Cristianismo

Cristianismo

Diccionario filosófico marxista · 1946:58-59

Cristianismo

El cristianismo es una de las religiones más extendidas (ver:
Religión). El cristianismo nació dentro de las fronteras del Imperio
romano y absorbió los elementos de toda una serie de religiones
orientales (el mitraísmo, el judaísmo, &c.), así como las doctrinas de
los epígonos de la antigua filosofía idealista (neoplatónicos,
gnósticos, estoicos, &c.). Aplastados por la necesidad material, por
la absoluta carencia de derechos y por la cruel explotación, los
esclavos iban perdiendo la fe en sus fuerzas y buscaban un consuelo en
las fantásticas suposiciones sobre una vida de ultratumba, lo que
preparó un suelo abonado para el brote y extensión del cristianismo
que prometía a los esclavos un rápido fin del mundo y el advenimiento
de la felicidad eterna, la inmortalidad personal y la nivelación de
todos los hombres. Por haberse dirigido a todos los pueblos sin
distinción de nacionalidad y por haber negado la liturgia, el
cristianismo llegó a ser “la primera religión mundial posible”
(Engels). Pero al mismo tiempo que promete la igualdad después de la
muerte, el cristianismo concilia y justifica la desigualdad efectiva
sobre la tierra (“la esclavitud es el castigo por los pecados”), llama
a los oprimidos a someterse al poder de los opresores y pregona el
amor a los enemigos. La prédica cristiana de la sumisión ayuda a los
explotadores y desvía a los explotados de la lucha de clases. Esta
esencia explotadora del cristianismo, su doctrina sobre el origen
divino del Poder, útil para las clases dominantes, la convirtió en el
siglo IV en la religión dominante del imperio Romano. Can la caída
del régimen de la esclavitud y con el desarrollo del feudalismo, el
cristianismo, en la Europa Occidental, adopta la forma católica, y en
Rusia y en algunas otros países, la forma es ortodoxa. En la Edad
Media, la iglesia católica se convierte en la fuerza política más
formidable. Dispone de inmensas riquezas: el jefe de la iglesia, el
papa romano, pretende el dominio mundial. En su organización, la
iglesia reproduce, santificándolo, el sistema de dominación y de
sumisión feudales. Habiendo sido el sostén ideológico más importante
del régimen feudal, el catolicismo desempeñó un considerable papel
unificador en las condiciones de la diseminación feudal de Europa. La
crítica del feudalismo y la lucha contra él adquieren durante la Edad
Media la forma de herejías, corrientes religiosas que discrepan del
dogma imperante de la iglesia. Algunas sectas (por ejemplo, la de los
cátaros) enseñaban que todo el mundo material es el mundo del mal,
derivándose de aquí la actitud negativa frente a todas las normas
implantadas por el Estado. Estas concepciones reflejaban la actitud
hostil espontánea de las masas hacia el régimen existente. La iglesia
católica era “…la síntesis y la sanción más general del régimen
feudal existente. Claro está que bajo estas condiciones, todos los
ataques de carácter general contra el feudalismo y, ante todo, contra
la iglesia, todas las doctrinas revolucionarias, sociales y políticas,
tuvieron que significar simultáneamente también la herejía teológica”
(Engels). La iglesia no pudo dejar de ver en los herejes una amenaza
para su existencia, respondiéndoles con la extensión de la
organización tenebrosa de la inquisición, que perseguía con saña las
manifestaciones más insignificantes del pensamiento libre y quemaba en
las hogueras a miles de hombres. La inquisición sentenció a Galileo
(ver), quemó a Giordano Bruno (ver) y a Vanini. En el período
revolucionarlo de la lucha contra el régimen feudal, la burguesía,
naturalmente, se manifestó también contra el catolicismo, oponiéndole
el cristianismo burgués, el protestantismo (ver). Con el triunfo del
capitalismo, el cristianismo se convierte en uno de los instrumentos
de lucha contra la clase obrera, sobre la que ejerce su influencia
mediante el llamado socialismo cristiano, cuyo objetivo consiste en
desviar a las masas trabajadoras de la lucha de clases bajo la
consigna falsa de la paz de clases entre los capitalistas y los
obreros. En la Rusia zarista, la iglesia ortodoxa era el sostén del
zarismo y de la reacción, y luchaba activamente contra el movimiento
revolucionario. Después del triunfo de la Gran Revolución Socialista
de Octubre, la iglesia, junto con la burguesía, ayudó a la
intervención imperialista contra la Unión Soviética. En la U.R.S.S.,
con la destrucción de la explotación y la construcción del socialismo,
fueron destruidos también los fundamentos de la religión. Ante los
trabajadores de la U.R.S.S. se plantea ahora la tarea de liquidar los
prejuicios religiosos, considerados como una de las supervivencias del
capitalismo en la conciencia de los hombres.

