Entrevista sobre la República Popular China a un comunista bilbaíno residente (1)

En China se construye honestamente una democracia del pueblo cada vez más intensa. Los principales mecanismos son los siguientes: En primer lugar, la elección directa de representantes de las Asambleas Populares locales, los cuales a su vez eligen a los representantes de instancias superiores, hasta llegar a la Asamblea Popular Nacional. Las personas elegidas no tienen por qué ser militantes del Partido Comunista de China, y pueden serlo de uno de los ocho partidos que, junto con el PCCh, forman el sistema político de cooperación multipartidista del país.

David Fuente es un comunista vasco que lleva varios años residiendo en la República Popular China. Está estos días por Euskal Herria, de hecho, ha ofrecido una charla el pasado 27 de enero en Bilbao sobre la realidad del gigante socialista asiático, y hemos aprovechado para poder tener una conversación con él.

La primera pregunta es obligada, ¿Qué hace que un joven de Bilbao resida en la RP China y cómo que has aterrizado tan lejos?

Llegué en noviembre de 2022, cuando las restricciones por el Covid lo permitieron, para realizar un doctorado en teoría marxista. Desde que acabé un máster en sociología en México en 2016, y mi universidad publicó la investigación que realicé (La disputa de «La ruptura» con el muralismo (1950-1970): Luchas de clases en la rearticulación del campo artístico mexicano), supe que quería dedicarme a la investigación en el campo de las ciencias sociales y hacer un doctorado. Pero no me atraía la idea de comenzar inmediatamente, porque hacerlo me impediría tener el tiempo para profundizar en la teoría y madurar mi conocimiento, y el doctorado se convertiría en una especie de master largo.

Quería trabajar y estudiar por mi cuenta antes unos años. Ya había comprobado cómo los ritmos académicos obligan a tomar decisiones en mitad de un clima intelectual antimarxista, así que era necesario prepararse. Mi descubrimiento de la teoría marxista había tenido lugar durante el primer o segundo año de la licenciatura en Bellas Artes, hacia 2009. Fue por una doble vía. Necesitaba respuestas científicas (y políticas) ante la crisis económica de 2008 y sus consecuencias, pero también sobre el diferente papel del arte en el desarrollo de la humanidad y sus enormes transformaciones.

El primer intento que emprendí de comprender el marxismo fue a través de los textos de los autores clásicos sobre arte. Mis simpatías científicas y políticas se pusieron de inmediato del lado del marxismo, y encontraron en él elementos para superarse; un trampolín desde el que pensar más alto y más lejos; un enorme trampolín que había que estudiar lo más profundamente para aprovecharlo en toda su potencia.

Supongo que la fortuna de iniciar por este punto me inmunizó contra muchas de las vulgaridades que se dicen sobre los clásicos del marxismo. Había aprendido de ellos, directamente, que no tenían una visión economicista estrecha, sino toda una concepción integral del desarrollo de la humanidad, desde las relaciones económicas hasta las producciones estéticas. Su método y sus concepciones, incluso cuando ellos mismos las resumían en grado sumo, lejos de esquematismos, eran para mí claves potentísimas para separar la paja del grano y comprender las cosas.

Tuve la suerte de adentrarme a las ciencias sociales de la mano de Marx y Engels y de poder descubrir, gracias a ellos, tantos embarrancamientos que posteriormente había engendrado la ciencia social burguesa.

Fue una verdadera suerte este comienzo, y desde entonces he defendido cuanto he podido el estudio de los clásicos, al ir comprobando a mi alrededor todos los patinazos teóricos que se producían sin esta base. Luego también fui comprobado que similares distorsiones se lanzaban contra grandes aportes soviéticos. En fin, que incluso entre las presuntas filas del marxismo, se colaban planteamientos eclécticos y, en el fondo, enemigos del marxismo.

