Espacio de debate (1)

A propósito de Jugar con fuego, artículo firmado por Agustín Moreno, publicado en Público y reproducido ayer mismo en estas hojas.

Si antes la invitamos a expresar su opinión, antes hubiéramos tenido la de nuestra vieja amiga (que no mayor) Concha González. Tan pronto leyó lo de «Jugar con fuego», sacó sus trastos de escribir opinando y nos hizo llegar el siguiente texto:

«Conocemos y respetamos la figura de Agustín Moreno, su trayectoria sindical y política y su buena pluma al servicio de una cabeza bien estructurada, una voluntad democrática y un estilo muy razonado y razonable.

Precisamente por ello, su artículo Jugar con fuego nos provoca la necesidad de comentarlo en su forma y en su fondo para que la lectura de tan aquilatado texto se enriquezca con otras aportaciones más allá de las muchas ofrecidas por el autor.

Y ya que éste nos habla de que algunos, ciertamente, están jugando con fuego y creando un trasfondo dramático, nos queremos permitir un recordatorio de cuando los tiempos de la clandestinidad antifranquista, en la que los comunistas se movían buscando compañeros de viaje hacia la democracia. Y no había tantos como se deseaba. Y, a veces, se hacían dos reuniones: una de comunistas y otra con el añadido de algún cristiano de base que estuviera practicando, a la buena de su dios, lo del diálogo cristiano-marxista. Al primer tipo de reunión se las consideraba «a nivel de partido» y a la segunda modalidad (¡oh ironía!) se las ubicaba «a nivel democrático». La diferencia básica entre las dos era que «a nivel democrático» se hablaba de lucha reivindicativa hacia la democracia y «a nivel de Partido» se hablaba de revolución. Por lo menos hasta que se instaló el eurocomunismo.

La utilización o no de determinadas palabras ofrece señas de identidad y alcance de la propuesta. Por eso les propongo un esfuerzo de comprensión lectora para entender tanto el significado de las palabras como el sentido dentro del argumento total de lo que escribe Agustín Moreno: Una larga y contundente lista de déficits de nuestra clase dominante que deambula entre la derecha y la derecha extrema y no ayuda para nada «cuando más se necesitaría unidad y colaboración de todas las fuerzas políticas y sociales». Este texto entrecomillado lo escribe Agustín como la bella persona que es y como si la unidad y colaboración fuesen cosa de buena voluntad y mejores intenciones. ¿Desde cuándo el interés general ha estado por encima del interés de clase?

No deja de ser certero y exhaustivo nuestro Agustín en la redacción de la lista de los desmanes de nuestra burguesía y de su derecha-extrema-derecha, pero para completar el cuadro de los que juegan con fuego nos parece necesario (quizás en otro artículo) mirar también hacia otro grupo de intervinientes y describir y analizar la estrategia que sigue la autoproclamada izquierda, transformadora, rupturista, reformista o coaligada (según qué día) para oponerse a la Derecha patriotera, sin olvidarnos de las torpezas sociopolíticas que solemos cometer y que operan a favor del Capital.

No estaría de más que debatiéramos sobre la conciencia de clase (de ambas clases), el oportunismo, la socialdemocracia, la batalla ideológica y cultural, la crisis de la militancia frente a la diversidad del activismo… Agustín Moreno nos ha ofrecido un magnífico artículo a nivel democrático. A lo mejor y a partir de su ponderado texto nos podemos montar un debate (y sacar conclusiones) a nivel de Partido».

Concha González. Jubilada, Valdepeñas.

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