Memoria democrática

‘Fascismo, nunca más’

La antigua prisión de Granada llegó a ser un símbolo de la represión. En un recinto con capacidad para 400 internos, los golpistas encerraron a más de 2000 personas, en duras condiciones de hacinamiento y humillación. Los presos vivían con terror las sacas nocturnas, cuando eran trasladados, en los camiones de la muerte, hasta las tapias del cementerio para ser fusilados. 

Hoy se cumplen 90 años del infame golpe militar que acabó con la segunda República. 

Los militares golpistas violaron su juramento de lealtad constitucional y deshonraron su uniforme para imponer los privilegios de una minoría. Desataron una violencia sin precedentes contra los defensores de la legalidad democrática, de la justicia social y de la educación laica y en igualdad.

Por tanto, este año, los homenajes de la antigua prisión y de la tapia del cementerio tienen un importante valor simbólico.

Entre las víctimas del franquismo en Granada, hay que recordar al periodista Constantino Ruiz Carnero, director del diario republicano El Defensor de Granada.

La biografía de Ruiz Carnero, asesinado en la tapia del cementerio por denunciar el caciquismo y las conspiraciones contra la República, ha sido reconstruida por el autor de esta crónica en el libro «Muerte de un periodista».

En un editorial publicado por El Defensor de Granada, el 15 de abril de 1931, Ruiz Carnero nos explica por qué la gran mayoría de los granadinos votaron de forma mayoritaria para cambiar la Monarquía por la República: 

«El régimen caído no podía vivir en un ambiente de ciudadanía, vivía de la violencia del poder público, del apoyo de los intereses creados. Necesitaba falsear elecciones, amordazar a la prensa coaccionar la Libertad de pensamiento, satisfacer la torpe ambición de los caciques, reprimir sangrientamente toda expresión de sentimiento público…, con el desaparece el inmenso enjambre de parásitos que depauperaba el erario público». 

Sin embargo, la joven República de nuestros abuelos, con apenas cinco años de vida, fue brutalmente golpeada por el fascismo, aquel verano del 36.

La batalla del Albaicín

Algunos centenares de republicanos, parapetados en el histórico barrio del Albaicín, apenas pudieron resistir tres días a la barbarie fascista. Así lo cuenta el investigador Ian Gibson, en su libro sobre la represión nacionalista de Granada y la muerte de Federico García Lorca. Libro editado por Ruedo Ibérico en 1971 y prohibido por la dictadura de Franco. Gibson nos dice en el capítulo titulado La batalla del Albaicín: 

«Era esencial para los obreros cortar los accesos al barrio, por lo que abrieron una profunda zanja al pie de la Cuesta del Chapiz para impedir a los vehículos militares subir la colina. Trincheras y barricadas bloquearon también las otras entradas al viejo barrio nazarí».

Milicianos de la CNT-FAI, en una barricada del Albaicín, resistieron dos dias a los militares golpistas del 36. (Este fotomontaje ilustra la portada del libro «Barricadas en el Albaicín», del investigador Juan Hidalgo).

El 21 de julio estallaba un violento y desigual tiroteo, entre los golpistas, que disponían de aviación y artillería, y los mal armados obreros, con las pocas pistolas y escopetas que tenían. Gibson añade que al día siguiente, 22 de julio, se intensificó el bombardeo: «Los obreros habían agotado sus escasas municiones y se dieron cuenta de que la resistencia no podía prolongarse más». Banderas blancas empezaron a aparecer en balcones o ventanas. Muchos defensores del Albaicín fueron detenidos y acabaron encarcelados en la antigua prisión provincial, convertida en un campo de concentración y exterminio.

El historiador Juan Hidalgo, en su libro «Barricadas en el Albaicin», editado por Alhulia en 2026, también aporta nuevos datos sobre la heroica resistencia albaicinera, dirigida por los anarquistas Francisco Galadí Melgar y Juan Arcollas Cabezas:

«Francisco Galadí organizó, junto con Juan Arcollas, la defensa del Albaicín, cuando se produjo la sublevación militar en Granada, en 1936. El barrio resistió sólo dos días ante el ejército sublevado, ya que estaban mal armados. Al ver que la defensa resultaba imposible, escaparon. Pero Galadi quiso despedirse de su familia, antes de cruzar a zona republicana, y esto resultó ser una trampa, según cuenta su nieto Francisco Galadí Marín». 

Y en el libro «Los paseados con Lorca», escrito asimismo por el autor de esta crónica, el nieto de Galadí señala: «Fueron detenidos y atados a la parte trasera de un carro, golpeados por todo el cuerpo y conducidos por el Paseo de los Tristes hacia el Gobierno Civil». Para detenerlos se organizó un despliegue impresionante en el que participaron guardias civiles, falangistas e incluso sicarios de la Escuadra Negra, «porque consideraban que mi abuelo y Cabezas eran muy peligrosos».

