Sinfonía para la pervivencia y la esperanza. Shostakovich

El compositor apela a la música como instrumento de resistencia frente a la invasión nazi. El arte pervive frente a la barbarie.

Toda persona posee un corazón; a todo corazón le acompaña la aptitud de poder abrirse, en cierta medida, a estímulos externos; estímulos que, a veces, poseen la facultad de elevar al ser humano a estados sublimes.

En este caso, enfoco todo mi énfasis y atención en el acicate que  puede llegar a ser el arte musical para muchas personas.

La sinfonía nº 7 del compositor Dimitri Shostakovich, va a ser la protagonista de esta leve reseña, junto a su autor y el gran pueblo de Leningrado.

Bien se podría decir que la Sinfonía nº 7 es una obra de resistencia. No en vano, Shostakovick, compuso los tres primeros movimientos en el verano del año que tuvo lugar el asedio de Leningrado en 1941.

Hubo evacuados en otoño del mismo año. Shotakovick y su familia formaron parte de ellos.

Llegó a completar la Sinfonía en Kuibyshu, la capital provisional de Rusia. En su estreno en 1942, el compositor describió su obra como » una concepción optimista».

Corre el año 1941. La URSS sufre la invasión del ejército nazi y el 22 de junio del mismo año  da comienzo  «La gran guerra patriótica» donde se producen bombardeos todo el verano. El asedio a Leningrado, se mantiene durante 900 días, creando hambruna, sufrimiento, muerte y desolación por doquier. Casi un millón de personas pierden la vida. 

Tras un asedio prolongado, en medio de una brutal devastación y con sus habitantes debilitados por todo tipo de carencias, aún queda ánimo y coraje para intentar levantar la moral del pueblo; será un concierto musical el que dé cumplimiento a tan difícil cometido. 

El 9 de agosto de 1942 tiene lugar el estreno de la Sinfonía nº 7 en la ciudad de Leningrado. Su compositor tenía previsto que la obra fuese estrenada por  la Orquesta Filarmónica de Leningrado pero su deseo se vio frustrado al no poder materializarse. Debido al estado de sitio, la orquesta había sido evacuada de la ciudad.

El estreno fue interpretado —milagrosamente— por grandes músicos famélicos que no podían tenerse en pie en los ensayos debido a los desmayos que sufrían, con frecuencia, por inanición;  eran supervivientes pertenecientes a la orquesta de la radio de Leningrado .

El hambre hizo estragos diezmando al grupo que fue reforzado por algunos músicos militares. 

Los organizadores, agudizaron ingenio y crearon una red de altavoces que alcanzaba los lugares más recónditos de la urbe para que la pieza llegase a la totalidad de sus habitantes, así como a oídos de los foráneos asediadores alemanes.

Shostakovich compone su sinfonía nº 7  en periodo de guerra y es precisamente la gran  protagonista en esta ocasión.

Al adentrarnos en la gran obra, se puede apreciar todo el proceso de asedio, combate y muerte; así como la gran esperanza y optimismo que nos muestra el horizonte a medida que transcurre la interpretación de la pieza.

Debió de ser impresionante escuchar el concierto hasta en el último hueco de la ciudad. Cuentan las crónicas que, al finalizar la interpretación, reinó un silencio sepulcral en todo Leningrado y, de repente, la atmósfera se hizo eco de un  aplauso colectivo, entusiasta,  gigantesco y atronador,  surgido, al unísono, en toda la ciudad. ¡La ovación duró una hora!

Con tal manifestación y elevación de ánimo, hasta los enemigos -que también pudieron escuchar y muchos de los cuales quedaron conmovidos por aquellos acordes cargados de tanta humanidad- pensaron, que esos ciudadanos no tenían prevista la claudicación. El magnífico y común aplauso renovó la energía y el ánimo de los sitiados terminando, por completo, con las expectativas de rendición, respecto a ellos, que pudieran tener los alemanes.

Por tales hechos, a la sinfonía nº7 de Shostakovich también se la denomina: Leningrado.

En el caso que nos ocupa, es fácil entender que, corazones de personas asediadas por todo tipo de calamidades, se abrieran a la música, que supo introducirse y tocar los puntos clave de la audiencia, creando: esperanza, fuerza y una total  comunión entre congéneres. 

Toda la ciudad de Leningrado, que vibró junto a sus habitantes, seguro, sintió en aquellos momentos, la unidad más absoluta y acompasada, gracias al nexo de unión colectivo dimanante de las notas musicales esparcidas por el éter y al  derroche creativo de su autor. 

Ello nos confirma que,  en las más calamitosas y espantosas circunstancias, cuando se da por perdida la batalla, unas notas organizadas con arte en sensibilidad y coherencia supieron crear el justo sonido y el mudo lenguaje para insuflar en sus receptores el mayor atisbo de esperanza, fuerza y valor del que pudieran carecer sus machacados y apagados corazones.

El arte, es el alimento sutil que demanda el interior de todo ser. Aún, en los momentos más difíciles, posee la facultad de elevarnos hasta traspasar límites insospechados.

La sinfonía nº 7 de Shostakovich, cumplió sobradamente con esa misión.

Dimitri Shostakovich leyendo el Pravda
Dimitri Shostakovich leyendo el Pravda

Dmitri Shostakovich  (1906 -1975). Compositor y pianista Soviético, fue uno de los músicos más importantes del siglo XX.

Irune Guadix

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