Pensionistas. Repercusiones e intereses

Esta entrada es la parte 2 de 3 en la serie Plan contra pensionistas
¿Existe un plan de acoso y derribo contra los pensionistas? (2)

Una vez analizado el estudio del BdE, pasamos a investigar las repercusiones de dicho estudio y qué intereses puede haber tras el mismo.

Una vez que vimos que el estudio del BdE (Banco de España) había que cogerlo con pinzas, debido a la multiplicidad de variables que se incluían, y a su dispersión, y a la elección de la muestra,  siendo alertados por el propio BdE, vamos a profundizar en sus entrañas.

Tras este estudio, han sido muchas las voces alertando acerca de la insostenibilidad del sistema, debido a que, según ellos, los pensionistas son muchos y cobran más de lo que aportaron. 

El Banco de España lleva tiempo lanzando el mensaje de que el sistema público de pensiones es insostenible, que ve necesarias ciertas modificaciones para garantizar su estabilidad y sostenibilidad. Coincidencia o no, son modificaciones que ya se han venido lanzando desde Europa,  y se han pedido al Gobierno de España nuevamente con motivo del fondo de rescate europeo. 

Una de esas reformas defendidas por el BdE y que curiosamente la UE nos ha solicitado tiene que ver con retrasar la edad de jubilación, manteniendo así un mayor tiempo a los cotizantes en el sistema de empleo. Más tiempo cotizando y menos cobrando una prestación pública. 

Junto a este punto, otro de los ajustes que ha recomendado el BdE, (y casualmente es idéntico a lo que viene requiriendo la Comisión Europea) es que se deje de indexar las pensiones con el IPC, lo que conduciría a una rebaja en la capacidad adquisitiva de los actuales jubilados. 

¿Otro ajuste más? Seguimos con lo que el BdE recomienda y la Comisión Europea ha exigido. Es el que atañe a la esperanza de vida. El BdE recomienda ligar el cálculo de las pensiones a los años que se espera que vivamos Es decir, si cada vez vivimos más años, se va a adaptar la cuantía de la pensión a tales años. Y recordemos que España tiene una de las esperanzas de vida más altas a nivel mundial. Por lo tanto, la revalorización de las pensiones, y el cálculo de las mismas será a la baja, con lo que los nuevos jubilados cobrarán menos pensión que las generaciones anteriores, y como no estarán indexadas al IPC, la inflación acabará por seguir destruyendo el poder adquisitivo de los pensionistas de dentro de unos años. 

Uno de los resultados más patentes de estos ajustes, sería el del menor poder adquisitivo, menor tasa de reposición (no se va a poder tener el mismo poder adquisitivo trabajando que cobrando pensión, con lo que sería un medio para que las personas mayores siguieran trabajando para poder seguir manteniendo ese nivel adquisitivo y no caer en situaciones de precariedad).  Si la persona se decidiera jubilar, el resultado no será otro que un aumento de la pobreza . Y una de dos, o vemos pensionistas trabajando hasta edades muy avanzadas, para poder seguir manteniendo un nivel adquisitivo digno, o la pobreza se extenderá entre los pensionistas actuales y futuros.

Si creen que estas son elucubraciones mías, Óscar Arce, en un evento sobre Planes de Pensiones organizado por una entidad financiera y el periódico Cinco Días, dijo lo siguiente: «¿Tiene sentido trabajar algo más cuando vivimos más? Posiblemente sí. Sé que es doloroso y no gusta escucharlo[…] o eres tremendamente productivo en tu trabajo, algo que no estamos viendo, o no es descartable ligar la edad de jubilación a la esperanza de vida» (Jornadas “Feliz longevidad, un desafío para el ahorro a largo plazo”).

Por cierto, para quien no lo sepa, Óscar Arce es  Director General de Economía y Estadística del Banco de España. Sí, de Estadística. Ese departamento que ha sacado un estudio sobre las pensiones titulado «Una estimación del rendimiento financiero del sistema de pensiones». Y esas palabras las dijo mucho antes de que apareciera el estudio que está siendo objeto de estos artículos. 

