Base y superestructura

Base y superestructura

Diccionario filosófico marxista · 1946:24-25

Base y superestructura

El modo de producción, es decir, las fuerzas productivas y sus
correspondientes relaciones de producción, forman la base (la
estructura) económica de la sociedad sobre la que se levanta el
sistema de superestructuras: el régimen y las instituciones políticas,
así como las formas de la conciencia social: moral, ciencia, religión,
filosofía, etc. “Según sean las condiciones de existencia de la
sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así
son sus ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones
políticas” (Stalin). Las superestructuras están vinculadas con la
base ya directamente (por ejemplo, las superestructuras políticas), o
por una serie de eslabones intermedios (como las superestructuras
ideológicas: la moral, la ciencia, la religión, etc.). Por surgir de
una determinada base económica, las superestructuras adquieren con
relación a ella una relativa autonomía. Así, por ejemplo, cada sabio,
escritor, artista, al crear sus obras, refleja en ellas las
condiciones de su época. Pero toma como punto de partida el material
ideológico acumulado por sus predecesores y continúa desarrollándolo,
en virtud de lo cual se crea también la sucesión en el desarrollo de
la ciencia, del arte, de la filosofía, etc. Con el cambio de la base
económica se transforman también, más o menos rápidamente, todas las
superestructuras. En la lucha política e ideológica se reflejan las
condiciones económicas de la vida social. Pero las superestructuras,
determinadas directa o indirectamente por la base económica, no son,
como piensan los economistas vulgares, un resultado pasivo de la
economía, ni ésta constituye, ni mucho menos, la única fuerza activa
en la evolución de la sociedad. Las superestructuras ejercen una
influencia sobre la base, aceleran o frenan el desarrollo de la
sociedad. Así, la burguesía emplea su Estado para la lucha contra la
revolución proletaria, retardando el desarrollo revolucionario de la
sociedad. Por consiguiente, la superestructura política desempeña en
este caso un papel reaccionario activo. Al conquistar el Poder
político, el proletariado suprime la propiedad privada burguesa –que
impide el desarrollo de las fuerzas productivas– y encamina las
pequeñas economías campesinas por la senda de la economía colectiva,
socialista. En lugar de la propiedad privada, se establece la
propiedad colectiva sobre los medios de producción. El Estado
proletario crea de esta manera una posibilidad ilimitada para el
desenvolvimiento de las fuerzas productivas, dando un claro ejemplo
del papel revolucionario activo que la superestructura política está
desempeñando en el desarrollo de la sociedad, de su economía y de sus
fuerzas productivas. La consolidación del Estado socialista de los
obreros y campesinos, la posesión de la teoría marxista leninista y la
educación comunista de los trabajadores, constituyen en la Unión
Soviética las condiciones más importantes para el éxito del tránsito
paulatino ya iniciado hacia la fase superior del comunismo.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:39-41 y 486

Base y superestructura

La base es el conjunto de las relaciones de producción que
corresponden a un estadio determinado del desarrollo de las fuerzas
productivas. La superestructura está constituida por las
instituciones políticas y jurídicas y por determinadas formas de la
conciencia social, que corresponden a la base dada.

La ciencia marxista de la sociedad concede una gran importancia al
problema de la base y de la superestructura. Cuando se tiene una
noción justa de la base y de la superestructura, de sus relaciones
recíprocas y de los vínculos que las unen a la producción y a las
fuerzas productivas, es posible descubrir las leyes objetivas del
desarrollo social y superar el subjetivismo en el estudio de la
historia de la sociedad.

El marxismo entiende por base el conjunto de las relaciones de
producción cuyo carácter está determinado por la forma de la
propiedad. Las relaciones de producción indican en qué manos se
encuentran los medios de producción (ver), los cuales pertenecen a la
sociedad entera, o bien a individuos aislados, a grupos o clases que
se sirven de ellos para explotar a otros individuos, grupos o clases.
En su prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía Política,
Marx dice: “El conjunto de estas relaciones de producción forma la
estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se
levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden
determinadas formas de conciencia social” (Marx/Engels, Obras
escogidas, t. I, pp. 332 y 333. Ed. esp., Moscú, 1951).

