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Apretando las tuercas

Radicalización de las aportaciones críticas al Informe Político del Comité Central del PCE del 26 de abril.

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La lectura atenta de las aportaciones críticas  al Informe Político del Comité Central del 26 de abril   a nuestro juicio resulta muy procedente en su denuncia de la deriva meramente reformista que la impone al partido la participación en el gobierno de coalición; pero aun así las encontramos muy limitadas a la hora de exigir responsabilidades por la actual situación de la organización comunista del PCE.

La orientación y la deriva hacia las posiciones netamente reformistas se remontan a un periodo muy anterior a los diez años; se inician con la contraofensiva neoliberal en el ámbito de las democracias liberales-capitalistas tras el supuesto colapso del bloque socialista que siguió a la disolución de la URSS [1]En realidad el reformismo en el comunismo español es incluso muy anterior, pues se remonta a la llamada transición, cuando el pactismo a ultranza llevó a las consabidas renuncias ideológicas.. Desde ese entonces, el proceso de reconversión de las fuerzas comunistas occidentales hacia los postulados socialdemócratas ha sido constante e intenso, ya que los sistemas políticos liberales no se pueden permitir el lujo de prescindir de instituciones partidistas alternativas para escenificar el proceso de legitimación mediante la representación política constituida por sufragio universal: es la puesta en práctica de la alternancia como ficción política engañosa.

Para eso mismo se inició en su día el proceso de desideoligización promovido originalmente por las agendas políticas woke; un patético intento por crear controversias políticas artificiales mediante su mera reducción a la contraposición de los derechos e intereses de las minorías y el reconocimiento de unas identidades grupales que, además de encauzar la polémica lejos de los verdaderos derechos sociales, atomizaron la cohesión social en eternas disputas entre sujetos sociales fragmentados y escindidos; sujetos que nada tienen que ver con la desigualdad en las condiciones materiales de la vida que diferencia a las distintas clases sociales.

Daría la impresión de que los resultados de esa experiencia han conducido a una situación radicalmente distinta a la que pretendían las élites burguesas capitalistas dado que lo que han conseguido es que la base social, la que tenía que legitimar el proceso político liberal con su participación, se desentienda desde unas crecientes desafección y abstención electoral; desafección política que hace mirar a esa misma base social hacia la ultraderecha fascista como una  genuina opción antisistema, y no como la radicalización de las mismas políticas antisociales que reclama y aplica la clase corporativo-burguesa para seguir adelante con su proceso de acumulación y concentración del capital.

En este punto de la historia se produce una doble crisis: la de las instituciones políticas, por un lado, en particular de los partidos políticos porque han estado contribuyendo al aumento de la desigualdad, creando esas condiciones propicias para la reproducción del capital al desmontar las políticas de protección social y al recortar los derechos laborales legislatura tras legislatura.  Por el otro lado, se produce una crisis de las instituciones internacionales que también responde a este proceso de concentración del capital transnacional en los centros del poder financiero mundial, los mismos ámbitos que se han convertido en los genuinos agentes del imperialismo que predijo el análisis de Lenin sobre la evolución del capitalismo internacional; una crisis seguida por el rosario de guerras y conflictos promovidos por ese capital transnacional para hacerle frente al desafío que le plantea la competencia política desde los exitosos procesos de las potencias emergentes, en especial de las potencias socialistas y su acción genuinamente antiimperialista.

Da la triste impresión de que el documento crítico parece limitarse a reivindicar el retorno de un partido comunista (PCE) que ha estado ausente en todo el proceso anteriormente descrito, recuperando entonces sus genuinos postulados ideológicos en defensa de la clase trabajadora y el antiimperialismo; pero justo cuando la crisis política del sistema liberal necesita de alguna alternativa política para recuperar alguna confianza de sus bases sociales, una alternativa que no sea esa ultraderecha fascista de escaso recorrido histórico por su propia naturaleza política antisocial y clasista. 

De ahí vienen todas esas contradicciones que presenta la justificación de las políticas que exige la participación en el gobierno de coalición enumeradas por el documento de aportaciones críticas al Informe. De ahí la denuncia cuantificada del robo de la plusvalía a los trabajadores españoles por el capital nacional e internacional, al tiempo que la falta de auténticas políticas sociales y la aceptación casi resignada de los recortes laborales, reforma tras reforma de la correspondiente legislación. De ahí el intento de critica parcial a la política internacional del gobierno español por su oposición a las acciones de la actual Administración estadounidense en Oriente Medio, pero también su negativa a abandonar la OTAN como la genuina organización militar-imperial occidental sometida a los intereses del hegemón estadounidense. De ahí esa absurda pretensión de querer presentar una supuesta neutralidad por el establecimiento de acuerdos con la potencia china, al tiempo que se promueve una suicida confrontación bélica con su aliado estratégico y militar, la Federación Rusa, a través de la constante propaganda rusofóbica y la participación en su guerra proxy con la OTAN en Ucrania. De ahí la falta de decisión para solventar el problema de la vivienda, ignorando que está reconocida como un derecho fundamental en la Constitución Española junto con el trabajo; aunque ninguno de estos derechos pasa de ser otra cosa que tinta impresa porque se confía su satisfacción al criterio del mercado laboral y del alquiler. De ahí la falta de ningún interés por solventar la situación económica y social de una emigración que no necesitaría someterse a la abusiva explotación laboral por el empresariado español si no llegaran a este país huyendo de la pobreza en el suyo.

A la vista de lo expuesto, parece algo tarde para retomar la lucha política por una organización comunista que se ha estado alejando de su verdadero patrimonio ideológico a lo largo de una fase histórica del capitalismo justo cuando este llega a su fin, sin que el partido se haya constituido en esa verdadera alternativa de poder de los trabajadores frente al poder de la burguesía capitalista y de su afán por enriquecerse a costa de la explotación laboral. Al final, por todo esto mismo es por lo que la propia socialdemocracia se encuentra en sus horas más bajas desde la II Guerra Mundial, cuando encaramos la III y más peligrosa, sin la existencia de otras alternativas aparentes que las de la ultraderecha fascista en Europa y Occidente. La historia parece repetirse, esperemos que ahora sea como comedia.

Notas

Notas
1 En realidad el reformismo en el comunismo español es incluso muy anterior, pues se remonta a la llamada transición, cuando el pactismo a ultranza llevó a las consabidas renuncias ideológicas.
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