Filosofía china

Filosofía china

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946

Diccionario filosófico abreviado · 1959:196-202

En los umbrales del primer milenio antes de nuestra era, en la época
de la desintegración de la comuna primitiva, aparecieron en China
concepciones materialistas espontáneas. Los chinos estimaban que
todas las cosas están constituidas por cinco elementos: madera, metal,
agua, fuego y tierra, y el substrato común a esos elementos originales
era la substancia material “Tsi” que evoca al aire o al éter. Más
tarde, esos rudimentos de ideas materialistas se convirtieron, gracias
a la teoría de Lao Tseu sobre el “Taó”, vale decir, el determinismo
del desarrollo y cambio de las cosas, en el fundamento de un sistema
filosófico coherente. Según la leyenda, la escuela filosófica de Lao
Tseu apareció a fines del siglo VI y comienzos del V antes de nuestra
era. Esa filosofía se alzó contra el despotismo de la nobleza. Lao
Tseu decía: “El pueblo está hambriento porque sus gobernantes devoran
impuestos en demasía”.

Lao Tseu proclamaba que la vida de la naturaleza y de los hombres
sigue un rumbo determinado, el “Taó”, sin que intervenga ninguna
fuerza sobrenatural. De acuerdo al “Taó”, todo en el mundo se mueve y
cambia, y en ese proceso, todas las cosas se transforman
necesariamente en sus contrarios. En el curso del cambio infinito, lo
nuevo triunfa siempre sobre lo viejo. Además, Lao Tseu sostiene que
el hombre no debe inmiscuirse en el proceso del desarrollo, y exhorta
a los hombres a la pasividad, predicando el retorno a la vida
primitiva en oposición al progreso. A pesar de su estrechez, que se
explica por razones históricas, esta doctrina desempeñó un gran papel
en la historia de la filosofía y la cultura chinas. El principal
mérito de Lao Tseu consiste en que al oponer el “Taó” natural a la
voluntad divina, presintió la existencia de leyes generales que rigen
al mundo real y cuya esencia expresan. Lao Tseu tuvo por discípulo a
Yang Chu (siglo IV a.n.e.) materialista notorio que negaba la
existencia de fuerzas sobrenaturales y se oponía al culto de los
antepasados. Esta doctrina tiene por centro al hombre. De allí, la
idea de la libertad del individuo: “Todo para sí”, todo para el
hombre. El materialismo de Lao Tseu y de Yang Chu asestó un golpe
vigoroso a las corrientes idealistas, y en particular, al
confucianismo.

Confucio (551-479 a.n.e.) fundó la primera escuela privada en China.
Enunció ideas racionales, especialmente sobre los problemas de la
educación, pero en el fondo, su doctrina tiene un carácter
conservador. Se alzó contra todos los elementos nuevos, luchó por la
restauración de un régimen social caduco, e intentó perpetuar los
ritos religiosos del régimen patriarcal. Dividía a los hombres en
“nobles” y “bajos”, y estos últimos debían servir dócilmente a la
nobleza. Con este fin, concebía una ética que tuviera por principio
la “caridad”, y creía en el “destino celestial”.

La doctrina de Confucio fue atacada vivamente por Mo Ti (479-381
a.n.e.). Este afirma que el principio de la “caridad” está dirigido
contra los humildes. Mo Ti oponía a Confucio “el amor universal” en
cuyo nombre, todos los hombres, naturalmente iguales, deben ayudarse
mutuamente. Protestaba contra la guerra entre los reinos y reclamaba
para el pueblo una vida en paz. En su crítica a la doctrina de
Confucio, Mo Ti afirma que no existe destino providencial, que el
destino del hombre depende de este mismo, de la manera en que aplique
el principio del “amor universal”, expresión de la voluntad celestial.
En su conjunto, esta doctrina es idealista, lo que no excluye sin
embargo, ciertos elementos materialistas, especialmente en su teoría
del conocimiento.

Los discípulos de Mo Ti desarrollaron las concepciones éticas y
filosóficas del maestro despojándola de esa envoltura mística que era
la “voluntad celestial”. Fueron los primeros en la China antigua, en
elaborar una teoría del conocimiento y una lógica inspiradas en un
materialismo ingenuo. El saber constaba de tres partes: el
conocimiento sensible, el conocimiento racional y la práctica.
Concibieron la noción de “pian” (lo que significa “controversia”,
“diálogo”, “dialéctica”) llamada a “definir la verdad y la mentira”.
Los discípulos de Mo Ti estudiaron igualmente los métodos lógicos del
conocimiento tales como el análisis y la síntesis, la inducción y la
deducción, la analogía, la comparación, &c. Según ellos, nuestros
juicios y nuestros conceptos deben fundarse en las cosas y
corresponder a la realidad.

