SKOVORODA, Grigori Sávvich

Grigori Sávvich Skovoroda (1722-1794)

No figura en el Diccionario filosófico marxista · 1946

Diccionario filosófico abreviado · 1959:465-466

Eminente filósofo ucraniano, humanista y demócrata. Skovoroda expresó
la protesta de las masas campesinas contra la servidumbre. Después de
haber hecho sus estudios en la Academia Teológica de Kiev, enseñó
poética en el Seminario de Pereiaslav, y luego, en el Colegio de
Jarkov. Fue perseguido por sus ideas progresistas. La hostilidad del
clero y de las clases dominantes le obligó a abandonar la enseñanza.
Para propagar sus ideas entre el pueblo, viajó de población en
población. Skovoroda fue uno de los primeros, en la historia del
pensamiento ruso y ucraniano, que luchó contra la religión oficial y
la escolástica de la Iglesia. Se dirigió al hombre, a su razón, a la
naturaleza. Sus ideas filosóficas eran contradictorias. Era
idealista en la cuestión fundamental de la filosofía (ver) y
consideraba la conciencia como el dato primario. Pero, al mismo
tiempo, su concepción del mundo denotaba una fuerte tendencia
materialista. En pos de Lomonósov (ver), llegó a la conclusión de que
la materia es eterna en el tiempo e infinita en el espacio. Creía en
el determinismo en la naturaleza. Las vacilaciones de Skovoroda entre
el materialismo y el idealismo encontraron su expresión en su teoría
dualista de “tres mundos” y de “dos naturalezas”. Afirmaba que el
mundo se halla compuesto del “macrocosmos” (la naturaleza), del
“microcosmos” (el hombre) y de “un mundo de los símbolos” (la Biblia).
Cada mundo posee “dos naturalezas”: “exterior” o material, e
“interior” o espiritual. La naturaleza comprende una pluralidad de
mundos; no ha sido creada por nadie y no puede ser destruida; no tiene
ni comienzo ni fin, ya que el fin de una cosa es el comienzo de otra.
En esto consiste la tendencia materialista de su filosofía. Skovoroda
estimaba que el mundo es cognoscible, pero, para penetrar la esencia
del “macrocosmos”, es preciso comenzar por “conocerse a sí mismo”,
pues las leyes que rigen el “macrocosmos” y el “microcosmos” son las
mismas. Otro aspecto de la gnoseología de Skovoroda es su ética: la
verdad no tiene todo su valor sino unida a la “virtud”; fuera de la
virtud, la verdad es vacía de contenido y se convierte en una
curiosidad vana; el conocimiento y la ciencia están destinados a
servir al pueblo.

Para Skovoroda, la Biblia (el “tercer mundo”, el “mundo simbólico”) es
un medio de conocer “el elemento espiritual”. Distinguía su lado
“exterior” o material, y su lado “interior” o “contenido divino”: la
Biblia es “Dios, pero también la serpiente”. Aquí se pone en claro la
actitud contradictoria de Skovoroda hacia la religión y la Biblia.
Sometió a una crítica implacable la religión oficial (su ortodoxia, su
dogmatismo y su escolástica: las “invenciones ineptas” y las fábulas
de una Biblia “impúdica, perjudicial y mentirosa”) y se convirtió en
un anticlerical militante. Al mismo tiempo, propagó las luces y la
ética bajo una forma religiosa. Quería crear una “religión del amor”,
“de la virtud”, “de la verdad”. Dios era para él “la naturaleza”, “el
hombre”, “la verdad”, “la virtud”, &c. Skovoroda criticaba a la
Iglesia, odiaba al clero, conjunto de “ambiciosos”, de “voluptuosos”,
de “hipócritas”, de “bestias feroces”, &c.

Skovoroda defendió los intereses del pueblo oprimido, y censuraba a
los ricos por su codicia, su ociosidad y su parasitismo. La codicia
es el origen de todas las calamidades públicas: litigios, pillaje,
adulaciones, concusión, soborno, guerras, caídas de los “estados” y de
las “repúblicas”. El pueblo está encadenado, privado de derechos, y
vive en la ignorancia. Se trata, pues, de despertarlo. Después de
haber descubierto el principio del mal, los hombres deben suprimirlo
para edificar una sociedad nueva basada en “la razón”, “la verdad” y
“la virtud”. Skovoroda soñaba con ver la transformación de la
“sublime Rusia” en una “sublime república”. Amaba ardientemente a su
país y a su pueblo y se alzaba con intransigencia contra los
antipatriotas, los cosmopolitas. Preconizaba la unión de Ucrania y de
Rusia, la amistad de estos dos pueblos hermanos.

Skovoroda dio pruebas de realismo en su crítica vigorosa a los ricos,
a los grandes terratenientes, a los funcionarios, a la religión
oficial, al clero. Pero se mostró débil y utópico en la solución de
los problemas sociales. En su concepción del mundo, evolucionó hacia
el materialismo y hacia un examen más radical de los problemas
sociales, pero se conservó idealista en la solución del problema
fundamental de la filosofía, y aunque en su concepción de la sociedad
haya superado la filosofía de las luces del siglo XVIII, no abrazó las
posiciones revolucionarias. Las ideas de Skovoroda traducen la
debilidad y la estrechez del movimiento campesino contra la
servidumbre. Obras filosóficas y literarias de Skovoroda: “La primera
puerta que conduce a la sabiduría cristiana” (1766), “Diálogo sobre el
mundo antiguo” (1772), “Conversación amistosa sobre el mundo
espiritual”, “El alfabeto del mundo” (1775), “La lucha del arcángel
Miguel contra el demonio” (1783), &c.

