Cerebro

Cerebro

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946

Diccionario filosófico abreviado · 1959:64-66

Cerebro

Parte central del sistema nervioso, órgano de la conciencia y del
pensamiento. La vida psíquica del hombre es una función del cerebro
que refleja el mundo objetivo. La fisiología moderna de la actividad
nerviosa superior refutó definitivamente las concepciones idealistas
de la independencia del espíritu, del pensamiento y de la conciencia
con relación a la materia. La conciencia y el pensamiento constituyen
irrefutablemente el producto de un órgano corporal y material, el
cerebro. (ver Pavlov). La conciencia y el pensamiento no son otra
cosa que el reflejo de la naturaleza, de la vida social en el cerebro
del hombre. Por ello, no es posible separar el pensamiento de la
materia sin cometer un grosero error. El pensamiento del hombre y su
conciencia constituyen una propiedad de una materia altamente
organizada que es el cerebro, el producto de su actividad. El
pensamiento y la conciencia se han desarrollado gracias a la práctica
social de la humanidad en el transcurso de su historia, gracias al
trabajo humano. “Es la transformación de la naturaleza por el hombre
precisamente, y no la naturaleza aislada como tal, lo que constituye
el fundamento esencial y más directo del pensamiento humano; y la
inteligencia del hombre ha crecido en la medida en que ha aprendido a
transformar la naturaleza” (Engels, Dialéctica de la naturaleza, Ed.
rusa).

En el hombre, el cerebro ha sufrido el desarrollo más elevado como
consecuencia de una larga evolución histórica. En los vertebrados, se
distingue la médula espinal alojada en el canal vertebral, y el
encéfalo situado en la caja craneana. La médula comprende los centros
motores y sensitivos primarios cuya regulación depende del encéfalo.
Por sí misma, la médula espinal no es apta más que para las funciones
más simples –flexión y extensión de miembros– insuficientes a la vez
para asegurar la locomoción (marcha, carrera, acción de trepar, &c.)
lo cual exige la coordinación del encéfalo. La estructura del cerebro
es muy compleja. A la médula espinal sigue el bulbo raquídeo, donde
se asientan los centros vitales más importantes, de la respiración, de
la circulación, del metabolismo, &c., y los núcleos enervadores de los
músculos de la lengua, la faringe y las cuerdas vocales. El puente de
Varolio se halla directamente encima del bulbo y comprende los núcleos
de inervación de los músculos del rostro, de los músculos oculares
externos y, en común con el bulbo raquídeo, el núcleo del nervio
auditivo. El cerebelo, situado encima del bulbo y del puente de
Varolio, es el órgano del equilibrio del cuerpo y de la coordinación
de los movimientos. Luego viene el cerebro medio que comprende los
núcleos de los nervios motores oculares y centros motores muy
importantes. El cerebro intermedio sigue al precedente y comprende
las regiones ópticas –centro colector de todos los nervios sensitivos–
y lo que se llama la región hipotalámica, centro regulador del
metabolismo. Todas estas partes son los centros de los reflejos
absolutos, reacciones hereditarias del organismo a los factores del
medio interior y exterior. Los grandes hemisferios se hallan situados
por encima de estas regiones cuya actividad coordinan y regulan.

En los mamíferos, especialmente en el hombre, los grandes hemisferios
superan por su masa y por la extraordinaria complejidad de su
estructura y de sus funciones, a todas las demás regiones del cerebro.
Se componen de conglomerados centrales de células (lo que Pavlov llama
la sub-corteza subyacente), conglomerados que son el substrato de la
actividad refleja absoluta o actividad instintiva, y de la corteza,
cuyo manto recubre a los grandes hemisferios. La corteza contiene una
cantidad enorme de células nerviosas (hasta 16 mil millones) que
poseen entre sí relaciones extremadamente complicadas e incesantemente
variables. La corteza de los grandes hemisferios, órgano de la
actividad nerviosa superior, es, según Pavlov, el lugar donde se
forman los reflejos condicionados, vale decir, los reflejos no
hereditarios, que aparecen en el curso de la vida individual y amplían
al máximo las facultades de adaptación del organismo a las variaciones
de los medios interior y exterior. La corteza de los grandes
hemisferios representa al mismo tiempo un sistema de analizadores,
cuya función, como lo muestra Pavlov, consiste en descomponer con
tanta mayor fineza cuanto más altamente organizado es el animal, el
conjunto de influencias incidentes que provienen del exterior y
excitan el organismo.