La base no debe ser identificada con la producción, ni tampoco debe
ser separada de ella. Si se confunde la base con la producción, se
corre el riesgo de llegar a la conclusión errónea de que la producción
determina la superestructura directamente, cuando en realidad, sólo la
determina en forma indirecta, por intermedio de la base económica. A
su vez, si la base se separa de la producción, se cae en el idealismo,
se comete el error de creer en la independencia de las relaciones de
producción (ver) con respecto a las fuerzas productivas (ver).

La base no constituye algo inmutable, sino que se modifica en el curso
de la historia, y representa la estructura económica de la sociedad en
una etapa determinada de su desarrollo. Así, la base de la sociedad
socialista difiere fundamentalmente de la base capitalista. La
primera se caracteriza por la propiedad colectiva de los medios de
producción y la ausencia de explotación del hombre por el hombre. La
segunda implica la propiedad privada de los medios de producción y la
explotación del trabajo asalariado.

La base tiene carácter económico, mientras que la superestructura pone
al servicio de la sociedad ideas políticas, jurídicas, estéticas y
demás, y crea las instituciones correspondientes. La base está
directamente determinada por las fuerzas productivas de la sociedad;
la superestructura sólo se liga a la producción, a las fuerzas
productivas, de una manera indirecta, por intermedio de la economía,
por intermedio de la base, y en eso reside una de sus
particularidades. La superestructura refleja los cambios acaecidos en
el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas no de una manera
inmediata, sino a continuación de los cambios de la base, y por medio
de esos cambios. Esta tesis del marxismo es de una gran importancia
para la lucha contra toda clase de vulgarizadores que deducen las
ideas jurídicas, estéticas y demás, directamente de la producción,
desnaturalizando así las leyes reales del nacimiento y desarrollo de
la superestructura, su papel y su alcance en la vida social.

Cuando la base económica se modifica, la superestructura, que depende
estrechamente de aquélla, se modifica a su vez. La historia de la
sociedad ofrece numerosos ejemplos de esta correlación que permite
comprender por qué las ideas políticas, jurídicas, estéticas y demás,
difieren según las épocas históricas. La superestructura es el
producto de la época en la que funciona una base económica
determinada, razón por la cual, no dura relativamente mucho tiempo.
Por estar vinculada a una base determinada, la superestructura
desaparece con aquélla.

Aunque engendrada por una base económica determinada, la
superestructura está lejos de ser pasiva como lo pretenden numerosos
vulgarizadores; la base está lejos de ser la única fuerza activa del
desarrollo social. Entre esos vulgarizadores que negaban el papel
activo de la superestructura, se alineaban los “economistas” (ver
Economismo) y los mencheviques con su “teoría de la espontaneidad”, su
negación de la necesidad de la dictadura del proletariado para la
edificación del socialismo. Con pleno conocimiento de causa los
dirigentes socialistas de derecha actuales recurren a la misma idea
del papel pasivo de la superestructura para predicar la teoría
antimarxista de la integración del socialismo en el capitalismo sin
lucha revolucionaria, sin derrocamiento del poder de la burguesía. El
marxismo-leninismo ha derrotado esas “teorías” oportunistas,
contrarrevolucionarias, que tienden a perpetuar el régimen
reaccionario que toca a su fin. Es preciso tener en cuenta el papel
considerable de la superestructura –el Estado, el derecho, las ideas
políticas, filosóficas y demás– en el desarrollo y reforzamiento de la
base correspondiente. Y no puede ser de otra manera: si la base
produce su superestructura, es para afirmarse y robustecerse más. En
una sociedad dividida en clases, la superestructura reviste un
carácter de clase: no puede ser indiferente con relación a su base, o
tener la misma actitud hacia todas las clases, sin dejar de ser una
superestructura. Por la influencia que ella ejerce sobre la base,
acelera o, al contrario, modera el desarrollo social. Así, la
burguesía contemporánea moviliza su Estado en la lucha contra la
revolución proletaria, para cerrar el camino al progreso social. Pone
en juego todos los medios de presión política e ideológica del Estado
burgués para adormecer la conciencia política de las masas, para hacer
de éstas un instrumento dócil de las clases dominantes. La
superestructura política desempeña aquí, pues, un papel reaccionario
activo. Después de la conquista del poder, y apoyándose en la ley
objetiva de correspondencia necesaria entre las relaciones de
producción y el carácter de las fuerzas productivas (ver), el
proletariado decreta la abolición de la propiedad privada que traba el
desarrollo de las fuerzas productivas, y crea las condiciones que
permiten a las pequeñas explotaciones campesinas pasar a la gran
agricultura socialista; la propiedad privada es reemplazada por la
propiedad colectiva, socialista, de los medios de producción. La
superestructura política desempeña entonces un papel revolucionario
activo en el desarrollo de la sociedad, de la economía y de las
fuerzas productivas de la sociedad.

