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La barbarie imperialista y la negación de la humanidad

El exterminio del pueblo palestino continúa en Gaza y Cisjordania y las guerras impulsadas por el eje EEUU-Israel siguen sembrando destrucción y muerte. El imperialismo norteamericano somete a otros países exclusivamente por sus intereses económicos y geopolíticos.

La deshumanización también ha alcanzado nuestras fronteras. Marruecos, con el apoyo de EEUU, utiliza la población migrante como instrumento de presión política. La desesperación de quienes buscan una vida digna en Europa se convierte en moneda de cambio entre Estados. Más de 140 personas han muerto intentando llegar a nuestras fronteras y se alimenta el rechazo hacia quienes buscan oportunidades en nuestra tierra.

Pero la barbarie es también el régimen de guerra que impulsa una nueva carrera de rearme y aumento del gasto militar, mientras se nos dice que no hay recursos suficientes para garantizar derechos básicos como la sanidad, la educación, los servicios sociales o el acceso a la vivienda.

¿Qué sociedad estamos construyendo cuando hay dinero para las armas pero no para garantizar una vida digna? Una sociedad verdaderamente segura no es la que acumula más armamento, sino la que garantiza derechos y condiciones de vida dignas para todas las personas.

Frente al racismo, la guerra y la exclusión debemos recordar algo elemental: antes que nacionales, extranjeros o migrantes, somos seres humanos. Defender la dignidad del pueblo palestino, del pueblo saharaui y de las personas migrantes es defender nuestra propia humanidad.

Frente a la lógica de la guerra, el rearme y la exclusión, reivindiquemos la paz, la cooperación, la justicia social y la dignidad humana.

Nuestra respuesta no puede ser la indiferencia. El domingo 4 de octubre salimos en defensa de las personas migrantes, del pueblo palestino y de todos los pueblos sometidos a la violencia y la dominación.

¡Contra el Genocidio, el Rearme y la Guerra!

Manifestación domingo 4 de octubre

Jardines del Triunfo a las 12:00

Llevamos tres años asistiendo al genocidio contra el pueblo palestino mientras el derecho internacional es ignorado y quienes podrían detenerlo no lo hacen. Gaza ha sido arrasada: las matanzas, el desplazamiento forzoso, la destrucción de viviendas, hospitales y escuelas continúan. Israel no podría sostener esta impunidad sin el respaldo político, económico y militar de gobiernos que siguen vendiendo armas, dando apoyo logístico y manteniendo relaciones con un Estado acusado de graves violaciones del derecho internacional. No basta con condenar un genocidio mientras se sostiene la maquinaria que la hace posible: si queremos dejar de ser cómplices, hace falta embargo total de armas, ruptura de relaciones y sanciones efectivas.

Este 4 de octubre volvemos a las calles para denunciar el genocidio y defender el derecho del pueblo palestino a la libertad, la dignidad y la autodeterminación. Pero Palestina no es una excepción: lo que ocurre en Gaza y Cisjordania, y los conflictos que golpean Líbano, Siria e Irak, forman parte de una crisis profunda del orden internacional, construido durante décadas sobre la dominación de las grandes potencias y el uso de la fuerza para defender intereses económicos y geopolíticos. En la disputa creciente por la hegemonía mundial, quienes siempre pagan la factura son los pueblos: guerras, desplazamientos, hambre y pérdida de derechos.

La Unión Europea no puede responder a esta crisis convirtiéndose en una potencia militar más. Mientras se denuncia la guerra en Ucrania y se dispara el rearme europeo, se mantiene durante años una respuesta insuficiente ante la destrucción de Gaza. El derecho internacional no puede tener una doble vara de medir: no puede condenarse la invasión de un país y mirar hacia otro lado cuando otro pueblo es bombardeado, desplazado y sometido a ocupación. El mismo sistema de poder que arma a Israel pretende convencernos de que la respuesta a las crisis internacionales es fabricar más armas. Cabe preguntarse: ¿seguridad para quién?

Varias declaraciones del Gobierno español parecen haber marcado cierta distancia con Israel, expresando palabras de solidaridad con Palestina, pero mantiene relaciones diplomáticas y económicas con Israel y convive con el mantenimiento de las bases militares de EE.UU. en nuestro territorio, la pertenencia a la OTAN y un incremento extraordinario del gasto militar. El Gobierno dice que España gasta 34.000 millones en Defensa, pero el Grupo Tortuga, sumando lo que se financia fuera del presupuesto oficial —fondo de contingencia, compromisos plurianuales, deuda de armamento—, calcula que el gasto militar y de control social real superará los 80.000 millones en 2026. Mientras tanto, millones de personas siguen sin poder acceder a una vivienda, la sanidad pública acumula listas de espera y miles de trabajadoras sobreviven con salarios insuficientes. Nos dicen que no hay dinero para nuestros derechos, pero siempre aparece dinero para las armas. Queremos presupuesto para vivienda y no para misiles; sanidad y educación públicas, no más contratos de armamento.

Andalucía conoce bien esta realidad: alberga algunas de las principales infraestructuras militares del Estado español y de Estados Unidos. Rota, Morón o Gibraltar no son nombres en un mapa, son parte de una red que proyecta fuerza y sostiene guerras decididas a miles de kilómetros de nuestros pueblos. Andalucía no quiere ser la retaguardia militar de ninguna potencia: queremos que nuestro territorio y nuestros recursos estén al servicio de la vida, no de la guerra.

Palestina demuestra que la escalada militar no es una amenaza abstracta: ya cuesta vidas. Y ahora nos hablan de Rusia, de China, de enemigos exteriores, mientras nos piden aceptar más armas, más bases y menos derechos. No aceptamos ese chantaje: no queremos sociedades construidas alrededor del miedo, ni que la militarización sea la respuesta automática a cada crisis. La clase trabajadora no tiene nada que ganar con las guerras entre potencias: quienes fabrican armas obtienen beneficios, quienes deciden las guerras obtienen poder, pero quienes mueren, huyen y pagan después los recortes somos siempre las mismas personas de siempre. Por eso necesitamos un antimilitarismo y un antiimperialismo activos, no sólo declarativos. Porque la verdadera seguridad es tener una casa, un trabajo digno, una sanidad que funcione, poder cuidar y ser cuidados, y vivir sin miedo.

No vamos a pagar con nuestros derechos una guerra que no hemos decidido. No vamos a aceptar que conviertan Andalucía en plataforma de guerra, ni que Palestina sea olvidada. La Plataforma Andalucía por la Paz, contra el Rearme y la Guerra hace un llamamiento a construir desde abajo un movimiento andaluz, amplio, plural y combativo, que una las luchas por la paz con las luchas por la vivienda, la sanidad, la educación y la justicia social. Porque la paz no es solo la ausencia de guerra: la paz es justicia, es derechos, es cooperación entre los pueblos. Quienes luchamos por los derechos del pueblo palestino luchamos por los derechos de todos los pueblos. Y frente a quienes pretenden decidir nuestro futuro desde despachos lejos de aquí, respondemos desde Andalucía:

¡Viva la lucha del pueblo palestino! ¡Palestina libre! ¡No a la guerra! ¡No al rearme! ¡No al imperialismo! ¡Viva la paz y la justicia social! ¡No a la OTAN! ¡Bases fuera!

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