Criterio de la verdad

Criterio de la verdad

Diccionario filosófico marxista · 1946:59

Criterio de la verdad

El criterio de la verdad es la norma para fijar la veracidad, la
certeza de nuestro conocimiento; el testimonio que confirma y
atestigua la justeza de nuestras ideas; el grado de concordancia entre
nuestras sensaciones y conceptos y la realidad objetiva. Para el
idealismo, el criterio de la verdad no se halla fuera de la conciencia
humana, en la realidad objetiva, sino en las sensaciones, en las ideas
del sujeto, en la claridad y exactitud de los conceptos, &c. Desde el
punto de vista del idealismo, es difícil distinguir entre lo veraz y
lo falso, entre lo real y lo fantástico. El criterio de la verdad del
materialismo dialéctico es, en cambio, la experiencia, la práctica,
comprendida no sólo en el estrecho sentido del único acto de la
comprobación, del experimento o de la experiencia individual, sino,
ante todo, en el sentido de la práctica histórico-social de los
hombres. “La concepción de la vida, de la práctica, debe ser la
primera y fundamental concepción del conocimiento” (Lenin). El
criterio de la práctica refuta al idealismo y al agnosticismo, por
cuanto demuestra que nuestros conocimientos sobre las leyes que rigen
la Naturaleza tienen el valor de verdades objetivas, y que no existen
en el mundo cosas incognoscibles.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:93-94

Criterio de la verdad

Prueba de la validez de nuestros conocimientos, índice que confirma la
exactitud de nuestras ideas y muestra en qué medida nuestras
sensaciones, represensaciones, conceptos, corresponden a la realidad
objetiva. Para el idealismo, el criterio de la verdad reside no en la
concordancia entre las teorías y la realidad objetiva, sino en las
sensaciones, las ideas del sujeto, en la “claridad y la nitidez” de
las nociones, &c. Así los “machistas” que toman por criterio la
“experiencia”, la comprenden no a la manera materialista, no como un
resultado de la interacción del hombre y de la naturaleza en el curso
de la transformación práctica de ésta, sino como una suma de
sensaciones, como estados subjetivos del hombre. De ahí se infiere
que las sensaciones tienen que ser verificadas por las propias
sensaciones. Para poder salir del punto muerto del solipsismo (ver),
los “machistas” declaran que el criterio de la verdad reside en la
“experiencia colectivamente organizada”. Desde ese punto de vista,
sólo es verdadero lo que tiene un “valor universal”, lo que es
reconocido por todo el mundo. Lenin denunció este subterfugio
idealista y mostró que desde el punto de vista de la “experiencia
socialmente organizada”, es fácil justificar las ideas más absurdas y
fantásticas, por ejemplo, la creencia en los diablos, en los
lobizones, &c., puesto que estas creencias también constituyen una
forma de “experiencia” humana. La religión tiene del mismo modo un
“valor universal”, pues millones de personas creen en Dios, en los
milagros, &c. Pero no por ello se convierte en una verdad. La
concepción “machista” del “criterio de la verdad” predomina en la
filosofía burguesa contemporánea.

La filosofía marxista es la única en dotar al conocimiento humano de
un criterio científico para distinguir la verdad del error, para
someter cada verdad a una verificación exacta y segura. Este criterio
es la práctica humana, la actividad de los hombres en la producción,
en la industria, la actividad revolucionaria de las masas. Al poner
la práctica en la base del conocimiento y del criterio de la verdad,
el marxismo ha operado una revolución en la gnoseología. El
materialismo premarxista era un materialismo contemplativo que no
vinculaba el conocimiento a la práctica, a la actividad de los
hombres. Los pocos materialistas que proponían la práctica como un
criterio de la verdad, se hacían de ella una concepción estrecha que
excluía la práctica histórica, la actividad de los hombres en la
producción. El marxismo fue el primero en demostrar el vínculo
indisoluble entre el conocimiento y la práctica, y en ofrecer la
solución justa de ese problema. “El problema de si al pensamiento
humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema
teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre
tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la
terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o
irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es un problema
puramente escolástico” (Marx, “Tesis sobre Feuerbach”, en Marx/Engels,
Obras escogidas, t. II, p. 376, Ed. esp., Moscú, 1952).

El marxismo ha puesto al descubierto el absurdo del agnosticismo, que
niega la posibilidad de un conocimiento cierto. Si nuestros
conocimientos son confirmados por la práctica, tienen valor de
certidumbre y ningún agnosticismo puede refutarlos. Los vitalistas,
por ejemplo, y demás enemigos de la ciencia, se entretienen en
discurrir sobre su misteriosa “fuerza vital” que presidiría la vida de
los organismos. Pero los hombres, conscientes de las leyes objetivas
reales de la evolución orgánica, y conocedores de su aplicación, han
demostrado la inconsistencia total del vitalismo. La doctrina
michurinista (ver) ha abierto al hombre los caminos para modificar las
plantas y los animales. Michurin (ver) ha dado la mejor confirmación
práctica de su teoría al crear numerosas variedades nuevas de frutos.
La práctica es la piedra de toque de la teoría. Y ella ha
desenmascarado la falsa ciencia de los weismanistas-morganistas, y ha
confirmado la exactitud do la doctrina michurinista. Lo mismo sucede
en todos los dominios del conocimiento científico, comprendidas las
ciencias sociales. Los ideólogos de la burguesía consideraban al
socialismo científico como una fantasía de la imaginación. Pero la
experiencia del pueblo soviético, que ha construido el socialismo, y
la práctica actual de los otros pueblos que se han desgajado del
sistema capitalista y edifican el socialismo, muestran la verdad
sublime del socialismo científico y las mentiras de las teorías de los
ideólogos burgueses al servicio de las clases decadentes. La práctica
verifica y confirma las verdades científicas, y refuta las teorías
erróneas.

