Los desatinos de Enrique Santiago y su grupo ponen en peligro la existencia misma del PCE

Enrique Santiago ha sido con creces el peor secretario general del PCE desde que se fundó hace más de 100 años.

Menos mal que solo quedan unos días para la celebración del XXI Congreso del PCE del que saldrá una nueva dirección política con el trabajo y el impulso de la militancia comunista. De lo contrario, el caciquismo, el autoritarismo y el desprecio de Enrique Santiago hacia el PCE, a su militancia, -la poca que queda-, y al prestigio del Partido, lo liquidaría en pocos meses, entre él y su colaboradores. 

Unos días antes de ser elegido secretario general hace más de cuatro años, le comenté por teléfono a Enrique Santiago que me gustaría que fuese el próximo secretario general de todas y todos los comunistas designado en el XX Congreso de diciembre de 2017. Después de un tiempo y viendo que realizaba todo lo contrario de lo que esperaba de él, le mandé un escrito personal del cual entresaco unos pequeños párrafos: 

«El autoritarismo, la imposición sin previo debate democrático, sin amplia participación, es la antítesis del marxismo-leninismo… De momento no quiero seguir hablando de tus malas artes, tú sabes muy bien cuál es mi posición política y organizativa dentro y fuera del partido, solo te digo que un dirigente que desprecia a la militancia, como tú has hecho en varias ocasiones, no es un buen dirigente. Recuerda, ya te lo dije, no tienes madera de dirigente. Con autoritarismo, con medidas internas represivas y anti-estatutarias, no se construye, se destruye. Y como también te dije, como sigas así podrías ser el principal responsable de liquidar el PCE.» 

Nunca me respondió a mis escritos.

Desgraciadamente no me equivocaba sobre él. El tiempo ha demostrado que Enrique Santiago no ha querido ser el secretario general de toda la militancia. Junto a su grupo, ha preferido hacerlo actuando al margen de la militancia comunista de base, invirtiendo tiempo y energías en destruir el PCE, política y orgánicamente. Hoy el PCE, lo poco que queda de él, es puro espejismo de lo que fue durante tantos años a lo largo de los más de 100 años de existencia.

Solo unos ejemplos:

          – Se cargaron el proyecto político de IU, justamente cuando empezaba a tener una mayor influencia política y social.

          – Han boicoteado todos los acuerdos políticos del XX Congreso que tuvieron el 80% de apoyo de las delegaciones, simplemente ignorándolos junto a los principios de nuestro gran PCE.

          – Se han convertido en auténticos gestores de la política socialdemócrata o reformista y a veces, incluso, de derechas del gobierno de coalición. 

          – Se han convertido en lacayos del imperialismo asesino de EE.UU y la OTAN.

          – Han destruido lo poco que quedaba del internacionalismo proletario, etc., etc.

Sumando por la derecha y restando por la izquierda.

Y por si fuese poco, las tropelías de los últimos días que son simplemente inaguantables. Así, apenas unos días para la celebración del XXI Congreso, convocado en su momento para  los días 8, 9, y 10 de Julio próximo, deciden acortarlo un día (el 8 de julio) con el pretexto de que la dirección pueda asistir al acto de lanzamiento «sumar» de Yolanda Díaz sin dar ocasión a que las delegaciones se pronuncien sobre esta propuesta de nueva coalición. ¿Acaso Yolanda Díaz no tenía otra fecha para ese acto en los 365 días del año cuando sabía perfectamente que estaba convocado el XXI Congreso por el Comité Central del PCE? Es posible que algunos militantes no fuesen conocedores de las fechas del XXI Congreso, pero Yolanda Díaz lo sabía porque forma parte de la dirección actual del PCE. Entonces me pregunto, ¿es más importante un proyecto de movimiento personalista, que nadie ha debatido, que no conocemos, que la celebración de un Congreso del Partido Comunista donde se debaten y acuerdan las políticas a desarrollar y se nombra una dirección para cuatro años?

Claro que saben muy bien que es mucho más importante el Congreso. Lo que se pretende, a mi entender, es hacer la jugarreta de lanzar este proyecto fantasma antes del Congreso, para presentarlo como hecho consumado y hurtar así el debate dentro del Partido y dentro del propio XXI Congreso. Sencillamente, una cacicada impresentable. O lo que es lo mismo, una tomadura de pelo a la militancia.

Por si fuese poco, ahora deciden, además, pedir a las delegaciones de los partidos comunistas y obreros hermanos, que no asistan al XXI Congreso y que vengan solo a la fiesta del PCE en septiembre próximo, ¡qué grosería, qué despropósito! Una decisión inédita. En más de 55 años de militancia en el PCE no había visto algo semejante. 

Ilustración: Fernando Francisco Serrano.

Años atrás, junto a camaradas del PCPV-PCE, me tocó organizar en el pabellón de Valencia de la Casa de Campo durante las fiestas del PCE, la comida de hermandad con todas las delegaciones extranjeras y sé muy bien la importancia que estos eventos tienen. Es inadmisible que lo que se viene haciendo en todas las fiestas del PCE, pueda servir ahora de excusa para no invitar a estas delegaciones  foráneas al XXI Congreso del Partido. En este caso, se trata de invitaciones estrictamente políticas y organizativas, por lo que resulta imposible entender que ahora se cierren las puertas del XXI Congreso a los camaradas del exterior, con los que siempre nos sentimos unidos en la defensa de la clase obrera y de las capas populares. Lo dicho, un auténtico despropósito. Hay que invitar y estrechar lazos con los partidos comunistas y obreros del mundo, tanto en el Congreso como en la Fiesta del PCE, así como en cualquier acontecimiento que se considere necesario. Si no, ¿cómo avanzar en el necesario internacionalismo proletario? 

Expuesto todo esto, solo diré que Enrique Santiago ha sido con creces el peor secretario general del PCE desde que se fundó hace más de 100 años.    

Ahora tengo la esperanza de que todas las delegaciones al XXI Congreso sean conscientes de la grave situación del PCE y democráticamente designen una nueva dirección con la suficiente capacidad de ser seria, coherente y respetuosa con la legalidad partidaria, con los acuerdos congresuales, con  la militancia y sobre todo firme defensora de los intereses de la clase trabajadora y de las capas populares.   

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