Bajo el socialismo, el papel de la superestructura se convierte en
algo particularmente importante: contrariamente a la sociedad
capitalista donde la economía se desarrolla espontáneamente, en la
sociedad socialista soviética la economía nacional se desarrolla de
acuerdo a planes establecidos científicamente que reflejan las leyes
económicas objetivas del socialismo y están en armonía con ellas.
Jamás en la historia de la humanidad, el Estado ha llenado una función
económica, cultural y educativa en una escala tan vasta como el Estado
de los Soviets. La inmensa acción que ejerce la política del Partido
Comunista y del Estado Soviético sobre el desarrollo de la base
económica, se debe al hecho de que esa política está de acuerdo con
las leyes económicas objetivas del socialismo, que responde a las
necesidades históricas. Pertrechado con el conocimiento de las leyes
del desarrollo social, el Partido Comunista prevé los procesos
fundamentales de la evolución económica y, conforme a esas leyes,
traza el programa de actividad del Estado, moviliza a las masas
populares para ponerlo en marcha. Así pues, al mismo tiempo que
reconoce la dependencia de la superestructura con relación a la base,
el marxismo subraya con fuerza el inmenso papel activo de la
superestructura en el desarrollo de la base económica. En la hora
presente, el pueblo soviético, guiado por el Partido Comunista,
realiza tareas grandiosas con vistas a culminar la construcción del
socialismo y pasar gradualmente al comunismo. El reforzamiento del
Estado Soviético, la educación de las masas en el espíritu del
comunismo y del patriotismo soviético, el trabajo ideológico y la
lucha contra la supervivencia del capitalismo en la conciencia de los
hombres, constituyen una condición importante en la marcha hacia
adelante.

La doctrina marxista-leninista de la base y de la superestructura
constituye una eficaz guía de acción en la lucha para pasar del
capitalismo al comunismo. El Estado burgués, el derecho burgués,
ayudan activamente al mantenimiento de la base económica del
capitalismo, a conservar intacto el régimen económico de explotación y
de opresión; y es imposible liberar a la clase obrera y a los
trabajadores y, por lo tanto, construir el socialismo, sin haber
abolido antes el poder de la burguesía. Sólo la revolución
socialista, que establece la dictadura del proletariado, asegura el
pasaje del capitalismo al socialismo, crea las condiciones para
instaurar la sociedad socialista, y más tarde, la sociedad comunista:
tal es la conclusión que fluye de la doctrina marxista-leninista de la
base y de la superestructura.

Superestructura

Ver Base y superestructura.

Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1965:11-12

Base y superestructuras

El modo de producción, es decir, las fuerzas productivas y las
relaciones de producción constituyen la base económica (el fundamento)
de la sociedad, sobre la cual elévase un sistema de superestructuras:
el régimen político y las instituciones, como también las formas de la
conciencia social: moral, ciencia, religión, filosofía y otras. Con
los cambios de la base cambian, más o menos rápidamente, todas las
superestructuras. En la lucha política e ideológica se reflejan las
condiciones económicas de la vida social. Pero las superestructuras,
directa o indirectamente determinadas por la base económica, no son,
como lo piensan los economistas vulgares, pasiva consecuencia de la
economía; ni la economía, de modo alguno, representa la única fuerza
activa en el desarrollo de la sociedad. Las superestructuras ejercen
su influencia sobre la base y, a su vez, aceleran o retardan el
desarrollo de la sociedad. Así, la burguesía emplea su Estado en la
lucha con la revolución proletaria, retardando de tal manera el
desarrollo revolucionario de la sociedad. La superestructura
política, de consiguiente, juega aquí un activo papel reaccionario.
El proletariado, habiendo conquistado el poder político, suprime la
propiedad privada burguesa, que traba el desarrollo de las fuerzas
productivas, y dirige la pequeña economía socialista colectiva. En
cambio de la propiedad privada, se establece la propiedad social
socialista sobre los medios de producción. Con ello, el Estado
proletario proporciona posibilidades ilimitadas para el desarrollo de
las fuerzas productivas. Esto es un claro ejemplo del activo papel
revolucionario de la superestructura política, en el desarrollo de la
sociedad, de su economía y de sus fuerzas productivas.