Durante los siglos IV y III a.n.e., el materialismo fue violentamente
atacado por Men Tseu, discípulo de Confucio, por Chuan Tseu que
interpretó en un sentido idealista la doctrina de Lao Tseu sobre el
“Taó”, y por otros además. Pertenecen igualmente al campo idealista,
los sofistas Hui Sheu y Kung Sung-lung, quienes negaban la realidad de
las cosas y el movimiento.

Siempre en lucha contra el idealismo y el misticismo, el materialismo
de la China antigua continuó desarrollándose. Sun Tseu (296-238
a.n.e.), principal representante de la corriente progresista en el
confucianismo antiguo, fue el materialista más notable de esta época.
Afirma que el cielo está desprovisto de conciencia y que no es más que
una parte de la naturaleza, que el hombre es capaz no sólo de conocer
las cosas, sino de llegar a dominarlas y a utilizarlas de una manera
congruente. Esta doctrina es una de las fuentes ideológicas de los
“fatsia” (“legistas”) que lucharon por la unificación y el progreso de
China. Esta escuela proclama que la legislación del Estado (“fa”)
debe suprimir las relaciones de clan, el patriarcado, y transformar la
sociedad. Han Fei (siglo III a.n.e.), discípulo de Sun Tseu, es el
representante más notable de esa tendencia. A finales del siglo III
antes de nuestra era, las aspiraciones sociales y políticas de los
“fatsia” se realizaron. China fue unificada. Pero no tardó en
estallar una sublevación de campesinos y esclavos liberados. Las
guerras prosiguieron sin interrupción. Y se vio aparecer una religión
nueva, la “secta de Taó”, que deformaba groseramente la doctrina de
Lao Tseu haciendo de la antigua filosofía atea un objeto de culto. El
confucianismo extrajo nuevos argumentos teológicos de la enseñanza de
Toung Chung-shu (siglos II y I a.n.e.).

Un grupo de materialistas en cuyas primeras filas se encuentra Wang
Chung (27 a 97 aprox.) se rebeló contra la mística religiosa. Wang
Chung enseñaba que el mundo se compone de una materia eterna llamada
“Tsi”, en la cual, “Taó” actúa como una ley del desarrollo de la
realidad misma. El hombre es considerado como un ser natural
constituido igualmente por la substancia material “Tsi”. Denunciando
la fábula de la inmortalidad del alma, Wang Chung afirma que el alma
humana es la energía vital del hombre segregada en el organismo en el
curso de la circulación sanguínea cuya detención provoca la
desaparición del alma. La doctrina de Wang Chung representa una etapa
superior en el desarrollo del materialismo en la China antigua.

Desde el siglo II al IV, mientras la sociedad china atravesaba una
crisis profunda, la mística religiosa de la secta taoísta por una
parte, y del budismo, por la otra, pasó por un período de
florecimiento. La frontera entre la filosofía idealista y la religión
se borró. Aparecieron filósofos que vaciaron la teoría “Taó” de su
contenido materialista y la adaptaron a las necesidades de la
religión. Así, el famoso Ke Hung (siglo IV) consideraba al “Taó” como
un medio de alcanzar la inmortalidad. El taoísmo, convertido en una
adulteración era asimilado cada vez más por el idealismo
confucianista. Los budistas provocaban discusiones sin cesar sobre la
naturaleza del alma, sobre las relaciones entre el ser y el no-ser.
En esta época, diversos pensadores notables levantaron su voz contra
el misticismo y el idealismo: Pei Wei (siglo III), Pao Ching-yen
(siglo IV), Fan Chen (siglos V a VI) y muchos más.

