Singular, lo particular y lo general, Lo

Singular, lo particular y lo general, Lo

Diccionario filosófico marxista · 1946:157-158

Individual, particular y general

En la Naturaleza hay fenómenos individuales que, unidos en grupos, se
rigen por leyes particulares. A su vez ya estos grupos están sujetos
a leyes de un valor universal. Por ejemplo, el manzano y el peral,
son dos especies individuales diferentes de vegetales. Pero entre
ellos hay también mucho de común en la estructura de sus flores y
frutos. Por eso, el manzano y el peral se unen en un mismo grupo
particular o en un mismo género. El cerezo y el ciruelo son también
dos distintas especies individuales, pero semejantes entre sí en la
estructura de la flor y del fruto; ambos tienen un fruto jugoso con
pequeño carozo; pero pertenecen a un género diferente al del manzano y
al del peral. Los vegetales que forman en ambos géneros mencionados
(el manzano, el peral, el ciruelo, el cerezo) tienen a su vez entre
sí, rasgos comunes en la estructura de la flor que es el órgano más
importante para determinar el parentesco entre los vegetales. Por
eso, estos dos géneros se incluyen en la familia común de las
rosáceas. En la Naturaleza, de esta manera, lo individual, lo
particular y lo universal están ligados mutuamente. Lo universal y lo
particular se hallan en lo individual y se manifiestan sólo a través
de lo individual. “Lo particular no existe de otra manera que en la
relación que lleva hacia lo general. Lo general sólo existe en lo
particular, a través de lo particular” (Lenin). El conocimiento
refleja esta relación objetiva. “Todo conocimiento real, cabal,
radica sólo en que en nuestra mente abstraemos lo único de su
singularidad y lo traducimos en una particularidad y de esta última en
la universalidad” (Engels). Por ejemplo, la tesis de que la frotación
produce calor será un juicio sobre lo singular, puesto que aquí se
hace notar un hecho singular. La tesis: “el movimiento mecánico se
transforma en calor”, será el juicio de lo particular, puesto que aquí
se hace notar la forma mecánica particular del movimiento, que se
transforma gracias a la frotación en otra forma particular del
movimiento: en calor. Y por último, la tesis: “cualquier forma de
movimiento puede y debe transformarse en otra forma cualquiera del
movimiento”, será un juicio universal. Por consiguiente, lo singular,
lo particular y lo general son formas del movimiento de los conceptos
humanos, en los que se refleja el mundo objetivo. “Esto demuestra que
las leyes por que se rige el pensamiento y las leyes porque se rige la
Naturaleza se ajustan necesariamente entre sí, si sólo son
correctamente concebidas” (Engels). El camino histórico del
movimiento del conocimiento humano es el siguiente: de lo singular a
lo particular y de lo particular a lo general. “Las ciencias
naturales nos demuestran… la conversión de lo singular en lo
general” (Lenin). Por ejemplo ya los hombres prehistóricos sabían
prácticamente que la frotación produce calor. Después de un largo
período que duró miles de años, los hombres se convencieron de que
todo movimiento mecánico, mediante la frotación, puede convertirse en
calar, y, finalmente, en la fase actual del desarrollo de la ciencia,
los hombres supieron que cualquier forma del movimiento puede, bajo
determinadas condiciones para cada caso, convertirse en cualquier otra
forma del movimiento. De esta manera, el juicio de lo singular, de lo
particular y de lo universal, nace de la práctica humana. “Las formas
lógicas y las leyes no son una cubierta vacía, sino el reflejo del
mundo objetivo” (Lenin).

Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:107

Unitario, particular y general

En la naturaleza hay fenómenos unitarios que se reúnen en grupos que
tienen sus leyes particulares; por su parte, estos grupos se
subordinan a leyes que ya tienen un significado general. De tal
forma, en la naturaleza lo unitario, lo particular y lo general están
en correlación. Lo particular no existe de otro modo que en relación
que lo lleva a lo general. “Lo general existe sólo por lo particular,
a través de lo particular” (Lenin). El conocimiento refleja esa
relación objetiva. “Todo conocimiento real, definitivo consiste
solamente en que nosotros, por nuestro pensamiento, extraemos lo
unitario de su unidad y lo trasladamos a lo particular, y de esto
último a lo general” (Engels). Por ejemplo, la afirmación de que el
frotamiento genera calor, es un juicio unitario, por cuanto anótase
aquí un hecho unitario. La afirmación de que el movimiento mecánico
se transforma en calor, será un juicio particular, porque aquí se
anota una forma particular de movimiento, la mecánica, que gracias al
frotamiento pasa a otra forma de movimiento: el calor. Y, por último,
la afirmación de que cualquier forma de movimiento es capaz y debe
transformarse en cualquier otra forma de movimiento, será un juicio
general.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:463-465

Singular, particular y universal

Categorías de la dialéctica lógica que reflejan el vínculo, la
interdependencia y las transformaciones recíprocas de los fenómenos
del mundo objetivo. El problema de lo singular y de lo universal ha
sido siempre una dificultad para los idealistas y los metafísicos, que
no comprenden la unidad y la oposición dialécticas de esos términos,
su correlación y su interdependencia. Los idealistas subjetivos, que
reducen los fenómenos singulares a complejos de sensaciones, niegan lo
universal. Los idealistas objetivos, que consideran los fenómenos
singulares como insignificantes, hacen de lo universal un producto del
pensamiento puro.

En oposición a la filosofía idealista, el materialismo dialéctico
sostiene ante todo, que los conceptos de singular, de particular y de
universal reflejan hechos reales, aspectos determinados de la realidad
objetiva. El mundo objetivo está compuesto de fenómenos individuales.
Pero esos fenómenos, lejos de estar aislados, se encadenan los unos
con los otros. En virtud de sus orígenes comunes, gracias a rasgos
semejantes y a su interdependencia interna, los fenómenos singulares
se reúnen en grupos homogéneos. Los conceptos filosóficos de
singular, particular y universal, traducen este vínculo, esta
comunidad. Es así como plantas y animales (lo singular) son reunidos
en especies (lo particular) y en géneros (lo universal). Cada objeto
o fenómeno de la naturaleza es material, y esta propiedad común agrupa
a todos los fenómenos y a todos los objetos en un todo único. Ese
todo “universal” es la naturaleza, la materia. Cada formación social
se desarrolla de acuerdo con sus propias leyes económicas objetivas,
pero al mismo tiempo, todas las formaciones están regidas por leyes
económicas comunes que las ligan en un mismo y único proceso universal
del desarrollo social.

Así, lo singular, lo particular, lo universal, lejos de estar aislados
entre sí, son aspectos diferentes de un todo único. Sin lo singular
no hay universal: éste sólo existe gracias a lo singular, a través de
este último. Pero lo singular a su vez, no es sino un aspecto de lo
general, y es inconcebible al margen de éste, al margen de la
naturaleza en su conjunto.

De esta dialéctica objetiva se desprenden conclusiones importantes.
Puesto que lo universal no existe al margen de lo singular, el
procedimiento idealista que separa las nociones generales de los
fenómenos singulares reales, que deifica los conceptos para hacer de
ellos el substrato del universo, posee un carácter místico. Tal es el
caso de Hegel (ver), por ejemplo. Por otra parte, puesto que lo
singular no existe más que en función de lo universal, todas las
tentativas de los idealistas subjetivos, antiguos y modernos, de
considerar las nociones generales, por ejemplo, la materia, el
espacio, el tiempo, como palabras “hueras”, privadas de contenido
objetivo, son igualmente místicas y hacen el juego a la religión. El
vínculo dialéctico de lo singular, de lo particular y de lo universal
es importante desde el punto de vista de la lógica y de la teoría del
conocimiento. “Todo conocimiento real, a fondo, no consiste más que
en esto: elevamos por el pensamiento lo singular, de la singularidad a
la particularidad, y de ésta a la universalidad…” (Engels,
Dialéctica de la naturaleza, Ed. rusa). Al erigir lo singular en
universal, el conocimiento revela la esencia, las leyes de los
fenómenos. Así, la proposición “el frotamiento es una fuente de
calor” es un juicio singular, la comprobación de un fenómeno definido.
La proposición “el movimiento mecánico se transforma en calor” es un
juicio particular, el pasaje de lo singular a lo particular, la
comprobación de una forma particular de movimiento, la forma mecánica,
que se convierte en otra forma particular de movimiento, en calor. Lo
cual conduce a profundizar el conocimiento del mundo. Por fin, la
proposición: “toda forma de movimiento se convierte en otra forma
cualquiera de movimiento”, es un juicio todavía más profundo, un
juicio universal. Por consiguiente, lo singular, lo particular, lo
universal, son conceptos movedizos que reflejan el mundo objetivo, que
profundizan el conocimiento, que condicionan el progreso histórico del
conocimiento humano.