En el hombre, las funciones de la corteza cerebral son más complejas.
“En la fase humana de la evolución del mundo animal”, decía Pavlov,
“se agregó un complemento considerable a los mecanismos de la
actividad nerviosa. En el animal, la realidad es señalada casi
exclusivamente por excitaciones y sus huellas en los grandes
hemisferios, directamente conducidas en las células especiales de los
receptores visuales, auditivos y otros del organismo. Es lo que en
nosotros corresponde a las impresiones, a las sensaciones y a las
representaciones recibidas del medio exterior, natural y social,
excepción hecha del lenguaje, auditivo y visual. Es el primer sistema
de señales de la realidad, sistema que nos es común con los animales.
Pero el lenguaje constituye nuestro segundo sistema de señales de la
realidad, especialmente nuestro, señal de las primeras señales”. El
trabajo es lo que ha creado al hombre. El trabajo ha creado la
conciencia humana y, con la conciencia, apareció el lenguaje. Bajo la
influencia del trabajo se transformaron y se perfeccionaron los
órganos de los sentidos. El ojo humano, por ejemplo, ha aprendido a
observar más cosas que el ojo de pájaro más penetrante; el oído humano
es capaz de percibir los matices más finos y delicados de la palabra
humana.

Diccionario filosófico · 1965:63-64

Cerebro

Parte superior del sistema nervioso central. Las secciones superiores
del encéfalo están directamente vinculadas a la vida psíquica de los
animales y del hombre. En éste, los grandes hemisferios son los
órganos del lenguaje y del pensamiento abstracto verbal. El encéfalo
surgió cuando la vida de los animales llegó a un nivel en que
resultaron esenciales las reacciones complementarias de adaptabilidad
en busca de las condiciones de existencia necesarias en un medio
complejo y variable. El sistema nervioso central y su sección
superior, el cerebro, constituyen un órgano de dirección, es decir, un
sistema que coordina la actividad de los distintos órganos entre sí y
que regula, con ayuda del reflejo psíquico, la relación recíproca del
organismo con el medio exterior. En el transcurso de toda la historia
de la filosofía y de las ciencias del hombre, se ha sostenido una
lucha entre las corrientes materialista e idealista en torno al
problema de la naturaleza de la psique, de la conciencia humana. Sin
embargo, los éxitos de la ciencia natural en el estudio de la
estructura y de la actividad del sistema nervioso central, en
particular del cerebro, han contribuido a que el criterio materialista
haya alcanzado la victoria en esta cuestión. Ha sido especialmente
valioso el papel de las ideas y trabajos de Séchenov y Pávlov, quienes
pusieron de relieve la naturaleza refleja de la actividad psíquica de
los animales y del hombre, es decir, el carácter determinado de dicha
actividad. En el hombre, además del primer sistema señalizador de la
realidad, común a los animales, se ha formado un segundo sistema de
señales, verbal (Sistemas de señales), ligado al pensamiento verbal
abstracto. En el cerebro, existen centros especiales para la
percepción (auditiva y visual) y la emisión de la palabra. La
naturaleza profundamente social del hombre se ha traducido no sólo en
la formación de nuevas estructuras morfológicas –en comparación con
los animales– que hacen posible la comunicación por medio del lenguaje
y el pensamiento verbal. La forma específica en que existe y se
asimila la experiencia pasada de la humanidad se halla asimismo
relacionada con la formación de nuevos mecanismos cerebrales.
Mientras que la experiencia de la especie en los animales se transmite
hereditariamente en forma de instintos, en los hombres la asimilación
de las formas de actividad históricamente elaboradas acontece en el
decurso del desarrollo del individuo. De ahí que facultades
específicamente humanas como el oído para el lenguaje y el oído
musical, la facultad para el pensamiento abstracto y otras, no sean
funciones de estructuras cerebrales morfológicas, sino neurodinámicas
que poseen una relativa estabilidad. El progreso de la actividad
psíquica de los hombres no se ha producido a cuenta de la evolución
morfológica del cerebro –como se ha dado en la historia del reino
animal–, sino gracias al perfeccionamiento de sus posibilidades
funcionales. Dicho perfeccionamiento está ligado al desarrollo de las
formas de la experiencia humana, a su conservación, transmisión y
reelaboración, e incluso a la creación de dispositivos automáticos que
facilitan el trabajo mental y elevan las posibilidades creadoras del
ser humano. Gracias a la amplia aplicación de los principios
cibernéticos, el estudio de la actividad del cerebro se ha completado
añadiendo a los métodos clásicos de la fisiología de la actividad
nerviosa superior y de la electrofisiología, el método de los modelos
(Cibernética, Modelación). La modelación de la actividad cerebral se
lleva a cabo siguiendo dos direcciones principales: 1) la modelación
de partes especiales de la actividad del cerebro y 2) la modelación de
la estructura formal de los productos finales de la actividad
psíquica.

