Romper los manicomios del capital: el deber comunista en la Canarias atlantista
La unidad de los comunistas canarios encuentra su síntesis programática en tres banderas inseparables: la Paz, la solidaridad internacionalista frente a las inhumanas políticas de fronteras y la lucha frontal contra la OTAN. Esta lucha debe articularse jurídica y políticamente a través de la conquista de un Estatuto de Neutralidad Activa para Canarias, que declare al archipiélago como un territorio estrictamente desnuclearizado, libre de bases extranjeras, limpio de centros de reclusión militarizados y estructuralmente ajeno a las guerras de agresión imperialista.
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El escenario geopolítico global, signado por la crisis estructural del orden unipolar, está marcado por una escalada bélica que asola el mundo entero: del genocidio del pueblo palestino en Gaza a la desestabilización del Sahel, de la guerra en Ucrania a la agresión militar contra Venezuela, del bloqueo criminal y el asedio naval a Cuba a las masacres en el Caribe y el Pacífico, con ejecuciones extrajudiciales y toda la barbarie del capitalismo imperialista. No nos encontramos ante un ciclo de inestabilidad pasajera, sino ante una fase orgánica del capitalismo tardío donde la guerra ha vuelto a operar como el motor central de acumulación y reconfiguración del capital, arrastrando a las periferias a una sumisión absoluta. En este tablero de tensiones interimperialistas, la experiencia del debate sobre la reunificación comunista en Italia no es un acontecimiento ajeno, sino un espejo analítico de obligada consulta para el archipiélago canario. Aquí, la fragmentación, el sectarismo y la atomización de la izquierda y del movimiento popular han dejado de ser meras debilidades tácticas para convertirse en una capitulación ideológica que perpetúa la hegemonía de la oligarquía corporativa local. Ante esta urgencia histórica, la respuesta revolucionaria no puede nacer de la inercia ni del voluntarismo estéril; nos impone la obligación de responder a dos preguntas fundamentales que deben guiar toda praxis política inmediata: ¿qué queremos hacer y con qué fuerzas contamos de forma realista?
La respuesta a la primera interrogante delimita con claridad nuestra estrategia: el objetivo primordial debe ser ampliar los espacios democráticos en nuestro país, descolonizando el sentido común. Parafraseando a Antonio Gramsci, necesitamos conquistar los «manicomios» del capital, esto es, romper la hegemonía cultural dominante allí donde se reproduce a diario. Desde las universidades hasta los medios de comunicación, desde el mundo de la cultura hasta las comunidades locales, es imperativo abrir brechas en la densa red de conformismo político y mediático que anestesia la conciencia colectiva. Esta trinchera ideológica es la que hoy permite a la prensa oligárquica canaria ejercer un auténtico «periodismo de guerra», inoculando diariamente la rusofobia y la sinofobia para ocultar la transformación material de las islas en un nodo logístico-militar, una gasolinera avanzada y una base de proyección atlantista hacia el continente africano y la franja del Sahel.
Esta hegemonía burguesa busca, asimismo, normalizar un disciplinamiento social profundo mediante una exhaustiva militarización de la vida cotidiana. El despliegue de unidades del ejército realizando labores de patrullaje en entornos civiles, tanto urbanos como rurales, se complementa con una penetración silenciosa en los aparatos de reproducción ideológica: charlas de adoctrinamiento militar impartidas en institutos, colegios e incluso centros de mayores. Esta estrategia combinada —presencia física en las calles y asimilación cultural en las aulas— persigue destruir el pensamiento crítico en las nuevas generaciones e integrar la lógica cuartelaria en el paisaje social. Disputar los «manicomios» institucionales significa, por tanto, desgarrar ese velo de propaganda oficial, impugnando la bota militar en nuestros barrios y denunciando el vasallaje administrativo que reduce al archipiélago a un simple lazareto del Atlántico, donde se externalizan riesgos biológicos —como aconteció con la crisis sanitaria del buque MV Hondius en Tenerife— en beneficio de las metrópolis europeas.
