Trabajo

Trabajo

Diccionario filosófico marxista · 1946:303-304

Trabajo

“El trabajo es primordialmente un proceso que se da en la relación del
hombre con la Naturaleza, en el cual el hombre determina, regula y
controla las reacciones materiales entre sí y la Naturaleza” (Marx).
El hombre, al ejercer su acción sobre la Naturaleza exterior, la
modifica y se modifica a sí mismo. Al cambiar la forma de lo que está
dado por la Naturaleza, el hombre realiza su objetivo consciente,
adapta las cosas a las necesidades humanas. Por eso, al término del
proceso del trabajo se obtiene un resultado que antes de comenzarlo ya
se tenía idealmente, es decir, ya estaba en la imaginación del
trabajador. Al gastar útilmente su fuerza de trabajo, cuyo proceso de
desgaste es el trabajo mismo, el hombre emplea productivamente un
trabajo; por eso, trabajo productivo. El proceso de trabajo implica
tres momentos obligatorios: 1) la actividad útil del hombre, o el
trabajo propiamente dicho; 2) el objeto del trabajo; y 3) los
instrumentos de producción con los cuales el hombre actúa sobre el
objeto del trabajo. “Durante su proceso, el trabajo pasa
constantemente de la forma de actuación a la de ser, de la forma de
movimiento a la de un objeto” (Marx). El trabajo es la condición
primera y fundamental de la existencia humana, que no sólo suministra
al hombre los medios de existencia necesarios, sino que crea al propio
hombre. Procediendo de los monos antropoides, el hombre, gracias al
trabajo, se separó del resto del mundo animal. “El animal sólo
utiliza a la Naturaleza y produce en ella modificaciones sólo por su
presencia; el hombre somete la Naturaleza al servicio de sus fines: la
domina. Y ésta es la diferencia esencial y decisiva entre el hombre y
los demás animales, y es a su vez el trabajo el que determina esta
diferencia” (Engels). En las diversas formaciones económico-sociales,
el trabajo se manifiesta de distinto modo. Bajo el régimen del
comunismo primitivo existe el trabajo común, colectivo, y la propiedad
común sobre los medios de producción y sobre los resultados del
trabajo. No existe la explotación del trabajo ajeno. En todas las
formaciones económico-sociales de clases antagónicas (el régimen
esclavista, el feudalismo, el capitalismo), el trabajo del esclavo,
del siervo, del obrero, está sujeto a una cruel explotación, que bajo
el capitalismo alcanza su punto culminante. La división del trabajo
obtiene en la sociedad burguesa su pleno desarrollo. Atando al obrero
por toda la vida a la producción mediante una operación simple
cualquiera, transformándolo en un obrero parcial, y con la oposición
de las máquinas, en un apéndice de éstas, el trabajo, bajo el
capitalismo, mutila y deforma al hombre, espiritual y físicamente. Si
bajo el feudalismo la disciplina del trabajo se sostiene a latigazos,
bajo el capitalismo el látigo del hambre la mantiene entre los
esclavos asalariados. El trabajo bajo el capitalismo, en lugar de ser
una fuente de alegría, una necesidad vital, es para el obrero una
maldición; le chupa la sangre y le exprime el cerebro. Sólo la
revolución proletaria socialista emancipa el trabajo del obrero de la
explotación. Sólo bajo el socialismo, el trabajo obtiene su verdadera
misión: la de servir no sólo de fuente de existencia, sino también de
fuente de placer, de inspiración creadora. “El socialismo y el
trabajo son inseparables el uno del otro” (Stalin). El socialismo es
creado por el trabajo consciente de millones de constructores de la
sociedad socialista. La clase obrera y, bajo su dirección, todo el
resto del pueblo, al realizar en comparación con el capitalismo un
tipo más alto de organización social del trabajo, da el paso histórico
hacia una nueva disciplina del trabajo, libre, consciente, de
relaciones fraternales y de ayuda mutua, sobre la base del trabajo
humano emancipado de toda explotación, cuando cada trabajador labora
para sí, para la sociedad socialista y no para el capitalista y el
terrateniente. «El trabajo en la URSS es, para todo ciudadano apto
para el mismo, un deber y una causa de honor, de acuerdo con el
principio: “El que no trabaja no come”» (Constitución de la U.R.S.S.,
artículo 12). El socialismo parte del principio “de cada uno, según
su capacidad; a cada uno, según su trabajo”. Esto significa, que bajo
el socialismo el trabajo es el criterio máximo para apreciar la
actividad de cada miembro de la sociedad socialista. “La misma
cantidad de trabajo que ha dado a la sociedad en una forma, se le
reintegra en otra forma” (Marx). Para realizar la transición del
socialismo a la fase superior, el comunismo; para destruir
definitivamente el contraste entre el trabajo intelectual y el manual,
y la sumisión esclavista del hombre a la división del trabajo, éste
debe ser tan altamente productivo que asegure a la sociedad la
abundancia de objetos de consumo. Sólo entonces podrá la sociedad
abolir el trabajo como escala de valuación de la actividad de sus
miembros e inscribir en su bandera: “de cada uno, según su capacidad;
a cada uno, según su necesidad”. El movimiento stajanovista prepara
prácticamente las condiciones para la transición hacia el trabajo
comunista. “El trabajo comunista, en el sentido más estricto y
riguroso de la palabra, es el trabajo gratuito para la sociedad, el
trabajo que no se realiza para prestar un servicio determinado, para
tener derecho a determinados productos, el trabajo que no se realiza
según normas establecidas y reglamentadas de antemano por la ley, sino
un trabajo voluntario, al margen de toda norma, un trabajo que se
ofrece sin contar con una recompensa; sin ponerla como condición; es
trabajar por costumbre de hacerlo para el bien común y por actitud
consciente (convertida en hábito) ante la necesidad del trabajo para
el bien común; es el trabajo como necesidad de un organismo sano”
(Lenin).