La aplicación de esta dialéctica es de una importancia primordial para
la actividad práctica del partido del proletariado. Así, el
internacionalismo proletario (ver) traduce la comunidad de intereses y
de las formas de lucha de los trabajadores de todas las
nacionalidades. Y en la acción que sostiene por su liberación, el
proletariado de una nación determinada se halla estrechamente ligado
al de otras naciones, siendo esta lucha un sector del frente común del
proletariado internacional entero en lucha por sus intereses de clase.
Los problemas especiales, concretos que se plantean ante la clase
obrera de cada país, se hallan íntimamente ligados a los problemas
internacionales de toda la clase obrera. Las tareas comunes
encuentran su expresión en las tareas particulares, precisas que
realizan los trabajadores de cada país. Oponer el proletariado de un
país al de otros países es encaminarse directamente por la senda del
nacionalismo burgués. Los bolcheviques habían criticado severamente
al “Bund”, partido nacionalista de la pequeña burguesía judía, que
oponía los intereses particulares de los obreros judíos a los
intereses y a los objetivos comunes de la clase obrera de Rusia en su
conjunto. En el curso de su lucha contra los enemigos de la clase
obrera, los clásicos del marxismo ofrecieron en sus obras modelos de
análisis de la dialéctica de lo universal y de lo singular, aplicado a
la política del partido comunista.

