3-Filosofía de la Edad Media

Filosofía de la Edad Media

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946
Diccionario filosófico abreviado · 1959:202-204

Filosofía de la sociedad feudal. En esa época, la religión era la
ideología dominante. Las insurrecciones de los campesinos y de los
habitantes de las ciudades contra el régimen de explotación feudal,
tenían al mismo tiempo el carácter de “herejías”, vale decir, de lucha
contra la Iglesia Oficial (Católica), bastión del feudalismo. La
primera tentativa de legitimar los dogmas cristianos, pertenece a la
Patrística (ver), doctrina de los “Padres de la Iglesia”. Estrechez
religiosa, odio indisimulado por la ciencia, justificación del yugo,
feudal, llamados hipócritas al ascetismo tales son sus rasgos
esenciales. Tertuliano (160-230 aproxim.), declaraba: “Creo porque es
absurdo”. San Agustín (ver Agustín), cuyo sistema estaba basado en el
neo-platonismo (ver), doctrina mística e idealista, proclamaba la
supremacía del poder de la Iglesia Católica. Del siglo VII al X,
apareció en Europa Occidental, la corriente principal de la filosofía
medieval, la escolástica (ver), que adquirió su forma definitiva en el
siglo XI, gracias a la consolidación del catolicismo. Esta escuela
religiosa de la clase dominante, reinó en absoluto en la enseñanza.
Los escolásticos adaptaron a las necesidades del cristianismo una
mezcolanza ecléctica y falsificada de los sistemas idealistas de la
antigüedad. Al principio, el platonismo (ver Platón) ejerció la
influencia mayor, y a partir del siglo XII, un aristotelismo deformado
ocupó su lugar. “El obscurantismo clerical” escribe Lenin en sus
Cuadernos filosóficos, “mató en Aristóteles el elemento vivo, y
eternizó el elemento muerto”. El clero transformó la lógica de
Aristóteles en una “escolástica rígida”. “La filosofía es la
servidora de la teología”, así es como definía la Iglesia Católica el
papel de la filosofía escolástica. Su tarea principal, condicionada
por su naturaleza de clase, consistía en persuadir a las masas
populares de que el régimen de explotación feudal había sido creado y
santificado por Dios mismo, y que luchar contra él, era rebelarse
contra la voluntad divina. En sus esfuerzos por apoyar y defender la
ideología oficial de la Iglesia, los escolásticos recurrían a
subterfugios, a argumentos sutiles, puramente formales y artificiales.
No tomaban en cuenta, en absoluto, los datos de la experiencia, y se
entregaban por entero a logomaquias hueras y a confrontaciones de
textos de falsas autoridades. La doctrina más influyente fue la de
Tomás de Aquino (ver) que puso todo su empeño en apoyar el dogmatismo
católico sobre un aristotelismo falsificado, y en “legitimar
filosóficamente” el régimen feudal reinante. A fines del siglo XIX,
el Papa proclamó que la doctrina de “santo” Tomás era la “única
filosofía verdadera” de la Iglesia Católica. Los obscurantistas
actuales también la llevan sobre pavés.

