¿Por qué oponerse a la Ley Trans de Irene Montero?

Fuente del artículo: El Común

Hemos conocido la noticia de la publicación de la consulta pública, abierta hasta el 18 de noviembre, por parte del Ministerio de Igualdad previa a la elaboración de la Ley Trans llamada Ley para la Igualdad Plena y Efectiva de las Persona Trans, también llamada por algunas radfeministas la Ley Veneno

Desde la izquierda parece costar ver qué es lo controversial de esta ley y por qué existe un movimiento en la izquierda que se opone no sólo a esta ley sino al fundamentalismo queer en general, por ello el propósito de este artículo es exponer brevemente las implicaciones que supondría la aplicación de esta ley, de dónde viene esta oposición y qué buscamos.

La realidad jurídica española actual de las personas transexuales viene recogida en varias leyes. En la que nos ocupa, la Ley 3/2007, regula la “rectificación registral del sexo”. Los requisitos que se regulan en ella para dicha rectificación del sexo son: que haya sido diagnosticada la disforia de género; la ausencia de trastornos de personalidad que pudieran influir en la existencia de la disonancia entre el sexo morfológico o género fisiológico inicialmente inscrito; y haber sido tratado durante al menos dos años para acomodar sus características físicas a las correspondientes a las del sexo reclamado. Tras cumplir los requisitos y justificarlos tal y como especifica la ley la persona transexual podrá acceder a un cambio de sexo en el registro civil. Esta ley aporta una seguridad jurídica para el cambio de sexo registralmente y, a su vez, regula de manera coherente la realidad científica de la disforia de género como una patología.

Cuando analizamos el documento propuesto por el Ministerio de Montero nos topamos con la justificación terraplanista para la ley trans: la despatologización de la disforia de género basada en aspectos ideológicos. Si la disforia de género es una patología diagnosticada por la psiquiatría y que se define como el trastorno de la identidad de género, es decir, una discordancia entre el sexo biológico y el género, ¿a qué responde la supuesta despatologización por la que luchan? Desde luego sabemos que no responde a cuestiones científicas. A priori, ese afán despatologizador sin basarse en evidencias científicas sino puramente ideológicas a quienes afecta de pleno es a las personas transexuales, sólo va a conseguir empeorar la atención sanitaria para esas personas. La psiquiatría se sienta en el filo de la navaja:correr el riesgo de ser acusado de transfobia o,alternativamente, permanecer en silencio durante este experimento incontrolado. Son muchas las incertidumbres a las que se enfrentarán los médicos cuando traten con algo que ya no es un trastorno ni una condición mental y, sin embargo, para el que se buscan con frecuencia hormonas e intervenciones médicas y en el que las comorbilidades de salud mental son comunes.

La ley trans propone que las leyes de acción positiva dejen de tener sentido, y me explico. En esta ley trans, tal y como recoge el documento que presenta el Ministerio de Igualdad, se quiere legislar que la disforia de género no sea una patología y que cualquier persona pueda acceder a un “cambio registral de su sexo sin que el ejercicio de este derecho esté condicionado a la previa presentación de informe médico o psicológico alguno, ni la previa modificación de la apariencia o función corporal de la persona a través de procedimientos médicos, quirúrgicos o de otra índole”. De este modo, un hombre transexual que pare a un bebé accedería a un permiso de paternidad y no de maternidad. Tampoco podrá acceder a las políticas de acción positiva para luchar contra la precarización que supone en las mujeres la conciliación de la vida laboral y reproductiva. En definitiva, este hombre trans se desposeería por un simple sentimiento individual de toda la protección que algunas instituciones han creído fundamental reconocer a las mujeres, pero su opresión no se esfumará por un mero cambio registral, la realidad seguirá siendo la misma. Del mismo modo, esta ley puede suponer que algunos hombres maltratadores, violadores e incluso asesinos pidan un cambio registral de su sexo al de mujer para que las leyes de acción positiva sobre violencia de género no les afecte. Esto supondría una regresión en los derechos de la mujer, así como también una regresión en los métodos de estudios estadísticos sobre violencia de género que pretenden concienciar a la sociedad y emprender medidas. Si abordamos el aspecto penitenciario, cualquier persona preferiría ir a una cárcel de mujeres. Con esta ley se estaría permitiendo que un hombre pudiese acudir al registro a cambiar su sexo al de mujer cuando sabe que va a ser condenado. Se me ocurren infinidad de casos controvertidos que podrían darse si esta ley finalmente se aprobase, pero no quiero dejar pasar este apartado sin mencionar lo que tiene que ver con la salud y las patologías asociadas al sexo biológico (y no el sentido). Por poner algunos ejemplos: los síntomas de un infarto son diferentes en hombres y mujeres, ¿podrá un hombre trans creer que, dado que su sexo modificado registralmente es el de hombre, sus síntomas de infarto son los de un hombre? ¿Accederán las mujeres trans a la ginecología ya que su sexo registral es el de mujer o los hombres trans deberán acceder a la urología para tratar enfermedades que sufren los hombres? ¿Tendrán cáncer de próstata los hombres trans y el cáncer de mama afectará también de manera mayoritaria a las mujeres trans tras el cambio registral de su sexo? Parece obvio que nos enfrentamos ante un despropósito, un desafío absurdo a la ciencia y a la biología digna del más patético terraplanismo. 