Diccionario filosófico · 1965:424-425

Lo singular, lo particular, lo universal

Categorías filosóficas que expresan las distintas conexiones objetivas
del mundo, así como los niveles alcanzados en su conocimiento. Las
categorías citadas se forman en el transcurso de la actividad
cognoscitiva práctica. Los objetos del mundo real poseen su
peculiaridad, gracias a lo cual se distinguen entre sí. Por este
motivo, el objeto se percibe como algo singular. No obstante, ya la
práctica elemental descubre en tales objetos rasgos que se repiten,
que les son comunes. Dicho de otro modo: resulta que lo singular
posee también rasgos generales. Los rasgos y propiedades generales
pueden ser inherentes sólo a un reducido grupo de objetos o a todos
los objetos y fenómenos; en el primer caso, aparecen como lo
particular; en el segundo, como lo universal. Lo singular, lo
particular y lo universal se encuentran en conexión indisoluble,
formando una unidad; su diferencia es relativa; pasan recíprocamente
de uno a otro (véase Lenin, t. XXXVIII, pág. 359). La resolución
científica del problema que trata de la correlación de lo universal en
la conciencia, de su análogo en la realidad y de las propiedades
singulares de los objetos, ha provocado grandes dificultades en la
historia de la filosofía, Históricamente, se formó en primer lugar la
representación ingenuamente perceptible de lo universal como lo
parecido, lo que se repite. En ese momento no se plantea todavía la
cuestión relativa a la fuente, a la causa de tal parecido, no se
plantea el problema capitalísimo acerca de la naturaleza de lo
universal, acerca de si éste refleja propiedades realmente existentes
del mundo objetivo o tiene su raíz en la facultad de la conciencia
generalizadora o en las propiedades de cierto absoluto espiritual.
Los materialistas de la antigua Grecia eran partidarios de la primera
idea acerca de la esencia de lo universal: Tales ve en el agua la base
de todas las cosas, su universal; Heráclito la ve en el fuego;
Demócrito, en los átomos. La concepción de lo universal como lo
objetivo es propia asimismo de la mayor parte de los idealistas de la
época clásica, pero en estos casos lo universal ya quedaba separado de
la realidad material y se convertía en un mundo especial de esencias.
Aristóteles criticó la teoría idealista de Platón sobre lo universal,
pero no pudo resolver el problema. No considera lo universal como una
esencia especial, aislada de lo singular. Según él, lo universal son,
ante todo, abstracciones de la razón humana. Pero no quiere
reconocerlas como esencias sólo pensadas, pues ello significaría negar
su carácter objetivo. De ahí que Aristóteles considere también lo
universal como esencia de los objetos singulares y como fin para el
cual estos últimos existen. En el fondo se encuentra, en este punto,
próximo a la idea platónica de lo universal. Con todo, si bien
Aristóteles no resolvió el problema, lo planteó con precisión y ello
explica que su doctrina sirviera de base para las discusiones entre
nominalismo y realismo: las tesis contradictorias de la teoría de
Aristóteles se convirtieron en la oposición de las escuelas
filosóficas. La ciencia experimental de la Época Moderna, que se
desarrolla en lucha contra la teología escolástica abstracta, dio
origen a la protesta contra la interpretación teológica de lo
universal. Vuelve a negarse el carácter objetivo de lo universal así
entendido. Haciéndose eco de semejante posición, Locke entiende lo
universal tan sólo como expresión verbal, abstracta, de la semejanza
de los fenómenos y le niega toda realidad. Semejante criterio está en
consonancia con la ciencia de aquel entonces, ante todo con la
clasificación de los fenómenos en ella aceptada. El estudio, por la
ciencia, de las leyes que rigen el mundo objetivo socava la concepción
lockeana de lo universal. Ello se percibe ya en Kant y, sobre todo,
en Hegel, quien diferencia lo “universal abstracto” como identidad,
fijada en las palabras, de una serie de fenómenos (resultado de la
simple semejanza) y lo universal auténtico, lo “universal concreto”,
entendido como esencia interna, como ley de la existencia y del cambio
de los fenómenos. Sin embargo, únicamente lo espiritual –el concepto,
la idea– forman, según Hegel, lo universal auténtico. La concepción
marxista de lo singular, lo particular y lo universal se basa en el
reconocimiento de la idea de lo universal como reflejo de la unidad
objetiva de los fenómenos del mundo. La semejanza esencial de los
objetos o de los procesos no es más que una expresión de este profundo
nexo objetivo. “La forma de la universalidad en la naturaleza
–escribe Engels– es la ley… La forma de la universalidad es la
forma de lo acabado dentro sí mismo y, con ello, de la infinitud; es
la unión en lo infinito de las muchas cosas finitas” (Dialéctica de la
naturaleza, 1955, págs. 186, 185). Por este motivo, lo universal
plasma en sí la riqueza de lo particular, de lo individual, de lo
singular. La dialéctica de lo singular, lo particular y lo universal
expresa los nexos esenciales necesarios del mundo. La conexión
objetiva de lo singular, lo particular y lo universal se encuentra
expresada en el lenguaje, en la forma de explicación del objeto, en el
procedimiento de investigación de los objetos. La relación entre lo
singular, lo particular y lo universal estriba en su conexión, en el
hecho de que lo singular no existe sin lo universal, ni este último
sin lo singular; estriba en el hecho de que lo singular, en ciertas
condiciones, se transforma en lo particular y en lo universal, &c. El
análisis de estas conexiones dialécticas es de suma importancia, por
ejemplo, para comprender las vías y leyes generales de la edificación
del socialismo, su manifestación original y particular en los países
singulares. Resulta, pues, que las categorías de lo singular y lo
universal expresan, ante todo, los nexos esenciales del mundo objetivo
y sólo por esto caracterizan también el proceso de conocimiento del
mismo. La actividad práctica, orientada constantemente hacia los
objetos singulares, aparece bajo una nueva luz con el conocimiento de
lo universal, de las leyes, aspectos y propiedades que se repiten en
estos objetos, y se concreta tomando en consideración las
particularidades de las mismas.