A la vuelta de México, tras unos trabajos y una beca de investigación en historia del arte ajena a ningún doctorado, un buen amigo y luchador saharaui bilbaíno, que conocía mis preocupaciones, me dijo: “David, ¿tú no querías hacer un doctorado? Mira esta beca para estudiar en China”. No era algo que estuviera entre mis planes. De hecho, mi intención era hacer un doctorado en castellano, probablemente de nuevo en México. Pero exploré la opción.

Cuando comencé a paladear la posibilidad de estudiar marxismo en la academia de la primera potencia socialista del mundo, evidentemente la cosa comenzó a volverse de lo más atractiva. Se trataba de estudiar en un país donde el marxismo es algo vivo, activo; la guía teórica de un floreciente desarrollo. Mientras que aquí… estaba olvidado o maltratado, incluso entre sus presuntos defensores. En la Universidad uno tiene que mover cielo y tierra para dar con un solo profesor que sepa algo del tema, y por el camino se choca con un variado ejército de antimarxistas (desde ultraconservadores hasta la izquierda posmoderna “neormarxista”, “postmarxista”… en fin).

Para aquel entonces había participado activamente unos años en grupos de estudio y difusión del marxismo (Seminario de El Capital de Sarriko, Seminario de estética marxista-leninista de Leioa y la Asociación Cultural Volver a Marx). Eso, junto con la militancia que había iniciado al regresar de México y las pocas oportunidades laborales, me hicieron concluir que ahora sí, cuatro años más tarde, era el momento adecuado para iniciar el doctorado. Además, un doctorado en marxismo en un espacio amigable en el que había muchísimo que aprender.

Rellené el papeleo de la beca a finales de 2020. Cuando me comunicaron la aceptación en abril de 2021, este vino acompañado de una peculiaridad: el compromiso de cursar el programa en chino, no en inglés, y el ofrecimiento de un año previo gratis de estudio del idioma. Tampoco estaba en mis planes. Lo sopesé 24 horas de manera intensa. La cosa se planteaba así: ¿renunciar o no renunciar a estudiar un doctorado en marxismo, en chino, becado en la principal potencia socialista del mundo? Lanzarse daba respeto, parecía cosa imposible. Pero lo verdaderamente aterrador era desistir a semejante oportunidad. Ya no había otros planes de vida interesantes después de que esta puerta se hubiese entreabierto. Un amigo con experiencia en China me animó con fundamento, y me lancé.

Debido a la pandemia, tuve que realizar online todo el curso de chino. Por eso llegué al país en el curso 2022-2023, ya directamente para empezar el doctorado.

Mi nivel de chino aún es malo y no he podido aprovechar las escasas clases de doctorado como me habría gustado. Esto espero resolverlo. Pero jamás había tenido tanto tiempo y un clima tan amigable para estudiar marxismo-leninismo de la noche a la mañana.

Mi comprensión ha madurado profundamente, desde el estudio constante de los clásicos hasta de las experiencias de construcción del socialismo y la historia del movimiento comunista en occidente, y particularmente en el Estado español. En esta maduración incluyo una conciencia más clara de las lagunas que aún hay que llenar y la convicción de que el marxismo-leninismo es un enorme edificio teórico en construcción, para cuyo dominio aún hace falta mucha dedicación individual y mucho esfuerzo colectivo.

La beca que estoy disfrutando se publica todos los años hacia diciembre, y animo a que más gente aproveche la oportunidad. Es tanto para estudios de grado y posgrado, como de idioma.

La segunda pregunta también es obligada… hay diversos comunistas que niegan el carácter socialista a China… Nos imaginamos que para ti es un Estado socialista…¿Qué argumentos tendrás para darles a esos descreídos?

A veces, la formación escasa, el esquematismo y las legítimas ansias de transformación radical, dan como fruto una mala comprensión de la realidad; incluso una concepción dañina. Pero estoy seguro de que los crecientes logros del socialismo chino van a ir esclareciendo su naturaleza mucho mejor que mis explicaciones.

No obstante, cuando antes y más profundamente se dé la solidaridad internacionalista con el socialismo chino, tanto mejor también para las transformaciones en el Estado español. Una forma de mantener dominada a la clase obrera de nuestro país es cultivando en ella, a través de toda la prensa imperialista, una perspectiva distorsionada sobre China.