La lucha de clases en el seno del feudalismo se manifestaba por la
aparición de tendencias filosóficas opuestas. La lucha del
nominalismo (ver) y del “realismo” (ver “Realismo” medieval) durante
los siglos X y XI, fue la más significativa. Los “realistas”
afirmaban que las ideas generales, los “universales”, tienen una
existencia real como substancias espirituales o prototipos anteriores
a las cosas particulares. Los nominalistas creían que sólo las cosas
particulares, individuales, existen, mientras que los universales no
son más que simples denominaciones, nombres que los hombres atribuyen
a los fenómenos. En la lucha del nominalismo contra el “realismo”, a
través de la bruma teológica de la época, se esbozan los principales
partidos en filosofía: el materialismo y el idealismo. El nominalismo
constituye una de las primeras expresiones del materialismo. Lenin
subraya que “…la lucha de los realistas y los nominalistas de la Edad
Media, tiene rasgos comunes con la de los materialistas y de los
idealistas” (Obras, Ed. rusa). Ligado al movimiento de oposición
contra la Iglesia Oficial, el nominalismo era una expresión específica
de la ideología de los artesanos y de los comerciantes, del ascenso de
las capas ciudadanas atraídas hacia el conocimiento experimental y
poseedores de cierta independencia de espíritu. Esta tendencia
encontró su expresión en la doctrina de Abelardo (ver). Las mismas
fuerzas sociales estimulaban el interés por las ciencias naturales y
las matemáticas, completamente desdeñadas por la escolástica oficial.
En Gran Bretaña el auge impetuoso de la economía y la agravación de la
lucha de clases condicionan la aparición de la doctrina de Roger Bacon
(ver), progresiva para su época. Bacon asignaba una importancia
particular a las ciencias naturales y a la técnica. Sus audaces
concepciones le valieron la persecución de la Iglesia Católica. Las
doctrinas nominalistas presentaban también vagas tendencias
materialistas. Duns Scotus (1265-1308 aprox.) explicaba la facultad
de pensar que posee la materia, por la voluntad “insondable” de Dios;
al mismo tiempo se esforzaba por romper las cadenas que ataban la
filosofía a la teología. Estas tendencias alcanzaron su punto
culminante en la doctrina del nominalista Guillermo de Occam (ver),
quien luchó contra el Papa junto al emperador y a los Ciudadanos
avanzados que odiaban a los caballeros dedicados al pillaje, y se
esforzaban por poner coto al predominio clerical.

Posteriormente, la escolástica degeneró definitivamente, pero durante
mucho tiempo, toda suerte de obscurantistas galvanizaron su cadáver.
La escolástica fue la variedad dominante de la filosofía medieval,
pero no la única. Diversas doctrinas místicas que reducían el
conocimiento a la “iluminación” del hombre o la “unión” de su alma al
principio divino, ejercieron también cierta influencia. Enemigo de la
experiencia y de la lógica, el misticismo aparece como una tendencia
perjudicial y reaccionaria. No obstante, en las condiciones
históricas particulares de la Edad Media, ciertas concepciones
sociales de los místicos sobre la inutilidad de la Iglesia como
“intermediaria” entre Dios y los hombres, sobre la pseudoerudición de
los escolásticos, &c., pudieron oponerlos temporalmente a la ideología
dominante. Engels consideraba la mística medieval como una forma de
oposición al feudalismo.

Los siglos XV y XVI señalan el fin de la filosofía medieval. La
aparición y el desarrollo de las relaciones burguesas engendran una
nueva ideología, la del Renacimiento. La cultura del Cáucaso, del
Asia central, de los árabes y de otros pueblos de Oriente, estaba más
adelantada, hasta el siglo XIII, que la de Europa Occidental. Los
representantes progresivos de la civilización oriental, se entregaban
al estudio de las ciencias naturales, de la medicina, de las
matemáticas, de la geografía, de la técnica. Fueron los árabes y
otros pueblos orientales, quienes hicieron conocer la brújula, la
pólvora, el papel, &c., a los europeos. Los más brillantes pensadores
de Oriente –Ibn-Siná (Avicena) (ver), Ibn-Rochd (Averroes) (ver), &c.–
ejercieron una gran influencia, muy a menudo positiva, sobre la
filosofía de Europa Occidental. A través de la espesa capa del
idealismo, se abrieron paso fuertes tendencias materialistas
(eternidad de la materia, naturaleza mortal del alma individual,
determinismo de la naturaleza, &c.). La historiografía burguesa
escamotea la importancia de la cultura oriental con el objeto de
acreditar la idea reaccionaria de la prioridad y de la supremacía
absolutas de la civilización de Europa Occidental, “aria”, “nórdica”.
Hoy los ideólogos burgueses se afanan por resuscitar el cadáver de la
escolástica medieval y por utilizar las “teorías” obscurantistas, en
interés de la reacción imperialista.

