Contemplación

Contemplación

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946

No figura en el Diccionario filosófico abreviado · 1959

Diccionario filosófico · 1965:83

El defecto principal del materialismo premarxista, en la esfera de la
teoría del conocimiento consistía en tener un carácter contemplativo.
Partiendo de la objetividad del mundo exterior, los viejos
materialistas caracterizaban el conocimiento como un proceso pasivo de
percepción, de contemplación; el mundo exterior actúa sobre los
órganos de los sentidos del hombre y éste es concebido sólo como
sujeto percipiente. Además, se contraponía unilateralmente el mundo
objetivo y la actividad humana. La realidad se concebía sólo como
objeto y no subjetivamente, es decir, en dependencia de la actividad
del sujeto, bajo un aspecto transformado y cambiado por la práctica
social de la humanidad. La propia actividad social en la esfera de la
producción, el hacer práctico, eran entendidos por los viejos
materialistas tan sólo como actividad individual de las personas
tendiente a satisfacer sus necesidades estrechamente personales y
egoístas, veían la práctica sólo en la “sucia forma judía de
manifestarse”, (Marx). Para el viejo materialismo no resultaba
accesible concebir la práctica como actividad creadora tanto del
hombre mismo como del mundo en que éste vive. Se debla ello a que se
concebía la historia en un sentido idealista y a que se desconocía el
papel de la producción en la vida de la sociedad. En consecuencia,
sólo se consideraba auténticamente humana la actividad teórica, y el
conocimiento se separaba de la práctica, se le contraponía. Lo cierto
es que en el proceso de la cognición, el hombre se encuentra no tanto
con la naturaleza como tal, como con el mundo “humanizado”, es decir,
incluido de uno u otro modo en el proceso de la producción; es
precisamente la transformación práctica del mundo lo que descubre al
hombre las leyes y la esencia del mismo. También es característico de
la contemplación, el comprender el sujeto del conocimiento como
individuo abstracto, aislado de la sociedad y visto frecuentemente tan
sólo como ser natural. La contemplación es inherente tanto al
empirismo como al racionalismo, dado que fuera de la práctica no es
posible ni siquiera plantear correctamente el problema de su
correlación. En la teoría del conocimiento, la contemplación conduce
inevitablemente a la metafísica, ya que hace imposible refutar por
completo al idealismo. El marxismo ha superado la contemplación y con
ello ha provocado un cambio radical en la esfera de la gnoseología.

Diccionario de filosofía · 1984:85

Principal defecto del materialismo premarxista en la esfera de la
teoría del conocimiento, consistente en que la conciencia se considera
como proceso pasivo de percepción, de contemplación, proceso en que
los fenómenos del mundo exterior influyen sobre los órganos de los
sentidos del hombre, que no hace más que aprehenderlos. En este caso
se contraponen unilateralmente el mundo objetivo y la actividad
humana. La actividad sólo se considera como objeto, no de manera
subjetiva, es decir, no en dependencia de la actividad del sujeto, no
en forma transformada por la práctica social. Por añadidura, los
filósofos premarxistas entendían por práctica misma sólo la actividad
individual encaminada a satisfacer las necesidades personales. Les
era inaccesible la comprensión de la práctica como actividad que crea
tanto al propio hombre como el mundo en que vive. Pero en efecto, el
hombre en el proceso cognoscitivo trata no tanto con la naturaleza por
sí sola como con un mundo “humanizado”, es decir, incorporado de una u
otra manera al proceso de producción, y es precisamente la
transformación práctica del mundo la que descubre al hombre sus
regularidades. Por eso el conocimiento no es una contemplación
pasiva, sino una enérgica actividad, enlazada indisolublemente con la
transformación práctica del mundo. La contemplación se caracteriza
también por la comprensión del sujeto del conocimiento como individuo
abstracto (“robinsonada gnoseológica”), concebido sólo como ser
natural, cuyas capacidades cognoscitivas se forman biológicamente
todas. La contemplación en la teoría del conocimiento lleva
inevitablemente a la metafísica y hace imposible la refutación plena
del idealismo. El marxismo superó la contemplación, realizando de
este modo una revolución en la gnoseología.

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