Del siglo VII al siglo IX, durante el desarrollo del feudalismo, el
budismo ejerció su predominio y su filosofía penetró en todas las
ramas de la cultura. El confucianismo y el taoísmo fueron relegados a
último plano. Un materialista militante, Lu Tsai (siglo VII) atacó al
misticismo y al idealismo. La lucha encarnizada que oponían las
sectas budistas, hace recordar las luchas entre nominalistas y
realistas en la Europa medieval. El budismo se escindió en dos
grandes corrientes, septentrional y meridional, lo que lo debilitó
sensiblemente y favoreció a sus adversarios, los confucianistas ante
todo, que reconquistaron sus posiciones. En su crítica a la
escolástica budista, algunos confucianistas enunciaron tesis de
tendencia materialista. Sin embargo, en el período que siguió,
después de su victoria decisiva sobre los budistas, los discípulos de
Confucio se pusieron a desarrollar de nuevo su filosofía idealista.
La llamada “escuela ortodoxa”, que tuvo por maestro a Shu Hsi
(1130-1200), señala el apogeo del idealismo confucianista. Shu Hsi
estima que el mundo está compuesto de dos principios: “Li”,
incorpóreo, y “Tsi”, corpóreo. “Li” es la fuerza creadora razonable
que convierte a la materia pasiva “Tsi” en cosas concretas a las que
gobierna. Afirma que “Li”, principio ideal, encarna en el hombre las
cualidades positivas (la aspiración al bien), mientras que la
substancia material “Tsi” le confiere las cualidades negativas (las
tentaciones de los sentidos). La misión de los filósofos consiste en
desarrollar por todos los medios las cualidades positivas del hombre y
en poner trabas a sus intenciones malignas. Bajo el régimen feudal,
eso significaba que los siervos debían soportar sin murmurar todas las
privaciones y obedecer dócilmente a los señores que los explotaban y
oprimían ferozmente. La doctrina de Shu Hsi erigida en ideología
ortodoxa oficial, reinó indiscutida durante varios siglos en la China
feudal.

No obstante, la “escuela ortodoxa” tenía adversarios tanto a la
izquierda como a la derecha. Sus críticos de izquierda fueron Yeh
Shui-sin (1150-1223) y Shen Luan-Shuan (1143-1194), que refutaron el
idealismo de Shu Hsi, en particular su apriorismo en la teoría del
conocimiento. Yeh Shui-sin y Shen Lung-shuan invitaban a los sabios a
renunciar a la escolástica estéril y a entregarse a una obra útil en
bien del pueblo. La crítica de derecha de la “escuela ortodoxa” fue
iniciada por Lu Siang-shan (1139-1192) quien reprocha a Shu Hsi el
admitir la existencia objetiva de “Li” y de “Tsi”. Más tarde esta
crítica se convirtió en todo un sistema idealista subjetivo fundado
por Wang Yang-ming (1478-1528), según el cual, fuera de la conciencia
no existen cosas ni leyes. Mi representación, afirmaba, es
precisamente la cosa. La experiencia del hombre no lo conduce más que
a errores. Todo depende de nuestro “Yo”. En apoyo de esta tesis,
lanzó la teoría de la “unidad del conocimiento y la acción” que tenía
por finalidad salvar al régimen feudal amenazado. Wang Yang-min y sus
numerosos émulos trataron de renovar las ideas reaccionarias del
confucianismo y de apartar a las masas populares de la lucha contra
sus opresores. Posteriormente, la escuela de Yang-ming se convirtió
en una de las principales corrientes ideológicas de la China feudal,
con iguales títulos que la “escuela ortodoxa”.

Sin embargo, en el seno de la escuela de Wang Yang-min se manifestaron
diversas tendencias que entablaron una lucha encarnizada entre sí.
Algunos de sus discípulos se unieron al materialismo y declararon la
guerra abiertamente a la doctrina de Confucio. Entre estos filósofos,
le corresponde un lugar de honor a Li Shih (1527-1602).

En el siglo XVII, en la época en que el feudalismo atravesaba una
crisis profunda y en que los conquistadores extranjeros habían
invadido a China, los elementos progresistas de la sociedad china
emprendieron una vasta acción contra las tendencias idealistas. Este
movimiento era dirigido por Huang Tsung-hsi (1610-1696) y Wang Fu-shih
(1619-1692). Hilan Tsung-hsi, patriota ardiente y guerrero intrépido,
combatió a los conquistadores manchúes. Después del fracaso de la
resistencia armada, se dio por entero a los trabajos científicos y a
la difusión de las ideas democráticas antifeudales. Exhortó a los
funcionarios y a los intelectuales a servir al pueblo y no al
emperador. En lo que respecta a la cuestión fundamental de la
filosofía (ver), sus posiciones eran materialistas: sostenía que en el
cambio infinito universal, no hay más que una sola substancia, la
substancia material (“Tsi”), que llena todo el espacio. Sus ideas
democráticas eran compartidas por el eminente materialista Wang
Fu-shih. Pensaba que la tierra, considerada como propiedad del
emperador, debe pertenecer al pueblo. En su denuncia del misticismo,
afirma que la materia es eterna, que es un dato primario y que sus
leyes tienen carácter objetivo. Enuncia la teoría de la “unidad del
cuerpo y del movimiento”.

En el siglo XVIII período en que se afirmó sólidamente la dinastía
manchú, el célebre sabio y materialista Tai Tung-yuan (1723-1777)
elevó su voz contra la ideología dominante de la “escuela ortodoxa”.
Tai Tung-yuan estima que el mundo material es asiento de un proceso
continuo que “da a luz una vida nueva incesantemente”. Es la
manifestación de la ley natural del “Taó”, inherente a la propia
realidad. Para conocer esta ley, es preciso analizar las cosas
concretamente hasta en sus más pequeños detalles.

