BACON, Francisco

Francisco Bacon (1561-1626)

Diccionario filosófico marxista · 1946:23-24

Destacado filósofo, auténtico progenitor del “materialismo inglés y en
general de las ciencias experimentales de los tiempos modernos”
(Marx). Hizo una severa crítica a la ideología medioeval, estimando
que la escolástica y la teología no debían tener injerencia en los
trabajos de la ciencia. Bacon comprobó que en la ideología del
medioevo existía una serie de prejuicios y de representaciones falsas
y desfiguradas (“ídolos’) sobre la Naturaleza, que obstaculizaban el
avance de la ciencia. Luchando por un conocimiento efectivamente
científico, enseñó que la “filosofía auténtica” debe tener un carácter
“práctico”, debe construirse sobre la base del análisis de los
fenómenos de la Naturaleza y seguir en sus deducciones los datos de la
experiencia. Bacon elaboró el método empírico en filosofía. Sostuvo
que la fuente de toda conocimiento son los sentidos, y que el objeto
de la investigación es la Naturaleza, la materia, que ésta no es
homogénea ni abstracta, que posee diversas cualidades, diversos
formas. Marx señaló que, según Bacon, “los sentidos son infalibles y
constituyen la fuente de todo conocimiento. La ciencia es
experimental y consiste en aplicar el método racional a los datos que
nos suministran los sentidos. La inducción, el análisis, la
comparación, la observación y la experimentación, son las condiciones
esenciales de un método racional”. El hombre no puede conocer ni
dominar la Naturaleza, sino “obedeciéndola”, es decir, siguiendo sus
leyes. La Naturaleza se halla en estado de movimiento que, a juicio
de Bacon, es la propiedad interna inalienable de la materia.
Reconocía la variedad cualitativa múltiple del movimiento de la
materia, sin reducirlo al desplazamiento mecánico de los cuerpos en el
espacio. Enumeró diecinueve clases de movimiento. “Las formas
primarias de la materia son fuerzas esenciales vivas,
individualizadoras, internamente inherentes a ella y que crean las
diferencias específicas”, escribía Marx, caracterizando las
concepciones baconianas del movimiento. Sin embargo, Bacon no pudo
resolver correctamente el problema de las formas del movimiento de la
materia, y su filosofía en general tiene un carácter mecanicista.
Bacon fue el primero que con mayor rigor elaboró el método inductivo
de conocimiento en la ciencia. Afirmaba que en el proceso del
conocimiento hay que partir del análisis de las cosas y de los
fenómenos individuales, que toda verdad auténtica debe apoyarse en el
mayor número posible de hechos, de cuya confrontación obtiene el
hombre la posibilidad de elevarse de lo singular, de lo individual, a
lo general, a las deducciones. Bacon no fue un materialista
consecuente. Su materialismo está cargado. de “inconsecuencia
teológica” (Marx). En sus concepciones sobre la historia de la
sociedad, Bacon adoptó posiciones idealistas. Su clasificación de las
ciencias, a la que da por base las diversas “facultades del alma” (la
memoria, la imaginación, el entendimiento), también es idealista.
Bacon reconocía la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.
Pero, no obstante la limitación histórica de sus concepciones, su
filosofía significó un gran paso en la historia del materialismo. Los
clásicos del marxismo tuvieron en gran aprecio el papel progresista de
Bacon, cuyas ideas ejercieron mucha influencia sobre los filósofos que
le siguieron: Hobbes, Locke y los materialistas franceses del siglo
XVIII. Las obras fundamentales de Bacon son: Novum Organum (ver),
1620; Dignitate et Augmentis scientiarum (De la dignificación y
progreso de la ciencia), 1623.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:36-37

Francis Bacon (1561-1626)

Eminente filósofo inglés, “…verdadero padre del materialismo inglés.
Para él, la ciencia de la naturaleza es la verdadera ciencia, y la
física experimental, la parte más importante de la ciencia de la
naturaleza” (Engels, “Del socialismo utópico al socialismo
científico”, en Marx/Engels, Obras escogidas, t. II, p. 87, Ed.
esp., Moscú, 1952). Convencido de que la teología trababa el progreso
de la ciencia, Bacon sometió la filosofía medieval a una crítica
severa. En su lucha por el conocimiento científico, decía que la
“verdadera filosofía” debía tener un carácter “práctico”, vale decir,
fundarse en el análisis de los fenómenos de la naturaleza y los datos
de la experiencia.