Al hacer de la práctica el criterio de la verdad, el marxismo enseña a
tener en cuenta el desarrollo de la propia práctica, lo que implica la
revisión de ciertas verdades que no corresponden ya al nivel de la
actividad práctica de los hombres. Esta concepción de la práctica
estimula el pensamiento humano, y le impide erigir en dogmas las
verdades descubiertas. Todo progreso en la práctica perfecciona
nuestros conocimientos, precisa y concreta las verdades a la luz de
una práctica más avanzada. (ver igualmente Teoría y práctica).

Diccionario filosófico · 1965:92-93

Criterio de la verdad

(del griego κριτήριον: medida para valorar alguna cosa.) Recurso para
comprobar la veracidad o la falsedad de tal o cual aseveración,
hipótesis, sistematización teórica, &c. El criterio de la verdad
radica en la práctica social (Teoría y práctica). Las teorías
científicas reciben su comprobación definitiva en la práctica: en la
producción industrial y agrícola en la actividad revolucionaria de las
masas para la reestructuracion de la sociedad. Si la teoría se aplica
con éxito en la práctica, ello significa que es válida. Los
procedimientos para comprobar en la práctica tal o cual pensamiento
pueden ser diferente. Por ejemplo, ciertas proposiciones de las
ciencias naturales reciben su confirmación en el experimento,
relacionado con la observación, con la medición, con la elaboración
matemática de los resultados obtenidos. A menudo, la comprobación
práctica se realiza por procedimientos mediatos. Así, cuando
establecemos la veracidad de una determinada proposición recurriendo a
la demostración lógica, nos basamos, en última instancia, en la
comprobación práctica de algunas tesis iniciales de tal o cual teoría,
tesis que, en el marco de la teoría dada, no están sujetas a
comprobación especial. Ahora bien, comprobar las teorías científicas
en la práctica no significa convertirlas en algo absoluto; las teorías
científicas se desarrollan, se enriquecen, se puntualizan, algunas de
sus tesis se sustituyen por otras. (Verdad absoluta y verdad
relativa). Ello se debe a que la propia práctica social y, por ende,
los procedimientos para confrontar a través de ella las teorías
científicas con la realidad, se desarrollan sin cesar, se
perfeccionan. De ahí que sólo la práctica social en desarrollo puede
confirmar plenamente o refutar las representaciones del hombre. En la
teoría del conocimiento, el marxismo ha sido el primero en incluir la
práctica como criterio de la verdad. La filosofía burguesa
contemporánea no reconoce la práctica como criterio de la verdad o le
da una interpretación tergiversada (por ejemplo el pragmatismo).

Diccionario de filosofía · 1984:95-96

Criterio de la verdad

(griego kriterion: medida para valorar algo.) Medio de verificación de
la veracidad o falsedad de una u otra afirmación, hipótesis,
construcción teórica, &c. El criterio de la verdad es la práctica
social (Teoría y práctica). Las teorías científicas se comprueban
definitivamente con ayuda de la práctica: en la producción material,
en la actividad revolucionaria de las masas encaminada a transformar
la sociedad, &c. Si la teoría se emplea felizmente en la práctica,
esto significa que es verídica. Los métodos de verificación de la
teoría en la práctica son distintos. Por ejemplo, unas u otras tesis
en las ciencias naturales reciben su confirmación en el experimento
asociado a la observación, la medición y el tratamiento matemático de
los resultados obtenidos. Sin embargo, la verificación en la práctica
de las teorías científicas no significa la transformación de éstas en
algo absoluto, pues siguen desarrollándose, enriqueciéndose y
especificándose, algunos de sus postulados se sustituyen con los
nuevos (Verdad absoluta y relativa). Esto se debe a que la práctica
social misma y, por tanto, los métodos de confrontación, a través de
la práctica, de las teorías científicas con la realidad no dejan de
desarrollarse y perfeccionarse. Por eso, únicamente la práctica
social en desarrollo puede confirmar o refutar por completo una u otra
noción humana. La práctica como criterio de la verdad fue incluida
por primera vez en la teoría del conocimiento por el marxismo. La
filosofía burguesa contemporánea no reconoce la práctica como criterio
de la verdad u ofrece una interpretación desvirtuada del mismo (por
ejemplo, el pragmatismo).

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