Los franquistas quisieron exhibirlos como un trofeo por el centro de Granada y dar un escarmiento público para que la gente viera cómo acababan quienes tenían la osadía de ofrecer resistencia». Más tarde, los llevaron a La Colonia de Viznar y, en 24 horas, fueron asesinados junto al maestro Dióscoro Galindo y al poeta Federico García Lorca.

Restos de víctimas del franquismo en una fosa en Nigüelas.

Contenido

La antigua prisión, símbolo de represión 

La antigua prisión de Granada llegó a ser un símbolo de la represión. En un recinto con capacidad para 400 internos, los golpistas encerraron a más de 2000 personas, en duras condiciones de hacinamiento y humillación. Los presos vivían con terror las sacas nocturnas, cuando eran trasladados, en los camiones de la muerte, hasta las tapias del cementerio para ser fusilados. 

Disponemos de algunas cartas que describen este ambiente de pánico. Testimonios desgarradores de presos que tuvieron el coraje y la entereza de escribir cartas de despedida a sus familias, ante su inminente ejecución. Es el caso de Pedro Martínez, que escribió: “Querida esposa e hijo. En mi hora suprema, me despido de vosotros y Dios os depare mejor destino que a mí». O la carta del alcalde Luis Fajardo, en la que decía: “A mi esposa, mis hijos y mis hermanos… Escribo hoy viernes 7 de agosto de 1936 y son las ocho de la noche. No sé lo que me sucederá esta noche…”.

Los presos vivían con terror las sacas nocturnas, cuando eran trasladados en los camiones de la muerte, desde esta cárcel hasta las tapias del cementerio para ser fusilados.

Maestros y ‘mediquillos’ por docenas

Sobre el fanatismo que alcanzó la represión, también nos dan una idea las cartas escritas por el abogado golpista José María Bérriz, rescatadas por el investigador Tito Martínez en su libro «Verano del 36 en Granada». Cartas infames que Bérriz, como secretario de los Rodríguez Acosta, enviaba a Estoril (Portugal), donde los banqueros granadinos estaban veraneando. En ellas justifica el desprecio que los sublevados sentían hacia los defensores de la República y demuestran que la represión en Granada fue fríamente calculada:

«El camino es vencer o morir, matando granujas… El ejército quiere extirpar la raíz de la mala hierba que se comía España y creo que lo va a conseguir. Funcionan día y noche los juzgados militares y las penas son severísimas… Siguen los fusilamientos. Directivos de sindicatos, dirigentes, maestros y mediquillos de pueblo caen por docenas. La ciudad, animada…».

Bérriz llamaba granujas al poeta Federico García Lorca, o al periodista Constantino Ruiz Carnero.

La tapia herida

Las tapias del cementerio de Granada fueron el terrible escenario de la matanza.

Sólo en agosto del 36, los franquistas acabaron con la vida de 582 granadinos, según los historiadores Ian Gibson y Paul Preston. 

Una auténtica orgía de sangre que tuvo como testigo al periodista Robert Neville, corresponsal del New York Herald Tribune, a quien sorprendió el golpe militar en el Hotel Washington Irving, donde se alojaba.

Neville descifró el enigma de los camiones que subían y bajaban frenéticamente del cementerio. Así describió, en una de sus crónicas, publicadas en el diario neoyorquino, la terrible experiencia que le tocó vivir en Granada: “Hoy, cuatro de nosotros jugábamos al bridge en la habitación del hotel, cuando pasaron dos camiones. Desde abajo parecía que todos los hombres en aquellos enormes camiones fuesen soldados, pero hoy los vimos desde arriba y observamos que en el centro de cada camión había un grupo de paisanos…Hoy los camiones subieron con aquellos paisanos. En cinco minutos, oímos los disparos. A los cinco minutos, bajaron los camiones y, esta vez, no había paisanos. Aquellos soldados eran el pelotón y aquellos paisanos iban a ser fusilados”.  

Muerte en la madrugada

También la escritora estadounidense Helen Nicholson nos cuenta en su libro «Muerte en la madrugada» aquellos días de terror. Su testimonio es importante, pues simpatizaba con los golpistas, hasta que fue testigo de la masacre. Nicholson nos dice: “De madrugada, a diario, sigue el estruendo de los camiones subiendo la cuesta del Caidero. En sus entrañas van los fusileros y quienes esta noche no volverán a ver amanecer”. Y más tarde, anota en su diario: “A eso de las dos, me despertó el paso de un camión y varios coches subiendo hacia el cementerio y, poco después, oí una descarga de disparos, y luego, los mismos coches de vuelta. Durante un tiempo se habían venido incrementando las ejecuciones a una velocidad que escandalizaba y disgustaba a todas las personas sensatas”.

Nicholson nos habla también del guardián del cementerio, José García Arquelladas, que vivía junto a la necrópolis con su familia numerosa de 23 hijos: «El guardián le rogó a mi yerno que le encontrara algún sitio donde su esposa, y sus 12 hijos más pequeños, que todavía vivían con ellos, pudieran recogerse. Su casa en la portería –situada en la misma entrada del cementerio- les resultaba ya intolerable. No podían evitar oír los tiros y a veces otros sonidos –los lamentos y los quejíos de los agonizantes – que hacían de su vida una pesadilla, y temía el efecto que pudiesen producir en sus niños más pequeños”. 