Diccionario filosófico abreviado · 1959:505-507

Trabajo

“El trabajo es, en primer término un proceso entre la naturaleza y el
hombre, proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su
propia acción su intercambio de materias con la naturaleza” (Marx, El
Capital, lib. I). Al actuar sobre la naturaleza ambiente, el hombre
la modifica y se modifica a sí mismo. Al transformar la naturaleza,
el hombre realiza sus objetivos conscientes, adapta los objetos
naturales a sus necesidades. El proceso del trabajo comprende tres
elementos: 1) la acción del hombre que persigue ciertos fines, es
decir, el trabajo propiamente dicho; 2) el objeto del trabajo; 3) los
medios de producción con ayuda de los cuales, el hombre ejerce su
acción sobre el objeto del trabajo.

Como condición primera y fundamental de la vida humana, el trabajo no
sólo ha procurado al hombre medios de existencia, sino que ha creado
al hombre mismo. Gracias al trabajo, el hombre se ha separado del
reino animal. Uno de los rasgos esenciales que distinguen al hombre
del animal, es que éste se sirve de los productos naturales ya hechos,
mientras que el hombre obliga a la naturaleza a servir los fines que
persigue, la modifica, la somete a sus necesidades.

En las diferentes formaciones económico-sociales, el trabajo se
manifiesta bajo formas diversas que corresponden a las relaciones
sociales de una época dada. En la comuna primitiva, el trabajo es
colectivo, y los medios de producción así como los resultados del
trabajo pertenecen a la colectividad. Bajo este régimen no hay
explotación. Pero en esta sociedad, en razón del débil desarrollo de
las fuerzas productivas, el hombre es, en gran medida, esclavo de las
leyes ciegas de la naturaleza. Lo que distingue a todas las
formaciones económico-sociales antagónicas, es que el trabajo del
hombre se convierte en una explotación feroz: tal el trabajo del
esclavo bajo el régimen esclavista, el del siervo bajo el régimen
feudal, el trabajo del obrero en la sociedad capitalista. Con el
capitalismo, la explotación alcanza su punto culminante. En la
sociedad burguesa, la división del trabajo adquiere una forma
monstruosa encadenando al obrero a una operación poco complicada,
transformándolo en un obrero parcial y, después del advenimiento del
maquinismo, en un apéndice de la máquina. Bajo el capitalismo, el
trabajo mutila y embrutece al hombre física y moralmente. En la
sociedad feudal, la disciplina del trabajo es la disciplina del
látigo, mientras que bajo el capitalismo, es la disciplina impuesta
por el hambre. En lugar de ser la primera necesidad de la vida, el
trabajo, bajo el capitalismo, es una maldición para el obrero, es como
un vampiro que le succiona la médula de sus huesos. Sólo la
revolución proletaria, socialista, libera al obrero de la explotación.
Sólo con el socialismo, y sobre todo, con el comunismo, el trabajo se
transforma verdaderamente en lo que debe ser, es decir, una fuente de
goce y de inspiración creadora, y no únicamente un medio de
existencia.

