Teoría y práctica

Teoría y práctica

Diccionario filosófico marxista · 1946:298-299

Teoría y práctica

El materialismo filosófico marxista considera que la práctica social,
y ante todo la práctica material, productiva, de los hombres, es la
base, la fuente de la teoría. Por eso, “el punto de vista de la vida,
de la práctica, debe ser el primordial y fundamental de la teoría del
conocimiento” (Lenin). Los datos de la ciencia se comprueban siempre
por la práctica, por la experiencia. La práctica es el criterio de la
verdad más profundo y decisivo en el conocimiento. La teoría, siendo
la síntesis de la experiencia y de la práctica, proporciona a los
hombres una perspectiva en su actividad práctica. La teoría
marxista-leninista es la experiencia del movimiento obrero de todos
los países, tomada en su aspecto general. “La fuerza de la teoría
marxista-leninista consiste en que da al Partido la posibilidad de
orientarse dentro de la situación, de comprender el nexo interno que
une los acontecimientos que le rodean, de prever la marcha de los
acontecimientos y discernir, no sólo cómo y hacia dónde se desarrollan
los acontecimientos en el presente, sino también cómo y hacia dónde
habrán de desarrollarse en el porvenir” (Historia del P. C. (b) de
la U.R.S.S., Compendio). La teoría deja de tener objeto cuando no se
halla vinculada a la práctica revolucionaria, y la práctica es ciega
si la teoría revolucionaria no alumbra su camino. “…La teoría puede
convertirse en una formidable fuerza del movimiento obrero si esta
teoría se forma en indisoluble relación con la práctica
revolucionaria” (Stalin). Los oportunistas de la Segunda
Internacional cultivaban el divorcio entre la teoría y la práctica;
castraron el alma viva, revolucionaria de la teoría del marxismo, y,
al separarla de la lucha viva y revolucionaria de las masas, la
convirtieron en dogma mezquino, refutado por la práctica de la lucha
por la revolución. La unidad de la teoría y de la práctica obtiene su
expresión máxima en la actividad del Partido Bolchevique. El
marxismo-leninismo es la auténtica unidad de la teoría y de la
práctica revolucionarias. “Poseer la teoría marxista-leninista
significa asimilarse la esencia de esta teoría y aprender a aplicarla
para resolver los problemas prácticos del movimiento revolucionario en
las diversas condiciones de la lucha de clases del proletariado”
(Historia del P. C. (b) de la U.R.S.S., Compendio).

Diccionario de filosofía y sociología marxista · 1959:101

Teoría y práctica

El materialismo filosófico marxista considera que la práctica social
es la base de la teoría. Por eso, “el punto de vista de la vida, de
la práctica, debe ser el punto de vista primordial y básico de la
teoría del conocimiento” (Lenin). Los datos de la ciencia siempre se
verifican por la práctica, la experiencia. La teoría, siendo la
generalización de la experiencia, de la práctica, proporciona a los
hombres las perspectivas de su actividad práctica. La teoría
marxista-leninista es la experiencia del movimiento obrero de todos
los países, tomado en su aspecto general.

“La fuerza de la teoría marxista-leninista consiste en que da al
Partido la posibilidad de orientarse en el ambiente, comprender la
relación interna de los acontecimientos que nos rodean, prever su
curso y discernir no sólo sobre cómo y hacia dónde se desarrollan en
el presente, sino también cómo y hacia dónde deberán desarrollarse en
el futuro” (Curso de Historia). La teoría carece de objeto si no se
relaciona con la práctica revolucionaria; y la práctica andará a
ciegas si no ilumina su camino con la teoría revolucionaria. “…La
teoría puede convertirse en una gran fuerza del movimiento obrero si
se forma en indisoluble vínculo con la práctica revolucionaria”
(Stalin).

Los oportunistas de la Segunda Internacional originaron la ruptura
entre la teoría y la práctica. Extirparon de la teoría del marxismo
su alma viva revolucionaria y convirtieron la teoría, arrancada de la
intensa lucha revolucionaria de las masas, en pobres dogmas impugnados
por la práctica de la lucha revolucionaria.

