ESTADOS UNIDOS SOLO SE HA PROTEGIDO A SI MISMO Y AL CAPITALISMO
Un mínimo análisis histórico nos enseña que los Estados Unidos nunca han pretendido proteger a los europeos, mucho menos las libertades y la democracia, o el bienestar de los pueblos del mundo, sino exclusivamente llevar a cabo la política que ha convenido a sus intereses imperiales, y por elevación al sistema capitalista en su conjunto.
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Cada vez que desde cualquier medio de comunicación, sea progresista o reaccionario, se analiza la actual situación de Europa, su pérdida de presencia internacional, su supuesta debilidad, lo que se denomina su indefensión frente a hipotéticas amenazas, se introduce indefectiblemente el razonamiento de que todo ello ocurre porque antes nos defendían los Estados Unidos, y desde que el malvado Trump llegó al poder, aquel país ha dejado de cumplir esta benefactora protección, nos hemos quedado solos ante los peligros, y a partir de este principio machaconamente repetido cada cual introduce el análisis que le parece bien y formula sus opiniones, según el sesgo ideológico que sostenga.
Se pretende así presentar históricamente a EE.UU. como líderes del llamado mundo libre, generosos, que repartían leche en polvo, paladines de las libertades y de la democracia, y que actualmente han dejado de jugar este papel como consecuencia de un accidente histórico, la llegada de un individuo al que a veces se califica de loco, de excéntrico, y que una vez que cambie la voluntad electoral de los ciudadanos norteamericanos, volverán a tener un papel beneficioso para todo el mundo, enfrentándose a las fuerzas del mal y ayudando a todos los países a que sean libres y felices.
Y dado que actualmente nos han dejado de “proteger”, hemos de fortalecer nuestros sistemas defensivos adquiriendo una ingente cantidad de armas a ese fiable protector histórico que, aunque actualmente ande un poco descarriado, pronto volverá a la buena senda, a utilizar la OTAN en beneficio común de sus integrantes, y podremos continuar como si tal cosa. En modo alguno se ha planteado con una mínima seriedad lo que han propuesto analistas tan serios como el General Ayala, de que si realmente se tratara de crear un sistema europeo de defensa en primer lugar habrían de integrarse los diversos instrumentos militares de cada uno de los países que componen la CEE, armonizar sus estructuras, y adquirir el armamento fundamentalmente dentro, y no fuera, de dicha Unión Europea.
Pero un mínimo análisis histórico nos enseña que los Estados Unidos nunca han pretendido proteger a los europeos, mucho menos las libertades y la democracia, o el bienestar de los pueblos del mundo, sino exclusivamente llevar a cabo la política que ha convenido a sus intereses imperiales, y por elevación al sistema capitalista en su conjunto.
Ahora se está recordando que Trump está invocando descarnadamente la doctrina Monroe, enunciada en 1823 por el Presidente James Monroe según la cual América era para los americanos, que a poco se concretó en que era realmente para los norteamericanos, pero este principio lo han sostenido todos los Presidentes norteamericanos a lo largo de la historia de este país (demócratas o republicanos), a medida que ha ido adquiriendo fuerza, buscando en un primer momento el control de todo el continente americano, para extenderlo a todo el mundo a partir de que tras la primera guerra mundial y sobre todo de la segunda, su posición de fuerza lo ha permitido.
Le guerra contra España en 1898 no fue para liberar a los americanos cubanos, ni a los filipinos de Asia, sino para asegurarse el dominio colonial de ambos países, por citar solo dos ejemplos que nos tocan de cerca.
Actualmente EEUU dispone en el extranjero de cerca de 800 bases militares. El 90% de todas las bases militares de que dispone cualquier país fuera de sus fronteras.
Fue en el periodo comprendido entre la primera y la segunda guerra mundiales cuando los Estados Unidos sucedieron como principal potencia imperialista al Reino Unido de Gran Bretaña, y a partir de ese momento tomó cuerpo , como sustento de dicha política imperial, la creación de bases militares a lo largo del mundo.
El 2 de septiembre de 1940 EEUU y Inglaterra firmaban el acuerdo conocido como “destructores por bases” , en virtud del cual la Armada estadounidense transfería a la Inglesa 50 buques destructores a cambio de un contrato de arrendamiento sobre las instalaciones de bases en Terranova, Nueva Escocia, las Islas Bermudas, y en distintos puntos del Caribe sobre lo que eran bases británicas en el hemisferio occidental.
