El PCE y el Gobierno de coalición

Los comunistas deben utilizar las instituciones burguesas como tribuna popular de denuncia del sistema capitalista y su régimen político antidemocrático que solo sirve a los intereses de la oligarquía industrial y financiera.

Desde la entrada de Unidas Podemos en el gobierno ha pasado ya casi un año. Creo que ya podemos hacer algunos balances de esta experiencia que se nos vendió como la mejor de las opciones posibles porque significaba un cambio de rumbo de las políticas neoliberales dominantes hacia otras de corte «socialdemócrata». También nos contaban que la alternativa a un gobierno de coalición era otro reaccionario que continuaría con medidas neoliberales antipopulares. 

Pero de verdad ¿han mejorado las condiciones de vida de la clase trabajadora y el pueblo en estos meses de «gobierno progresista»? No, no la han hecho. Es más, las políticas neoliberales continúan y muchos se están «quedando atrás» aunque desde la izquierda reformista se diga lo contrario. Cada vez hay más trabajadores en el paro; las colas en los centros de beneficencia aumentan porque el estado es incapaz de combatir la pobreza; no se han derogado las reformas laborales neoliberales que precarizan las condiciones de trabajo; continúa el proceso de privatización de la seguridad social con la promoción de los planes de pensiones; los desahucios en plena pandemia no han parado; en materia internacional se mantiene la agenda imperialista, lo vemos con Venezuela, el Sahara; republicanos de pandereta haciendo loas a la monarquía… No obstante, hay algo que debemos reconocer al gobierno «progresista», especialmente a Unidas Podemos, y es su gran capacidad como vendedores de crecepelo, y un buen ejemplo de ello es el Ingreso Mínimo Vital (IMV).

Cuando los reformistas escuchan estas críticas desde la izquierda combativa se escudan en que la correlación de fuerzas actual no es favorable a los intereses obreros y populares y que hay que acumular fuerzas, que tenemos que apostar por la unidad de toda la izquierda porque «viene la extrema derecha», que su margen de acción en las instituciones es muy limitado… Medias verdades, cuando no directamente mentiras, que buscan confundir a las masas y ocultar su política claudicante ante la oligarquía y la «casta» que tanto decían combatir. Los comunistas hemos denunciado de manera reiterada que la entrada en el gobierno junto con el PSOE, un partido neoliberal y pro-imperialista, imposibilitaba realizar políticas progresistas reales en favor del pueblo trabajador.

Debemos decir claramente a las masas trabajadoras y al pueblo en general que, salvo que se rompa radicalmente con todos aquellos aparatos de poder que representan los intereses de la oligarquía financiera y el gran capital y no los intereses del pueblo trabajador (OTAN, UE…), difícilmente se podrá llevar a cabo un programa de ruptura que ponga a la clase obrera y sus intereses en el centro de la política del estado español.

Desde el principio, algunos denunciamos que los líderes de Podemos eran unos oportunistas que buscaban vivir de las instituciones políticas burguesas haciendo gala de su populismo para que las masas los auparan con sus votos a las cómodas poltronas en las que se encuentran actualmente. Pero estas claudicaciones y traiciones a los principios y programas propios son más sangrantes en quienes hoy ocupan puestos de dirección en Izquierda Unida (IU) y en el  Partido Comunista de España (PCE), como son, entre otros, Enrique Santiago, Alberto Garzón y Yolanda Díaz.

Ahí van algunos ejemplos: Alberto Garzón, ministro de consumo, ahora es el adalid de las bases estadounidenses de la OTAN en territorio español; Yolanda Díaz, la defensora de la Unión Europea «social». Tenemos que recordarles que en el programa político del PCE, partido al cual están afiliados, se defiende la salida de la UE y de la OTAN por ser instituciones oligárquicas antidemocráticas. Y qué decir de Enrique Santiago, secretario general del PCE y portavoz de Unidas Podemos en el Congreso, que solo se acuerda del PCE para reivindicar su pasado de lucha antifranquista…

En el pasado XX Congreso del PCE se aprobó con más de un 80% de los votos de los delegados la recuperación del marxismo-leninismo y la ruptura con el régimen del 78, sin embargo, estos dirigentes reformistas no solo hacen caso omiso a los acuerdos congresuales que nos hemos dado todos los militantes sino que van justo en la línea contraria: defienden el régimen del 78 frente a los ataques de la ultraderecha, cuando lo que hay que hacer es luchar por un nuevo proceso constituyente desde la ruptura democrática. En la transición, socialistas y eurocomunistas contribuyeron a levantar el régimen del 78.

Como se puede ver a lo largo de la historia, la izquierda reformista, siempre que el régimen reaccionario vigente entra en crisis, va rápidamente a sostenerlo. Pero Roma no paga a traidores: cuando el régimen burgués no los necesita, se desprende de ellos y sino al tiempo.

No, el papel de los revolucionarios no es apuntalar un régimen de opresión y explotación sino construir un verdadero poder popular y obrero alternativo. Por tanto, los comunistas en las instituciones burguesas tenemos que utilizarlas en su contra como tribuna popular de denuncia del sistema capitalista y su régimen político antidemocrático que solo sirve a los intereses de la oligarquía industrial y financiera. Los reformistas, cegados por su cortoplacismo oportunista, creen que con pequeñas cambios, que en la práctica son papel mojado, ganarán más apoyo social para mejorar sus resultados en las siguientes elecciones. Así piensan que pararán la sangría de votos que sufre Unidas Podemos pero lo cierto es que, desde que están en el gobierno, pierden apoyos por una sencilla razón: las esperanzas que la clase obrera y el pueblo habían puesto en ellos se disipan rápidamente cuando ven que las reformas no suponen ningún cambio real.

