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25 Años de Motril Acoge.

Crónica de una Solidaridad Transformadora (2001-2025)

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A finales del pasado siglo, la costa granadina se encontraba en un punto de inflexión demográfico y social. La llegada de flujos migratorios a nuestra frontera sur era una realidad que requería de la creación de una arquitectura civil capaz de articular el apoyo al colectivo inmigrante desde una perspectiva de derechos inalienables. En este escenario, Motril Acoge, tomando ejemplo de otras organizaciones, surgió no como una simple entidad de beneficencia, sino más bien como respuesta social a los conatos de rechazo que, por desgracia, son frecuentes en los ‘países acomodados’. Su primera guía fundamental: la solidaridad y la defensa de los derechos universales.

El acto inaugural tuvo lugar el 11 de mayo de 2001, con una presentación pública en el centro cultural de La General en Motril, a cargo de Rafa Martínez, representante de la asociación, y de Luis Carlos Nieto, miembro de Jueces para la Democracia e impulsor en ese momento de las prestigiosas Jornadas de Derechos Humanos y Migraciones en UNED-Motril. Nieto, en su intervención, subrayó que Europa debía someterse a un «test de democracia» para evaluar su capacidad de sostener los principios de los derechos humanos frente al fenómeno migratorio.

Este planteamiento marcaba una diferencia básica con la caridad tradicional: el objetivo fundacional era «promover la solidaridad entre quienes sufren un déficit de derechos humanos», desplazando el foco de la compasión hacia la justicia y abrazando los principios de paz y transformación social. Motril Acoge se definió desde su origen como un movimiento civil independiente, dispuesto a asumir la realidad de las fronteras en los tiempos que se avecinaban.

En sus primeros años, la asociación se centró en dar visibilidad a una realidad que sólo ocupaba espacios en los medios de comunicación de forma marginal y sesgada. Es lo que se pretendía con las primeras memorias de actividad y con las campañas para la normalización administrativa o para el acceso a la salud, con actos simbólicos como el lanzamiento de flores al mar para denunciar que el naufragio de pateras se viese como algo natural, y con programas de radio como «El inmigrante imaginado» donde se discutía sobre la imagen que transmitían los medios y se intentaba desmontar.

Se trataba, además, de transformar la percepción pública de la inmigración en Motril, pasando de la narrativa de la «amenaza» a la del «encuentro». Sin embargo, el endurecimiento de las políticas migratorias obligaron a la organización a centrar su atención en las barreras físicas que comenzaban a levantarse. El periodo entre 2006 y 2010 estuvo marcado por la entonces llamada «crisis de las pateras» y por una creciente militarización fronteriza; a lo que Motril Acoge respondió endureciendo el tono reivindicativo por la implementación de medidas que incluso atentaban contra la integridad física, como sucedía con la instalación de concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla. Por esta época se programaron diversos ciclos de cine dedicados a la inmigración Estos ciclos solían contar con sesiones matinales dirigidas a centros educativos y sesiones de tarde para el público en general.

En la lucha por la vida frente a la “necro-política de frontera”, la asociación dio soporte en Motril a la movilización contra los CIEs, denunciando que privar de libertad a personas por una falta administrativa era contrario a la idea tradicional de Estado de Derecho en Europa. También, en esta línea, se promovieron actos de memoria y homenaje a las personas fallecidas en la travesía del Mediterráneo, como forma de dotar de rostro a las frías estadísticas. El lema «Homenaje a la voluntad de vivir» sintetizó el reconocimiento a la esperanza de quienes cruzan el mar para buscar una vida mejor.

En definitiva, se defendía la libertad de movimiento como un derecho fundamental. No obstante, la “crisis del ladrillo» obligaría a redefinir la ‘Acogida’ en un contexto de vulnerabilidad compartida. Las fronteras de la exclusión quedaron difuminadas, afectando tanto a la población migrante como a la local, y Motril Acoge hubo de ampliar su campo de acción hacia una lucha integral por los derechos sociales, reforzando el concepto de ‘trabajo en red’ e integrándose en cuantas plataformas ciudadanas trabajasen por esos derechos como eran, por ejemplo, la Plataforma por la Paz o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. La acogida ya no era sólo ayuda directa, sino un proceso de empoderamiento político.

Durante la segunda mitad de la década de 201x, nuestra asociación se caracteriza por una intensa incidencia política frente a las estructuras de detención temporal en el puerto de Motril y la oposición a la creación de un CIE en los antiguos cuarteles del EVA-9. En este periodo se produce una manifiesta dicotomía: por un lado, un abandono institucional, donde las personas eran «abandonadas a su suerte» en la calle tras las 72 horas de custodia policial; por otro, una respuesta civil organizada. Motril Acoge, como otras organizaciones en las principales ciudades, denunció esta falta de valentía de las autoridades para abordar la migración desde los derechos humanos, cubriendo con voluntariado el vacío de atención humanitaria.

Recordando a las víctimas. Reivindicando de manera constante y firme vías seguras para la migración.

También el arte fue utilizado como herramienta de denuncia. A los anteriores ciclos de cine y exposiciones, Motril Acoge añadió la edición del libro de poemas «Alambradas», de Ana Constán, y de la novela “Tengo un sueño. El regreso de Pangallo”, de Joaquín Pérez, ambos con la temática de la inmigración como fondo.

En los últimos años, podemos enorgullecernos de la consolidación de Motril Acoge como un referente ético de la comarca, basado en su tradición de ‘trabajo en red’ como recurso imprescindible para la supervivencia y éxito del tercer sector en la zona. Tras veinticinco años de existencia, nuestra asociación sigue empeñada en que la solidaridad sea el vehículo justo para desafiar esas estructuras de exclusión que impiden el ejercicio efectivo de los derechos, y sigue convencida de la validez de sus principios-guía:

  1. La migración como derecho humano básico.
  2. Rechazo absoluto a las políticas de detención que criminalizan la pobreza y la movilidad.
  3. La acogida como proceso mutuo, cuyo objetivo es «cambiar miradas», tanto a quien llega como a la comunidad receptora.
  4. Dignidad por encima de la situación administrativa. El ser humano antes que la burocracia.

Una invitación a derribar no sólo las inhumanas barreras físicas, sino los prejuicios mentales, para construir una sociedad donde la inclusión sea la norma.

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One thought on “25 Años de Motril Acoge.

  • jesus Oliver Pina

    No hay más patria que la Tierra y esa es de todo el mundo.

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