China no abandonó la senda del socialismo en 1978, con la política de Reforma y Apertura. Lo que hizo fue comenzar a aprovechar los mecanismos de mercado para, en un contexto de paz interna sostenida, desarrollar más rápidamente las fuerzas productivas y alcanzar, en menos tiempo, una fase superior de la construcción socialista y una posición más fuerte respecto a la amenaza imperialista. La Reforma y Apertura está dando frutos clarísimos en estos dos sentidos, mientras las condiciones de vida del pueblo chino mejoran cada lustro.

El imperialismo trata de convencer a los trabajadores de sus países de que China es un país capitalista, incluso, se ha dicho, el más capitalista de todos; el de capitalismo más salvaje. Esto es una vulgaridad acompañada de propaganda y ocultamiento. China mantiene uno de los órdenes políticos que más incomodan a los ideólogos de la burguesía, unas gigantescas empresas públicas y un sistema multilateral de conducción económica que no está al servicio de la ganancia privada, sino del bienestar popular. Y es que en China los ricos pueden hacer negocios dentro del marco legal socialista, pero no tienen el poder.

Desde que en la pasada década el país alcanzó una nueva era de desarrollo, el ritmo de crecimiento económico ha sido ralentizado en provecho de un desarrollo más armónico y multilateral. China pudo hacer esto gracias al crecimiento previo. Esto no puede olvidarse. El socialismo no se construye en un laboratorio, sino con las condiciones objetivas y subjetivas de una sociedad en una determinada etapa de desarrollo, y bajo la constante amenaza imperialista.

Las crecientes conquistas científicas, sociales y culturales terminarán de convencer a quienes quieren juzgar a China a partir de un puñado de frases y unos pocos datos inconexos, y no en función de su desarrollo integral desde 1949 o desde 1978 (para sí y para los pueblos que aspiran a la libertad y la paz).

Escribí unos artículos sobre la economía de mercado socialista, que es la base económica de la actual República Popular China. Creo que puede interesar a quien le inquiete esta pregunta:

Lo que es innegable es que la sociedad china está dirigida por el Partido Comunista de China… ¿De qué manera ejerce esa dirección y que participación tienen los ciudadanos chinos en la toma de decisiones?

Sí, la dirección del PCCh es la esencia del socialismo chino. El PCCh está constituido por la vanguardia de la clase obrera y del pueblo chino. Sin esta vanguardia guiando al pueblo, no habría nacido la nueva China en 1949 y no habría sido posible construir la modernización socialista de un país de más de mil millones de personas. Sin ella, China sería un país semicolonial que gravísimos problemas de miseria.

Quienes defienden (por cierto, con total impotencia) la ruptura del actual modelo político chino y el abandono de la función directriz del PCCh, defienden, lo sepan o no, la neocolonización de China y la destrucción de los logros alcanzados durante los últimos 76 años. Atacar al PCCh es atacar a la fuerza-núcleo, constituida por casi 100 millones de chinos, que ha asegurado ese desarrollo que todo el mundo ya reconoce.

Si el PCCh ha cometido errores en la difícil tarea de lograr la liberación revolucionaria y construir el socialismo, los ha reconocido ante sus militantes y ante su pueblo, porque sabe ser una fuerza dirigente proletaria. Ningún ser humano puede emprender ninguna iniciativa, y menos una iniciativa complicadísima como esta, sin cometer errores.

Ni siquiera Marx, Engels o Lenin acertaron siempre. Ya dijo Lenin que la tarea consistía en cometer los menos errores posibles y los de menos gravedad posible, y rectificar lo antes posible. La otra opción es el capitalismo, sus guerras y sus crímenes. La perfección no existe sino como proceso infinito de rectificaciones. La “perfección” de la RPCh consiste en su proceso de desarrollo siempre sometido a ajustes. El PCCh sabe de sobra las insuficiencias que aún hay que afrontar, y su “perfección” radica en que estas se van reduciendo año tras año. La construcción del socialismo es una tarea histórica de largo aliento.