Por otra parte, el fracaso de la política reformista es la antesala del ascenso de las fuerzas reaccionarias debido a la desilusión y apatía que de forma creciente reina entre las masas populares. Aunque paradójicamente la retórica reformista gira en torno a evitar este escenario, en realidad, ellos mismos allanan el camino a la extrema derecha, solo hay que ver como las calles están cada vez más en manos de la reacción, no existiendo una contundente respuesta que contrarreste esta situación. El espacio político que los oportunistas abandonan en la clase obrera y en las capas populares, lo acaba ocupando el fascismo.

Pero volvamos al Partido Comunista de España cuyos dirigentes reformistas, especialmente aquellos que están en las instituciones burguesas, trasgreden sistemáticamente lo establecido en el XX Congreso del PCE. ¿Cómo es posible que esto suceda? En muchas ocasiones los comunistas recibimos ataques desde las más altas instancias del poder burgués pero no es menos cierto que la burguesía no solo nos golpea «con el palo», también utiliza la «zanahoria de las instituciones» y algunos, sin duda, se han tragado este anzuelo hasta el fondo. De esta forma, el PCE pierde autonomía político-ideológica de clase porque en la práctica depende de la pequeña burguesía y de la aristocracia obrera, sobornadas a su vez por el imperialismo por medio de puestos bien remunerados a sus dirigentes (incluidos los líderes del PCE) y así tenerlos dentro de los márgenes de una legalidad burguesa que no impugnan, sino que respetan. Esta es la naturaleza de la socialdemocracia desde comienzos del siglo XX: los dirigentes con cargos políticos son quienes imponen sus intereses dentro de sus respectivas organizaciones, y no a la inversa como debería ser.

A esto hay que añadir el proceso iniciado en el PCE desde la década de los 70 del siglo XX, que hizo posible que los puestos de dirección del  Partido Comunista de España  fueran copados progresivamente por «capas medias», mediante el desplazamiento de los trabajadores.

Al desligarse el PCE de los asalariados y de las capas populares, la organización giró hacia la socialdemocracia, hacia el reformismo, abandonando las posiciones revolucionarias.

Pero ¿por qué la militancia del PCE no ha hecho nada para evitar esta deriva? Una de las principales razones es su falta de formación marxista y su comprensión errónea y dogmática acerca del centralismo democrático. No existe democracia plena en el PCE sino una estructura burocrática que impone su política reformista y una la militancia sin capacidad de respuesta por una mal entendida disciplina partidaria. Tampoco la mayoría de la militancia entiende la necesidad de la lucha ideológica en el seno del Partido Comunista contra las posiciones oportunistas.

Mientras tanto, la dirección reformista del PCE miente descaradamente a la militancia y la toma por idiota. Un claro ejemplo es la liquidación de Izquierda Unida (IU). Los reformistas dicen que reconvertir IU de partido político a movimiento político-social es una forma de «superarla», cuando realmente lo que se hace es entregar la organización a Podemos. No olvidemos que Izquierda Unida, con sus limitaciones ideológicas y su función de ocultar al PCE, nació, no obstante, como un proyecto de carácter socialista pero en cambio, Podemos, solo tiene un carácter populista. Por tanto, la desaparición de ese programa socialista que representa IU supone objetivamente un retroceso en la lucha por la República democrática y el Socialismo en nuestro país. 

Además, vemos como los reformistas del PCE con su eclecticismo posmoderno imponen dentro de la organización una serie de ideas ajenas al marxismo y la ciencia para intentar justificar, por ejemplo, la aprobación de proyectos de ley del gobierno de coalición, auspiciados por Podemos y concretamente por la Ministra de Igualdad, Irene Montero, como es la célebre «Ley Trans». También vemos como desde Unidas Podemos se alzan voces en favor del reconocimiento de las prostitutas como «trabajadoras sexuales» lo que significaría un importante paso en la legalización de la prostitución. En consecuencia, esto supondría un importante retroceso en la emancipación de las mujeres y una legalización de la explotación sexual que debilita el feminismo de clase y las posiciones abolicionistas dentro del movimiento feminista.

Es ilustrativo que dichos reformistas acusen a quienes denunciamos esta deriva reformista del aparato del PCE de no respetar el centralismo democrático e ir en contra de los estatutos del XX Congreso, cuando no directamente desencadenan una dura represión interna con la apertura de expedientes disciplinarios sin ninguna justificación, por crear una plataforma interna de opinión de cara al debate en la pasada Conferencia Política del PCE, mientras por el contrario, son muy laxos con la indisciplina y traición de no pocos dirigentes que ostentan responsabilidades en las instituciones burguesas. Curiosa doble vara de medir y de entender el centralismo democrático.

Otro de los colmos del despropósito de los reformistas es que con mentiras y tergiversaciones varias presentan a los más consecuentes defensores del XX Congreso como ultraizquierdistas y sectarios.

Pero no todo está perdido, todavía existen camaradas consecuentes con el marxismo-leninismo que combatimos al reformismo dentro y fuera del Partido Comunista de España. Camaradas que estamos dispuestos a continuar nuestra formación en el marxismo-leninismo, en aplicarlo en la transformación de la realidad concreta y en la lucha ideológica contra el oportunismo, en contribuir a levantar un sindicalismo de clase combativo y en recuperar, en definitiva, al Partido Comunista de España como organización de vanguardia de la clase trabajadora y capas populares.

¡Que el centenario del PCE del próximo año lo convirtamos los comunistas  en el año de la recuperación del PCE como partido marxista-leninista!

Prometeo

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