Arte por el arte

Arte por el arte

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946

No figura en el Diccionario filosófico abreviado · 1959

Diccionario filosófico · 1965:25-26

“Arte por el arte”

(“Arte Puro”). Principio de la estética idealista presentado en
contraposición a la exigencia realista de que el arte posea un
contenido ideológico y un espíritu de partido (Espíritu de partido en
el arte). Sus fuentes teóricas se remontan a la tesis de Kant sobre
el desinterés del juicio estético por lo práctico. Alcanza su máxima
difusión en los siglos XIX-XX, cuando los estetas burgueses, en lucha
contra el realismo, abogan decididamente por el “carácter de fin en sí
mismo” intrínseco al arte, por su “carácter absoluto”, pretendiendo
que el arte está sólo al servicio del puro goce estético. La negación
del significado cognoscitivo del arte, de su valor ideológico y
educativo, así como de su dependencia respecto a las necesidades
prácticas de la época, lleva inevitablemente a afirmar la “libertad”
del artista frente a la sociedad, su irresponsabilidad total ante el
pueblo, es decir, lleva al individualismo extremo. Antes de la
revolución de 1917, bajo la consigna del “arte puro” se manifestaban
en Rusia los representantes de agrupaciones artísticas como “El mundo
del arte”, “La rosa azul”, “La sota de oros” y otros. Con sus
declaraciones sobre el “arte puro”, sobre un imaginario apoliticismo,
el arte burgués encubre su orientación reaccionaria. A la falaz
consigna burguesa de la “independencia” de la literatura respecto a la
sociedad y a las falsas concepciones del “arte por el arte”, los
artistas soviéticos oponen sus principios ideológicos de servicio a
los intereses del pueblo y del comunismo.

No figura en el Diccionario marxista de filosofía · 1971

Diccionario de filosofía · 1984:26

“Arte por el arte” (“Arte puro”)

Principio de la estética idealista, elaborado en oposición a la
exigencia realista del carácter ideológico y el partidismo del arte.
La tesis el “arte por el arte” se asienta en el divorcio entre el arte
y la vida social. Adquiere su máxima difusión en los siglos 19-20,
cuando los especialistas en estética burgueses, en su lucha contra el
realismo, predican el “autovalor” interno y el “carácter absoluto” del
arte, que supuestamente sólo sirve a los fines del deleite estético
puro. La negación de la importancia cognoscitiva,
educativo-ideológica del arte, así como su dependencia de las
necesidades prácticas de la época, conduce inminentemente a la
afirmación de que el artista es “libre” de la sociedad y no tiene
ninguna responsabilidad ante el pueblo, es decir, conduce al
individualismo extremo y al subjetivismo. El arte burgués
contemporáneo disimula su orientación apologista con declaraciones
sobre el “arte puro” y el supuesto apoliticismo. La estética
marxista-leninista opone a la consigna burguesa hipócrita de que el
arte “no depende” de la sociedad y a las concepciones del “ arte por
el arte” el servicio consciente del artista a los intereses del pueblo
y a las ideas del comunismo.

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