Sigue el documento de Montero pidiendo a los poderes públicos “medidas de acción positiva (…) para la igualdad de las personas trans”. Cuando piden generar políticas de acción positiva para personas trans es, sin duda, el mayor insulto y regodeo a las mujeres que ofrece esta propuesta, ya que si esta ley se hiciese realidad, como hemos visto, las políticas de acción positiva que las mujeres ya tienen reconocidas tras su ferviente lucha dejarían de tener sentido, pero eso sí, se debería legislar políticas de acción positiva para una parte ínfima de la sociedad a costa de mitad de ella.

En el documento también hablan de los menores trans, y es que ya sabemos gracias a la evidencia científica que alrededor del 80% de niños y niñas que sufren disforia de género, ésta remite durante la pubertad. Someterlos a bloqueadores hormonales a esas edades elevará las altas tasas de suicidios que ya presentan las personas transexuales. Esta ley pretende despojar los derechos de la infancia, no sólo ofreciéndoles el cambio registral de su sexo pese a la oposición de sus progenitores, sino también el siguiente paso a ser del sexo sentido: el acceso a bloqueadores hormonales a menores e incluso cirugías de mutilación genital y reconstrucción de tejidos sanos. Cuando hablo de bloqueadores hormonales que se suministran a los menores me refiero a, como su nombre indica, medicamentos para bloquear la pubertad con el fin de permitir retrasar su crecimiento natural para que tengan más tiempo para decidir sobre su sexo. Dichos medicamentos suprimen la liberación de estrógenos y testosterona, por lo que existen casos en los que se desarrollan malformaciones y las consecuencias del uso de estos bloqueadores son irreversibles y tienen consecuencias a largo plazo. Estos tratamientos funcionan como una especie de experimento incontrolado que está haciendo servir a niños y niñas como cobayas. Pese a que todavía no se conocen todos los efectos que pueden causar dichos bloqueadores, la sanidad española ya los suministra a los menores prepúberes. Datos de un estudio mostraron que algunos de los que tomaron bloqueadores hormonales reportaron un aumento en los pensamientos de suicidio y autolesión, aunque el estudio menciona que no se pudo establecer si la causa fue el medicamento o si había algún otro factor detrás de dicho aumento.

Desde el queerismo a menudo se intenta esconder otra realidad reveladora de la realidad transexual que son las voces de las personas transexuales arrepentidas de su transición y que comienzan un duro proceso de detransición. Las personas que detransicionan se encuentran frente a una realidad muy dificil, incluso más que la propia transición. Una transición errónea puede hacer pasar a una persona que no tenía ningún problema a padecer graves efectos en su salud mental, más cuando muchas veces estas transiciones se convierten en irreversibles y estas personas no consiguen superarlo e incluso deciden acabar con su vida. En internet se pueden encontrar muchas voces de personas en detransición y estudios realizados sobre ellas. Uno de los estudios científicos realizado por la Unidad de Identidad de Género del departamento Valencia Doctor Peset concluye que las causas observadas que motivaron la detransición fueron la desistencia identitaria, la psicomorbilidad asociada y la confusión entre identidad y orientación sexual. Este mismo estudio indica que la detransición es un fenómeno de presentación creciente que conlleva problemas clínicos, psicológicos y sociales. Una correcta evaluación y recurrir a la medicalización como única vía de mejora de la disforia en algunos jóvenes puede conducir a posteriores detransiciones. Es fundamental una atención integral dentro de un equipo multidisciplinar con experiencia. A falta de más estudios que determinen posibles factores predictivos de la detransición, es recomendable proceder con prudencia en casos de historias identitarias atípicas.