Diccionario filosófico · 1965:186-188

Filosofía medieval en los países de la Europa occidental

Filosofía de la sociedad feudal del Occidente de Europa en la época
comprendida entre el hundimiento del Imperio romano (siglo V) hasta la
aparición de las formas tempranas de la sociedad capitalista (siglos
XIV-XV). Al derrumbarse la sociedad esclavista grecorromana, se
produjo también una decadencia de la filosofía. La herencia
filosófica clásica se perdió y hasta la segunda mitad del siglo XII
permaneció desconocida de los sabios de la Europa Occidental. La
ideología imperante fue la religiosa: en el Cercano Oriente, en Arabia
y en los países de lengua árabe, musulmana; en Europa, cristiana, en
dos variantes (catolicismo romano y ortodoxia bizantina). La escuela
y la instrucción pasaron a manos de la Iglesia, cuyos dogmas figuraban
en la base de todas las representaciones acerca de la naturaleza, del
mundo y del hombre. El desarrollo de las escuelas (seglares y
eclesiásticas) así como, desde mediados del siglo XII, la creación de
las primeras universidades (en Italia, Inglaterra, Bohemia y Francia)
plantearon a la filosofía el problema de ayudar a la Iglesia a
explicar e incluso fundamentar filosóficamente los dogmas de la fe.
Durante varios siglos, la filosofía se convirtió en la «sierva de la
teología». Ya había desempeñado esta función, en la obra de los
apologistas, defensores del cristianismo contra el paganismo, como
también, más tarde, en los trabajos de los «padres de la Iglesia». En
Occidente, el más importante de todos ellos, Agustín (354-430)
introdujo en el sistema de doctrinas de la filosofía cristiana varias
ideas del neoplatonismo. Constituyeron otra de las fuentes –para el
Occidente– de esta influencia, adaptada a los objetivos de la
ideología cristiana, los neoplatónicos orientales, entre ellos el
denominado seudo Dionisio, el Areopagita (siglo V). Una de las
personalidades que dejó más profunda huella en la filosofía del
Medioevo fue Juan Escoto Erigena. Al explicar los dogmas de la fe,
los filósofos medievales se encontraron con una serie de complejos
problemas acerca de la relación entre lo singular y lo general y
respecto a la realidad de lo general. En dependencia del
procedimiento que empleaban para resolverlos, la filosofía escolar,
que fue denominada escolástica, elaboró varios puntos de vista entre
los cuales se destacaron como más importantes las doctrinas del
realismo (Realismo medieval) y del nominalismo, que se combatieron
recíprocamente. En el siglo XII, Pedro Abelardo se manifestó contra
las posiciones extremas de ambos puntos de vista. Desde mediados del
siglo XII, las obras principales de Aristóteles se tradujeron al
latín. Las teorías aristotélicas, acogidas al principio hostilmente
por la Iglesia, se tomaron pronto como base filosófica del
cristianismo. Desde entonces, los maestros de escolástica se
convirtieron en exégetas y sistematizadores de Aristóteles. Adaptaron
el aristotelismo a sus conceptos religiosos y filosóficos, aprendieron
dogmáticamente las partes envejecidas de la concepción del mundo de
Aristóteles (por ejemplo, el sistema geocéntrico, los principios de su
física), rechazaron toda búsqueda de lo nuevo en la ciencia. Los
sistematizadores principales de la escolástica, en el siglo XIII,