A mediados del siglo XIX, cuando China se convertía en un país
semi-colonial, el movimiento de los campesinos conocido por el nombre
de la insurrección de los “Tai-Ping” (1850-1864), tomó una amplitud
enorme. El organizador y teórico de ese movimiento, Hung Sui-tsuan
(1812-1864), bajo capa del cristianismo importado en China por los
europeos, intentó realizar una reforma agraria en el “Estado celeste
de la gran prosperidad”, fundado por los “Tai-Ping”. Esta revolución
fue aplastada. Pero la idea de igualdad lanzada por los “Tai-Ping”
desempeñó un papel enorme en el movimiento campesino que siguió. A
fines del siglo XIX, a impulsos de una nueva ola revolucionaria en
respuesta a la agravación del yugo feudal y colonial, surgieron en
China dos corrientes ideológicas y políticas que preconizaban diversos
medios de renovar el país: la corriente democrático-revolucionaria
dirigida por Sun Yat-sen, que exigía una reforma radical del régimen
burocrático y feudal, el fin de la dominación manchú y la instauración
de un régimen republicano; y la corriente reformista dirigida por Kang
Yu-wei (1858-1927) que quería, por medio de algunas transformaciones
“desde arriba” atenuar las contradicciones sociales y restaurar la
potencia del Estado manteniendo el régimen feudal y monárquico. Uno
de los teóricos reformistas progresistas, Tan Szu-tung (1865-1898),
profesaba el materialismo. Refutando el idealismo de Confucio,
estimaba que las diversas cosas son combinaciones de 73 elementos
químicos cuyo substrato común es la fuerza o energía llamada “idai”,
inherente a los cuerpos. El universo se modifica constantemente y la
historia de la sociedad humana sigue esas modificaciones. Tan
Szu-tung predijo que llegaría un día, ineluctablemente, en que sobre
toda la superficie del globo “no habría ni Estados ni guerras… no
habría ni dominación ni despotismo”, en que todos los hombres serían
libres y que “no habría diferencia entre nobles y villanos, entre
ricos y pobres…” Compenetrado de la voluntad de combatir el régimen
feudal, el materialismo de Tan Szu-tung sirvió de fundamento teórico
al ala izquierda de los reformistas en su lucha contra la dinastía
manchú.

El más grande revolucionario de China de fines del siglo XIX y
comienzos del XX, fue Sun Yat-sen (1866-1925). En vísperas de la
revolución china de 1911, elaboró una plataforma política de los
revolucionarios chinos, que fue apreciada en alto grado por Lenin.
“Un democratismo sincero y combativo impregna cada línea de la
plataforma de Sun Yat-sen” escribía Lenin en 1912, en su artículo
“Democratismo y populismo en China”. Sun Yat-sen resumió su doctrina
en “tres principios populares”: nacionalismo (lucha por la
independencia nacional), democratismo (creación del régimen
republicano), y prosperidad del pueblo (entrega de la tierra a los
campesinos, limitación del capital). Objetivamente, el programa
económico de Sun Yat-sen abría el camino de la evolución capitalista a
China, aunque subjetivamente, su autor estimaba que se podía “evitar”
el capitalismo. Sun Yat-sen aprobaba por completo la teoría
materialista de Darwin (ver) sobre el origen del mundo orgánico y
expresó ideas materialistas sobre la teoría del conocimiento. Sin
embargo, hizo concesiones importantes al idealismo en diferentes
dominios: clasificación de los hombres en tres grupos según sus
características intelectuales, doctrina del “elemento vital”, &c. A
pesar de su carácter contradictorio y de su estrechez burguesa, la
doctrina de Sun Yat-sen señaló un gran progreso en la filosofía de
China. Lo que la distingue es que en el curso de la lucha
revolucionaria, se enriquece constantemente despojándose de sus
elementos conservadores. “Toda su vida”, escribe Mao Tse-tung, “Sun
Yat-sen luchó por sus ideas, por el desarrollo de su doctrina de la
que no se apartó jamás, completando y profundizando su teoría de los
tres principios populares. Bajo la influencia de la Revolución
Socialista de Octubre en Rusia, Sun Yat-sen revisó sus opiniones y
perfeccionó su teoría de los tres principios populares agregándole
tres principios políticos: apoyo a los obreros y campesinos, alianza
con los comunistas, alianza con la U.R.S.S. Sun Yat-sen fue un amigo
sincero de la Unión Soviética y saludó calurosamente la Revolución
Socialista de Octubre en Rusia, a la que calificó de “gran esperanza
de la humanidad”.