Estuvieron 20 años fusilando sin piedad, desde 1936 a 1956. El último en ser ejecutado fue Ricardo Beneyto, militante del Partido Comunista y comandante de la guerrilla antifranquista en Granada. Por entonces, quién escribe esta crónica tenia dos años y vivía en la Cuesta de Gomérez, por donde subían los camiones de la muerte.

La larga lista de fusilados

En 1965, Ian Gibson visitó las tapias del cementerio. Vio que las fosas habían sido profanadas por la dictadura y los restos de las víctimas, arrojados al osario y mezclados con fallecidos de muerte natural, para que nadie pudiera recuperarlos ni identificarlos jamás. También vio el libro de registro con la larga lista de fusilados, pero no pudo publicarla, pues dicho libro fue incautado por la policía franquista. Finalmente, la policía debió dar la lista de fusilados al periodista del régimen Eduardo Molina Fajardo, director del diario falangista Patria. Una vez fallecido, su familia publicó en 1983 el libro póstumo «Los últimos días de García Lorca», tras el fin de la dictadura y ya en la transición a la democracia.

El gobierno local del PP arrancó cinco placas como ésta, que los familiares colocaban en las tapias del cementerio de Granada.

La dictadura mezcló los restos de víctimas del franquismo con fallecidos de muerte natural para impedir su exhumación e identificación. Esta foto fue tomada por Ian Gibson en 1965, convirtiéndose en portada de su primer libro sobre la represión fascista en Granada y el asesinato de Lorca, editado por Ruedo Ibérico en 1971 y prohibido por la dictadura. Foto cedida por Ian Gibson al autor para la publicación en este artículo.

Antigua prisión, Lugar de Memoria

Actualmente, la Puerta de entrada de la antigua prisión ha sido declarada Lugar de Memoria Histórica de Andalucia, donde todos los años rendimos homenaje a la heroica resistencia antifranquista. 

Leemos las estremecedoras cartas de despedida que algunos presos escribían a sus familias, antes de ser fusilados. Recitamos también los versos de Miguel Hernández, muerto por abandono y enfermedad en una prisión del régimen, y Marcos Ana, que estuvo 22 terribles años en las cárceles franquistas.

Gabriel Fernández Valladares, hijo de Juan Fernández Rosillo, concejal fusilado por los franquistas, deposita flores en el Memorial de la tapia del cementerio, para rendir homenaje a su padre.

El Partido Popular ya no pudo arrancar la sexta placa, pues era oficial y estaba protegida por la Junta de Andalucía. LaTapia fue declarada lugar de memoria histórica de Andalucía, el 5 de octubre de 2012, y la placa decía así: «A las víctimas del franquismo, asesinadas en esta tapia por defender la legalidad democrática».

Una tapia con memoria

La tapia también fue declarada Lugar de Memoria Histórica de Andalucía el 5 de octubre de 2012. No fue fácil, pues el gobierno local del Partido Popular nos arrancó cinco placas. Pedíamos al PP que respetara las placas por el gran valor sentimental que tenían para los familiares de las víctimas, pero respondía, con actitud indolente e indecente, que no eran reglamentarias y las arrancaba sin contemplaciones.

La sexta placa no pudo arrancarla, pues ya era oficial y protegida por la Junta de Andalucía, cuando estaba gobernada por la coalición progresista PSOE- IU.

La tapia dispone hoy de un Memorial que rinde homenaje a las víctimas del franquismo, asesinadas en aquel siniestro muro. Más de 4.000 víctimas documentadas por los historiadores Rafael Gil Bracero y Maribel Brenes, en su libro «Jaque a la República», editado por Osuna.

Sindicalistas y trabajadores, profesores, maestros y estudiantes. Médicos y periodistas. Y cinco alcaldes, junto a media corporación municipal republicana fueron vilmente asesinados. En la tapia fue eliminada la flor y nata de la sociedad granadina. Entre las víctimas: el alcalde Manuel Fernández Montesinos, el presidente de la Diputación Virgilio Castilla; el director de El Defensor de Granada, Constantino Ruiz Carnero, el pediatra Rafael García Duarte, el concejal Juan Fernández Rosillo o el sindicalista Juan Bautista Roldán Manzano.

Muchos de nuestros jóvenes desconocen este periodo de terror que vivió nuestra ciudad, hace 90 años. Nuestra prioridad debe ser visitar con ellos estos Lugares de Memoria para informarles sobre el peligro que supone la extrema derecha para la convivencia democrática y recordar la única forma de que no se repita semejante violación de los derechos humanos: «Fascismo, nunca más».

Paco Vigueras es periodista y portavoz de la Asociación Granadina Verdad, Justicia y Reparación.

Fuente: El independiente de Granada

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