La unidad de la teoría y de la práctica recibe su expresión máxima en
la actividad del partido bolchevique. El marxismo-leninismo es una
verdadera unidad de la teoría revolucionaria y de la práctica
revolucionaria. “Dominar la teoría marxista-leninista significa
poseer la esencia de esta teoría y aprender a emplearla en la solución
de las cuestiones prácticas del movimiento revolucionario, en las
diversas condiciones de la lucha de clases del proletariado” (Curso de
Historia del Partido Comunista [b]).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:497-498

Teoría y práctica

El problema de la relación entre la teoría y la práctica es una de las
cuestiones fundamentales de la ciencia marxista en general, de la
teoría marxista del conocimiento, en particular. El marxismo
considera la teoría y la práctica en su vínculo indisoluble y en su
interacción, reconociendo a la práctica el papel decisivo. Por
práctica se entiende el conjunto de las actividades humanas tendientes
a crear las condiciones indispensables para la existencia de la
sociedad. Para e] marxismo, la práctica es, ante todo, la actividad
material, la producción, pues la existencia misma de la sociedad, la
vida de los hombres dependen de ella. Uno de los elementos
constitutivos más importantes de la práctica es la actividad
revolucionaria de las clases, de los grupos sociales, destinada a
suprimir los regímenes sociales caducos y substituirlos por sistemas
nuevos, avanzados, favorables al progreso de la sociedad. La
experiencia científica constituye también una forma de la práctica.
La teoría nace sobre la base de la práctica, es el resultado de una
generalización de la experiencia práctica de las masas. Sin práctica,
no puede haber teoría científica. La práctica plantea problemas que
la teoría está llamada a responder. Para el marxismo, no hay teoría
que se baste a sí misma. Sólo una teoría ligada a la práctica, al
servicio de la práctica y verificada por la práctica, hunde sus raíces
en la vida. De ahí la tesis marxista según la cual “el punto de vista
de la vida, de la práctica debe ser el punto de vista primero y
fundamental de la teoría del conocimiento” (Lenin, Materialismo y
empiriocriticismo, p. 152, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo,
1948). Las necesidades de la práctica han desempeñado siempre un
papel determinante en el progreso de las ciencias. Así, las
necesidades de los pueblos agricultores y criadores de ganado, las
necesidades de la navegación, hicieron nacer la astronomía y las
matemáticas. El desarrollo de las ciudades, de los talleres, del
tráfico, etc., engendra la mecánica. Sobre todo después de la Edad
Media, con la aparición y el progreso de la producción capitalista,
las ciencias florecen. “Si después de la oscura noche de la Edad
Medía, las ciencias renacen bruscamente con una fuerza insospechable y
aumentan con la rapidez del milagro, debemos ese prodigio directamente
a la producción” (Engels, Dialéctica de la naturaleza, Ed. rusa).

En la sociedad socialista, la actividad de los hombres liberados de la
esclavitud capitalista, da libre curso al progreso de la ciencia. El
socialismo significa una ampliación sin precedentes de todas las
esferas de la actividad humana. El auge impetuoso de la industria, la
reorganización de la pequeña economía campesina en una gran
agricultura socialista ricamente dotada de la técnica moderna, la
transformación planificada de la naturaleza en escala jamás conocida,
etc., todo eso plantea a la ciencia problemas grandiosos. Así, las
conquistas de la doctrina michurinista (ver) se explican por su
vínculo con la práctica nueva de la edificación koljosiana, con las
necesidades de la gran agricultura socialista. Sucede lo mismo con la
física, la química, la geología, etc.