Diccionario filosófico · 1965:39-40

Base y superestructura

La teoría de la base y de la superestructura pone de manifiesto el
nexo que existe entre las relaciones económicas de una sociedad y
todas las demás relaciones de la misma. Se da el nombre de base al
conjunto de las relaciones de producción que constituyen la estructura
económica de la sociedad. Los conceptos de «base» y de «relaciones de
producción» son equivalentes, pero no idénticos. El concepto de
«relaciones de producción» está ligado al de «fuerzas productivas».
El concepto de «base», en cambio, está ligado al de «superestructura».
Forman parte de ésta las ideas, organizaciones e instituciones.
Entran en las ideas de la superestructura las concepciones políticas,
jurídicas, morales, estéticas, religiosas y filosóficas, también
denominadas formas de la conciencia social. Todas las formas de la
conciencia social reflejan de uno u otro modo las relaciones
económicas, la estructura económica de la sociedad: unas, de manera
inmediata, como por ejemplo las formas de la conciencia política y
jurídica; otras, de manera mediata, como por ejemplo el arte y la
filosofía. Estas últimas se hallan vinculadas a la base económica a
través de eslabones como la política, etc. Las relaciones de
superestructura incluyen en sí mismas las relaciones ideológicas
(Ideología). A diferencia de las relaciones de producción, que se
forman independientemente de la conciencia de las personas, las
relaciones ideológicas pasan por la conciencia antes de constituirse
como tales. Los fenómenos de la superestructura determinados por la
base, poseen una relativa independencia en su desarrollo. Cada forma
de conciencia social lleva consigo determinadas organizaciones e
instituciones: con las ideas políticas se hallan relacionados los
partidos políticos; con las ideas políticas y jurídicas, las
instituciones estatales; con las ideas religiosas, la Iglesia y las
organizaciones eclesiásticas, etc. Cada formación económico-social
tiene una base determinada y su correspondiente superestructura.
Históricamente, se diferencian las bases y superestructuras de las
sociedades esclavista, feudal, capitalista y comunista. Los cambios
de base y superestructura se producen como resultado del cambio de una
formación político-social por otra. La superestructura experimenta
también cierta evolución dentro de la formación dada. Por ejemplo, al
pasar al imperialismo, el cambio de la superestructura se caracteriza
por un robustecimiento de la reacción. En el régimen socialista, la
superestructura política desarrolla formas cada vez más democráticas
de organización. De ello puede servir de ejemplo la transformación
del Estado de la dictadura del proletariado en Estado de todo el
pueblo durante el periodo de la amplia edificación del comunismo. La
superestructura, que es fruto y reflejo de la base económica, no se
reduce a constituir algo pasivo e inoperante, sino que desempeña un
activo papel en el proceso histórico e influye en todos los aspectos
del mismo, incluso sobre la economía que la engendra. En la sociedad
basada en la propiedad privada, la base y la superestructura poseen
una estructura antagónica. En la sociedad capitalista, por ejemplo,
se sostiene una encarnizada lucha ideológica entre la burguesía y el
proletariado, entre las concepciones políticas, morales, filosóficas
etc., de estas dos clases enemigas entre sí. La naturaleza antagónica
de la superestructura en la sociedad dividida en clases, condiciona
asimismo el papel contradictorio que desempeñan las ideologías de las
distintas clases en su relación con la base económica. Mientras que,
en la sociedad capitalista, la superestructura. política burguesa con
ideas burguesas sobre la libertad, la igualdad, etc., se halla
orientada al servicio activo de la base económica del capitalismo, la
ideología y organizaciones proletarias se hallan dirigidas hacia el
derrocamiento revolucionario del capitalismo y hacia la liquidación de
sus bases económicas. Únicamente en la sociedad socialista, donde las
relaciones de producción están libres de antagonismos, la
superestructura se va haciendo cada vez más homogénea en el sentido
social y se encuentra al servicio de un fin común: el
perfeccionamiento progresivo y el desarrollo de la base económica del
socialismo.

