Política

El capitalismo es causa del imperialismo

La reveladora novedad que nos aporta Lenin en su obra es justo el modo en el que esta pulsión violenta y destructiva de la guerra se manifiesta de manera devastadora a escala industrial acompañando al desarrollo y a la expansión del capitalismo como modo de producción en la reciente historia humana; de ahí el extenso título de su obra.

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Este título se debería situar entre los de mayor interés en los tiempos que corren, tanto por su apelación a nuestra mera atención, como por lo que significa el ‘interés’ en los ámbitos políticos del capitalismo y del imperialismo.

Así, podríamos empezar por recordar aquello tan tópico de que cualquier título es el resumen más sintético de la obra, o del artículo en este caso. Precisamente, este artículo se justifica en la obra de otro autor que extendió su mismo título para no dejar apenas duda sobre el contenido de su texto; nos referimos al ensayo político de Vladimir Llych Ulyánov, mejor conocido como Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, que publicó allá por 1917, año del triunfo de la revolución bolchevique. Puede que no todos conozcamos esta obra y su significado, pero es muy fácil deducirlo de la evidente extensión de su título.

Si el título es extenso, entonces no digamos la obra. Por intentar hacer un resumen algo más extenso que su título, pero menos que la obra, deberíamos referir su comienzo con el repaso que hace Lenin al contexto histórico de su época, estableciendo la expansión colonial-imperial del capitalismo como una consecuencia de la industrialización y del ferrocarril, los mismos que crearon las condiciones para el crecimiento del comercio y el aumento del interés de las clases burguesas y pequeñoburguesas por extender sus lucrativos negocios nacionales a los países colonizados. Lo más importante que Lenin nos relata de este proceso de expansión colonial es precisamente el modo en el que tal interés se elevó a nivel nacional primero y a nivel internacional después, dando origen a una sucesión de guerras y tratados entre potencias imperiales, culminadas con la I Guerra Mundial y el Tratado de Versalles que le puso fin.

Para aquellos que todavía no hayamos entendido el significado de todo este argumento, lo que Lenin nos explica con referencias literales desde el comienzo de su trabajo es el papel que desempeña la propiedad de los medios de producción como el estímulo esencial de las élites burguesas para reclamar derechos de propiedad sobre los recursos más allá de sus fronteras nacionales. Este interés está en el origen de las disputas y controversias de naturaleza económica que acabarán por degenerar en las guerras por el dominio y por la posesión de las colonias y de sus preciados recursos; incluidas unas poblaciones en condiciones más propicias para su explotación laboral que las nacionales por la cotidiana necesidad de su pobreza, a la que les somete el subdesarrollo y el atraso económico en sus respectivos países.

No nos debe causar sorpresa el modo en el que Lenin concluye sobre las causas reales de las guerras modernas. En realidad, la disputa por el acceso a los recursos ha sido una constante en todos los conflictos violentos entre comunidades desde los mismos orígenes de la condición humana. La reveladora novedad que nos aporta Lenin en su obra es justo el modo en el que esta pulsión violenta y destructiva de la guerra se manifiesta de manera devastadora a escala industrial acompañando al desarrollo y a la expansión del capitalismo como modo de producción en la reciente historia humana; de ahí el extenso título de su obra.

 ¿Cómo trasladar estas conclusiones al curso de los acontecimientos actuales? En realidad, esto es lo más sencillo que podemos hacer a partir de la reflexión de Lenin. Pensemos el modo en el que ese capitalista inmobiliario conocido como Donald Trump gobierna la potencia hegemónica del capitalismo a escala global en nombre los intereses de la clase corporativo-burguesa norteamericana ¿Acaso sus constantes apelaciones al derecho a decidir soberanamente sobre los recursos, los intereses y la política de otros países, sometiéndolos por la fuerza del poderoso ejército americano no son suficientemente reveladores? 

No merece la pena entrar en estas breves líneas a analizarlas caso por caso; baste recordar que detrás de todas sus amenazantes y desastrosas decisiones a escala internacional nunca antes en la historia había quedado tan claro el interés económico de la clase corporativo-burguesa americana por explotar aquellos recursos ajenos a su país que ellos consideran como propios.

Como conclusión a este análisis sobre esta obra de Lenin, entendemos conveniente referir el genuino sentido de hombre de paz de nuestro autor. No solo llegó a la Rusia zarista con el propósito de sacarla fuera de la I Guerra Mundial, además formó parte del nutrido grupo de personalidades que constituyeron el Círculo de Bloonsbury,  junto a Woodrow Willson, Virginia Woolf, Bertrand Russell o Albert Einstein entre otros, todos con el objetivo declarado de evitar que se volvieran a producir las terribles consecuencias de la I Guerra Mundial. Para evitar el inicio de una nueva contienda propusieron la creación de la Sociedad de Naciones que existió durante el periodo de entre guerras como un organismo de conciliación de intereses y resolución de controversias internacionales, origen del Derecho Internacional moderno. Lamentablemente la II Guerra Mundial daría al traste con tan noble y necesario propósito. 

Lo más alarmante en la actualidad es que la sucesora de la Sociedad de Naciones, la ONU, hoy aparece tan inoperante e ineficaz como le ocurriera a su precursora poco antes de la II Guerra Mundial; o Trump no se atrevería a afirmar que “no hay más Derecho Internacional que su propia moral”.

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