Engendrada por la actividad práctica de los hombres, la teoría ejerce
a su vez una influencia enorme sobre la práctica, y descubre ante los
hombres perspectivas nuevas. Así, la teoría marxista-leninista es la
generalización de la experiencia del movimiento obrero de todos los
países. Por otra parte, no hay práctica revolucionaria sin teoría
revolucionaria. La fuerza del marxismo-leninismo reside en que, al
generalizar la práctica revolucionaria, la historia de la sociedad,
revela la conexión de los fenómenos, las leyes objetivas del
desarrollo, la marcha de los acontecimientos presentes y futuros;
prevé con anticipación de años, las tendencias fundamentales de la
evolución social, lo que permite al partido comunista trazar planes de
actividad práctica rigurosamente científicos. Así, pues, la teoría y
la práctica se completan y se enriquecen recíprocamente. La teoría se
convierte en algo sin objeto si no se liga a la práctica
revolucionaria, y la práctica es ciega si la teoría revolucionaria no
ilumina su camino. La teoría debe no sólo generalizar la práctica
adquirida, sino también anticiparse a ella, mostrarle el camino a
seguir, pertrechar a los hombres en su actividad práctica. Los
trabajos de los grandes dirigentes del proletariado, Marx, Engels,
Lenin, Stalin, ofrecen ejemplos de ello.

Entre los oportunistas de la II Internacional había una divergencia
completa entre la teoría y la práctica. Habían vaciado la teoría
marxista de su espíritu revolucionario vivo, la habían separado de la
acción revolucionaria de las masas para reducirla a dogmas lamentables
que fueron barridos por la lucha revolucionaria. La unidad de la
teoría y de la práctica halló su expresión brillante en la actividad
del Partido Comunista de la Unión Soviética. El marxismo-leninismo
encarna la teoría y la práctica revolucionaria en una unidad verdadera
que es la estrella directriz del partido proletario.

El marxismo concibe la unidad de la teoría y de la práctica de una
manera dialéctica tomando en cuenta las contradicciones que surgen
entre las tesis teóricas caducas y los nuevos datos de la práctica.
Esas contradicciones son superadas por medio de la generalización de
la práctica nueva, por el reajuste de la teoría a la práctica.
Nuestros datos prácticos tienen un límite histórico concreto, y no
pueden ser considerados como definitivos. Las condiciones históricas
nuevas amplían la actividad práctica de los hombres y exigen la
revisión de tal o cual tesis teórica a la luz de datos prácticos
nuevos. La práctica es no solamente la base y la fuente del progreso
de la teoría, sino también el único criterio científico de la
veracidad de nuestro conocimiento. (Ver Criterio de la verdad.)

