De la salida e irreformabilidad de la UE, a alabar sus bondades

El Plan de Recuperación de la Unión Europea, no es más que una estrategia para salvar los intereses del gran capital.

En las últimas semanas hemos visto todo un ejercicio de autocomplacencia por parte del grupo eurocomunista dirigente del PCE, tras el acuerdo del Fondo de Recuperación alcanzado por el Gobierno con la UE. La militancia del PCE y sus, cada vez más alejados, votantes han escuchado atónitos sus declaraciones manifestando una y otra vez las supuestas bondades del «histórico» acuerdo alcanzado. Atrás quedan ya los documentos aprobados por más de un 80% de los delegados del PCE en su XX Congreso, en los que se acordó «romper con el euro y con la UE. Por la recuperación de la soberanía económica, la salida del euro y la ruptura con la UE para la construcción de una alternativa», bajo la premisa materialista de que «tanto la UE como el euro son irreformables»». Pablo Iglesias afirmaba esta semana en unas declaraciones al periódico Le Monde que la UE no sólo es reformable, sino que «ha corregido el dogmatismo neoliberal que tanto daño ha hecho a Europa y sus habitantes, en especial en el Sur». Por su parte, Yolanda Díaz, dirigente del PCE, afirmaba hace unos días en declaraciones a El Diario que «no hay hombres, ni mujeres de la Troika, ni los va a haber» así como que «no hay condicionalidades que tengan que ver con las agendas legislativas soberanas de los países, pese al empeño de algunos al respecto». 

Sobre el Acuerdo del Fondo por la Reconstrucción 

España recibirá 140.000 millones de euros, de los cuales tendrá que devolver 67.300 millones antes del 31 de Diciembre de 2058. El 70% de estos fondos en concepto de préstamos comenzará a entregarse en 2021, de manera paulatina, hasta 2023. El 30% restante será entregado a partir del 2023, hasta 2027. Pero ¿cuáles son las condiciones impuestas por la UE para la entrega de dichos fondos?

En primer lugar, los países receptores de dichos préstamos tendrán que presentar a la UE unos planes detallados, dando cuenta de cómo van a utilizar esos fondos para la recuperación económica y social de su país. Esos planes deberán contar con el visto bueno de la mayoría de los países liberales que conforman la UE. Por otro lado, los planes se revisarán y adaptarán, según proceda, en 2022 para tener en cuenta la asignación definitiva de fondos correspondientes a 2023. Esto significa que los planes socioeconómicos del Estado español deberán alinearse con las políticas e imposiciones exigidas por Bruselas y resto de países hegemónicos para ser aceptados. Es decir, el Estado español cede sus competencias en políticas sociales y económicas a Bruselas y resto de países que lideran la UE. ¿Cuáles son esas políticas? Privatizaciones de los servicios públicos, reformas laborales con recortes drásticos en los derechos de las y los trabajadores, retraso de la edad de jubilación, subida de los impuestos indirectos (IVA, imposiciones a las transacciones financieras, tasas digitales, impuestos a los plásticos, impuestos a las emisiones de CO2, etc.) que recaerán directamente en la clase trabajadora. La derogación de la reforma laboral del PP, reforma que fue respaldada en su día por la UE, se cae de un plumazo. Tampoco será posible reforzar el sistema sanitario público y menos acabar con la sanidad privada. 

Otra de las condiciones que contempla el Acuerdo del Fondo de Reconstrucción es la que incorpora el apartado relativo a “Recursos Propios”. En este apartado se contemplan, tanto las condiciones relativas a impuestos indirectos, IVA, imposición a las tasas financieras, imposición a las emisiones de CO2, imposición a los plásticos, subidas en el IRPF para rentas altas y bajas y un sinfín de imposiciones fiscales relativas a la “nueva normalidad” post-Covid-19, como paquetes de medidas que, por supuesto, contemplan privatizaciones y reformas. La nueva crisis capitalista, generada por su propio sistema de producción, la va a pagar, como siempre, la clase trabajadora. Estos paquetes de medidas están contemplados en el “MFP” tradicional (Futuro Marco Financiero Plurianual), que viene dictaminando el gasto de la UE, su gestión y su limitación desde 1988 sobre una base financiera puramente neoliberal, y la nueva “Next Generation EU”. Según el acuerdo sobre el Fondo de Reconstrucción, “«Next Generation EU» y el MFP van unidos. Necesitamos unas medidas de recuperación que proporcionen una respuesta rápida y eficaz a un desafío temporal, pero estas solo lograrán el resultado deseado y serán sostenibles si se vinculan armónicamente con el MFP tradicional, que viene definiendo nuestras políticas presupuestarias desde 1988 y ofrece una perspectiva a largo plazo.” Toda una declaración de intenciones en la que la UE deja claro que su hoja de ruta sigue siendo el mismo neoliberalismo que nos ha traído hasta aquí. 

Otro de los ajustes exigidos por la UE en los últimos tiempos es el relativo a la Reforma de las Pensiones. Uno de los propósitos de la UE es que se deje de aplicar el índice de compensación entre las pensiones y el IPC, lo que, inevitablemente, lleva a un descenso de la capacidad adquisitiva de las personas jubiladas. Por otro lado, la Comisión incluye el llamado «Factor de Equidad Intergeneracional», que no es otra cosa que añadir la esperanza de vida al cálculo de las pensiones, adaptando la cuantía de la pensión a los años que vivimos. La revalorización de las pensiones, por tanto, será cada vez más baja. Si a esto le sumamos el hecho de que las pensiones ya no estarán compensadas con el índice del IPC y la consiguiente pérdida de capacidad adquisitiva, podemos imaginarnos la situación en la que van a estar las personas pensionistas en este país en unos años. 

Todas estas reformas, según el acuerdo sobre el Fondo de Reconstrucción, van a estar, además, en continua revisión por parte de la Comisión Europea, que se reserva el derecho a cortar los fondos en cualquier momento, en caso de que las reformas no sean suficientes o no se ejecuten tal y como se han marcado. 

Yolanda Díaz y resto de dirigentes reformistas del PCE que han decidido presentar este acuerdo como una victoria del «Gobierno más a la izquierda de Europa», omitiendo las consecuencias de dicho acuerdo, están faltando a la verdad. Y hacen un flaco favor a las históricas siglas del PCE, al conjunto de la militancia del PCE y a la clase trabajadora que confió en ellos y que, como consecuencia de sus continuas renuncias ideológicas, está retirando su apoyo, elecciones tras elecciones. 

Es tiempo de que la militancia del PCE reivindique la aplicación de los acuerdos congresuales y exija rendición de cuentas a quienes los están transgrediendo. Si no lo hace, el PCE seguirá teniendo las manos atadas ante este nuevo ataque neoliberal, derivado de la crisis capitalista acelerada por el Covid-19. El capitalismo y el régimen posfranquista del 78 se encuentran en crisis. No es momento de cesiones, ni de renuncias, sino de poner sobre la mesa las contradicciones del sistema de producción y de un régimen político que nos ha llevado a una situación que no podemos sostener por más tiempo.

Fuentes:

  • «Análisis del Acuerdo de la UE sobre los Fondos de Reconstrucción». — José Francisco López Cobos. 
  • «Conclusiones Adoptadas por el Consejo Europeo en la reunión de los Fondos de Recuperación».

Ana Muñoz de la Torre

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