La España de charanga y pandereta, devota de nieve y cacería

Además de pegar tiros (y algunos hay que tirarían hasta veintiséis millones de veces ) y bajar de las montañas nevadas, banderas al viento, hay otras actividades muy del gusto de nuestra clase dominante.

El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía publica en su edición del pasado 16 de enero un Decreto del Presidente (3/2021), de 15 de enero, en aplicación del Real Decreto 926/2020, de 25 de octubre, por el que se declara el estado de alarma para contener la propagación de infecciones causadas por el SARS-COV-2.

En esta nueva normativa se establece que la permanencia de grupos de personas en espacios de uso público, tanto cerrados como al aire libre, queda condicionada a que no se supere el número máximo de cuatro personas, salvo que se trate de convivientes, a excepción de velatorios y entierros. Asimismo, la permanencia de grupos de personas en espacios de uso privado queda condicionada a que no se supere el número máximo de cuatro personas, salvo que se trate de convivientes.

No se incluyen en esta limitación las actividades laborales, institucionales, educativas y universitarias, ni aquellas para las que se establezcan medidas específicas en la normativa aplicable.

Además, se restringe la entrada y salida de los municipios que superen los 500 casos de Incidencia Acumulada por cada 100.000 habitantes en 14 días. Esta importantísima limitación (que constituye un confinamiento perimetral) tiene dos importantes excepciones que reflejan con exactitud esa España de charanga y pandereta a la que se refería Antonio Machado en su poema «El mañana efímero».

Nos referimos a que el confinamiento perimetral no se aplica, aunque la incidencia acumulada sea de más de 500 casos por 100.000 habitantes en dos antológicos supuestos. Por un lado, a los cazadores, muchos de los cuales son votantes de extrema derecha, y por otro a los esquiadores, entre los cuales se encuentran no pocos simpatizantes de la derecha condenada por corrupción, para la práctica de deportes de invierno de ocio sobre nieve o hielo, lo que se acreditará mediante la presentación del abono para utilizar los remontes –forfait– en una estación de esquí, previamente adquirido. Nos parece, a bote pronto o a tiro limpio, que nuestras autoridades se quedan cortas de puntería y patinan más que esquían. Porque dejar tan sólo dos clamorosas excepciones en el dichoso confinamiento  es un atentado contra otros privilegios de clase que quedan seriamente dañados, perdiéndose el educativo espectáculo de que el populacho pueda admirar cómo sus señoritos añaden otras hazañas sin dejar de pegar tiros por mucho Covid19 que se les cruce en el camino. Acuérdense del Ortega-Smith cuando disparaba (en un polígono militar) con un fusil de asalto contra un blanco que identificaba, juntando la inquisición con la cacería, como un malvado virus chino. Porque además de pegar tiros (y algunos hay que tirarían hasta veintiséis millones de veces ) y bajar de las montañas nevadas, banderas al viento, hay otras actividades muy del gusto de nuestra clase dominante: Téngase como ejemplo a la señora Ayuso y sus espectaculares patinazos, al señor Egea con sus lanzamientos de huesos de aceitunas o al señor Villarejo jugando al mentiroso. La lista de nuestros deportistas de actividades neoconas es larga y no podemos permitirnos que no encuentren su tiempo y espacio para ofrecernos el evidente espectáculo de su poderío universal. Nosotros terminaremos, como siempre, por poner los muertos que hagan falta del rebaño para garantizar la impunidad de ese grupo que no deja de pensar en el beneficio de ser muy y mucho español.

Corresponsal (cinegético) en Andalucía

Ilustración: Fernando Francisco Serrano


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