Diccionario filosófico · 1965:460-461

Teoría y práctica

Categorías filosóficas que designan los aspectos espiritual y material
del proceso histórico-social único de conocimiento y transformación de
la naturaleza y de la sociedad. La teoría es la experiencia de los
hombres generalizada en la conciencia, es el conjunto de conocimientos
acerca del mundo objetivo; es un sistema, relativamente independiente,
de conocimientos concatenados por la lógica interna de los conceptos,
que reproduce la lógica objetiva de las cosas. A diferencia del viejo
punto de vista empírico y positivista (en particular pragmático), la
filosofía marxista no concibe la práctica como experiencia sensorial
subjetiva del individuo ni como acción llevada a cabo exclusivamente
por motivos subjetivos. La práctica es la actividad del hombre que
asegura la existencia y el desarrollo de la sociedad, es ante todo, el
proceso objetivo de la producción material, base de la vida de los
hombres, y también la actividad revolucionaria y transformadora de las
clases, así como toda otra forma de actividad social que conduce a la
transformación del mundo. El experimento científico es también una de
las formas de la práctica. Teoría y práctica se encuentran en
indisoluble unidad, no existe la una sin la otra y se influyen
recíprocamente sin cesar. La base de dicha interacción es la
práctica. La práctica de la producción social es la que,
precisamente, engendra la conciencia y la determina en cada etapa de
desarrollo, a la vez que, con ello, determina la aprehensión teórica
de la realidad. El hombre actúa de manera consciente, comprendiendo
de uno u otro modo la realidad. Ello no significa que en sus actos se
guíe directamente por alguna teoría científica rigurosamente
consecuente. Pero su actividad siempre se halla orientada por un
determinado conjunto de conocimientos. En la aurora de la historia
humana, la única forma en que tales conocimientos podían existir era
la de la “conciencia ordinaria”, única e indivisa. La comprensión de
los hábitos de trabajo, la generalización empírica de los resultados
de la acción y de las observaciones, las tradiciones y creencias, el
reflejo fiel o fantástico del ser social, toda esa “teoría” no
constituía un sistema lógico y armónico de conceptos, no era una
reproducción científica de las leyes objetivas de la realidad. En
cambio, su nexo con la práctica era tan completo, que dicha “teoría”
se hallaba directamente “entretejida” con “el lenguaje de la vida
real”, con el quehacer práctico de las personas. Al producirse la
división del trabajo en intelectual y físico, la teoría y la práctica
se bifurcan hacia distintos polos sociales. Siguen dependiendo una de
la otra y continúan influyéndose recíprocamente, pero se convierten en
formas hasta cierto punto independientes del hacer social. «…Desde
este instante, se halla la conciencia en condiciones de emanciparse
del mundo y entregarse a la creación de la teoría “pura”, de la
teología “pura”, de la filosofía y la moral “puras”, etc.» (C. Marx y
F. Engels, t. III, pág. 30, La ideología alemana“, E.P.U., 1959,
pág. 31). La aparición de la teoría “pura” constituyó uno de los
saltos revolucionarios más importantes en la historia de la humanidad.
El desarrollo de la investigación teórica, la forma lógico-abstracta
de la teoría “pura”, permitieron al hombre penetrar hondamente en la
esencia de los fenómenos naturales, crear una imagen científica del
mundo, imagen que se encuentra en constante desarrollo. Por otra
parte, para los sabios mismos el nexo entre la teoría y la practica
dejó de ser tan patente. Esta circunstancia, unida a la concepción
individualista del mundo propia de la sociedad en que impera la
propiedad privada, hizo que surgieran diversas ilusiones: desde el
criterio de que la cognición es un acto de pasiva contemplación
individual del “teórico” sobre el medio que lo circunda hasta los
sistemas filosóficos idealistas que entienden la conciencia teórica
(las ideas) como creador de la realidad. “Desde este instante, puede
ya la conciencia imaginarse realmente que es algo más y algo distinto
que la conciencia de la práctica existente…” (ibid.). El modo
capitalista de producción, que ha socializado el trabajo y
desarrollado fuerzas productivas nunca vistas anteriormente; crea las
premisas objetivas para superar el divorcio entre la teoría y la
práctica, y se incrementa inconmensurablemente el papel de la teoría
no sólo en el proceso de la producción. También el movimiento
práctico de las masas orientado a liquidar la propiedad privada se une
a la avanzada teoría marxista, la cual descubre las leyes objetivas de
la sociedad y dirige toda la actividad del partido del proletariado al
logro de un fin científicamente comprendido: el comunismo. Liberado
el trabajo, liquidados los antagonismos de clase, borrado el límite
entre trabajo intelectual y trabajo físico, se eliminan asimismo la
escisión y la contraposición entre teoría y práctica. La teoría que
ha conquistado a las masas se convierte en una fuerza material.
Después de la victoria del socialismo y ante todo, en el período de la
edificación del comunismo en todo el frente; la teoría
marxista-leninista y la ciencia en general se unen aun más íntimamente
con la práctica. Las fuerzas productivas nuevas y poderosas que han
cobrado vida gracias al trabajo libre en bien de todos, exigen la
participación directa de la teoría científica en el proceso de la
producción. Y la ciencia, como forma superior de la actividad
teórica, al convertirse en un aspecto necesario de los hábitos del
trabajo mecanizado y automatizado, se convierte ella misma en fuerza
productiva. Tan sólo el advenimiento de la auténtica historia de la
sociedad humana revela de manera patente la esencia del proceso único
–histórico-social, práctico y teórico– en virtud del cual el hombre
conoce y transforma la naturaleza y la sociedad.