La democracia socialista china tiene varios mecanismos y está en continuo desarrollo. Según la teoría burguesa, las potencias imperialistas tienen un sistema de partidos que asegura la democracia. Pero sabemos que estas potencias tienen una política económica, diplomática y militar ajena a su propio pueblo y hostil a la mayoría de su pueblo (y por supuesto, hostil a otros pueblos). Mediante un complejo sistema de poder económico, político y mediático, y a través del manejo constante de la mentira y la actividad encubierta, incluido del terrorismo de Estado, la forma democrática representativa de las sociedades burguesas modernas funciona de hecho, en estos países, como una forma de dictadura de la oligarquía financiera, mucho más sofisticada que la dictadura unipersonal y abierta. Mediante un rodeo democrático, manda la oligarquía financiera.

Por el contrario, en China se construye honestamente una democracia del pueblo cada vez más intensa. Los principales mecanismos son los siguientes:

En primer lugar, la elección directa de representantes de las Asambleas Populares locales, los cuales a su vez eligen a los representantes de instancias superiores, hasta llegar a la Asamblea Popular Nacional. Las personas elegidas no tienen por qué ser militantes del PCCh, y pueden serlo de uno de los ocho partidos que, junto con el PCCh, forman el sistema político de cooperación multipartidista del país.

En segundo lugar, la participación consultiva que ejerce la población ante las políticas decisivas, aportando opiniones y sugerencias y supervisando el cumplimiento de los acuerdos.

En tercer lugar, la participación popular en la elaboración y modificación de las leyes. En cuarto lugar, la participación popular en la gestión pública. Como los chinos están construyendo el socialismo, es decir, la prosperidad común, consideran que esta construcción democrática también debe estar en desarrollo y ampliación.

La crítica imperialista al modelo político chino en realidad no tiene detrás ninguna preocupación real por la democracia en China o el bienestar del pueblo chino. Lo que evidentemente desea el imperialismo es encontrar cauces que permitan prosperar sus deseos de injerencia política en China, como por ejemplo ha logrado en países de América Latina no solo con golpes de Estado, sino con golpes blandos y complicidad de la élite local. Mientras esto no suceda, calificará a los países independientes de “autoritarios”. Por su parte, el PCCh tiene una vasta experiencia en la lucha contra el imperialismo.

Los teóricos liberales occidentales combaten la democracia socialista china y la tergiversan, en el mejor de los casos, del siguiente modo. Según ellos, el PCCh domina la esfera política y contenta al pueblo económicamente, manteniendo un reparto de tareas. Pero es evidente que, si esta fuese la verdadera naturaleza de la relación, el proceso hace tiempo que habría degenerado.

Algunos incluso pretenden orientalizar lo que sucede en China, y presentan a su gobierno como un ejemplo tecnocrático virtuoso que nunca podría, en sus rasgos generales, alcanzarse en occidente. Es una forma distintiva de pensamiento burgués esta de tratar los logros chinos como insólitos, y vincularlos unilateralmente a su cultura. También así es como intentan que los trabajadores de occidente no saquen lecciones de los logros de sus hermanos chinos, vietnamitas, cubanos… antaño soviéticos, etc. Los liberales no entienden ni quieren entender los hilos objetivos y subjetivos al PCCh con el resto del pueblo (del cual el PCCh es su parte más consciente y activa; el 10% de la población adulta). En realidad, el PCCh ha sido la gran fuerza que ha dinamizado la organización y la participación popular, y que ha coordinado el trabajo con otras sensibilidades políticas, logrando que el país se modernice y prospere.

Los estatutos del PCCh sintetizan muchos puntos nodales de la experiencia socialista china. Su estudio es una tarea relevante también para nosotros:

Otro documento crucial para asimilar sus principales conclusiones es la “Resolución del Comité Central del PCCh sobre los importantes éxitos y las experiencias históricas del Partido en su centenaria lucha”.

Fuente: Haize Gorriak

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