Esta degradación autoritaria de la periferia ha alcanzado un nuevo y alarmante hito cualitativo con el reciente pacto europeo sobre inmigración. Avalado por el Parlamento Europeo y el Consejo de la Unión Europea, este acuerdo endurece de forma drástica la política migratoria y valida legalmente la creación de centros de deportación en terceros países. Esta directriz, que asume sin rubor los postulados de la extrema derecha para desterrar forzosamente a personas migrantes a Estados sin vínculos previos, se traduce internamente en una intensificación de la «guantanamización» de nuestras islas. Como frontera exterior de este bloque imperialista, el archipiélago canario está siendo despojado de su condición de territorio de paz para ser consolidado, por la vía de los hechos, como un gigantesco centro de reclusión y un muro carcelario de contención migratoria. El control militar de las calles, la propaganda en las escuelas y el confinamiento de seres humanos desahuciados por el expolio colonial en África no son fenómenos aislados; forman parte de una misma lógica de excepción jurídica que externaliza los costes humanos de la barbarie capitalista. Romper el conformismo implica demostrar, con paciencia y rigor, que la subordinación migratoria, la militarización del territorio y la vulnerabilidad social inducida provienen de una única matriz de dominación de clase, donde Canarias es utilizada como escudo colonial biopolítico al servicio del capital transnacional.
Al responder a la segunda pregunta —con qué fuerzas podemos contar de forma realista— debemos despojarnos de todo idealismo. Esto no significa cultivar ilusiones cortoplacistas, sino comprender una verdad política esencial: incluso un Partido Comunista numéricamente limitado, siempre que sea cohesionado, disciplinado y políticamente claro, puede asumir de manera realista la tarea de influir en los asuntos estratégicos de la sociedad. La clave no reside en una suma aritmética de siglas vacías, sino en la conformación de un auténtico intelectual colectivo, un sujeto activo revolucionario. Este instrumento político de vanguardia debe materializarse en un Partido Comunista de Canarias con entidad propia, soberano en sus decisiones sobre el territorio que organiza, pero estrechamente hermanado con un Partido Comunista de España en una inquebrantable lógica de internacionalismo y solidaridad de clase.
Para este propósito, la refundición del partido y la reunificación de los comunistas en las islas y en el Estado español deben ser tareas prioritarias e impostergables. Este nuevo sujeto político ha de erigirse sobre el marxismo-leninismo como lineamiento nuclear, enriquecido con un enfoque gramsciano que entienda la complejidad de la «guerra de posiciones» en el plano de la cultura y el sentido común. Debe asumir, de forma expresa e irrenunciable, el derecho a la autodeterminación, el antiimperialismo y el anticolonialismo como señas de identidad que conectan la lucha nacional canaria con la resistencia de los pueblos del Sur Global e inescindible de la lucha de clases.
Solo un partido cohesionado y disciplinado será capaz de dotar de dirección política a las luchas de las más de cincuenta organizaciones sociales y sindicales que hoy combaten de forma fragmentada contra la entrega de nuestro suelo al complejo industrial-militar internacional y a la maquinaria represiva de la Unión Europea y de la OTAN. Será el instrumento necesario para denunciar, con base material, cómo los incentivos fiscales de nuestro Régimen Económico y Fiscal, como la Zona Especial Canaria o la Reserva para Inversiones en Canarias, están siendo instrumentalizados para instalar multinacionales armamentísticas vinculadas al eje estadounidense-sionista. De este modo, Canarias se convierte en cómplice material del exterminio de otros pueblos y en moneda de cambio frente a las ambiciones anexionistas de la satrapía marroquí sobre las aguas cercanas a Canarias del Monte Tropic (tierras raras submarinas ) y el expoliado Sáhara Occidental.
La unidad de los comunistas canarios encuentra su síntesis programática en tres banderas inseparables: la Paz, la solidaridad internacionalista frente a las inhumanas políticas de fronteras y la lucha frontal contra la OTAN. Esta lucha debe articularse jurídica y políticamente a través de la conquista de un Estatuto de Neutralidad Activa para Canarias, que declare al archipiélago como un territorio estrictamente desnuclearizado, libre de bases extranjeras, limpio de centros de reclusión militarizados y estructuralmente ajeno a las guerras de agresión imperialista. La refundición comunista en nuestra tierra no es un ejercicio de nostalgia ni una escaramuza de aparato. Es la condición material indispensable para que un núcleo políticamente lúcido y firmemente organizado abra las brechas necesarias en el bloque de poder dominante. Solo así podremos desmilitarizar las mentes y las islas, desarticular la trama de intereses que nos condena a ser plataforma de guerra y guiar al pueblo canario hacia una verdadera emancipación socialista. Romper los manicomios del capital es, en la Canarias atlantista, el primer y más urgente de nuestros deberes comunistas.
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