Explotación colonial

EXPLOTACIÓN COLONIAL

Explotación de las colonias y de los estados dependientes por los
imperialistas.

La explotación colonial existía ya bajo el régimen de esclavitud —por
ejemplo en la antigua Roma— en forma de expoliación directa,
imposición de tributos a los pueblos sometidos y comercio de esclavos.

Bajo el imperialismo, la explotación colonial se caracteriza por sus
dimensiones, incomparablemente mayores (pues los imperialistas
esclavizan a la inmensa mayoría de la población mundial) así como por
la aparición de nuevos métodos de opresión, en gran medida velados,
más no por ello menos duros.

Los imperialistas utilizan ampliamente en el comercio colonial el
intercambio no equivalente, creando las denominadas “tijeras de los
precios”: en los países coloniales y dependientes venden sus
mercancías a altos precios de monopolio y compran a precios bajos las
materias primas la fuerza de trabajo y otras mercancías. Utilizan las
colonias como fuente de materias primas baratas y como esferas de
inversión — sumamente rentable— de capital, dado que en las colonias
son muy baratas la mano de obra, la tierra, las materias primas y casi
no existen capitales propios.

Desde las metrópolis se exportan capitales en forma de préstamos y de
inversiones monetarias en la industria, en la agricultura, en el
comercio, etc. Por regla general, en las colonias se fundan empresas
en la industria extractiva y en la industria ligera. Los
imperialistas sólo toleran que en las colonias se desarrolle la
economía en una o en muy pocas y limitadas direcciones: para ligarlas
más fuertemente a las metrópolis, convierten a las colonias en
apéndices agrarios y proveedores de materias primas, con una economía
de monocultivo, de desarrollo unilateral. También las someten a la
coerción extraeconómica. El sostenimiento de nutridísimos organismos
de gestión, de una numerosísima administración militar y de
“consejeros” asimismo militares corre a cargo de los presupuestos de
las colonias.

Los imperialistas obligan a los pueblos de tales países a sostener en
tiempo de paz un ejercito y una administración extranjeros, es decir,
a pagar el valor de las cadenas que los sujetan. Perciben de los
pueblos coloniales una cantidad enorme de todo género de impuestos,
exacciones y pagos. Las colonias también se explotan como plazas de
armas estratégico-militares del imperialismo y como abastecedoras de
carne de cañón barata, de soldados para las guerras imperialistas.

Los monopolios capitalistas procuran conservar en las colonias las
formas más brutales de yugo feudal y servil, el trabajo forzado, el
sistema de peonaje — que es una forma encubierta de la esclavitud—, la
usura, etc. En las colonias se establece la discriminación racial en
los salarios, en la enseñanza, en la administración del país y en
otras esferas de la vida social. A la vez que extraen de las colonias
enormes beneficios, los imperialistas mantienen a los pueblos
coloniales no sólo en la miseria sino, además, en la ignorancia; en
varios países coloniales, el analfabetismo llega entre los hombres al
95 %, y entre las mujeres, al 99 — 100%. Prácticamente no existen
servicios médicos para la población nativa.

La implacable explotación de los monopolios y la expoliación directa a
que los imperialistas han sometido a los pueblos de los países
coloniales y dependientes han provocado el auge del movimiento de
liberación nacional de los pueblos de las colonias, movimiento que en
la actualidad ha conducido a la desintegración y al hundimiento del
sistema colonial del imperialismo.

Comparte este artículo