Ya estuvimos viendo en el anterior artículo que el BdE establecía que cada pensionista cobraba de media 1,74 euros con respecto a cada euro que había cotizado. Y en ese mismo artículo nos referimos a que había que tomarlo con mucha cautela, el mismo Óscar Arce sigue relatando: «Hemos pasado […] a tener ahora un déficit en la Seguridad Social de en torno al 1,5% del PIB. Hay varios motivos detrás de esto, algunos tienen que ver con la demografía. Lo que más ha aumentado es el gasto, por el aumento de número de pensiones y porque las pensiones son más altas».

¿Qué puede haber detrás de todo esto? ¿Se acuerdan de la aprobación de la Mochila Austríaca por parte del Gobierno? Por cierto, Podemos votó a favor: «Un error de Unidas Podemos incorpora la ‘mochila austriaca’ a las recetas para la reconstrucción».

¿Qué es eso de la «mochila austríaca»? Pues no es de las que se pueda comprar en el Decathlon, por si a alguien se le ha ocurrido mirar en alguno de sus catálogos. La «mochila austríaca» consiste en la generación de una cuenta individual para la jubilación que acompaña al trabajador a lo largo de toda su vida laboral. Y profundizando algo más, lo que está sucediendo es el desmantelamiento del sistema de pensiones de reparto como lo conocemos hoy en día. Sí, ese sistema de reparto que proporciona justicia social y estabilidad ante las incertidumbres del futuro. Porque, como ya se dijo en el anterior artículo, quien más aporte —sueldos más altos, mayor tiempo cotizado—, tendrá una mochila más llena. Pero ¿y si no se puede aportar porque España es un país de trabajo precario, de bajos salarios, y alta temporalidad? 

¿Se acabará también con otro de los principios de nuestro sistema de pensiones, como es la Universalidad? Porque si hay que recortar, y se va a cobrar de lo aportado individualmente, quien no haya podido aportar, o no haya aportado el tiempo suficiente, se le condena a la pobreza irremediablemente. Mejor le podemos preguntar a los de Podemos, a ver qué piensan, igual se vuelven a equivocar y votan para ver quién gana Eurovisión en el próximo Congreso. Pero es que hay favores políticos que hay que ir pagando, aunque sea a base de «errores».

Fruto de esta campaña contra el sistema de pensiones de reparto, es la constante oferta de productos de inversión para la jubilación: planes de ahorro, planes de pensiones, etc. Toda una serie de instrumentos creados por la industria financiera para acaparar el ahorro de la población. 

Estos activos financieros corren a cuenta de quien los adquiere, su evolución y los resultados que se obtenga con su compra y permanencia conllevan un riesgo y una alta imprevisibilidad sobre su rentabilidad. Al final es dejar en manos del mercado de capitales la pensión de jubilación. ¿Saben lo más curioso? Que hay activos financieros emitidos por el propio Estado, bonos, deuda pública. O sea, no podemos endeudarnos para pagar las pensiones en nuestro sistema de pensiones actual, pero vamos a lanzar emisiones de deuda para que la compren las entidades financieras, y le ofrezcan a los trabajadores planes de pensiones o fondos que contengan esa deuda, y así tengan una jubilación.  Y vamos a pagar intereses por esa deuda que hemos emitido, endeudándonos más. ¡Mande, me lo expliquen!

Si miramos las rentabilidades de los planes de pensiones privados, Europa Press publicaba lo siguiente: «Todos los planes de pensiones ofrecieron rentabilidad negativa en el primer trimestre (2020), cuando ninguna gestora en España logró sacar rendimiento en estos vehículos de inversión en la crisis de los mercados[…] El patrimonio bajo gestión de los planes de pensiones del sistema individual perdió 7.474 millones».

Y si piensan que es debido a una mala época, por el COVID, nos retrotraemos al 2018, y leemos titulares como los siguientes: «El 80% de los grandes planes de pensiones sufre pérdidas en el último año».

No parece que sean la panacea para tener una jubilación digna. Y sin embargo, nos desean vender que el futuro de las pensiones debe pasar por planes privados, u otros productos financieros de la mano del mercado de capitales. La protección social de nuestro sistema de pensiones bien merece que lo sigamos defendiendo, ¿no creen?

José López Cobos

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