convertir lo español en portugués, al parecer por las amenazas de la dictadura franquista de boicotear el rodaje en zonas de su influencia.

En el siglo XVI los portugueses  prendieron fuego a la isla para acabar con la resistencia de los nativos al dominio colonial. Una medida drástica que diezmaba a la población y arruinaba la explotación de la caña de azúcar por al menos diez años hasta su completa regeneración posterior, pero que impedía el tránsito hacia el resto de las Antillas de las ideas revolucionarias que cuestionaban la usurpación, la apropiación de la tierra, los recursos y la riqueza del país oprimido.

El traspaso de la colonia de manos portuguesas a inglesas se produce como consecuencia de un proceso revolucionario en el que el esclavo se convierte en trabajador asalariado, con la finalidad de controlar la nueva potencia colonial la producción de la caña de azúcar de manera más acorde con los recientes requerimientos del libre mercado. El agente inglés William Walker lo promueve y lo defiende (m. 28.13), y el líder revolucionario Dolores lo ejecuta. Sin embargo, este proceso resulta inconcluso por la voluntad del colonizador que rechaza, con el uso de la fuerza, los procesos revolucionarios llevados a situaciones extremas (m. 30.30) y en donde la ignorancia en la administración de lo público y del comercio (m. 47) hace mella en los nuevos dirigentes de Queimada, que nos recuerda a aquellos otros que encabezara Emiliano Zapata en ¡Viva Zapata!, una interesante cinta de Elia Kazan, también con Marlon Brando como principal protagonista.

Teddy Sanchez, el mulato que se esforzaba en ocultar sus orígenes, es proclamado Presidente, al tiempo que José Dolores, impotente para desarrollar el proceso revolucionario en curso hasta sus últimas consecuencias, disuelve el incipiente ejército popular.  Es mejor saber dónde ir y no saber cómo se va, dice el jefe revolucionario, que saber cómo se va sin saber a dónde.

Con la firma de un tratado comercial por el nuevo gobierno para la explotación de la caña de azúcar con la Antilles Sugar Company, se inicia un nuevo periodo en donde el colonizador portugués es sustituido por el inglés. Un acuerdo por 99 años prorrogables que sanciona un gobierno de Queimada títere sometido a los intereses de la nueva potencia colonial. Con la presencia del colonizador inglés, la mutación del esclavo en jornalero asalariado no modifica las penosas condiciones de vida de los nativos que seguirán siendo esclavos asalariados.

Los antiguos esclavos se convierten en la nueva esclavitud asalariada y Dolores, un revolucionario consecuente e incorruptible, con la madurez de los años, las enseñanzas de un primer intento revolucionario fracasado y el análisis y reflexión de la nueva situación política y social de la isla, vuelve a la sierra para reorganizar a la guerrilla y poner en marcha un nuevo proceso revolucionario que ahora apunta ya decidido, sin ambages, a la descolonización y a la independencia nacional.

La insurrección crece y toma fuerza bajo la dirección de un jefe revolucionario que sabe conectar con las masas populares. Es entonces cuando William Walker es contratado por la compañía azucarera para abortar una peligrosa revolución en ciernes que puede alcanzar indeseables situaciones extremas. Y Queimada vuelve a ser quemada.

En un momento determinado, el agente inglés expone con mucha razón: «un hombre que combate por una idea es un héroe. Pero un héroe al que se mata lo convertimos en un mártir y más tarde en un mito. Y un mito es más peligroso que un héroe porque no se le puede matar.» (m. 1 h.42 m.)

La escena final es demoledora. José Dolores fue un mito. Véanla.

Miguel Medina Fernández-Aceytuno

Miguel Sagaseta

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