En la URSS, las relaciones de producción nuevas, socialistas, han
engendrado una concepción del trabajo enteramente nueva. El trabajo
se ha convertido en un motivo de honor, de gloria, de valor y de
heroísmo. El socialismo se funda en la labor consciente de millones
de constructores de la sociedad socialista. Socialismo y trabajo son
inseparables. Después de haber realizado un tipo superior de
organización social del trabajo, el pueblo soviético, dirigido por el
Partido Comunista, ha creado una nueva disciplina de trabajo, libre y
consciente, que tiene por fundamento la labor humana librada de toda
explotación: cada ciudadano trabaja para sí, para la sociedad
socialista y no para el capitalista o el terrateniente. «El trabajo
en la URSS es, para todo ciudadano apto, un deber y una cuestión de
honor, según el principio: “el que no trabaja no come”» (Constitución
de la U.R.S.S.). El socialismo sostiene el principio de la
repartición de los bienes materiales según el trabajo suministrado.
Esto significa que el trabajo, bajo el socialismo, es el criterio
supremo en la apreciación de la actividad de cada miembro de la
sociedad socialista; cada uno recibe una cantidad de productos con
arreglo a la cantidad y a la calidad de trabajo suministrado. La
fiscalización de la sociedad sobre la medida del trabajo y sobre la
medida del consumo, significa que la parte del trabajador en el
producto colectivo depende de su participación en el trabajo social,
de la cantidad y de la calidad del trabajo suministrado.

La transición del socialismo al comunismo implica un trabajo altamente
productivo, capaz de asegurar la abundancia de los artículos de
consumo. Sólo entonces la sociedad podrá abolir la antigua estimación
con arreglo a la cantidad y a la calidad del trabajo suministrado e
inscribir en sus banderas: “De cada uno según sus capacidades, a cada
uno, según sus necesidades”. En la sociedad comunista, la cantidad de
trabajo será evaluada directamente por el tiempo (las horas) empleado
y no por medio del valor y de sus formas. “El trabajo comunista, en
el más riguroso y estricto sentido de la palabra, es un trabajo
gratuito en bien de la sociedad, un trabajo que es ejecutado no para
cumplir un servicio determinado, no para recibir derecho a
determinados productos, no por normas establecidas y fijadas de
antemano, sino un trabajo voluntario, sin normas, hecho sin tener en
cuenta recompensa alguna, sin poner condiciones sobre la remuneración,
un trabajo realizado por hábito de trabajar en bien de la sociedad y
por la actitud consciente (transformada en hábito) frente a la
necesidad de trabajar para el bien común; en una palabra, un trabajo
como exigencia del organismo sano” (Lenin, Obras escogidas, t. II, p.
712, Ed. esp., Moscú, 1948).

Bajo el comunismo, el trabajo será la primera necesidad vital de los
hombres y se convertirá en un goce en lugar de ser un pesado fardo,
como es el caso en régimen capitalista. El progreso cultural de la
sociedad, una de las condiciones para pasar del socialismo al
comunismo, asegurará a todos sus miembros el desarrollo completo de
sus aptitudes físicas e intelectuales, la posibilidad de elegir una
profesión en lugar de estar encadenados para toda la vida a un oficio.
Para alcanzar esa finalidad, son indispensables cambios importantes en
las condiciones del trabajo. En cuanto las premisas materiales
objetivas lo permitan, será necesario reducir la jornada de trabajo,
instituir la enseñanza politécnica general y obligatoria, mejorar
radicalmente las condiciones del medio en que se vive, elevar
sensiblemente los salarios de los obreros y de los empleados, etc.

Diccionario filosófico · 1965:466-467

Trabajo

“El trabajo es, ante todo, un proceso entre el hombre y la naturaleza,
durante el cual el hombre, mediante su propia actividad, mediatiza,
regula y controla el intercambio de sustancias entre él y la
naturaleza” (C. Marx y F. Engels, t. XXIII, pág. 188). Al actuar
sobre la naturaleza exterior, el hombre modifica la naturaleza a la
vez que se modifica a sí mismo. Al modificar la naturaleza, el hombre
realiza su fin consciente, adapta los objetos de la naturaleza a sus
necesidades. El proceso del trabajo incluye tres momentos: 1) la
actividad del hombre dirigida a un fin, es decir, el trabajo mismo; 2)
el objeto del trabajo, y 3) los instrumentos de producción con que el
hombre actúa sobre el objeto dado. El trabajo constituye la condición
primera y fundamental de la existencia humana. No sólo proporciona al
hombre los medios de subsistencia que necesita; el trabajo ha creado
al propio hombre. Gracias al trabajo, el hombre se ha separado del
mundo animal. Una de las diferencias esenciales entre el hombre y el
animal estriba en que éste se sirve de productos acabados de la
naturaleza, mientras que el hombre, gracias al trabajo, obliga a la
naturaleza a ponerse al servicio de sus fines, la modifica, la
subordina a sus necesidades. En las distintas formaciones
económico-sociales, el trabajo presenta formas diferentes, que son un
exponente del desarrollo de las relaciones sociales de la época. En
el régimen de la comunidad primitiva, existe el trabajo en común,
colectivo, y la propiedad común sobre los medios de producción así
como sobre los frutos del trabajo. En dicho régimen, no se da la
explotación del trabajo ajeno. En todas las subsiguientes formaciones
económico-sociales de clases antagónicas, el trabajo del hombre está
sometido a una cruel explotación: del esclavo, en el régimen
esclavista; del siervo, bajo el feudalismo. La explotación del
trabajo alcanza su punto culminante bajo el capitalismo. En el
régimen capitalista, el trabajo deforma y mutila al hombre espiritual
y físicamente. Únicamente la revolución socialista libera de la
explotación al obrero. Tan sólo bajo el socialismo y, sobre todo,
bajo el comunismo, el trabajo recibe su verdadera designación: servir,
no sólo como fuente de subsistencia, sino también como fuente de
inspiración creadora y de placer (Trabajo comunista, Contradicción
entre el trabajo físico y el trabajo intelectual; Socialismo y
comunismo).

