Los dos Silverios

Fernández Díaz con Ratzinger

La novelesca trayectoria de Don Silvestre, policía, juez del TSJ de Madrid, asesor jurídico de la Conferencia Episcopal y confesor sacramental de Fernández Díaz, ministro del Interior en el Gobierno de Rajoy.

Nombre poco frecuente, para mí tenía resonancias míticas, pues la única persona con dicho nombre que hasta ahora conocía era nada menos que Silverio Franconetti, gran cantaor sevillano, que vivió entre 1831 y 1889, bautizado en la parroquia de San Isidoro, que según nos dicen sus estudiosos, dominaba todos los palos del flamenco, en especial la seguiriya, y que llevó una vida azarosa. Era hijo de un romano, que fue jefe de la Guardia Valona, y en una etapa de su vida se enroló en el ejército de Uruguay.

Pero acaba de aparecer otro Silverio que quizás lo opaque, el cura don Silverio Nieto Nuñez, de más de 70 años, sacerdote desde 1999, y cuya vida es tan novelesca como la del cantaor, pues ha tenido tiempo de ser, hasta ahora, policía, juez del TSJ de Madrid, y finalmente, asesor jurídico de la Conferencia Episcopal, cargos estos que le habían preparado para ser el confesor —sacerdote que administra el sacramento de la penitencia— de Jorge Fernandez Diaz, ex ministro del Interior en el gobierno de Rajoy.

Sobre este personaje, indica el rotativo El Confidencial, «su paso por los servicios policiales en los años 70 le dio gran experiencia en el mundo de las actividades oscuras». Le añade, además, la condición de «fontanero del espionaje vaticano», que prefiere, como buen espía, moverse entre bambalinas y huir de la publicidad.

«Esa condición de enlace vaticano, —prosigue este rotativo—, le facilita un relevante protagonismo, porque el espionaje de la Iglesia, conocido como La Entidad o Pro Deo, es sin duda alguna una de los más preparados de Occidente». Señala un ex dirigente del Cesid que Don Silverio posee un despliegue que ni la Cía., ni el Mosad. Es consejero pontificio, nombrado por el Papa Benedicto.

Pero, continúa el periódico, a finales de 2011, tras la llegada de Rajoy a la Moncloa, no solo se convirtió en confesor sacramental del ministro del Interior Fernández Díaz, «sino que intervino en la designación de la cúpula de la policía, promocionando a comisarios vinculados al Opus Dei, habiendo sido nombrado comisario honorífico del cuerpo». Se le considera un auténtico ultra.

Cuando se hizo Magistrado, su tutor fue Carlos Lesmes, actual y casi eterno Presidente del Consejo General del Poder Judicial. Finalmente, en 1999, se hace sacerdote, y en mayo de 2006 se le nombra asesor jurídico de la Conferencia Episcopal.

Francisco Martínez fue el segundo de a bordo del ministro de Interior Jorge Fernández, personaje éste de misa diaria que reconoce disfrutar de la benéfica protección de un angel de la guardia que ha bautizado con el nombre de Marcelo y que le ayuda, dice, incluso a como aparcar el coche.

En fecha reciente, Francisco Martínez, se ha visto envuelto en la vía penal, imputado por obstaculizar la investigación judicial de la caja B del Partido Popular. Abandonado por Rajoy, Cospedal y su ex ministro, a los que califica como «unos miserables», y en una situación muy comprometida en sede judicial al declarar el comisario Enrique García Castaño que se limitó a seguir sus órdenes, dejando fuera de responsabilidad a su ministro de Interior, Martinez ¿a quien busca en estos momento para que le ayuden?… pues a don Silverio, a quien entrega una carta indicándole que hable con Jorge, con Cospedal y con Rajoy, con la advertencia que él va a cantar la seguiriya de Franconetti, y va a señalar que todo lo hizo por órdenes a su vez de tan principales señores.

En fin, descenso a la Corte de los Milagros, a la Rusia de Rasputín, solo me faltaba por oír el rumor, cada vez más extendido, de la relación de don Silverio con Villarejo, de quien se dice que también fue su confesor, y del que era amigo desde los años 70 cuando coincidieron en la Policía.

¿Será don Silverio el hombre que está detrás de Villarejo? Esto, reconózcanmelo, explicaría muchas cosas. Se non é vero, é ben trovato.

Alberto García

Comparte este artículo