CAPITALISMO E IMPERIALISMO
- CAPITALISMO E IMPERIALISMO
- EL IMPERIALISMO Y EL LARGO GENOCIDIO PALESTINO
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Las desastrosas consecuencias de la sujeción imperial para los países sometidos son incontables: esclavitud, trabajo forzado, epidemias, genocidios, crímenes contra la humanidad, hambrunas… y una total destrucción de sus sociedades, de sus economías, de sus formas de vida, al verse sometidas completamente a los deseos e intereses de las respectivas metrópolis.
1.- Aunque el hecho de que en toda la historia de la humanidad determinadas entidades políticas se extendían y apoderaban de nuevos territorios a los que sometían es antiquísimo, toma nueva significación durante los siglos XIX y XX, en los que las metrópolis fundamentalmente europeas consiguieron un dominio sobre amplios territorios de África, Asia, y otras zonas del mundo, fenómeno sustentado básicamente por la revolución industrial, que impulsaba a sus países protagonistas a ampliar los mercados, obtener materias primas al precio más barato imaginable, e incrementar el capital en cada uno de los grupos económicos hegemónicos en los países llamados “occidentales”.
Entre los historiadores se denomina propiamente época del imperialismo en sentido más estricto el periodo que abarca entre 1871 a 1914, en el que resulta impulsada por la concentración de capital en los países imperiales la necesidad de control y dominación sobre los países más débiles, que iban sometiendo, de los que se obtenían las materias primas, y que se veían avocados a un intercambio desigual y sometidos a los dictados de las potencias que ejercían sobre ellos variados tipos de dominación.
El Imperio Británico ha sido el de mayor extensión hasta la fecha, abarcando por lo que se refiere estrictamente a las primeras décadas del siglo XX a cerca de 458 millones de personas y una extensión de treinta y cinco millones de kilómetros cuadrados, lo que venía a ser una cuarta parte de la población mundial.
En Asia dominaban la India, Ceilán, Birmania, Malasia, Hong Kong, manteniendo cierta tutela sobre China; en África ocuparon Egipto en 1882, para controlar de manera absoluta el canal de Suez, dominaron Sudáfrica, y entre 1885 y 1914 tenían el control del 30% de la población africana, mientras que otros países europeos también lanzados por el camino del imperialismo controlaban en dicho continente africano respectivamente el 21% Francia, el 9% Alemania, el 7% Bélgica y el 1% Italia. Portugal a su vez mantenía sus antiguas posesiones coloniales.
No es muy conocido el hecho de que un pequeño país como la actual Holanda ejercía el control sobre Indonesia hasta agosto de 1945, sometido por el país europeo durante tres siglos y medio.
En su libro “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, Lenin explicó como en los países más avanzados de este modo de producción la concentración de capital había producido la creación de grandes monopolios que acaparaban sectores enteros de producción, que a su vez controlaban el estado, y un pequeño grupo de empresas cada sector de producción, haciendo desaparecer la competencia, asignando un nuevo papel a los bancos que se implican con el capital industrial dando así lugar al denominado capital financiero, que a su vez impulsa la exportación de capital y la penetración de las potencias económicas en los otros países más débiles, dando lugar así a un reparto del mundo en la denominada cadena imperialista, que obligaba a cualquier potencia a desplazar o dominar a otras para ampliar su obtención de materias primas y su mercado.
En este sistema imperialista, una serie de países se colocan a la cabeza del mismo para dominar al resto, a los que someten de variadas formas, y a su vez compiten ferozmente en la extensión y ampliación de dicha dominación sobre los sometidos.
2.- En este contexto se convocó y celebró la Conferencia de Berlín, que tuvo lugar en dicha ciudad entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero de 1885, a instancias de Francia y Reino Unido y que fue organizada por el canciller alemán Bismarck, con el fin de solventar los problemas que implicaba la expansión colonial en África, y en definitiva resolver el reparto de dicho continente. Participaron en la misma Alemania, Bélgica, España, Francia, el Imperio Otomano, Italia, Reino Unido, Portugal, el Imperio Austro-Húngaro, Países Bajos, Dinamarca, EEUU, Rusia, y los entonces Reinos Unidos de Suecia y Noruega.