Veía la fuente de todo conocimiento en la sensación y designaba a la
naturaleza, a la materia, como el objetivo de la investigación. Marx
hizo hincapié en que, para Bacon “los sentidos son infalibles y
constituyen la fuente de todo conocimiento. La ciencia es una ciencia
experimental que consiste en la aplicación del método racional a los
datos de los sentidos. Inducción, análisis, comparación, observación,
experimentación, tales son las condiciones esenciales de un método
racional” (Marx/Engels, Obras, Ed. alem.).

El hombre no puede conocer y someter a la naturaleza “más que
obedeciéndola”, vale decir, conformándose a sus leyes. La naturaleza
se halla en estado de movimiento, que es su propiedad inmanente.
Bacon reconocía la diversidad cualitativa del movimiento de la
materia, que no reducía al simple desplazamiento mecánico en el
espacio. No obstante, en razón de las condiciones históricas y del
nivel de la ciencia en su época, no pudo resolver el problema de las
formas del movimiento de la materia. En el conjunto, su filosofía es
mecanicista. Su clasificación de las formas del movimiento (contaba
diecinueve) es artificial y anticientífica. Bacon fue el primero en
elaborar de manera detallada el método inductivo. El punto de partida
del conocimiento es, según él, el vínculo causal, el análisis de los
diversos objetos y fenómenos; toda verdad auténtica debe apoyarse en
el mayor número posible de hechos; al confrontarlos, el hombre tiene
posibilidad de elevarse de lo particular, de lo individual, a lo
general, a las conclusiones. Sin negar la necesidad del pensamiento
abstracto, no comprendía el verdadero papel de este aspecto del
conocimiento y menospreciaba la deducción. Su método gnoseológico es
metafísico.

La obra capital de Bacon Novum Organum (1620) que tituló así para
distinguirla de la obra de Aristóteles, Organon, critica a fondo las
concepciones escolásticas y analiza las ideas falsas que traban el
progreso de la ciencia. Bacon divide esas ideas ilusorias y
supersticiosas en cuatro “fantasmas” (ídolos): “ídolos de la tribu”,
“ídolos de la caverna”, “ídolos del foro” e “ídolos del teatro”. Los
“ídolos de la tribu” tienen su origen en la naturaleza del espíritu
humano: “El entendimiento humano es semejante a un falso espejo que,
al mezclar su propia naturaleza con la de las cosas, deforma y
desfigura las imágenes que refleja”. Los “ídolos de la caverna” son
los del individuo y dependen de su educación, de sus gustos, de sus
hábitos, del círculo que lo rodea. Los “ídolos del foro” aparecen
debido a que los hombres, unidos por el lenguaje, se sirven de las
palabras al nivel de la multitud. Los “ídolos del teatro” son
engendrados por los diferentes sistemas filosóficos erróneos,
especialmente idealistas.

Bacon no era un materialista consecuente. Su doctrina, según la
expresión de Marx, no se había librado todavía de la “inconsecuencia
teológica”. Admitía a la vez la eternidad de la materia y la
existencia de Dios. Proclamaba la dualidad de la verdad: la
revelación que pertenece al dominio de la teología, y la causalidad
que pertenece al de la ciencia. De este modo, adjudicaba dos almas al
hombre: un alma pensante, racional, y otra, de naturaleza sensible e
irracional. La primera, es creada por Dios, en tanto que la segunda
es material, corporal. El materialismo de Bacon linda por
consiguiente con la teología, la religión, aunque esta última no
desempeña en su filosofía el papel principal. Su clasificación de las
ciencias, fundada en las diferentes “facultades del alma” (memoria,
imaginación, entendimiento), es idealista.