Después de la muerte de Sun Yat-sen, la camarilla reaccionaria del
Kuomintang puso el acento en los aspectos reaccionarios y
conservadores de su doctrina y, cubriéndose con su nombre, emprendió
el camino de la traición nacional. Sólo la clase obrera china y su
destacamento de vanguardia, el Partido Comunista, son los herederos
legítimos de la doctrina de Sun Yat-sen. Al mismo tiempo que critica
las utopías pequeño-burguesas y las ideas conservadoras de Sun
Yat-sen, el Partido Comunista de China salvaguarda y desarrolla la
médula democrática y revolucionaria de su programa político y
económico. Bajo la influencia directa de la gran Revolución
Socialista de Octubre, se vio surgir en China un poderoso movimiento
antifeudal y antimperialista, llamado el “movimiento del 4 de mayo”
(1919). Este movimiento era dirigido por los primeros marxistas
chinos, quienes, al luchar en esa época contra la ideología feudal e
imperialista, denunciaban la naturaleza reaccionaria del confucianismo
y otras doctrinas filosóficas y religiosas, sometían a una crítica
implacable a los neokantianos místicos Chang Kiun-tan, Liang
Chin-chao, &c., y ponían al descubierto la traición del pragmatista Hu
Chi y de sus acólitos. El Partido Comunista de China, fundado en
1921, puso al desnudo en el curso de la lucha contra sus enemigos
ideológicos, las raíces sociales e históricas de la política
colonialista e imperialista, y la traición de sus lacayos, los
militaristas chinos. Las principales obras filosóficas de los
clásicos del marxismo-leninismo, fueron traducidas al chino:
Anti-Dühring, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica
alemana, Dialéctica de la naturaleza, de Engels; Materialismo y
empiriocriticismo de Lenin; Principios del leninismo de Stalin, &c. A
pesar de las represiones del Kuomintang, la literatura
marxista-leninista fue ampliamente difundida en todo el país. En
1934, la camarilla dirigente del Kuomintang que luchaba contra el
Partido Comunista, organizó lo que se llamó el “movimiento por una
vida nueva” cuyo objetivo era la restauración de la moral reaccionaria
de Confucio y el reforzamiento de la dictadura fascista del
Kuomintang. La “justificación” teórica de ese movimiento fue confiada
a un enemigo jurado del pueblo chino un émulo de los idealistas
norteamericanos, Chen Li-fu. Los comunistas de China denunciaron la
naturaleza reaccionaria de la ideología y de la política de la
camarilla dirigente del Kuomintang, y desplegaron una vasta propaganda
en favor de la filosofía marxista. Los notables trabajos filosóficos
de Mao Tse-Tung (ver) de este período, A propósito de la práctica, En
torno a la contradicción, asestaron un rudo golpe tanto al dogmatismo
como al empirismo, bases ideológicas del oportunismo de derecha y de
“izquierda” en el seno del Partido Comunista. Aplicando la dialéctica
materialista de una manera creadora, el Partido Comunista de China,
dirigido por Mao Tse-tung, derrotó completamente a sus adversarios,
elaboró una estrategia y una táctica verdaderamente científicas, y
condujo al pueblo chino a la victoria histórica sobre la reacción
imperialista y feudal.

La victoria de la gran Revolución China señala el triunfo de las ideas
marxistas-leninistas y la quiebra de la filosofía burguesa en China.
El marxismo-leninismo está siendo asimilado por amplios círculos
intelectuales y por militantes de la China popular. En su lucha
contra la filosofía burguesa, por la ideología marxista, por la
ciencia materialista, reciben la amplia contribución de las
publicaciones soviéticas. En China se propaga activamente la doctrina
materialista de Pavlov (ver) sobre la actividad nerviosa superior, la
teoría de Michurin (ver) y los trabajos de otros sabios soviéticos.