Diccionario de filosofía · 1984:38-39

Base y superestructura

Categorías del materialismo histórico, elaboradas para caracterizar
los principales elementos estructurales de cada formación
socio-económica. Con ayuda de estas categorías se especifica el
problema fundamental de la filosofía aplicado a la sociedad. El
marxismo-leninismo demuestra que el fundamento de las ideas,
instituciones y organizaciones dominantes en toda sociedad es la base,
es decir, el conjunto de las relaciones de producción, que se forma
necesariamente en correspondencia con un determinado nivel de
desarrollo de las fuerzas productivas. La superestructura es un
sistema interconectado de fenómenos sociales que son engendrados por
la base económica e influyen activamente sobre la misma. Forman parte
de la superestructura: a) el conjunto de formaciones espirituales
(pensamientos, sentimientos, estados de ánimo, ideas, teorías,
doctrinas), que, al analizarlas posteriormente, se dividen en
políticas, jurídicas, morales, religiosas, estéticas y
filosófico-conceptuales; b) el conjunto de relaciones entre los
individuos, que, a diferencia de las relaciones de base, de producción
material, se forman independientemente de la voluntad y la conciencia
de los hombres y se denominan ideológicas, pues se crean en
consonancia con las mencionadas formas de la conciencia ideológica,
interviniendo como relaciones sociales políticas, jurídicas, morales,
etc.; e) el conjunto de instituciones y organizaciones políticas (el
Estado, los partidos), jurídicas (los tribunales), religiosas (la
Iglesia), etc. La base y la superestructura son conceptos
correlativos. La base determina la especificidad cualitativa de una
formación concreta, delimitándola de esta manera de las demás,
mientras que la superestructura, engendrada por la base, caracteriza
la originalidad de la vida social y espiritual de cada formación.
Tomadas fuera del nexo con el concepto de formación, la base y la
superestructura se convierten en algo muerto, al igual que los órganos
separados del organismo. La base y la superestructura son
características obligatorias para todas las formaciones y específicas
para cada una de ellas. Viviendo en una sociedad y sometiéndose a las
exigencias de las leyes objetivas, los hombres se ven obligados a
establecer relaciones materiales, las cuales forman la base de toda su
vida social. Al mismo tiempo, los hombres, como seres conscientes,
realizan las demandas de las leyes, pues estas demandas se reflejan de
una u otra manera en su conciencia, estimulando su actividad. Por
eso, sobre la base de las relaciones materiales, surgen necesariamente
una determinada ideología y las relaciones, instituciones y
organizaciones que corresponden a ella, las cuales constituyen la
superestructura de una formación concreta y sirven a la defensa y al
fortalecimiento de su base. Al surgir la sociedad de clases, el
Estado pasa a ser una institución de la superestructura, que asegura a
la clase económicamente dominante la dominación en todo el sistema de
la superestructura. En el curso del desarrollo de una formación dada
y de la agudización de sus contradicciones, las clases interesadas en
su supresión crean nuevas ideas, instituciones y organizaciones.
Estos elementos superestructurales no forman parte de la
superestructura dominante, que trata de aplastarlos o, por lo menos,
de limitar la esfera de su influencia. En las sociedades antagónicas,
la superestructura, con todas sus ideas, relaciones ideológicas,
instituciones y organizaciones, constituye un producto, un resultado y
un instrumento de la lucha de clases. Los fenómenos
superestructurales poseen una relativa independencia, que les asegura
la posibilidad de ejercer una influencia activa sobre todos los
aspectos de la vida social, comprendida la base. La transición
revolucionaria de una formación a otra está enlazada, ante todo, con
la sustitución de una base por otra, conforme a lo cual transcurre con
una rapidez mayor o menor la transformación de toda la
superestructura. La base y la superestructura evolucionan también de
determinada manera en el marco de una formación, por ejemplo, en el
curso de la entrada de la sociedad socialista en la fase del
socialismo maduro, etc. El desarrollo del capitalismo conduce al
reforzamiento del papel reaccionario de la superestructura.
Únicamente en la sociedad socialista, en la que la base económica
carece de antagonismos, la superestructura se hace cada vez más
homogénea en el sentido social, sirviendo al desarrollo progresivo de
la sociedad y de su base.

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