El podemismo y el género humano

Según el feminismo hegemónico burgués, el género es una imputación artificial que hicieron los varones sobre las mujeres para dominarlas.

Podemos vindica la «autodeterminación» del género. Me limito a analizar y discernir las cuestiones desde el socialismo científico, y tengo por seguro gracias a él dos cosas: que el derecho a la autodeterminación concierne a las naciones y que no puedo separarme un ápice de lo que la ciencia determina en todos los asuntos del mundo.

En los años 70 surgió en los Estados Unidos de América el movimiento feminista y con él un nuevo planteamiento que hasta ese momento no se conocía; a saber, que el sexo, que es la condición biológica de cualquier especie animal desarrollada, está divorciado del «género», que vendría a ser el carácter social o cultural del individuo.

Según esta doctrina, el género -varón o mujer- se imputa al individuo por derecho consuetudinario con independencia del sexo que este tenga -macho o hembra-. De este modo tenemos que el «género» mujer se imputa a la hembra, y el del varón se imputa al macho.

Es decir, el género es un constructo cultural impuesto y no una consecuencia natural del sexo del individuo.

¿Pero cuándo se produjo esta imputación según el feminismo hegemónico? ¿Por qué el hombre decidió imputar a las hembras un papel y a los varones otro? Todo se remonta a la primera división social del trabajo que hubo en la historia de la humanidad y que permitió el desarrollo de las fuerzas productivas por primera vez: la división sexual del trabajo. A partir de ella, los varones saldrían a cazar y recolectar, y las mujeres quedarían en la cueva pariendo y cuidando. Éste fue el pecado original que según esta doctrina, originó el patriarcado y el machismo.

Sin embargo, la división sexual del trabajo no se produjo por una decisión arbitraria de los varones para recluir tiránicamente a las mujeres. Se produjo por motivos naturales y fisiológicos. El varón era capaz de salir a cazar y recolectar todos los días pues no le frenaba ningún embarazo ni ningún parto. Y del mismo modo, las mujeres se dedicaron a los trabajos de cuidado pues eran los que estaban a su alcance en sus condiciones de maternidad. Eran complementarios el varón y la mujer pero no jerárquicos.

Ninguna división social del trabajo -hasta la sociedad de clases- fue una imposición arbitraria de unos sobre otros. Los ganaderos no impusieron su dominio sobre los agricultores, ni los que se dedicaron al metal sobre el resto. La única fase histórica donde se produce la opresión a las mujeres aparece con el yugo jurídico e institucional que descansaba en la violencia estatal -de otro modo no podemos hablar de opresión-. La mujer pasa a ser un instrumento mediante el matrimonio y el estado. Al mismo tiempo nacen las clases sociales y la esclavitud con el nacimiento de la propiedad privada de los medios de producción.

Según el feminismo hegemónico burgués, el género es una imputación artificial que hicieron los varones sobre las mujeres para dominarlas. Al ser la primera jerarquía impuesta, si se disolviera se disolverían todas las demás.

La revolución consistiría en hacer que las mujeres ostentaran más cargos públicos de manera impositiva, no por sus propios méritos.

De este modo, el socialismo científico queda desacreditado al no cumplir con las necesidades de las mujeres. Y no sólo esto sino que ahonda en la división subjetiva de la clase obrera al concebir que los responsables de la discriminación de las mujeres son los varones. Tampoco resuelve la situación de la mujer porque no aborda la raíz material del machismo y el resultado es que el capitalismo queda ileso y con su rival disgregado.

Desde entonces el divorcio entre el socialismo y el feminismo histórico ha quedado vigente, pero quedó abierta una peligrosa puerta: el posmodernismo.

Con el siglo XXI se inaugura en las universidades anglosajonas doctrinas como la CRT (Critical Race Theory- Teoría crítica de la raza) y el transfeminismo. Este último estipula que lo artificial no es el género, sino el mismo sexo biológico, negando su existencia. Para esta doctrina no existe ningún criterio biológico que diferencie a la mujer del varón por lo que la diferenciación «binaria» del hombre -macho y hembra- es algo imputado y artificial. Al igual que el feminismo anterior, disuelve este «binarismo» por decreto, pues si fue la voluntad la que estableció el género y el sexo, basta la voluntad para desmontarlos.

Este planteamiento acarrea propuestas legislativas absolutamente demenciales y ponen en grave riesgo la seguridad de las mujeres. Ha provocado un terremoto en el seno del feminismo, dividiéndolo entre el ‘RadFem’ (Radical feminism), que sería el feminismo de los años 70, y el transfeminismo o queer, todo términos anglosajones, lo cual nos da una ligera pista de dónde vienen estas ideas…

Este conflicto se traslada ahora a sede parlamentaria con un Psoe y un Podemos –el cual arrastra a las direcciones de IU y el PCE- absolutamente instalados en el electoralismo y oportunismo político.

Para estos dirigentes, la política funciona como un mercado donde los partidos funcionan como marcas electorales que producen un producto –relato- para ser consumido por los «targets» -nichos electorales-, por lo que el producto ha de ser del gusto del consumidor. Del mismo modo que BMW hace coches, ellos hacen política.

Psoe y Unidas Podemos pugnan por unos mismos nichos de la «izquierda», y uno vital es el feminismo. Unidas Podemos intentó atraparlo cambiando su nombre a «Unidas» tras la masiva protesta por el 8 marzo, e intentó también dirigirse al electorado monárquico al reivindicar como «de todos los españoles» la rojigualda. Constituyó un desprecio total y absoluto a su electorado fiel: el republicanismo.

Sin embargo, el feminismo (RadFem) ya está copado histórica y tradicionalmente por el Psoe que opta por el «voto útil», por lo que el «relato» feminista no les es lo suficientemente productivo en términos electorales para UP ¿Solución? Vendemos un producto a unos potenciales consumidores que no tienen proveedor: el transfeminismo.

Noelia Vera, secretaria de estado de igualdad y contra la violencia de género en el gobierno de coalición dice: «la autodeterminación de género es un derecho, legislaremos para eso».

¿Cuándo regresaremos a la teoría y praxis política del proletariado y el socialismo científico? Regresemos cuanto antes.

Miguel de Tarso

Texto completo en Boletín Aldaba

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