Diccionario filosófico · 1965:178-180

Posee una larga tradición histórica. Sus fuentes se remontan a los
comienzos del primer milenio a.n.e. Ya en los siglos VIII-V a.n.e.,
había alcanzado amplia difusión la doctrina sobre las cinco “fuerzas
ciegas” o primeros elementos, de la naturaleza. Los pensadores de la
antigua China enseñaban que las conexiones de los cinco “primeros
fundamentos”: agua, fuego, metal, madera y tierra crean toda la
diversidad de los fenómenos y cosas. Existía también otro sistema de
clasificación de los “primeros fundamentos” del mundo real. En el
Libro de las transmutaciones (“Itszin”) ya se citan ocho “primeros
fundamentos” de esa clase, cuya interacción da origen a las distintas
situaciones de la realidad. No obstante, dicho libro no deja de ser,
en el fondo, un texto de vaticinios. Sólo algo más tarde recibió
interpretación filosófica. Las imágenes y el simbolismo del Libro de
las transmutaciones ejercieron una extraordinaria influencia sobre el
desarrollo ulterior de la filosofía china. Al mismo tiempo, se iban
elaborando los principios capitales de la doctrina acerca de las
fuerzas opuestas y recíprocamente ligadas, el yan y el yin, cuya
acción era considerada como la causa del movimiento y de la
variabilidad en la naturaleza. Eran los símbolos de la luz y de las
tinieblas, los principios de lo positivo y de lo negativo, de lo
masculino y de lo femenino en la naturaleza. La antigua filosofía
china sigue desarrollándose en el período que abarca los siglos V-III
a.n.e. Precisamente durante ese período surgieron las principales
escuelas filosóficas. Testimoniaron un profundísimo interés por las
cuestiones filosóficas los partidarios del taoísmo, ante todo Lao-tse
y Chuang-tse; de las investigaciones gnoseológicas se ocuparon sobre
todo Mo Ti (Mo-tsé) y sus discípulos. Muchos pensadores de la antigua
China se interesaron por la solución del problema lógico acerca de la
relación entre el concepto (“el nombre”) y la realidad. Mo Ti,
Siun-tsé y otros consideraban que los conceptos son un reflejo de los
fenómenos y cosas objetivos. Da una explicación idealista del
problema, Hunsun Lun, quien alcanzó notoriedad por sus exposiciones
que recuerdan las aporías de Zenón, así como por entender con un
criterio en extremo absoluto el concepto y separarlo de la realidad.
Su doctrina sobre los “nombres” tiene mucho de común con la doctrina
de las “ideas” de Platón. En el período indicado, Tsou Yan investigó
las representaciones sobre las fuerzas yan y yin y los cinco
“elementos” de la naturaleza. Alcanzaron amplia resonancia las
doctrinas ético-políticas de Confucio y de Mencio (Men-tsé), las ideas
de Han Fei-tsé y de otros representantes de la escuela de los
“legistas” (fa kia) sobre el Estado y el derecho. Aquel fue el “siglo
de oro” de la antigua filosofía china. En las cuestiones de filosofía
natural, la lucha giró sobre todo alrededor de las representaciones
sobre el “tian” –“cielo”–, que unos pensadores determinan como
naturaleza (Siun-tsé) y para otros es una designación de una fuerza
superior, rectora (Confucio, Mencio); sobre el “tao”, “camino” (ley
natural y absoluta), el “de”, manifestaciones, cualidades; sobre el
tsi, materia primera, “elementos” de la naturaleza, &c. En el campo
de la ética y de la moral, se centró la atención en la teoría sobre la
esencia del hombre. Las ideas de Confucio llevaron a las concepciones
de Mencio sobre la bondad innata de la naturaleza humana y a las de
Siun-tsé sobre la maldad innata de la misma. Gozaron de gran
predicamento las teorías del individualismo, de Yan Chu, y del
altruismo, de Mo-tse. Las concepciones de la filosofía de la
naturaleza formuladas por los antiguos pensadores chinos se distinguen
por la insuficiencia del material empírico aprovechado. Entre el
siglo III a.n.e. y el III d.n.e., las numerosas teorías sobre la
filosofía de la naturaleza y cosmológicas siguen basándose en la
doctrina de las cinco “fuerzas ciegas” o elementos primarios y las
fuerzas polares yan y yin. Las concepciones del tsi recibieron una
interpretación materialista en el sistema, seriamente argumentado, de