Diccionario de filosofía · 1984:427-428

Trabajo

“En primer término, un proceso… en que el hombre realiza, regula y
controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la
naturaleza” (C. Marx y F. Engels, t. 23, p. 188). Una actitud
determinada del hombre hacia la naturaleza es el primer aspecto del
trabajo. Al transformar la naturaleza externa, el hombre transforma
asimismo su propia naturaleza. El cambio de la naturaleza externa es,
ante todo, la adaptación de los objetos a las necesidades del hombre.
El trabajo abarca los siguientes elementos simples: 1) actividad
racional del hombre, o el trabajo mismo; 2) objeto de trabajo; 3)
medios de trabajo. El trabajo como transformación de la naturaleza
llega a su madurez siempre que él mismo cree todos sus elementos
simples y no los reciba en forma preparada. La maduración del trabajo
es un proceso histórico. Este último no ha culminado aún del todo, si
el trabajo en la sociedad persigue principalmente el fin de mantener
la existencia física. El trabajo maduro por completo significa que se
siente la necesidad de efectuarlo, mientras que el mantenimiento de la
existencia física se reduce al nivel de premisa obligatoria del
trabajo. Como transformación de la naturaleza externa, el trabajo es
principal condición de existencia específicamente humana. El devenir
del trabajo fue el proceso fundamental de separación del hombre del
reino animal y de formación del tipo biológico moderno del hombre, así
como del hombre como ser social. El segundo aspecto del trabajo es el
carácter social de las interrelaciones de los hombres con respecto a
las condiciones, el proceso y el resultado de la relación laboral con
la naturaleza. Este aspecto del trabajo se desarrolla sobre la base y
en unidad con el primer aspecto, pero no se reduce al mismo. La
unidad de estos aspectos se realiza de inmediato en la cooperación y
la división del trabajo. En las condiciones de los distintos tipos de
desarrollo histórico (sociedades preclasista, clasista y sin clases) y
en las formaciones socio-económicas diferentes, el trabajo reviste
diversas formas. Durante el régimen de la comunidad primitiva
existían el trabajo colectivo, comunitario, y la propiedad colectiva,
comunal-gentilicia, sobre los medios y resultados de la producción.
Aquellos tiempos desconocían la explotación del hombre por el trabajo.
En todas las sociedades divididas en clases antagónicas, el trabajo se
desarrolla mediante el desenvolvimiento de las contradicciones
antagónicas: el paso de las formas menos desarrolladas de trabajo a
las más desarrolladas –del trabajo del esclavo en el régimen
esclavista al trabajo de los campesinos siervos en el régimen feudal y
al trabajo del obrero asalariado en el régimen capitalista– fue, al
mismo tiempo, la transición a formas cada vez más desarrolladas de
explotación de los trabajadores; la cultura de la humanidad se
desarrolla paralelamente al proceso de mutilación espiritual y física
cada vez mayor, sutil y refinada del hombre. Únicamente la revolución
socialista libera a los trabajadores de la explotación y la suprime.
Sólo en la formación comunista, sobre todo en su fase madura,
superior, el trabajo se desarrolla plenamente; al continuar siendo
fuente de existencia, el trabajo se convierte principalmente en
proceso de satisfacción de la necesidad interna de cada individuo en
lo relativo a su desenvolvimiento libre e integral, lo cual constituye
también una condición del desenvolvimiento libre e integral de todos
(Trabajo comunista, Trabajo intelectual y manual).

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