Bacon aborda igualmente la sociedad como idealista. Sus puntos de
vista sociales y políticos reflejan los intereses de la gran burguesía
y de la nobleza aburguesada de Inglaterra. Sostuvo activamente la
expansión de Gran Bretaña, la idea de su dominación mundial, la
conquista de la India. Consideraba la monarquía absoluta como la
mejor forma de Estado. Según él, el pueblo es fuente de malestar. A
pesar de las contradicciones e inconsecuencias que abundan en su
filosofía, a pesar de su tendencia a conciliar la ciencia con la
religión, las ideas de Bacon han desempeñado un gran papel en el
desarrollo de la filosofía premarxista, y ejercieron una influencia
considerable sobre los filósofos materialistas Hobbes (ver) y Locke
(ver) así como sobre los materialistas franceses del siglo XVIII.

Principales obras: Novum Organum y De principiis atque originibus.

Diccionario filosófico · 1965:36-37

Francis Bacon (1561-1626)

Filósofo inglés, fundador del materialismo y de la ciencia
experimental moderna. Al subir al trono Jacobo I, alcanzó altos
cargos en el estado y fue nombrado lord canciller del reino. Autor
del famoso tratado «Novum Organum» (1620) (a diferencia del «Organon»
de Aristóteles) en el que expuso una nueva concepción de los objetivos
de la ciencia y las bases de la inducción científica. Después de
proclamar que el fin del saber estriba en la capacidad que posee la
ciencia para aumentar el poder del hombre sobre la naturaleza, Bacon
señaló que sólo podría alcanzar dicho fin la ciencia que llegara a
conocer las verdaderas causas de los fenómenos. Por esta razón se
manifestaba contra la escolástica. La ciencia precedente adolecía de
«dogmatismo» –pues el sabio deducía el sistema de proposiciones de sus
propios conceptos, como la araña teje su cendal–, o de «empirismo», en
cuanto el sabio se preocupaba sólo de recoger hechos sin penetrar en
su significado. En consecuencia, Bacon exigía que se adoptara una
actitud escéptica respecto a todo el saber anterior. Sin embargo,
reconocía la posibilidad del conocimiento fidedigno, mas para alcanzar
la verdad consideraba necesario reformar el método. El primer paso de
tal reforma debía consistir en limpiar la mente de los errores
(«ídolos») que constantemente la amenazaban. Parte de esos errores se
deben a inclinaciones del intelecto propias de todo el género humano;
parte, a inclinaciones propias de ciertos grupos de sabios e incluso
de ciertos individuos; parte de los errores aludidos arrancan de la
imperfección e inexactitud del lenguaje, y, finalmente, parte de ellos
son fruto de asimilar sin espíritu crítico, opiniones ajenas. Una vez
eliminadas las concepciones falsas, es posible abordar el verdadero
método de la nueva ciencia. Según Bacon, esta ciencia ha de consistir
en la reelaboración racional de los hechos de la experiencia. Las
premisas de sus conclusiones («axiomas medios») serán proposiciones
basadas en conceptos que se hayan obtenido por medio de la
generalización metódica o de la inducción. La concepción analítica
del experimento nos proporciona la condición previa de la inducción.
Esta concepción, desarrollada unilateralmente, condujo, según palabras
de Engels, a que Bacon (y tras él, Locke) trasladara de la ciencia
natural a la filosofía el método metafísico del pensar tal como se
había constituido en la ciencia de los siglos XV-XVI. En su teoría de
la inducción. Bacon señaló por primera vez el valor de las
denominadas instancias negativas», es decir, de la selección de casos
que contradicen la generalización y que exigen, por tanto, que ésta se
revise por no estar suficientemente fundamentada. En cuanto al
desarrollo del materialismo filosófico. Bacon, en primer lugar,
restableció la tradición y llevó a cabo –desde este punto de vista–
una revalorización de las teorías filosóficas pasadas: exaltó el
materialismo griego de los primeros tiempos y puso al descubierto los
errores del idealismo. En segundo lugar, elaboró una interpretación
materialista propia de la naturaleza basándose en la concepción de la
materia como un conjunto de partículas y viendo la naturaleza como un
conjunto de cuerpos dotados de múltiples cualidades. Consideraba que
una de las propiedades inherentes a la materia era el movimiento que,
en Bacon, no se reducía al desplazamiento mecánico (enumeró diecinueve
clases de movimiento). Todas estas concepciones de Bacon son un
reflejo de las nuevas necesidades y exigencias que en Inglaterra se
presentaban a la ciencia en la época de la primera acumulación
capitalista. Sin embargo, Bacon no fue un materialista consecuente.
Su doctrina, según expresión de Marx, se halla aún plagada de
«inconsecuencia teológica». Bacon expuso sus ideas políticas en «La
nueva Atlántida», utopía en la que se representa el florecimiento
económico de una sociedad ideal; en ésta la vida está organizada sobre
las bases racionales de la ciencia y de una técnica avanzada, aunque
se conserva la contraposición entre clases dominantes y clases
subordinadas.