A partir de 1945 la siembra de tales avanzadas a lo largo de todo el mundo se fue extendiendo. Nos remitimos al considerado como principal estudio sobre la materia, que es el libro del profesor americano David Vine titulado, “Nación de bases”, (Base Nation : How US Military Bases Abroad Harm America and the World), que ha sido seguida de la creación de una detallada base de datos sobre la ubicación y características de las mismas que es utilizada incluso por el propio Pentágono en alguna de sus publicaciones oficiales.
Tras la segunda conflagración mundial, como antes se ha dicho, y partiendo del relanzamiento de la guerra fría y el prólogo de la misma que fue el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, cuyo objetivo no era solo rendir a las fuerzas japonesas, sino llamar la atención de todo el mundo sobre las consecuencias que podían sufrir quienes disputaran en lo sucesivo la hegemonía norteamericana, los diversos continentes se vieron sembrados de tales bases: en Asia, (Filipinas, Japón, Corea del Sur, Guam. ), Oriente Próximo (Kuwait, Barein, Catar, Emiratos, Siria y Turquía), entre otras, y en Europa, (Alemania, Italia, Hungría, Grecia, Portugal, España, Reino Unido, Países Bajos, Noruega, Bélgica, entre otras).
Ciñéndonos al caso de Europa, la justificación de tal extraordinaria presencia bélica se publicitó como mecanismo para defender a Europa de la URSS, pero este Estado nunca atacó ningún país de esta parte del mundo tras la segunda guerra, respetando el reparto en zonas de influencia que se trazó entre Inglaterra, EEUU y la propia URSS en los Acuerdos de Yalta, tan escrupulosamente que en Grecia, y otros lugares de Europa se mantuvo lo pactado pese a la existencia de considerables fuerzas populares que intentaron la modificación del estatus que se había determinado en aquel Pacto.
La OTAN ha sido otro de los grandes mecanismos utilizados por EEUU como sustento de su extensión imperial, y no ha tenido contención tras la desaparición del Pacto de Varsovia y desaparición de la URSS, sino al contrario, ha ido extendiéndose cada vez más hacia el este, acercándola a Rusia, cuando las promesas hechas a Gorbachov fueron de que no se acercaría ni un palmo en dicha dirección.
El mantenimiento de dichas bases en Europa no ha tenido nunca como fundamento defender a los europeos; no ha habido ninguna amenaza real sobre esta parte del continente que las justificara; tras la desaparición de la invocada excusa para su permanencia de la amenaza de la URSS y del Pacto de Varsovia, lejos de retirarlas, se incrementaron para mantener la hegemonía del capitalismo en los países europeos occidentales y la presión ahora contra Rusia, y así ha continuado hasta fechas recientes en que los Estados Unidos ha ido modificando paulatinamente su análisis geoestratégico, pasando ahora a situar a China como su principal enemigo, desplazándose el interés y la atención imperial en esa dirección, y quedando progresivamente lejos del interés norteamericano la presencia militar en el continente europeo, como parecen haber descubierto con pavor los dirigentes de los países de la CEE, súbditos de los intereses norteamericanos, que de pronto además se han encontrado con la Presidencia de Donald Trump, ya sin careta para mostrar descarnadamente lo que le preocupa la defensa de los ciudadanos europeos frente a supuestas amenazas, la principal de las cuales sin duda es su dependencia cuasi colonial respecto de los EEUU.
La mayoría de los dirigentes europeos preferían a un Bush, que justificaba la invasión de Irak aludiendo a la existencia en aquel país de armas de destrucción masiva cuya presencia permitía engañar a los ciudadanos europeos, en lugar de Trump, que ataca Venezuela confirmando que lo hace solo para apoderarse de su petróleo.
En definitiva, los dirigentes de este país imperialista nunca han pretendido proteger las libertades de los ciudadanos europeos, ni sus derechos, ni su bienestar, y no han mantenido sus bases en territorio europeo para estos fines, sino para mantener su hegemonía y sostener el capitalismo, pero en fechas anteriores esgrimían el fantasma del comunismo como la amenaza que justificaba su permanencia, que para tapar sus permanentes agresiones venía además envuelta en más cuidados oropeles con los que vendían los beneficios y ventajas de estar asociados a aquel país, el de Hollywood, los electrodomésticos, la música moderna, y tantos mecanismos del llamado “poder blando” con el que hacían más llevadera su hegemonía, y que de la mano de los cambios habidos en el mundo en los últimos treinta años han saltado por los aires, haciendo que para todos sea más evidente el verdadero rostro del imperialismo americano.
Así que bien venidos sean los debates en el seno de unos países europeos cuyos ciudadanos se están dando cuenta de cuál es la principal amenaza que enfrentan, pero no sigan diciéndonos que nuestro “protector” nos ha abandonado.