Los resultados de la conferencia sentaron las bases para la ocupación efectiva de África, que para 1914 había concluido.

Mutilaciones provocadas por las fuerzas militares al mando del rey Leopoldo II de Bélgica contra la población congoleña.
Se había producido una ocupación franco-española de Marruecos (1913), la de Libia por parte de Italia, las de Túnez por parte de Francia y de Egipto por las fuerzas británicas a partir de 1882, Francia logró el control de la zona sahariana y la costera occidental, ocupando Costa de Marfil, Guinea, Senegal y Mauritania, a su vez, Inglaterra tenía la posesión sobre Gambia, Sierra Leona, Costa de Oro, Nigeria, los alemanes Togolandia… y los portugueses, Guinea y Cabo Verde; por el centro del continente los franceses continuaban hasta el Congo Francés, el Estado libre del Congo era posesión personal del Rey Leopoldo de Bélgica, los alemanes habían ocupado Camerún, y en el África Oriental los ingleses a Uganda, Kenia y la Somalia británica, los italianos Eritrea y Somalia, parte de la cual fue ocupada también por Francia, y finalmente en el África Austral Portugal mantenía en su poder Angola y Mozambique, Alemania parte de África del sudoeste e Inglaterra Bechuanalandia (hoy Botsuana) y Rodesia, repartiéndose la zona insular del Indico entre franceses e ingleses.
Este reparto quiso poner fin a las disputas interimperialistas, pero no lo consiguió, pues se sucedieron posteriormente múltiples conflictos, como el incidente de Fachoada, el ultimátum de Inglaterra a Portugal de 1890, la injerencia alemana en Marruecos, la falta de reconocimiento francés de la ocupación británica de Egipto, y los conflictos Ítalo Turcos en relación con Cirenaica y Tripolitania, entre otros.
3.- Esta penetración europea se hizo a sangre y fuego encontrando resistencia en muchos de los territorios que ocupaban: así ocurrió en la actual Ghana, en Nigeria, Kenia, África Occidental alemana, África del Sur, Herero, Marruecos sobre todo en la zona Rifeña, y Libia.
Tras la Conferencia, todo el continente africano quedaba sometido y repartido entre las potencias occidentales, salvo Liberia y Abisinia, hoy Etiopía, dando lugar a las guerras Ítalo-etíopes con su posterior secuela en 1936 cuando el país fue invadido por la Italia de Mussolini.
4.- Las desastrosas consecuencias de la sujeción imperial para los países sometidos son incontables: esclavitud, trabajo forzado, epidemias, genocidios, crímenes contra la humanidad, hambrunas… y una total destrucción de sus sociedades, de sus economías, de sus formas de vida, al verse sometidas completamente a los deseos e intereses de las respectivas metrópolis.
Durante la Conferencia de Berlín, las potencias coloniales trazaron líneas arbitrarias en el mapa, según sus conveniencias y compromisos, generando incontables problemas a las poblaciones afectadas, al no tener en cuenta las divisiones étnicas, culturales e históricas preexistentes. Dividieron grupos étnicos, unieron otros diferentes, generando incontables conflictos que aún perduran. Los recursos económicos fueron explotados para beneficio de las potencias, incluyendo la extracción de minerales, la explotación agrícola y forestal, el control de las rutas comerciales.
Los países sometidos no tenían autonomía política, no lograron adquirir un desarrollo industrial, pues los colonizadores se llevaban todas las materias primas, y las condiciones laborales a que sometían a los colonizados eran inhumanas.
Por ejemplo, el Imperio Británico provocó una gigantesca hambruna en la India; en territorio africano genocidios como el de la guerra anglo-zulú, la represión en 1857 de la revuelta de los cipayos que conllevó numerosas masacres; durante la segunda guerra de los Boers causaron ingente cantidad de víctimas, todo esto expuesto sin ánimo de exhaustividad.
