Armarnos frente a las corrientes involucionistas

Negacionistas en Madrid

De nuevo, fascismo y pseudociencias se aúnan para cobrar relevancia en la defensa de los intereses de la clase dominante.

Imagen: El País.

Vivimos tiempos siniestros, surgen hasta debajo de las piedras manifestaciones reaccionarias diversas procedentes del «basurero de la historia». Así, quieren cobrar protagonismo, además de la extrema derecha, todo tipo de oportunistas que de la mano de la incertidumbre generada por la pandemia y sus consecuencias, sanitarias, sociales, económicas y políticas, abanderan planteamientos pseudocientíficos más propios del realismo mágico de «Cien años de soledad» que del desarrollo del conocimiento obtenido mediante el método de la ciencia que por tanto puede someterse a prueba, enriquecerse y llegado el caso, superarse mediante el mismo método. No obstante, García Márquez rompía una lanza a su favor cuando escribía «La ciencia ha eliminado las distancias, pregonaba Melquíades. Dentro de poco, el hombre podrá ver lo que ocurre en cualquier lugar de la tierra, sin moverse de su casa». 

Por otro lado lo de Galileo no era tanto que los inquisidores estuvieran errados en sus juicios astronómicos, sino que se negaban a mirar por el telescopio cuando él les invitaba a hacerlo para que corroboraran la veracidad de sus hallazgos. Se negaban arguyendo que ya Ptolomeo había establecido que la tierra era plana y que la doctrina católica ya había asumido la validez del sistema ptolomeico, de modo que no tenían que mirar nada. En efecto, ese es el punto de partida en el cual se produce la bifurcación entre el pensamiento dogmático y el que se guía por la racionalidad. Y en esas estamos, lidiando con personas que no atienden a razones y que se agarran a todo tipo de teorías de conspiraciones como mecanismo de reafirmación ante la ansiedad y la incertidumbre o que siguen el dictado de las fuerzas reaccionarias organizadas.

Negacionistas y neonazis en Berlín
Negacionistas y neonazis en Berlín. EFE.

La Historia nos ha enseñado que el escenario de crisis generalizada es muy propicio para el desarrollo del fascismo que siempre apela a las emociones e impulsos más primitivos, como igualmente ocurre con las pseudociencias, no siendo nada extraño que ambas expresiones vayan de la mano al servicio de la defensa de los intereses de la clase dominante frente a la posible salida revolucionaria de las crisis del sistema capitalista. La ocasión que la pandemia les está ofreciendo para manipularla es inmejorable convirtiéndola de consecuencia de dicho sistema en cortina de humo que sirva para encubrir dicha responsabilidad desviándola hacia todo tipo de supuestos factores causales que nada tienen que ver con la cruda realidad. Así, en los últimos meses se han visto innumerables tesis alrededor del coronavirus y de la CoVid-19, incluída su negación, con el protagonismo de grupos terraplanistas y antivacunas y el cuestionamiento de la ciencia epidemiológica y virológica llegando finalmente a tomar la forma de concentraciones en la calle con rechazo del uso de mascarillas y del mantenimiento de las distancias entre personas.

Todo ese maremágnum está produciendo la consiguiente alarma sanitaria y social, habida cuenta de que hasta julio, más de 3.000 profesionales sanitarios han muerto por Covid-19 en el mundo simplemente por cumplir su trabajo y no se puede justificar de ningún modo que las autoridades gubernativas no actúen en estos casos con celeridad y contundencia mediante las fuerzas de orden público, mucho menos después de la actuación represiva en la manifestación contra la Monarquía del pasado 9 de agosto en Madrid.

Está clara la necesidad de la organización y movilización de la clase trabajadora y capas populares que mediante su despliegue y con sus alternativas a la situación que atravesamos arrincone las actividades de las fuerzas involucionistas haciendo camino para conquistar las necesarias medidas rupturistas, democráticas y de transformación social hacia el socialismo. En esa tarea, sin dudas, ha de jugar un papel decisivo la batalla a favor de la racionalidad y la ciencia frente a los planteamientos pseudocientíficos. Un mismo objeto puede ser considerado de modo no científico, incluso anticientífico o conforme a la ciencia. Volvemos pues al método científico mencionado al principio, lo que da a la ciencia superioridad no es su objeto sino el procedimiento, el modo en que opera para alcanzar su objetivo, así como la finalidad para la cual se aplica. 

Arturo Borges Álamo

Comparte este artículo