fueron Alberto Magno, Tomás de Aquino y Juan Duns Escoto. La Iglesia
ha concedido la máxima valoración a la obra y a la doctrina de Tomás:
le ha incluido en el número de sus «santos» y, en la segunda mitad del
siglo XIX, declaró su sistema, doctrina filosófica oficial de la
Iglesia (Neotomismo). En el siglo XIII, al mismo tiempo que los tres
sistematizadores de la escolástica, actuaron varios eminentes
filósofos, entre los cuales se destaca como más importante Roger
Bacon. En su doctrina resuena ya la protesta contra las bases
sociales del feudalismo. El crecimiento registrado en el siglo XIII,
de las ciudades medievales, de la artesanía y del comercio, así como
de las vías de comunicación y el incremento de las relaciones con el
Oriente durante las Cruzadas, originaron cierto auge de la filosofía,
en particular del nominalismo, del que Guillermo de Occam se convirtió
en su figura más eminente, seguido por sus discípulos de la escuela
occamista de París. En la filosofía medieval, la lucha ideológica no
se planteaba sólo como lucha interna de la escolástica. A esta misma
se contraponía la mística, que situaba la autoridad de la Iglesia y
sus doctrinas en un plano inferior al del testimonio del sentimiento,
personal y de la conciencia subjetiva. En la vida espiritual del
feudalismo, la mística se convertía con frecuencia en la forma que
adoptaba la oposición contra la doctrina religiosa oficial y
obligatoria: la actitud personal del creyente respecto a Dios se
convertía en crítica e incluso en lucha contra la ideología y contra
el sistema social del feudalismo. Pero en la mística existía también
una corriente reaccionaria (Bernardo de Clairvaux, Buenaventura). En
el siglo XIII, apareció en la filosofía medieval un fuerte movimiento
antiescolástico fecundado por la teoría de Averroes acerca de la
mortalidad del alma individual y respecto a la razón, común a todos.
Desarrolló valientemente las ideas de Averroes, el luchador contra la
escolástica en la Universidad de París, Siger de Brabante, quien
padeció una muerte atroz en 1282. Ya a principios del siglo XII, para
aplastar las manifestaciones heréticas y hostiles a la Iglesia, así
como para luchar contra nuevas ideas filosóficas, fueron instituidas
las órdenes monásticas de dominicos y franciscanos. Fueron
precisamente sabios de estas dos órdenes quienes, en el siglo XII
dieron cumplimiento al proyecto del Papa Gregorio IX en el sentido de
«corregir» la doctrina de Aristóteles en interés de la ideología
católica. Pese al relativo auge que experimentó la filosofía medieval
en el siglo XIII, los resultados a que ésta, llegó durante más de mil
años de desarrollo fueron sumamente pobres tanto para la filosofía
como para la ciencia, ya que incluso los grandes pensadores buscaban
no tanto la verdad cuanto los procedimientos para fundamentar la fe, y
el régimen espiritual de la sociedad, en el Medioevo; aherrojaba la
iniciativa y el vuelo del pensamiento de quienes se atrevían a rebasar
los límites del cometido indicado. Únicamente el surgimiento de un
nuevo método de producción, el capitalista, y de una nueva manera de
concebir los objetivos prácticos y teóricos de la ciencia liberó
gradualmente, del cautiverio de la filosofía medieval, al pensamiento
de los hombres avanzados de la sociedad del Occidente de Europa.

