Industrialización socialista

INDUSTRIALIZACIÓN SOCIALISTA:

Proceso de transformación de los países agrarios en países
industriales avanzados mediante la creación y el desarrollo preferente
de las ramas de la industria pesada, punto de apoyo de la base
material y técnica de la sociedad socialista.

La industrialización permite crear dicha base material. La
industrialización socialista no es necesaria para todos los países que
construyen el socialismo. Los países del campo socialista han
emprendido la edificación de la nueva sociedad partiendo de niveles de
desenvolvimiento económico diferentes.

Construyen el socialismo países que se han industrializado en el
período de desarrollo capitalista y países que van hacia el socialismo
evitando el estadio capitalista. En Checoslovaquia y en la República
Democrática Alemana, países muy industrializados antes de implantarse
el régimen de democracia popular, la tarea consistía en seguir
desarrollando la industria sobre la base de una técnica más avanzada y
perfeccionada, así como en suprimir las desproporciones en la
estructura de la economía nacional y mejorar el emplazamiento de las
fuerzas productivas.

En los países agrarios o predominantemente agrarios -entre los cuales
se contaban en el pasado la U.R.S.S. y varios países socialistas de
Europa y Asia- lo que se imponía era poner fin a su retraso secular
mediante la industrialización socialista. De ahí que dicha
industrialización sea una necesidad absoluta para muchos países.

La industrialización socialista se diferencia de manera radical de la
capitalista. La esencia de la industrialización capitalista estriba
en que se realiza en interés de la burguesía y va acompañada de un
empeoramiento de la situación de los trabajadores. En oposición a
ello, la industrialización socialista esta llamada a reorganizar toda
la economía nacional sobre principios socialistas, a elevar el
bienestar y el nivel cultural de los trabajadores. Asegura la
victoria de las formas socialistas de economía sobre las capitalistas,
sirve de base para transformar la pequeña hacienda campesina
individual en grandes empresas colectivas socialistas, liquida el
atraso técnico y económico del país, refuerza su independencia y su
capacidad de defensa. Permite consolidar la alianza entre la clase
obrera y el campesinado, principio supremo de la dictadura del
proletariado.

La industrialización de la Unión Soviética permitió eliminar la
contradicción entre el régimen político- social más avanzado y la
atrasada base técnico-material, heredada de la Rusia
prerrevolucionaria. La fuente de recursos para la industrialización
socialista estriba en movilizar los recursos interiores, las propias
acumulaciones de la economía nacional. La industrialización
socialista se efectúa a grandes ritmos, que eran impuestos, en la
U.R.S.S, por el hecho de que sin industria pesada el país no podía
asegurar la edificación del socialismo, conservar y consolidar su
independencia y su capacidad defensiva. La industrialización
socialista presentó en la U.R.S.S. varias particularidades. En
primer lugar, la Unión Soviética tuvo que industrializarse sin
experiencia previa, la fue adquiriendo en el transcurso de su propia
construcción, hallándose rodeada por el hostil cerco capitalista. En
segundo lugar la U.R.S.S. llevó a cabo su industrialización sin
contar más que con sus propios recursos, sin ayuda material y
financiera de otros países. En tercer lugar, la Unión Soviética, al
proceder a la industrialización socialista, creó todo el complejo
industrial, en primer término todas las ramas de la industria pesada.

La industrialización de otros países socialistas presenta algunas
particularidades; las condiciones en que se lleva a cabo son más
favorables que aquellas en que se industrializó la U.R.S.S. A ello
contribuyen la existencia del sistema socialista mundial y la división
socialista internacional del trabajo. Los países socialistas de
Europa y Asia, además de sus fuentes interiores de recursos para la
industrialización, utilizan la ayuda multilateral y desinteresada de
la U.R.S.S., la ayuda mutua y la colaboración económicas de los países
socialistas. INFLACIÓN: presencia, en los canales circulatorios, de
una masa de papel moneda sobrante en relación con las necesidades de
la circulación de mercancías.

El exceso de dinero circulante suele darse cuando surge un déficit
presupuestario, el Estado burgués no puede cubrir sus gastos, en
rápido aumento, y se ve obligado a recurrir a la emisión suplementaria
de papel moneda. Lo más corriente es que el fenómeno se daba a la
guerra, a la desenfrenada carrera de armamentos, a las consecuencias
de las crisis económicas. La inflación hace que el papel moneda se
desvalorice, en comparación con el material monetario (oro), en la
medida en que la circulación del primero rebasa en la cantidad de
dinero-oro necesario para la circulación de mercancías. Su influjo
sobre toda la economía del país es desfavorable, pues la inflación da
origen a un crecimiento rápido, incesante y sumamente desigual de los
precios de las mercancías. Así surgen grandes diferencias de
rentabilidad en las distintas ramas, lo cual estimula el desarrollo de
algunas de ellas y provoca un gran descenso de producción en otras.
De este modo se acentúa la anarquía y la desproporción en la esfera
productiva, inherentes al capitalismo.

El alza desigual de los precios da origen a una situación
extraordinariamente favorable para que se especule con las mercancías,
contribuye a que los capitales emigren de la esfera de la producción a
la esfera de la circulación. Se elevan con especial rapidez los
precios sobre la producción de carácter militar y ello hace que las
correspondientes ramas se desarrollen con exceso, en detrimento de la
producción civil. Se perturban asimismo las relaciones crediticias.
La concesión de préstamos resulta desventajosa, pues los acreedores
reciben dinero desvalorizado cuando se reembolsa el préstamo y sufren
pérdidas considerables.

El dinero desvalorizado socava la confianza en él, provoca el afán de
deshacerse de él lo antes posible cambiándolo por mercancías, es
decir, por valores reales. Al mismo tiempo, las personas que poseen
mercancías procuran retenerlas, esperando que los precios continúen
subiendo. De este modo se acentúa más aun la falta de correspondencia
entre la cantidad de papel moneda en circulación y la cantidad
necesaria para atender a la circulación de mercancías.

Valiéndose de la inflación, la gran burguesía carga sobre los hombros
de los trabajadores todo el peso de los gastos militares. La clase
más afectada por la inflación es la clase obrera cuyo salario real
baja sensiblemente debido al aumento de los precios de los bienes de
consumo. Resultan perjudicados por la inflación, asimismo, los
pequeños productores de mercancías, pues los precios de sus artículos
crecen mucho más lentamente que los de los productos elaborados por
las grandes empresas capitalistas. La gran burguesía evita las
pérdidas que acarrea la inflación elevando los precios de sus
mercancías, realizándolas en el extranjero en divisas duras, trocando
en oro, piedras preciosas y moneda extranjera el capital monetario.
Aprovechando la ruina de los empresarios pequeños y medios que no
pueden resistir las conmociones inflacionarias, la gran burguesía les
compra las empresas a ínfimos precios. De este modo la inflación
contribuye a que el capital se concentre y se centralice. En el
período de la crisis general del capitalismo, la inflación ha
adquirido un carácter general y casi crónico.

Las tentativas de los estados burgueses encaminadas a estabilizar sus
monedas nacionales no dan los resultados apetecidos, pues la política
de «guerra fría» y la carrera de armamentos a ella vinculada exigen
gastos enormes e imprimen a los presupuestos estatales un carácter
constantemente deficitario. En su conjunto, la inflación influye
negativamente sobre la economía de los países capitalistas y, en
última instancia, socave las bases económicas del capitalismo.

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