No figura en el Diccionario filosófico abreviado · 1959

Diccionario filosófico · 1965:92

Cristianismo

Es una de las religiones mundiales, junto al islamismo y al budismo.
Surgió en la segunda mitad del siglo I en las provincias orientales
del Imperio romano, como religión de los esclavos y de los
trabajadores oprimidos. Con el tiempo, el cristianismo sufrió muchos
cambios, se convirtió en la religión de las clase, dirigentes y fue
aceptado en calidad de religión del Estado. El cristianismo venció
porque: 1) daba a las clases desheredadas una esperanza de felicidad y
justicia en la vida de ultratumba; 2) el imperio romano necesitaba una
religión única que se dirigiera a todos los hombres,
independientemente de sus diferencias de clase y de nacignalidad; 3)
las clases dominantes estaban interesadas en el cristianismo, dado que
éste no tocaba las bases clasistas de la sociedad y congraba en nombre
de Dios la opresión existente. Para el desarrollo ulterior del
cristianismo, para el establecimiento de la organización eclesiástica
y del culto, resultó de gran importancia el concilio de Nicea (325),
en el cual se elaboró el “Símbolo de la fe”, breve exposición de los
dogmas cristianos fundamentales. En la actualidad, no existe un solo
cristianismo, con unos mismos dogmas, un mismo culto y un mismo
ritual. En el cristianismo existen tres corrientes: el catolicismo,
la iglesia ortodoxa y el protestantismo, y un gran número de sectas
distintas (bautistas, adventistas, testigos de Jeltová, &c.).
Sirvieron de fundamento al cristianismo ideas de las religiones
orientales (Monoteísmo y politeísmo) acerca del sacrificio expiatorio
y de los salvadores divinos; influyeron en él las teorías de los
estoicos (en particular las de Séneca) y de Filón. Lo más importante,
en el cristianismo, es la doctrina sobre el mítico hombre-dios
Jesucristo (del hebreo “Jehosuá”: salvador, o “ieshua”: Dios ayuda;
“Cristo”, del griego kristóV: ungido, salvador), hijo de Dios, del que
se dice que descendió de los cielos a la Tierra, aceptó padecimientos
y muerte y luege resucitó para redimir del pecado original a los
hombres. La vida terrena, enseña el cristianismo, es un refugio
temporal para el ser humano, una preparación para la vida eterna más
allá de la tumba. Liquidado el régimen de explotacion, se socavan las
raíces sociales del cristianismo y éste se conserva tan sólo como
supervivencia del pasado, que desaparece en el proceso de edificacion
de la sociedad comunista.

Diccionario de filosofía · 1984:94-95

Cristianismo

Una de las tres religiones mundiales (las otras dos son el budismo y
el islam). Surgió en el siglo 1 en las provincias orientales del
Imperio Romano, como reflejo de los anhelos de los hombres agobiados
por la opresión, que habían perdido la esperanza en cambiar su destino
con sus propias fuerzas y creyeron que podían salvarse de los
sufrimientos con ayuda del Mesías o “Salvador divino”. El
cristianismo fue engendrado por los ánimos de desesperación, que se
manifestaron con particular agudeza en las masas después del
aplastamiento de las sublevaciones de esclavos, las acciones de los
pobres y de los pueblos avasallados contra el dominio de Roma y de las
clases explotadoras. La doctrina del cristianismo tomó cuerpo sobre
la base de las ideas de varias sectas mesiánicas, apropiándose de
algunos elementos de las religiones grecorromana y orientales, así
como bajo la influencia de los filósofos Filón de Alejandría y Séneca.
El lugar central en el cristianismo corresponde a la fe en la víctima
redentoria del “Hijo de Dios”, Jesucristo, que supuestamente había
sido ejecutado por Poncio Pilato, gobernador de Judea, pero luego
resurgió y ascendió al cielo, haciendo posible de este modo la
resurrección de sus seguidores. Los adeptos del cristianismo confían
en el segundo advenimiento futuro de Cristo a la Tierra para juzgar a
los vivos y los muertos, conceder bienaventuranza a los hombres píos y
condenar a los pecadores a los sufrimientos del infierno. El
cristianismo trasladaba la cuestión de la felicidad de los hombres
píos al otro mundo y proclamaba que en aras de la futura
bienaventuranza se debía soportar con paciencia los sufrimientos en la
vida. De este modo el cristianismo procuraba alcanzar la sumisión y
obediencia de las masas y su conciliación con el régimen social
injusto. En el curso de toda su historia, el cristianismo se ha
desarrollado en un clima de contradicciones internas, condicionadas
por la heterogeneidad de su composición de clase y los intereses de
clase distintos de sus adeptos. Estas contradicciones han conducido a
escisiones en sus filas y a la formación de diversas corrientes y
tendencias. En 1054 se destacaron en el cristianismo dos nutridas
corrientes: la occidental (catolicismo) y la oriental (ortodoxia). En
el siglo 16, en virtud de la Reforma, poderoso movimiento antifeudal y
anticatólico en Europa, surgió la tercera variedad del cristianismo,
el protestantismo. A su vez, estas corrientes se dividen en
orientaciones más pequeñas que se diferencian entre sí por la
interpretación de algunas cuestiones teológicas y de culto, pero
mantienen intactos los principios fundamentales del cristianismo.
Actualmente, el cristianismo es la religión más extendida en la
Tierra. Está representado por numerosas iglesias y sectas, cuya
actividad específica y orientación política están determinadas por las
condiciones sociales de su existencia. La crisis general de la
religión, que el cristianismo atraviesa también, obliga a los líderes
de las iglesias y sectas a buscar nuevas vías para seguir influyendo
sobre los creyentes: modernizan los postulados tradicionales de la
doctrina y procuran ajustar sus principios al “espíritu del tiempo”.
Se someten a revisión las doctrinas sociales de las iglesias y la
actitud hacia los problemas de vital importancia. A veces, se hace
pasar el cristianismo por un “tercer camino”, el único, en el que
pueden ser resueltos los problemas más complejos del ser humano.
Varias organizaciones cristianas y muchos creyentes condenan el
capitalismo y se pronuncian en defensa de las libertades nacionales y
democráticas. Teniéndolo presente, los partidos comunistas propugnan
la colaboración con los cristianos, lo mismo que con los adeptos de
otras religiones, en la lucha por la paz, el progreso social y
relaciones justas entre los pueblos, explicando al mismo tiempo la
inconsistencia de las concepciones cristianas.

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