Diccionario de filosofía · 1984:180-181

Filosofía medieval

(En los países de Europa Occidental): filosofía de la sociedad feudal,
que se desarrolló en la época desde el desmoronamiento del Imperio
Romano (siglo 5) hasta el surgimiento de las primeras formas de la
sociedad capitalista (siglos 14-15). El hundimiento de la sociedad
esclavista antigua estuvo acompañado del decaimiento de la filosofía.
La herencia filosófica antigua fue desconocida para los sabios de
Europa Occidental hasta la segunda mitad del siglo 12. Pasó a dominar
la ideología religiosa: musulmana en Asia Anterior, Arabia y en los
países de habla árabe; y cristiana en sus dos variedades (catolicismo
romano y ortodoxia bizantina) en Europa. La escuela y la educación
pasaron a manos de la Iglesia, cuyos dogmas constituían la base de
todas las representaciones acerca de la naturaleza, el mundo y el
hombre. El desarrollo de las escuelas (laicas y conciliares) y, desde
mediados del siglo 12, también la fundación de las primeras
universidades (en Italia, Inglaterra, Bohemia, Francia) plantearon
ante la filosofía la tarea de ayudar a la Iglesia en la explicación
filosófica y hasta en la fundamentación de los dogmas de la fe.
Durante varios siglos, la filosofía desempeñó el papel de “sirvienta
de la teología”: la actividad de los apologistas, defensores del
cristianismo contra el paganismo, y, más tarde, las obras de los
“Padres de la Iglesia”. El más notable de ellos en Occidente
–Agustín– introdujo en el sistema de doctrinas de la filosofía
cristiana varias ideas del neoplatonismo. En la formación de la
filosofía medieval corresponde un importante papel a Juan Escoto
Erigena. En la explicación de los dogmas de la fe, los filósofos
medievales tropezaron con graves problemas: la relación de lo singular
con lo general y la realidad de lo general. En dependencia del modo
de solución de dichos problemas, la filosofía escolar, denominada
escolástica, ideó varios puntos de vista, entre los que pasaron a ser
principales las doctrinas del realismo (Realismo medieval) y del
nominalismo, que entraron en pugna entre sí. En el siglo 12 se
pronunció contra los aspectos extremos de ambos puntos de vista
Abelardo. Desde mediados de aquel mismo siglo se empezó a traducir al
latín las principales obras de Aristóteles. Al comienzo la Iglesia
recibió de uñas la doctrina aristotélica, pero al poco tiempo la
reconoció base filosófica del cristianismo. Desde aquel entonces, los
maestros de escolástica se convierten en interpretadores y
sistematizadores de Aristóteles. Adaptan el aristotelismo a sus
conceptos religiosos y filosóficos, aprenden de modo dogmático las
partes anticuadas de la mundividencia de Aristóteles (por ejemplo, el
sistema geocéntrico y los principios de su física) y rechazan todas
las búsquedas de lo nuevo en la ciencia. Los principales
sistematizadores de la escolástica en el siglo 13 eran Alberto Magno,
Tomás de Aquino y Juan Duns Escoto. La actividad y la doctrina de
Tomás de Aquino recibieron la más alta apreciación de la Iglesia, que
lo canonizó, y en la segunda mitad del siglo 19 proclamó su doctrina
como doctrina filosófica oficial de la Iglesia (Neotomismo). En el
siglo 13, simultáneamente con los tres sistematizadores de la
escolástica, trabajaron notables filósofos. El más destacado de ellos
era R. Bacon. En su doctrina suena ya la protesta contra los
fundamentos sociales de la sociedad feudal. El desarrollo en el siglo
13 de las ciudades medievales, de la artesanía y el comercio, de las
vías de comunicación y las relaciones con Oriente, intensificadas en
el curso de las cruzadas, condujeron a cierto ascenso de la filosofía,
en particular del nominalismo. Su teórico máximo pasó a ser Ockham y
más tarde, sus adeptos de la escuela parisiense del occamismo. La
lucha ideológica en la filosofía medieval no se reducía sólo a la
lucha en el seno de la escolástica. A esta última se le opuso la
mística, que ponía la autoridad de la Iglesia y de sus doctrinas por
debajo de los testimonios del sentimiento personal y de la conciencia
subjetiva. En la vida espiritual de la sociedad feudal, la mística se
convertía no pocas veces en forma de oposición a la doctrina religiosa
oficial y obligatoria: la actitud personal del creyente hacia Dios se
transformaba en crítica e incluso en lucha contra la ideología feudal
y el sistema social feudal. Pero en la mística existía también un ala
reaccionaria. En el siglo 13, en la filosofía medieval surgió un
fuerte movimiento antiescolástico, pertrechado con la doctrina de Ibn
Rusd sobre la mortalidad del alma personal y sobre la razón común para
todos. A principios del siglo 12, con el objeto de reprimir las
manifestaciones heréticas y anticlericales, y de luchar contra las
nuevas ideas filosóficas se instituyeron ya las órdenes religiosas de
los dominicanos y los franciscanos. A pesar del relativo ascenso de
la filosofía medieval en el siglo 13, más de mil años de su desarrollo
reportaron escasos resultados tanto para la filosofía como para la
ciencia, pues incluso los pensadores notables no buscaban tanto la
verdad como los procedimientos de fundamentación de la fe, y el
régimen espiritual de la sociedad medieval aherrojaba la iniciativa y
el vuelo del pensamiento de quienes tenían la osadía de rebasar el
marco de esta tarea. Sólo el surgimiento del modo de producción
nuevo, capitalista, y de la nueva comprensión de las tareas prácticas
y teóricas de la ciencia liberó gradualmente de la prisión de la
filosofía medieval al pensamiento de los hombres de vanguardia de la
sociedad euroccidental.

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