ACOSO, PATRIARCADO, CORRUPCIÓN, CAPITALISMO, DOLOR

Después de tanto dolor no queda otra que volver a empezar, sin hipotecas ni falsas coaliciones intentado ganar, con profunda autocrítica, desde la movilización, la concienciación y la organización, la confianza de la mayoría desde la certeza de que con el capitalismo no hay futuro. 

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Duele, primero, antes que nada, primero que nada y sobre todo por las víctimas que, en los casos de acoso, son mujeres, aunque, como en los de corrupción, nos afecta a todos, al conjunto de la sociedad, a la clase trabajadora. Es, son, una evidencia más de como capitalismo y patriarcado uña y carne, generan acoso y corrupción en su explotación y sometimiento del conjunto de la clase trabajadora 

Duele, joder sí que duele, por la ciudadanía que puso su confianza y esperanzas en un gobierno, “progresista”, que se ha mostrado incapaz de cambios estructurales que conjeturen avances profundos e irreversibles desnudando y desmitificando el capitalismo señalando así el camino hacia una sociedad más libre e igualitaria. 

Duele, por la militancia de partidos que un día apostaron por las transformaciones radicales y no por las reformas. 

Duele, por la misma militancia que apostó por la unión de la izquierda transformadora y se vio arrastrada a un trágala en la forma de “gobierno de coalición” en el que la izquierda dejo de ser revolucionaria y transformadora para convertirse en florero “izquierdista” que adorna y valida medidas reversibles y/o “éxitos” que el capital, de forma sistemática, cancela llevándonos una y otra vez a la casilla de salida. 

Duele, porque han sustituido la movilización y concienciación de la ciudadanía por el boletín oficial del estado que niega sus reivindicaciones y por los arreglos y acuerdos entre élites, en despachos y ministerios. 

Duele, por el descrédito que se acumula un día sí y otro también. 

Duele, por querer parecer “normales” a costa de terminar pareciendo la última estratagema del capital para sostener su dominación. 

Duele, por haber acabado pareciendo parte del sistema. 

Duele, por haber sistematizado y normalizado la cantinela de “eso es competencia del PSOE” cuando se abandona a los saharauis, cuando se naturaliza una alianza militar, la OTAN, imperialista y criminal. 

Duele, por arrastrar los pies para condenar y suspender todo tipo de relaciones con un estado genocida que continúa masacrando a la población de Palestina. 

Duele, por los años perdidos en hacer seguidismo de un PSOE carcomido por la corrupción y el machismo. 

Duele, por el descrédito que injustamente mancilla a quienes han estado comprometidos con la defensa de la clase trabajadora, de quienes han dado la cara y la vida por acabar con la dictadura franquista y hoy vuelven a ser los paganos de este marrón de corrupción y acoso como lo fueron con el parto de la mal llamada transición que dio a luz una democracia carcomida desde la cuna por los poderes fácticos, por la oligarquía franquista, por el capital por su rapiña y corrupción. 

Duele, la complicidad en el apoyo al envío de armas a Ucrania para prolongar una guerra, ansiada por la oligarquía, para el rearme militar y para promover una guerra generalizada contra la Federación de Rusia y que ha servido, además, para dar alas a la aberración de la extrema derecha convertida en monstruo que recorre el mundo de manos de los Estados Unidos y el “trumpismo”.  

Duele, la complicidad pasiva en la ausencia de condena contundente al imperialismo estadounidense, a sus asesinatos en el Caribe y a su piratería y acoso de Venezuela. 

Duele, porque el relato que vende la derecha extrema está construido sobre la desigualdad, el genocidio, el vasallaje al imperialismo, la falsedad, el patriarcado, el machismo y la xenofobia, relato al que no se podía brindar mayor favor que añadir la mancha de la corrupción y el acoso en quienes se supone representan su antítesis.

El relato aberrante de la extrema derecha cuenta, ahora, con un nuevo hito que añadir a la guerra cognitiva con la que contamina a la ciudadanía ¡son todos iguales! 

El capitalismo pare monstruos y la derecha extrema es uno de ellos, un monstruo que para crecer no necesita, sino que la izquierda se mimetice con el sistema y no ofrezca otra alternativa que no sea el propio capitalismo edulcorado y maquillado que, inevitablemente, seguirá generando corruptores y corrompibles, acosadores y acoso, miseria y desigualdad. 

Después de tanto dolor no queda otra que volver a empezar, sin hipotecas ni falsas coaliciones intentado ganar, con profunda autocrítica, desde la movilización, la concienciación y la organización, la confianza de la mayoría desde la certeza de que con el capitalismo no hay futuro. 

Y si así no podemos seguir, pues no sigamos. 

“… la dinámica de acumulación capitalista produce, reproduce, transforma, renueva y mantiene las relaciones jerárquicas y de la opresión, … El capitalismo siempre existe en las formaciones sociales concretas, cada una de las cuales tiene su propia historia específica. … estas formaciones sociales se caracterizan por la presencia constante y omnipresente de la opresión de género.” Cinzia Arruzza. “Reflexiones degeneradas:  Patriarcado y capitalismo”.

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