Diccionario de filosofía · 1984:421-422

Teoría y práctica

Categorías filosóficas que designan los aspectos espiritual y material
de la actividad objetiva socio-histórica de los hombres: conocimiento
y transformación de la naturaleza y la sociedad. La teoría es
resultado de la producción espiritual social, que forma los fines de
la actividad y determina los medios de su consecución y que existe
como nociones en desarrollo sobre los objetos de la actividad humana.
A diferencia de los puntos de vista empírico y positivista, la
filosofía marxista no enfoca la práctica como experiencia sensorial
subjetiva del individuo, experimento del científico, etc., sino como
actividad de los hombres que asegura la existencia y el desarrollo de
la sociedad y, ante todo, el proceso objetivo de producción material,
que constituye la base de la vida humana, y también como actividad
transformadora revolucionaria de las clases y como otras formas de
actividad social práctica que conducen al cambio del mundo. En el
conocimiento es la práctica, precisamente la que constituye su base y
criterio de la verdad. La actividad de los hombres siempre es
racional. En los albores de la historia humana, el trabajo apropiador
de nuestros antepasados, que sólo conocían la división del mismo según
sexo y edad, también era racional. Pero en aquel entonces no existían
ni actividad teórica específica ni teorías. La división social del
trabajo en agricultura y ganadería originó el trabajo productivo, que
por primera vez separó la producción de los medios de producción (por
ejemplo, cultivo de tierra y siembra) de la producción de los medios
de consumo (recogida, almacenaje y transformación de la cosecha). Las
consecuencias de esta división del trabajo fueron la separación del
trabajo intelectual respecto al manual y la estratificación de la
sociedad en clases. Junto con ellas se forman las premisas del
surgimiento y aislamiento de la teoría y la práctica. La producción
de los medios de producción no satisface directamente las necesidades
vitales. Sirve de base para conseguir los objetivos sociales finales,
y sus propios fines recaban organizar el trabajo y administrarlo. Por
ejemplo, planificar el trabajo futuro en un campo sin arar significa
ver sus límites que todavía no existen en realidad y trazar una línea
ideal entre el campo y las tierras sin cultivar. La actividad que se
aisló en la división social del trabajo y cuyo objeto son los modos y
medios valederos para todos de transformación racional de los objetos
en las condiciones de la estratificación de la sociedad en clases se
separa de la actividad propiamente práctico-material, convirtiéndose
en una producción espiritual específica, en la que domina ya el
trabajo intelectual. Al dividirse el trabajo en intelectual y manual,
la teoría y la práctica se separan en efecto una de otra y se
convierten en formas relativamente independientes de actividad social.
El desarrollo de la teoría “pura” en calidad de esfera relativamente
autónoma y específica de actividad fue uno de los saltos más
grandiosos en la historia de la humanidad y permitió a los hombres
penetrar profundamente en la esencia de los fenómenos naturales y
crear un cuadro científico del mundo en constante desarrollo. Por
otra parte, se hizo menos evidente la unidad entre la teoría y la
práctica. Sobre esta base y en conjugación con la concepción del
mundo individualista, típica de la sociedad basada en la propiedad
privada, fueron apareciendo distintas ilusiones: desde el enfoque de
la teoría como resultado de la contemplación pasiva individual del
medio ambiente por el “teórico” hasta los sistemas filosóficos
idealistas que estudian la conciencia teórica (ideas) como artífice de
la realidad. El modo de producción capitalista, que socializó el
trabajo y desarrolló las fuerzas productivas hasta un grado jamás
visto, crea las premisas objetivas necesarias para superar el divorcio
entre la teoría y la práctica. Aumenta inconmensurablemente el papel
de la teoría no sólo en el proceso de producción. El movimiento
práctico de las masas, que persigue el objetivo de liquidar el régimen
burgués, se une a la teoría marxista de vanguardia, que descubre las
leyes objetivas de la sociedad y encauza toda la actividad del partido
proletario hacia la consecución del fin científicamente concientizado:
el comunismo. Al ser liberado el trabajo, suprimidos los antagonismos
de clase y eliminada la contrariedad entre el trabajo intelectual y el
manual, desaparecen las condiciones objetivas del divorcio y la
contraposición entre la teoría y la práctica. La edificación del
socialismo y el comunismo es imposible sin la ligazón orgánica entre
la teoría y la práctica, sin una constante generalización teórica de
la experiencia práctica de las masas populares y sin la introducción
de la teoría científica de vanguardia en la práctica.

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