Diccionario de filosofía · 1984:35-36

Francis Bacon (1561-1626)

Filósofo inglés, fundador del materialismo y la ciencia experimental
de la Edad Moderna. Durante el reinado de Jacobo I alcanzó una alta
posición en el Estado, pasando a ser lor-canciller. Autor del famoso
tratado Nuevo Organon (1620) (a diferencia del Organon de
Aristóteles), en el que desarrolló una nueva concepción de las tareas
de la ciencia y las bases de la inducción científica. Al proclamar
que la finalidad del conocimiento consistía en la capacidad de la
ciencia de aumentar el poder del hombre sobre la naturaleza, Bacon
consideraba que esta finalidad podía ser alcanzada únicamente por la
ciencia, capaz de descubrir las verdaderas causas de los fenómenos.
Por eso se pronunciaba contra la escolástica. La ciencia pasada
adolecía o bien de “dogmatismo”, por cuanto el científico deducía el
sistema de postulados de sus propios conceptos, a semejanza de como la
araña teje su telaraña, o bien de “empirismo”, porque el científico
sólo aspiraba a recolectar hechos impensados. Así pues, Bacon exige
ocupar una posición escéptica respecto a todo el saber anterior. Sin
embargo, reconoce la posibilidad del saber auténtico, pero considera
que para conocer la verdad es necesario reformar el método. El primer
paso de esta reforma debe ser la depuración del intelecto de los
extravíos (“ídolos”) que le amenazan en todo momento. Una vez
eliminadas las concepciones falsas, es posible pasar al método
auténtico de la nueva ciencia. Según Bacon, dicha ciencia debe
constituir una transformación racional de los hechos de la
experiencia. Las premisas de sus deducciones (“axiomas medios”) serán
los postulados basados en los conceptos obtenidos mediante la
generalización metódica o la inducción. La premisa de la inducción es
la intelección analítica del experimento. Desarrollada
unilateralmente, esta intelección condujo a que Bacon (y luego Locke)
trasladara el método metafísico de pensamiento, formado en la ciencia
de los siglos 15-16, de las ciencias naturales a la filosofía. En su
teoría de la inducción, Bacon señaló por primera vez el significado de
las denominadas instancias “negativas”, es decir, de una selección de
casos que contradicen a la generalización y que requieren de este modo
revisarla como insuficientemente fundamentada. El mérito de Bacon en
el desarrollo de la filosofía consiste, ante todo, en que, en primer
lugar, restableció la tradición materialista y realizó –bajo este
ángulo de vista– la transvaluación de las doctrinas filosóficas del
pasado; enalteció el materialismo griego inicial y puso al desnudo los
extravíos del idealismo. En segundo lugar, Bacon formuló su propia
comprensión materialista de la naturaleza, poniendo en su base el
criterio acerca de la materia como conjunto de partículas, y sobre la
naturaleza como conjunto de cuerpos dotados de múltiples cualidades.
Una propiedad inalienable de la materia es el movimiento que Bacon no
circunscribe al desplazamiento mecánico (contaba 19 variedades del
movimiento). Todas esas concepciones de Bacon reflejaban las nuevas
necesidades y demandas que se presentaban a la ciencia en Inglaterra
en la época de la acumulación originaria del capital. Ahora bien,
Bacon no era un materialista consecuente. Las convicciones políticas
de Bacon se reflejaron en la Nueva Atlántida (1617), utopía que
presenta una floreciente sociedad ideal, en la que la vida está
organizada sobre las bases racionales de la ciencia y de la técnica
desarrollada, pero conservándose las clases dominantes y sometidas.

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