HELVECIO, Claudio Adriano

Diccionario filosófico marxista · 1946:131-132

Helvecio, Claudio Adriano (1715-1771)

Notable filósofo materialista francés del siglo XVIII. Helvecio
partía de la doctrina del filósofo inglés Locke quien sostenía que las
ideas y las representaciones del hombre tienen por fuente la
experiencia de los sentidos. Desarrollando la teoría materialista del
conocimiento, Helvecio se propuso aplicar este principio, sobre todo,
a la explicación de la vida social. Afirmaba que el hombre es el
producto del medio y que el carácter del hombre no es algo innato,
sino determinado por la experiencia y por el medio. Este fue el punto
de partida materialista de la teoría de Helvecio sobre la Sociedad.
Sin embargo, más adelante afirmaba que el medio social es creado por
la legislación existente en la Sociedad. La legislación, a su vez, es
determinada por las ideas que imperan en la Sociedad. Tal
interpretación de la Sociedad humana, cuya conclusión final fue la
tesis: “las opiniones gobiernan el mundo”, no es materialista. En la
teoría sobre la Sociedad, Helvecio se colocó, en definitiva, en la
posición de un idealista. El punto de vista de Helvecio sobre la
influencia decisiva del medio y de las instituciones políticas sobre
la formación del carácter del hombre, tuvo un gran valor
revolucionario. “Si el carácter del hombre es creado por las
circunstancias, hay que hacer, por consiguiente, que las
circunstancias sean humanas” (Marx). De aquí se derivaba la necesidad
de cambiar las relaciones feudales. Marx señaló, que esos conceptos
de Helvecio ejercieron una gran influencia sobre el socialismo utópico
de comienzos del siglo XIX. Las obras principales de Helvecio son:
Sobre el espíritu (ver), 1758: Sobre el hombre, 1773.

Diccionario filosófico abreviado · 1959:228-229

Helvecio (Claude Adrien Helvetius) (1715-1771)

Célebre representante del materialismo y del ateísmo franceses del
siglo XVIII, uno de los precursores ideológicos de la revolución
burguesa en Francia. Afirma rotundamente que sólo los objetos
materiales tienen existencia real; todas las ideas del cerebro humano
derivan de la realidad material. Torna en ridículo el dogma religioso
de la inmortalidad del alma y declara que la vida psíquica del hombre
depende de su estructura corporal. En la teoría del conocimiento
profesa el sensualismo (ver) materialista: todo lo que es inaccesible
a los sentidos, lo es también al espíritu. Las sensaciones son
provocadas por la acción sobre nuestros sentidos, de los objetos y de
los fenómenos del mundo exterior, que existe en el espacio y en el
tiempo. Helvecio reconoce la veracidad de nuestras percepciones.
Como otros materialistas franceses, es enemigo del agnosticismo. Es
ateo militante y declara que el origen de la creencia en Dios reside
en la ignorancia de los unos y en la impostura de los otros.
Considera que hay un vínculo directo entre la religión y la tiranía.
Pero el materialismo de Helvecio es mecanicista y metafísico. Las
condiciones históricas le impidieron comprender el papel inmenso de la
práctica revolucionaria. Helvecio se proponía aplicar el principio
materialista al estudio de la vida social, pero, como todos los
materialistas anteriores a Marx, tenía una concepción idealista de la
historia. Declaraba que el hombre es un producto del ambiente y que
su carácter, lejos de ser innato, está condicionado por la experiencia
y el medio que lo rodea. Era un punto de partida materialista. La
idea de que el ambiente y las instituciones políticas ejercían una
influencia decisiva sobre la formación del carácter del hombre,
señalaba un progreso. De ahí la necesidad de cambiar el ambiente, la
sociedad, las relaciones feudales, lo que constituía una conclusión
revolucionaria. “Si el carácter del hombre es creado por las
circunstancias, hay que hacer, por consiguiente, que las
circunstancias sean humanas” (Marx/Engels, Obras, Ed. alem.). Las
concepciones progresistas de los materialistas franceses sobre la
sociedad, ejercieron influencia sobre los socialistas utópicos de los
comienzos del siglo XIX. Helvecio pretendía que el ambiente social es
creado por la legislación existente, lo cual constituía una tendencia
idealista. “Las leyes lo hacen todo”, declara. En cuanto a la
legislación, está determinada por las ideas que reinan en la sociedad.
Helvecio divide las ideas en útiles, perjudiciales e indiferentes.
Los hombres actúan conforme a las ideas que les son útiles,
ventajosas. El mundo espiritual está sometido a la ley del interés.
Los hombres son egoístas por naturaleza. Pero cada individuo está
interesado en tener en cuenta las necesidades sociales, en seguir los
dictados del egoísmo racional, en actuar de acuerdo con las exigencias
del Estado, del pueblo. Los defectos morales provienen de una
legislación imperfecta. La explicación idealista de la sociedad
humana le conduce a esta conclusión: “La opinión gobierna al mundo”.
El cambio de ambiente en Helvecio sólo significa la substitución del
orden feudal por el régimen burgués. El burgués prospera guiado por
el principio de la ventaja personal dispuesto a contribuir al bien
social, pero jamás en detrimento de sus propios intereses: tal es su
ideal, Helvecio defiende el principio de la propiedad privada y sólo
se opone a la repartición demasiado desigual de riquezas. Sin
embargo, su crítica al régimen político y a la legislación de la
sociedad feudal adquiere, para su época, un carácter progresista.