Diccionario filosófico · 1965:428-429

Filósofo demócrata ucraniano, poeta, partidario de la Ilustración.
Hijo de un cosaco de modesta condición. Estudió en el seminario de
Kiev-Moquiliansk (1738-41; 1744-50). Renunció a la carrera
eclesiástica y eligió el camino de filósofo predicador ambulante.
Sobre la concepción del mundo de Skovoroda influyó la obra de Feofán
Prokópovich y de Lomonósov. En cambio, la formación teológica
confería a sus ideas un carácter contradictorio. En la resolución del
problema básico de la filosofía; Skovoroda vacilaba entre el
materialismo y el idealismo, pero en muchas cuestiones sostenía
principios materialistas. Siguiendo a Lomonósov, llegó a la
conclusión de que la materia as eterna e infinita, de que en la
naturaleza imperan las conexiones sujetas a ley, llegó a reconocer la
naturaleza como causa de sí misma (“Conversación amistosa sobre el
mundo espiritual”, 1775). Sus vacilaciones dualistas le condujeron a
crear la teoría de los “tres mundos”, que abarcaban todo lo existente:
el “macrocosmo” (la naturaleza), el “microcosmo” (el hombre) y el
“mundo de los símbolos” (la Biblia). Cada uno de dichos mundos se
compone de dos naturalezas: “exterior” (material) e “interior”
(espiritual). Intentando superar el dualismo de su doctrina,
Skovoroda procuraba resolver las contradicciones entre los principios
material y espiritual uniendo los conceptos de “Dios” y “naturaleza”,
considerándolos idénticos, lo cual es típico del panteísmo. Reconocía
el carácter ilimitado de la cognición humana, relacionaba la
investigación de la naturaleza con la necesidad del autoanálisis
interno y con el reconocimiento del “mundo de los símbolos”. Criticó
enérgicamente la religión oficial por su dogmatismo y su
escolasticismo, propagó la doctrina heliocéntrica de Copérnico, hostil
a la Iglesia (“Diluvio de serpientes”, 1791 y otras obras), se burló
de los vicios y del parasitismo de los sacerdotes. Las predicaciones
éticas del propio Skovoroda estaban revestidas de forma religiosa, se
relacionaban con la búsqueda de la religión “del amor y de la virtud”.
Skovoroda defendía los intereses del pueblo, exhortaba a terminar con
la falta de derechos y la ignorancia de las masas trabajadoras, pero
la solución que preconizaba de los problemas sociales resultaba
utópica, pues consideraba que, para el establecimiento de la nueva
sociedad, el factor decisivo era el principio moral. Sus ideas
sociológicas reflejaban la debilidad y la limitación del movimiento
antifeudal campesino. Los trabajos de Skovoroda no se editaron en
vida suya, pero circulaban profusamente en copias manuscritas.

Diccionario de filosofía · 1984:398

Ilustrado demócrata, filósofo y poeta ucraniano. Se graduó en la
Academia Conciliar de Kíev-Moguiliansk. Renunció a la carrera
eclesiástica, prefiriendo el destino de filósofo predicador ambulante.
La mundividencia de Skovoroda experimentó la influencia de las ideas
del platonismo, el estoicismo, la patrística y de los filósofos del
tiempo nuevo (Leibniz y otros) y Lomonósov. En la solución del
problema fundamental de la filosofía, Skovoroda no estaba exento de
oscilaciones entre el materialismo y el idealismo, pero mantenía
posiciones materialistas en muchas cuestiones. Siguiendo a Lomonósov,
Skovoroda llegó a la conclusión acerca de la eternidad y la infinitud
de la materia y la dominación de nexos regulares en la naturaleza, así
como al reconocimiento de la naturaleza como causa de sí misma
(Plática amistosa sobre el mundo espiritual, 1775). Skovoroda
procuraba eliminar las contradicciones entre los principios espiritual
y material mediante la unificación de los conceptos de Dios y de
naturaleza considerándolos idénticos, lo cual es típico del panteísmo.
Skovoroda reconocía el carácter ilimitado del conocimiento humano,
pero enlazaba la investigación de la naturaleza con la necesidad del
autoanálisis interno. Criticaba con aspereza el dogmatismo y la
escolástica de la religión oficial, propagandizaba la doctrina
heliocéntrica de Copérnico, hostil a la iglesia, y se burlaba de la
viciosidad y parasitismo de los curas. Las prédicas éticas de
Skovoroda estaban revestidas de forma religiosa y vinculadas con las
búsquedas de una religión de “amor y virtud”. Se pronunciaba por los
intereses del pueblo y exhortaba a acabar con la falta de derechos y
la ignorancia de los trabajadores, pero su solución de los problemas
sociales tenía un carácter utópico, porque consideraba que el
principal factor de la creación de la nueva sociedad era el principio
moral. Skovoroda esgrimía ideas progresistas para su tiempo acerca
del trabajo creador, la comunidad de bienes, el amor y la igualdad
como base de la vida social. Las obras de Skovoroda no se editaron en
su vida, pero se divulgaron ampliamente en manuscritos.

Comparte este artículo