Diccionario de filosofía · 1984:61

Cerebro

Sección central del sistema nervioso; incluye la médula espinal y el
encéfalo. Las secciones superiores del encéfalo están vinculadas
directamente con la vida psíquica de los animales y el hombre, y
constituyen órganos de dirección, es decir, sistema que coordina la
actividad de los distintos órganos entre sí y regula con ayuda del
reflejo psíquico las interrelaciones del organismo con el medio
ambiente. En el curso de toda la historia de la filosofía y de la
historia de las ciencias sobre el hombre se ha desplegado la lucha
entre las corrientes materialista e idealista en torno a la cuestión
de la naturaleza de la psique, la conciencia del hombre. Los éxitos
alcanzados por las ciencias naturales en el estudio de la estructura y
la actividad del sistema nervioso central, y especialmente del
encéfalo, contribuyeron al triunfo de los criterios materialistas en
esta cuestión. Es particularmente grande el papel de las ideas y los
trabajos de Séchenov e I. Pávlov, que demostraron la naturaleza
refleja de la actividad psíquica de los animales y el hombre.
Mostraron que en el hombre, además del primer sistema de señales de
reflejo de la realidad, sistema común también a los animales, se formó
el segundo sistema de señales, el de habla, vinculado con el
pensamiento abstracto. La experiencia de la especie se transmite en
los animales por herencia en forma de instintos, mientras que los
hombres asimilan las formas históricas de actividad en el proceso del
desarrollo individual. Por eso, las capacidades específicamente
humanas, tales como el oído lingüístico y musical, la capacidad de
pensamiento abstracto y otras son funciones principalmente no de las
estructuras morfológicas, sino de las cerebrales neurodinámicas, que
poseen relativa estabilidad. El progreso de la actividad psíquica de
los hombres no está ligado con la evolución morfológica del cerebro,
como en los animales, sino con el desarrollo de las formas de
experiencia humana, de su conservación, transmisión y transformación
hasta la creación de dispositivos automáticos que alivian el trabajo
intelectual y aumentan las capacidades creadoras del hombre. Gracias
al enfoque cibernético, en el estudio de la actividad del encéfalo,
los métodos clásicos de la fisiología de la actividad nerviosa
superior fueron complementados con el método del modelado
(Cibernética).

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