Van Chun. Al mismo tiempo se desarrollan distintas teorías místicas,
se van perfilando corrientes religiosas en el taoísmo y en el
confucianismo. En los primeros siglos de nuestra era, el problema
central de la lucha entre materialismo e idealismo pasa a ser el de la
correlación entre el “ser” y el “no ser”. En dicho período, como
resultado de las influencias recíprocas, –y de la síntesis–, de las
concepciones taoístas y confucianistas, se desarrollan las
representaciones acerca de lo “inicial” (yuan), de la primera materia
(tsi), del “tao” y otros fundamentos del ser. En el siglo I, en China
empieza a penetrar y a difundirse el budismo, el cual, junto al
confucianismo, y al taoísmo, se convierte en una de las tendencias
dominantes del pensamiento chino. Los siglos V-VI transcurren bajo el
signo del predominio del misticismo budista. En ese período, se
sostuvo una lucha en torno a la doctrina budista sobre la irrealidad
del mundo. Muchos pensadores manifestaron hondo interés por los
problemas relativos a la correlación entre esencia y fenómeno, ser y
no ser, cuerpo y alma. Los materialistas Je Chen-tian y Fan Chen
sometieron a una crítica demoledora la creencia en la inmortalidad del
alma. El budismo queda como la doctrina más difundida en los siglos
VII-X. Los ataques al idealismo budista partían fundamentalmente del
confucianismo y del taoísmo. Como resultado de hondos progresos
económicos y sociales, en el período de los siglos X-XIII se produce
un florecimiento de la filosofía china. El ulterior desarrollo de la
doctrina confucianista, denominada neoconfucianismo, constituyó una
reacción contra el budismo y el taoísmo. El neoconfucianismo no se
limitaba ya a exponer ideas ético-políticas. En él figuran con mucha
mayor amplitud y riqueza las cuestiones de ontología, de filosofía
natural y de cosmogonía. El problema central era el de la relación
entre el principio ideal li (ley, principio) y el principio material
tsi (materia primera). Los primeros representantes del
neoconfucianismo examinaban algunas cuestiones con un criterio
materialista (Chou Tun-I, Chan Tsai). En el desarrollo y
generalización de las ideas neoconfucianistas, corresponde un
preeminente lugar a Chu Si. Respondiendo a la pregunta de qué
conexiones se dan entre el li y el tsi, Chu Si sostenía, en última
instancia, que el li es el elemento primario, y el tsi, el secundario.
Cultivaron el idealismo subjetivo en el neoconfucianismo Lu Tsiu-yuan
(Lu Sianshan) y, ante todo, Van Shou-zhen (Van Yan-min). Al primero
de ellos pertenece la frase: “El mundo es mi intelecto (corazón), mi
intelecto es el mundo. Al idealismo neoconfucianista se contraponían
las doctrinas materialistas de Chen Lian, E. Shi, Lo Tsin-shun, Van
Tinsian. En la lucha contra la escuela ortodoxa del neoconfucianismo
desempeñó un gran papel la doctrina del pensador progresivo Li Chi.
En los siglos XVII-XVIII sigue estudiándose el problema de la
correlación entre el li y el tsi; lo resuelven en un sentido
materialista Van Fu-Shi (Van Chuan-Shan) y Tai Zhen. La guerra del
opio, en 1840, señaló el comienzo de la penetración extranjera en
China. Al yugo feudal y a la agresión extranjera, el pueblo chino
respondió con una poderosa sublevación campesina el movimiento
“Tai-ping” en cuyo transcurso desempeñaron cierto papel ideas utópicas
sobre la reestructuración de la sociedad. Posteriormente, cuando
China quedó convertida en un país semicolonial, los pensadores
progresivos (Tan Si-tun, Sun Yat-sen y otros) recogieron y continuaron
las mejores tradiciones y las ideas materialistas de la filosofía
china. Desde que, bajo la influencia de la Gran Revolución Socialista
de Octubre, se produce el movimiento del 4 de mayo de 1919, se inicia
una nueva etapa en el desarrollo, del pensamiento político social y
filosófico de China. El marxismo-leninismo se convierte en el arma
ideológica principal en la lucha por la independencia nacional y las
transformaciones revolucionarias del país, y la clase obrera,
encabezada por el Partido Comunista de China pasa a ser la fuerza
social dirigente.