En este sistema nacer en una familia trabajadora sumado a pertenecer a un sexo u otro te posiciona en la sociedad y, pese a que te sientas del sexo contrario, esa posición no va a cambiar. Esto parte de un análisis materialista de la cuestión de la mujer de clase obrera, análisis totalmente opuesto al idealismo de la ideología queer, en el cual, la opresión es fruto de un sentimiento individual y surge de lo que ellos denominan “identidad de género”, como si el género también pudiese ser una elección. De hecho, en su idealismo van un paso más allá negando el binarismo de este e incluso que puede variar el género sentido a lo largo del tiempo llegando incluso a tener uno diferente para cada día. El género es la materialización del modelo de producción, que no es más que la reproducción de los roles dentro del marco de la sociedad de clases. El género sirve para subyugar a la mujer obrera en la sociedad en la que llega a sufrir una agudización de la opresión de clase que la evoca a una mayor precarización llevándola a un posicionamiento social inferior, y eso no es un sentimiento, es una realidad que viene dada por el sexo biológico desarrollado durante la etapa embrionaria y que es inmutable; ni cirugías ni hormonas van a anticiparse a esa etapa embrionaria. La precarización que sufre la mujer para conciliar la vida laboral y la reproducción no la va a sufrir una mujer trans, en todo caso la sufrirá un hombre trans, y eso, también es una realidad.

A partir de entender los aspectos clave sobre sexo y género y el posicionamiento de la mujer obrera en una situación tendenciosamente más precaria, es cuando en el la cuestión legislativa se explican las leyes de discriminación positiva o de acción positiva que sirven para elevar a las mujeres a una posición de igualdad jurídica formal. Pese que para mi esto es una manera de parchear y que no supone la solución al problema de la mujer en la sociedad, es necesaria la lucha por los derechos de la mujer trabajadora en el plano jurídico. Pero estos derechos no son ninguna concesión del sistema o del gobierno de turno, sino que son fruto de la lucha obrera para conseguirlos y consolidarlos. De ser la igualdad jurídica formal la solución al problema de la mujer en la sociedad estaríamos subestimando dicho problema. La igualdad real entre mujeres y hombres no llegará cuando las leyes lo avalen, sino tras un proceso dialéctico mucho más complejo que parte de la transformación de la sociedad dada la destrucción de las condiciones materiales que hicieron posible el patriarcado: la propiedad privada y la herencia.

Sin lugar a dudas la situación actual es insostenible. La agudización de la crisis planetaria afecta de lleno a la clase trabajadora que ve a sus políticos poner al debate público aspectos que no le interesan y que propician que cada vez vean más lejana a la clase política vendida a los intereses del capital. Cada vez más las masas reniegan de todo lo que huela a postmodernismo y cada vez tienen más claro que ideas como la queer nacen en el seno de la burguesía y son nuestras enemigas de clase. Mientras las colas de los comedores sociales dan la vuelta a la manzana en nuestros barrios, “el gobierno más progresista del mundo” nos habla de “identidades trans” y demás mamarrachadas. Nos encontramos ante una distopía terrible que augura un futuro muy oscuro para la clase trabajadora, para las personas que sufren disforia de género, las personas transexuales, y cómo no, las principales pagadoras de los platos rotos, las mujeres, las cuales son vejadas, perseguidas y linchadas por ser críticas ante esta decadencia ideológica hegemónica que pretende borrarlas del mapa.

“El sexo biológico existe, la miseria de los trabajadores también”.

Aleks Sef.

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