2-Hombre

Hombre

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946

No figura en el Diccionario filosófico abreviado · 1959

Diccionario filosófico · 1965:222-223

Hombre

Ser social. Desde el punto de vista biológico, en el plano de las
premisas naturales de su aparición, el hombre es considerado como el
grado supremo del desarrollo de los animales en la Tierra. Se
diferencia de los animales más desarrollados por la conciencia, por el
lenguaje articulado. Mientras que la conducta del animal está
plenamente determinada por los instintos, en tanto que reacciones al
medio circundante, la conducta del hombre está directamente
determinada por el pensamiento, por los sentimientos, por la voluntad,
por el grado en que se conocen las leyes de la naturaleza y de la
sociedad, por la profundidad del conocimiento de uno mismo. Los
idealistas, atribuyendo un valor absoluto a esta particularidad de la
conciencia humana, ven la esencia del hombre en la razón, en las
tendencias subjetivas de que se posee conciencia, en la religiosidad,
etc. En realidad, la diferencia radical entre el animal y el hombre
estriba en que éste produce instrumentos de trabajo con el fin de
actuar sobre la naturaleza y transformarla. El animal se adapta a las
condiciones naturales; en cambio el hombre, mediante la producción,
adapta a sí mismo la naturaleza. El hombre no puede existir separado
de otros hombres, se forma en determinadas condiciones sociales.
“…La esencia humana –escribió Max–, no es algo abstracto inherente a
cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones
sociales”. El marxismo ha explicado por primera vez que los motivos
realmente objetivos que determinan la actividad del hombre se
encuentran, en última instancia, en sus condiciones materiales de
vida. Los rasgos específicos del hombre, que expresan la esencia del
mismo como “hombre” –conciencia, vida espiritual, capacidad para
utilizar los instrumentos de trabajo más variados, etc.– son el
producto del trabajo social. En lugar de las viejas teorías
filosóficas sobre la “naturaleza humana” en general, el marxismo ha
presentado la concepción sobre la naturaleza concreta del hombre,
condicionada por el régimen histórico concreto de la sociedad. Al
mismo tiempo, en cualquier estadio de la sociedad, el hombre es un
producto del desarrollo de la humanidad entera, asimila y reelabora
los resultados obtenidos en el transcurso todo de la historia. Las
formas en que se asimila toda la cultura precedente, las
particularidades del influjo que sobre el hombre ejercen las
relaciones sociales históricamente dadas, están determinadas, en
última instancia, por el carácter de la producción. Cuando existe la
división del trabajo tal como se da en las formaciones de clase
antagónicas, el hombre no puede desarrollar libremente sus
posibilidades físicas e intelectuales; se forma inevitablemente, de
manera unilateral, lo cual se expresa, ante todo, en la oposición
entre el trabajo intelectual y el trabajo físico, y el hombre se
convierte (como ocurre bajo el capitalismo) en un apéndice de la
máquina, etc.; la mayoría de los hombres, constituida por las masas
trabajadoras, son objeto de explotación, están aislados de la vida
social activa, de los valores culturales acumulados. Tan sólo bajo el
socialismo y, sobre todo, bajo el comunismo, el hombre encuentra todas
las posibilidades de desarrollarse plenamente, de poner de manifiesto
y cultivar al máximo todas sus aptitudes e inclinaciones individuales.

Diccionario de filosofía · 1984:213

Hombre

Sujeto del proceso histórico, del desarrollo de la cultura material y
espiritual en la Tierra; ser biosocial (representante de la especie
homo sapiens), genéticamente enlazado con otras formas de vida, que se
separó de ellas gracias a la capacidad de fabricar instrumentos del
trabajo, y que posee lenguaje bien articulado, pensamiento y
conciencia. Las concepciones premarxistas y burguesas modernas del
hombre forman un conglomerado complejo de ideas (existencialismo,
antropología filosófica), que giran en torno a dos polos: la
intelección idealista, religioso-mística, de la esencia del hombre y
el antropologismo naturalista, que utiliza enfoques biologizadores.
El marxismo asocia la comprensión de la esencia del hombre con las
condiciones sociales de su funcionamiento y desarrollo, con la
actividad consciente, en el curso de la cual el hombre es al mismo
tiempo premisa y producto de la historia. Al subrayar la importancia
de las relaciones y características sociales del hombre, el marxismo
no nivela, ni mucho menos, a los distintos individuos y no minimiza
sus propiedades específicas como personalidades provistas de carácter
propio, voluntad, capacidades y pasiones. Por el contrario, hace
hincapié en las regularidades generales para poder matizar con mayor
relieve y hacer científicamente explicables estas cualidades
personales de los hombres. Enfocando la esencia social del hombre, el
marxismo toma en consideración a la vez las complejas interacciones de
los factores sociales y biológicos y establece la prioridad de los
primeros. Como ser biosocial, el hombre no posee una “naturaleza
doble”, aunque los factores biológicos tienen gran importancia. El
marxismo rechaza las concepciones biologizadoras del hombre y de su
futuro, que aparecen hoy, en particular, con las alusiones a la
etología, la genética y otras ciencias. La teoría marxista-leninista
vincula el futuro del hombre con el desarrollo social de la humanidad
hacia el comunismo en el que el desarrollo libre, pleno e integral de
cada individuo y de todos los miembros de la sociedad se convierte en
un “fin en sí mismo”. El hombre del futuro será individuo razonable y
humanista, ansioso de conocimientos y activo, que a la vez sabrá
disfrutar de la belleza; un individuo integral y desarrollado en todos
los aspectos, que encarnará el ideal de la auténtica unidad de las
fuerzas esenciales del hombre y de su perfección espiritual y física.
En su calidad de ser social, el hombre se afianza precisamente como
personalidad con sus rasgos originales irrepetibles, con la unicidad
de su “Yo” individual.

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