Diccionario de filosofía · 1984:173-174

Tiene una larga tradición histórica. Las fuentes de su surgimiento se
remontan a comienzos del 1 milenio a.n.e. En los siglos 8-5 a.n.e.
se difundió ya ampliamente la doctrina de los cinco elementos
primigenios de la naturaleza. Los pensadores antiguos chinos
enseñaban que las conexiones de las cinco “bases primarias” –el agua,
el fuego, el metal, la madera y la tierra– crean toda la multiplicidad
de los fenómenos y cosas. Existía también otro sistema de distinción
de las “bases primarias” del mundo real. En el Libro de las
transmutaciones (“Itszin”) se mencionan ya ocho de ellas, cuya
interacción forma las diversas situaciones de la realidad. Al mismo
tiempo, tenía lugar el establecimiento de los principios fundamentales
de las doctrinas de las fuerzas opuestas e interconectadas –el yin y
el yan–, cuya acción se consideraba como causa del movimiento y de la
mutabilidad en la naturaleza. Eran símbolos de la luz y las
tinieblas, de lo positivo y lo negativo, del principio masculino y el
femenino en la naturaleza. En el período de los siglos 5-3 a.n.e., la
filosofía antigua china sigue desarrollándose. Precisamente en
aquellos siglos nacen las principales escuelas filosóficas: el daoísmo
(taoísmo) (Lao-tse y Chuangtse), el confucianismo, la escuela de
Mo-tse (Mo-tse y sus adeptos). Muchos pensadores antiguos chinos
trataban de resolver el problema lógico de la correlación entre el
concepto (“nombre”) y la realidad. Mo-tse, Xunzi (Siun-tse) y otros
consideraban que los conceptos son reflejo de los fenómenos y las
cosas objetivos. La explicación idealista del problema la dio Hunsun
Lun, quien se hizo famoso gracias a sus enunciados que hacen recordar
aporías de Zenón, así como a una absolutización extrema y la
separación del concepto respecto a la realidad. En su doctrina de los
“nombres” hay mucho de común con la doctrina de las “ideas” de Platón.
Recibieron amplia resonancia las construcciones ético-políticas de
Confucio y Mengzi (Men-tsi) y los juicios de otros representantes de
la escuela de los “legistas” (fa kia) sobre el Estado y el Derecho.
Era el “siglo de oro” de la filosofía antigua china. En los problemas
de la filosofía natural la principal lucha se desplegó en torno a las
nociones sobre el tiang (cielo) que unos pensadores definían como
naturaleza (Xunzi), y otros, como designación de la fuerza superior
orientadora (Confucio, Mengzi); el dao: camino (regularidad natural y
principio absoluto); el de: manifestaciones, calidades; el tsi:
materia primera; sobre los “elementos” de la naturaleza, &c. En la
esfera de la ética y la moral se prestaba primordial atención a la
doctrina de la esencia del hombre. Las opiniones de Confucio
condujeron a las concepciones de Mengzi sobre la bondad congénita y de
Xunzi sobre el mal innato de la naturaleza del hombre. Eran muy
famosas las teorías del individualismo de Yang Zhu (Yan Chu) y del
altruismo de Mo-tse. En los siglos 3 a.n.e.-3, la base de las
numerosas construcciones filosóficas naturales y cosmológicas sigue
siendo la doctrina de los cinco elementos primigenios y las fuerzas
polares: yin y yan. Las representaciones sobre el tsi recibieron una
interpretación materialista en el sistema profundamente argumentado de
Wang Chung (Van Chun). En los primeros siglos d.n.e., el problema
central de la lucha entre el materialismo y el idealismo pasa a ser el
problema de la correlación entre el “ser” y el “no ser”. Desde el
siglo 1 empieza a penetrar y difundirse en China el budismo, que,
conjuntamente con el confucianismo y el daoísmo, se convierte en la
principal corriente del pensamiento chino. Los siglos 5-10
transcurren bajo el signo del dominio de la mística budista. En aquel
período se desplegó la lucha en torno a la doctrina budista acerca del
carácter irreal del mundo. Muchos pensadores manifestaron profundo
interés por los problemas de la correlación entre la esencia y el
fenómeno, el ser y el no ser, el cuerpo y el alma. A consecuencia de
los profundos cambios socioeconómicos en los siglos 10-13 florece el
pensamiento filosófico de China. Una reacción al budismo y al daoísmo
lo constituyó el desarrollo de la doctrina confucianista, llamada
neoconfucianismo, en el que estaban representados ampliamente los
problemas de la ontología, la filosofía natural y la cosmogonía. El
problema central era la correlación entre el principio ideal: li
(ley), y el material: qi (materia primigenia). Los primeros
representantes del neoconfucianismo enfocaban algunas cuestiones desde
el punto de vista del materialismo. En el desarrollo y sintetización
de las construcciones del neoconfucianismo corresponde un lugar
notable a Zhu Xi (Chu Si). Respondiendo a la cuestión de la
interconexión del li y el tsi, Zhu Xi, en definitiva, reconocía el li
como principio primario, y el tsi, como secundario. En los siglos
17-18 cobra desarrollo sucesivo el problema de la correlación entre el
li y el tsi, el cual se resuelve de manera materialista en Dai Zhen.
La guerra del opio de 1840 constituyó el comienzo de la penetración
extranjera en China. El pueblo chino contestó a la opresión de los
feudales y la agresión extranjera con una poderosa sublevación
campesina: el movimiento de Taiping, en el curso del cual desempeñaron
determinado papel las ideas utópicas de la reorganización social de la
sociedad. Posteriormente, cuando China se convirtió en un país
semi-colonizado, las mejores tradiciones y las ideas materialistas de
su filosofía las asimilaron y continuaron los pensadores progresistas
(Sun Yat-sen y otros). Desde el comienzo del movimiento del 4 de mayo
de 1919, bajo la influencia de la Gran Revolución Socialista de
Octubre, empieza una nueva etapa en el desarrollo del pensamiento
socio-político y filosófico de China, asociado a la difusión del
marxismo.

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