La obra principal de Helvecio Del espíritu (1758), se clasifica entre
las mejores obras de la filosofía ateísta del siglo XVIII, y fue
altamente apreciada por Lenin. Este libro constituye un desafío a la
religión y al idealismo. Según Diderot, “es un furioso mazazo
asestado contra toda suerte de prejuicios”. La reacción condenó el
libro a la pira porque violaba “los fundamentos de la fe cristiana”.
En 1773, después de su muerte, se publicó otra obra materialista y
ateísta de Helvecio: Del hombre, de sus facultades intelectuales y de
su educación. Los filósofos reaccionarios franceses de hoy se alzan
contra las ideas progresistas de Helvecio. En su lucha contra el
obscurantismo idealista, el Partido Comunista Francés pone de relieve
el alcance de las tradiciones materialistas de Helvecio y de los demás
materialistas del siglo XVIII.

Diccionario filosófico · 1965:212-213

Helvecio (Claude Adrien Helvetius) (1715-1771)

Materialista francés del siglo XVIII. Obras fundamentales: Del
espíritu (1758) y Del hombre (1773). La filosofía de Helvecio se
basaba en el sensualismo de Locke, del que excluyó los elementos
idealistas. Según Helvecio, la materia, que tiene existencia
objetiva, llega a ser conocida mediante las sensaciones. Consideraba
como otro instrumento de la cognición, la memoria, definida por él
como “sensación prolongada, si bien debilitada”. Tratando de manera
simplista el pensar, Helvecio entendía por pensamiento tan sólo la
combinación de sensaciones. Realzaba la importancia del medio social
en la educación del carácter del hombre y en ello se basaba para
demostrar la necesidad de cambiar las relaciones feudales por las
capitalistas. No obstante, según Helvecio la función determinante en
el desarrollo social es desempeñada por la conciencia humana y la
pasión. Marx y Engels caracterizaron profundamente las concepciones
de Helvecio: “Las cualidades sensibles, el amor propio, el placer y el
interés personal bien entendido constituyen la de toda moral. La
igualdad natural de las inteligencias humanas, la unidad entre el
progreso de la razón y el de la industria, la bondad natural del ser
humano, la omnipotencia de la educación, tales son los aspectos
fundamentales de su sistema” (t. II, pág. 144). El reconocimiento,
por parte de Helvecio, de la decisiva influencia del medio en la
formación del individuo, su idea relativa a la combinación armónica
entre los intereses personales y los sociales, la idea de la igualdad
de las facultades intelectuales, sirvieron en gran medida como
preparación del socialismo utópico.

Diccionario de filosofía · 1984:204

Claude Adrien Helvecio (1715-1771)

Representante del materialismo francés del siglo 18. La base de la
filosofía de Helvecio la constituyó el sensualismo de Locke, del cual
fueron excluidos los elementos idealistas. Según Helvecio, la
materia, que existe objetivamente, se conoce con ayuda de las
sensaciones. Otro instrumento del conocimiento, a juicio de Helvecio,
es la memoria, la cual define como “sensación prolongada pero
debilitada”. Interpretando de modo simplista el pensamiento, Helvecio
entendía por el mismo sólo la combinación de las sensaciones.
Subrayaba el papel del medio social en la educación del carácter
humano, fundamentando con ello la necesidad de sustituir las
relaciones feudales por las capitalistas. Ahora bien, el papel
determinante en el desarrollo social lo desempeñan, según Helvecio, la
conciencia y la pasión humanas. Marx dio una profunda caracterización
de las opiniones de Helvecio: “Las cualidades sensibles y el amor
propio, el goce y el interés personal bien entendido son el fundamento
de toda moral. Esta igualdad natural de las inteligencias humanas, la
unidad entre el progreso de la razón y el progreso de la industria, la
bondad natural del hombre y la omnipotencia de la educación: tales son
los momentos fundamentales de su sistema” (t. 2, p. 144). Las ideas
de Helvecio sobre la conjugación armónica de los intereses
individuales y sociales y sobre la igualdad de las capacidades
mentales desempeñaron un gran papel en la preparación del socialismo
utópico. Obras: Del intelecto (1758), Del hombre… (1769, ed. de
1773).

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