Integración monopolista

INTEGRACIÓN MONOPOLISTA

Agrupación político-económica de países capitalistas.

La «integración» más completa se ha logrado en la Comunidad Económica
Europea (C.E.E. o «Mercado Común»), de la que forman parte la
República Federal Alemana, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y
Luxemburgo. Dichos países firmaron en Roma, el 25 de marzo de 1957,
el «Tratado sobre la institución de la Comunidad Económica Europea»,
después de proclamar que su objetivo oficial consistía en llevar a
cabo una política económica coordinada en lo tocante a las tarifas
arancelarias y a las relaciones monetarias, a las inversiones de
capitales, al movimiento libre de capital y mano de obra de un país a
otro en el marco del «Mercado Común».

Lenin previó la posibilidad de que surgieran agrupaciones de ese tipo;
ya en 1915 indicó que el reparto económico del mundo podía
establecerse no sólo creando monopolios internacionales, sino, además,
a través de acuerdos interestatales.

En las circunstancias presentes, la tendencia a la integración se
explica por el influjo de dos tipos de factores. A ello empuja, en
primer lugar, la tendencia objetiva hacia la internacionalización, es
decir, hacia la aproximación de la vida económica de países distintos,
tendencia que se acentúa en sumo grado debido al rápido progreso
científico-técnico. En segundo lugar, actúan en el mismo sentido el
creciente poderío del sistema socialista mundial, con su economía
planificada, y el rápido auge del movimiento de liberación de los
pueblos.

Recurriendo a la «integración», la burguesía monopolista intenta
debilitar las consecuencias negativas del desenvolvimiento espontáneo
de la economía capitalista mundial y desplazar a un último plano sus
contradicciones internas ante la contradicción fundamental de nuestra
época: la contradicción entre el capitalismo y el socialismo. Sin
embargo, el desarrollo de los acontecimientos ha demostrado que la
tentativa del capital monopolista de «conciliar» la forma capitalista
privada de economía con las fuerzas productivas -que han rebasado las
fronteras nacionalesutilizando para ello la «integración» no han dado
el resultado apetecido.

Al fundar el «Mercado Común» procuraban obtener las ventajas
económicas que proporciona el intensificar la división internacional
del trabajo y especializar la producción, utilizaban estos procesos
para acentuar la explotación de la clase obrera y de los campesinos.
De ahí que el establecimiento del «Mercado Común», en vez de suavizar
la lucha de clases del proletariado y de los campesinos contra los
monopolios, la haya enconado. Tampoco se han confirmado los cálculos
de los imperialistas en el sentido de que la C.E.E. armonizase las
relaciones en el campo imperialista. El fracaso de las negociaciones
en torno al ingreso de Inglaterra en la C.E.E., la agravación de la
lucha arancelaria entre los países del «Mercado Común» y los Estados
Unidos, la agudización de las contradicciones en el seno del «Mercado
Común», todo ello es un palmario testimonio de que las nuevas
organizaciones interestatales, nacidas al socaire de la «integración»,
conducen en realidad a que alcancen mayor virulencia las
contradicciones y la lucha entre los países imperialistas, constituyen
nuevas formas del reparto del mercado capitalista mundial entre las
agrupaciones mas importantes de capitalistas, representan una
penetración de los estados imperialistas más fuertes en la economía de
sus asociados más débiles.

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