Saga borbónica VI: Lo siento mucho

El rey emérito pide perdón

Mi reino no es de este mundo.

Lo siento mucho, de verdad. Me he equivocao. No volverá a ocurrir. Pido perdón sin reservas por haberme cachondeao de nuestro señor, el rey emérito, y de toda su parentela. Es que no lo sabía, lo prometo. No tenía ni idea.  Pero ayer, gracias a dios, cayó en mis manos el ABC y leí un artículo del bello poeta Salvador Sostres (ese que escribió que le gusta libar «las vaginas prepúberes que todavía no huelen a ácido úrico») en el que decía:

 «Los reyes, como los papas, no tienen que ver con los hombres sino con Dios. Es estúpido juzgar a los monarcas con criterios terrenales. La monarquía es un don, una encarnación divina; ni es democrática ni está sujeta a las leyes que los hombres nos hemos dado, ni queda totalmente a nuestro alcance comprender su última profundidad y significado».

Yo no sabía lo de la divinidad, lo juro…. Por eso se me ha ido un poco la mano al hablar de esta familia de gángsters. Pero no lo volveré a hacer. De verdad que me parece una gente estupenda. Y que si alguna vez roban, olé sus huevos divinos. Que sí, que a lo mejor ha habido comisiones, pero que siempre en buen plan. Además, no creo que el rey emérito haya huido sino que habrá tomado la decisión de desplazarse fuera de España. Y en todo caso, haya hecho lo que haya hecho, han sido cosas puntuales que no van a ensombrecer su legado de fechorías. Además, la culpa de todo la tiene Pablo Iglesias, como bien apuntaba Luis María Ansón, que no en vano dirigió durante años el torcuatiano diario con la cabeza y el brazo bien altos.

 Lo siento mucho. No volverá a ocurrir.

Juan Ignacio Ruiz-Huerta

Capítulo VII «Los obsecuentes»

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