Todavía en época moderna, bajo el reinado de Isabel II los gobiernos británicos cometían enormes atrocidades, sirva como ejemplo la llamada Emergencia Malaya, incluyendo campañas de tierras arrasadas, con quema de los hogares y fincas de los sospechosos de apoyar la independencia, relocalizaron entre 400 mil y un millón de personas en campos de concentración y rociaron con agente naranja los cultivos; la represión de los Mau-Mau entre 1952 y 1960 contra los rebeldes keniatas, encerrando a más de cien mil locales en campos de concentración, en los que fueron sometidos a todo tipo de abusos y torturas; la Guerra encubierta en Yemen entre 1962 y 1969, la ofensiva de propaganda en Indonesia entre 1965 y 1966, que provocó el asesinato de quinientas mil personas en aquel país a cargo del criminal dictador Sukarno, el domingo sangriento del 30 de enero de 1972 en Derry… por solo referirnos a las más recientes, posiblemente de mucha menor envergadura que los genocidios llevados a cabo en épocas más pretéritas, como la eliminación de los nativos norteamericanos, las hambrunas ocasionadas en la India por los británicos, la conversión en dependientes del opio de millones de chinos con ocasión de los problemas de introducción de dicha sustancia y extensión de la misma por parte de los británicos en China…
Haría falta una enciclopedia para explicar con cierta profundidad la enormidad de atrocidades causadas por las potencias imperiales sobre los pueblos sometidos, sin aludir a las catástrofes poblacionales ocasionadas por la introducción de nuevas enfermedades en sus hábitats, que ocasionaron millones de muertos (el caso de la conquista española de América es paradigmático en este sentido), ni olvidar como muchos de los ataques contra estas poblaciones trajeron consigo la probatura de armas cada vez más mortíferas, como el uso de gas tóxico contra las poblaciones norteafricanas utilizado por españoles y franceses durante las contiendas en el norte de África, y también por los italianos.
La barbarie desatada en todo el mundo por las potencias imperialistas trajo además innumerables guerras, una de las cuales, la primera guerra mundial ha sido caracterizada como ocasionada fundamentalmente por la lucha por el dominio sobre el resto del mundo por parte de las principales potencias imperialistas.
LA DESCOLONIZACION
El fin de la forma más brutal de dominio imperialista se produjo fundamentalmente después de la segunda guerra mundial, impulsado por la lucha de los países oprimidos para liberarse de la opresión colonial, y el fortalecimiento del principio del derecho de autodeterminación de los pueblos. La ONU tuvo un papel destacable en este proceso.
Muchas de las descolonizaciones se produjeron de manera violenta, a través de guerras de independencia, y rebeliones de los oprimidos, ante la resistencia de los opresores a dejar en paz a sus presas.
En 1947 se independiza La India, Indonesia en 1949, Marruecos y Túnez en 1956, Argelia en 1962, y en la segunda mitad del siglo XX lo hicieron la mayor parte de los países del África subsahariana, así como Namibia y Angola; los territorios de Macao se devolvieron a China en 1999.
Pero en algunos lugares del mundo la lógica de este proceso fue diferente, o se truncó.
El 31 de mayo de 1961 la Unión Sudafricana se independizó del Reino Unido, y se proclamó como República de Sudáfrica, manteniendo el sistema de segregación racial, que legalizaba la separación racial, la discriminación y sometimiento de la mayoría de la población que era negra, manteniendo en el tiempo una situación que era insoportable y fue objeto de todo tipo de movilizaciones y condenas a nivel mundial, hasta que finalmente tras enormes sufrimientos por parte de la población sometida y sus líderes se produjeron las elecciones democráticas de 1994 que dieron el triunfo a Mandela.
Entre 1954 y 1962 tuvo lugar la Guerra de independencia de Argelia, contra la colonización francesa de aquel país que se prolongaba desde 1830.
Fue tras la segunda guerra mundial cuando se incrementó el sentimiento independentista, organizándose una actividad guerrillera contra el ejército francés , que por parte argelina protagonizó el FLN (Frente de Liberación Nacional), respecto de la que muchos historiadores sostienen que costó la vida a un millón de personas. Por parte francesa se extendió el uso de la tortura indiscriminada contra los combatientes argelinos, que finalmente obtuvieron la independencia, el 5 de julio de 1962. Alrededor de un millón de colonos europeos, fundamentalmente franceses, fueron expulsados de Argelia.

