El escándalo de la repetida estafa farmacéutica

Las farmacéuticas con su actuación de voracidad mercantilista y carencia de los más mínimos principios éticos están favoreciendo una vergonzosa disputa entre países por las vacunas y atentando contra la salud y seguridad de la población.

El actual fraude de las compañías farmacéuticas con las vacunas contra el coronavirus produce la más absoluta perplejidad a la que debería seguir la correspondiente indignación consecuente para que de una vez por todas se le corte las alas a esa actividad empresarial dañina para los fondos públicos y para la salud de las poblaciones que ven defraudadas sus expectativas de atajar la pandemia y atracados a mano armada los patrimonios de los diferentes estados.

Si se hubiera actuado así en 2009 cuando se produjo otro fraude con ocasión de la “falsa pandemia” de la Gripe A (la OMS cambió ad hoc la definición de pandemia solo en función de la morbilidad), nos hubiéramos ahorrado todo lo que ahora, en una auténtica pandemia (tanto por morbilidad como por mortalidad), está resultando un despropósito de un tamaño imposible de calificar aún.

Antonia Perea Rodríguez y Pedro A. Hellín Ortuño, publicaban en 2013 “Estudio de la comunicación de lobby en el caso de la gripe A. Persuasión en la prensa escrita española.” Los autores identificaron una clara estrategia de comunicación por parte de la industria farmacéutica: instalar un lobby dentro de la OMS a través del Comité de Emergencias, encargado de tomar decisiones de carácter vinculante para los países miembros. Para los autores el Comité centró la atención mediática sobre la gripe A mediante “una campaña de comunicación con resultados sobresalientes para la industria farmacéutica”. Según los artículos consultados por los autores, 5 de los 16 miembros del Comité de Emergencias de la OMS encargados de la gestión, portavocía e información de la gripe A tenían vínculos con las principales farmacéuticas que se encargaron de la producción, desarrollo y venta masiva de los fármacos a todos los países.

En enero de 2010 Wolfgang Wodarg, el que entonces fuera presidente de la Comisión de Salud del Consejo de Europa, acusaba a la OMS de haber cedido a las presiones de la industria farmacéutica en la declaración de pandemia por gripe A. La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa recriminaba a la institución por «la reticencia de la OMS a compartir la información sobre gestión de la pandemia, sobre todo en cuanto a los nombres y la declaración de intereses del Comité de Urgencia de la Organización, responsable de las recomendaciones. Le pidió «garantizar la mayor transparencia y el nivel de responsabilidad democrática» en las decisiones de salud pública y que en un futuro la organización hiciera un uso adecuado del principio de precaución sanitaria.

Para comprender la acelerada aprobación de comercialización de medicamentos con ocasión de la gripe A hemos de retroceder al episodio de gripe aviar de 2005-2006. Entonces hubo que definir los nuevos planes internacionales para hacer frente a una alarma de pandemia. Estos planes se desarrollaron con el pretexto de garantizar la rápida producción de vacunas en caso de emergencia, lo que condujo a negociaciones entre las compañías farmacéuticas y los estados. En 2004 la OMS publicó las directrices de una posible pandemia «asociada con un alto número de muertes» e instó a las naciones para que almacenaran medicamentos.

Existen un conjunto de leyes y normas pensadas para favorecer a las compañías farmacéuticas. El monopolio de ventas que otorgan las patentes y los derechos de exclusividad sobre medicamentos esenciales fuerzan a los gobiernos a pagar precios desorbitados y resultan inaccesibles para los países en desarrollo. Tal situación requiere ser atajada dando carácter público y universal a las vacunas garantizando una distribución equitativa y democrática de las mismas.

Es difícil conocer las cifras exactas que gastaron los gobiernos porque, conforme a dichas leyes y normas, “deben respetarse los secretos comerciales”. Las cláusulas de indemnización que figuran en los contratos de compra/venta también resultan desconocidas para la opinión pública. La gran campaña de pánico que se produjo en 2009 era la oportunidad de oro para los laboratorios que participarían en la lucha contra la futura pandemia y esa oportunidad, con los mecanismos acordados entre estados y farmacéuticas perfectamente engrasados, se ha mantenido vigente en la pandemia del coronavirus a pesar de que ahora por parte de la OMS se ha actuado con precaución sanitaria.

Las empresas farmacéuticas respondiendo a su interés comercial, priorizan el beneficio económico sobre cualquier otra consideración, incluso sobre la salud y seguridad de los pacientes lo que ha llevado al descrédito de la OMS y de las vacunas. En la gestión actual, la OMS algo ha recuperado su prestigio pero las farmacéuticas con su actuación de voracidad mercantilista y carencia de los más mínimos principios éticos a la hora de cumplir con los compromisos establecidos en los contratos han redoblado la desconfianza en ellas y en su capacidad para ser parte de la solución a la terrible pandemia de Covid-19. Están favoreciendo una vergonzosa disputa entre países por las vacunas,  no olvidemos como en la primera oleada de la pandemia la pelea era por las mascarillas, los epis y los respiradores.

A la vista de lo ocurrido en el continente europeo, otras posibilidades más serias cobran mayor relevancia en el contexto mundial, de las que incluso el gobierno alemán no puede sustraerse al acercarse al gobierno ruso, en relación con la vacuna pública rusa Sputnik V, que está llegando a varios países de otros continentes, así como el papel que está jugando alguna vacuna china de carácter público también y el que seguro jugarán las desarrolladas por la avanzada biotecnología cubana que da una vez más otro esplendoroso ejemplo de soberanía que ya quisiéramos para el Estado español que no puede dejar de acometer, de modo inmediato, la tarea de dotarse de su industria farmacéutica pública.

Arturo Borges Álamo

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