Diccionario de filosofía · 1984:394

Lo singular, lo particular y lo general

Categorías filosóficas que expresan las conexiones objetivas del
mundo, así como las etapas de su conocimiento. Estas categorías se
formulan en el curso del desarrollo de la actividad cognoscitiva
práctica. Al comienzo, cada objeto aparece ante el hombre como algo
singular. Ahora bien, la práctica elemental pone ya de manifiesto los
indicios que se repiten en una serie de objetos, lo que permite
agruparlos en determinadas clases. Los rasgos generales, propios de
algunos objetos de una clase determinada, constituyen lo particular.
Los otros, que se manifiestan en todos los representantes, sin
excepción, de esta clase, se consideran como lo general. La solución
del problema de la correlación de lo singular, lo particular y lo
general en la conciencia y en el mundo objetivo, sobre todo el
problema de la correlación de los conceptos generales y los objetos
singulares reales, que se designan con tales conceptos, originó
grandes dificultades en la historia de la filosofía. La
representación visual, ingenua de lo general no plantea aún la
cuestión de las fuentes, la causa de la coincidencia. Este punto de
vista lo sostenían los materialistas antiguos griegos. Así, Tales ve
la base de todas las cosas, de lo general en el agua; Heráclito, en el
fuego, y Demócrito, en los átomos. La intelección de lo general como
objetivo es propia también de la mayoría de idealistas de aquel
período, pero ellos separaban lo general de la realidad material y lo
convertían en el mundo especial de las esencias ideales (Platón).
Aristóteles no consideraba lo general como ente específica, separada
de lo singular, de los objetos del mundo real. Para él, lo general
son, ante todo, abstracciones que utiliza la razón humana, pero, al
mismo tiempo, constituye la esencia de los objetos singulares, la
finalidad en aras de la cual existen estos últimos (aquí Aristóteles
se aproxima a la interpretación platoniana de lo general). La
doctrina de Aristóteles constituyó la base de las corrientes
contendientes del nominalismo y el realismo (Realismo medieval). La
ciencia experimental de la Edad Moderna, que se desarrollaba en lucha
contra la teología y la escolástica, provocó la protesta contra la
interpretación idealista de lo general. Expresando esta tendencia,
Locke entiende lo general únicamente como expresión abstracta, verbal
de la analogía de los fenómenos. Esta interpretación se concordaba
con la práctica de las ciencias naturales de aquel entonces, sobre
todo, con los intentos de clasificar los fenómenos. El desarrollo
posterior de la ciencia teórica muestra la unilateralidad de la
comprensión de lo general por Locke. Critican esta comprensión Kant,
y, particularmente, Hegel, que diferencia lo “general abstracto”, como
identidad de los fenómenos fijada en las palabras (la analogía simple
de los mismos) y lo “general concreto”, lo general auténtico,
entendido como esencia interna, ley de la existencia y cambio de los
fenómenos. Al mismo tiempo, lo auténticamente general, según Hegel,
aparece como algo espiritual: idea, concepto. El marxismo considera
las categorías de lo singular, lo particular y lo general como medio
de reflejo de las conexiones objetivas del ser. “La forma de la
universalidad en la naturaleza –dice Engels– es la ley… La forma de
la universalidad es la forma del carácter interno acabado y, con ello,
de la infinitud; es la conjugación de muchas cosas finitas en lo
infinito” (t. 20, pp. 548-549). Al poner de manifiesto, con ayuda
de las categorías de lo singular, lo particular y lo general, la
concatenación objetiva de las cosas y los fenómenos del mundo, la
dialéctica materialista afirma que lo general plasma toda la riqueza
de lo singular y lo particular, que lo singular no existe sin lo
general, y este último sin lo singular y que, en determinadas
condiciones, lo singular no está sólo vinculado con lo general, sino
que también se convierte en este último. El análisis teórico y la
reconstrucción de estas relaciones con ayuda de los conceptos tienen
una importancia inmensa para la práctica, que, tratando los objetos
singulares en condiciones específicas, se orienta por el conocimiento
de las leyes universales que actúan como tendencia en estos objetos, y
toma en consideración las peculiaridades que se determinan por las
condiciones concretas. Así, en el curso de la edificación del
socialismo y el comunismo se tiene que revelar la correlación de las
regularidades universales de este proceso y las particularidades en
algunos países, que se determinan por el carácter específico de su
desarrollo histórico, su economía y cultura.

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