La Logia italiana Propaganda Dos (P2) y el Opus Dei

Esta entrada es la parte 1 de 3 en la serie Opus Dei y Logia P2
Sociedades secretas (I)

La Comisión del Parlamento Italiano creada por Ley 527/81, presidida por Tina Anselmi, consideró a la Logia P2 una organización criminal, con vínculos con la CIA, y fue disuelta.

El pasado 12 de septiembre, el periodista Enric Juliana escribía, refiriéndose a la preocupante situación española, que había que remitirse al sórdido escándalo de la Logia P2 italiana para encontrar parangón: una sociedad secreta que agrupaba a personajes claves del aparato estatal, las finanzas, la política, el periodismo, con el propósito de influir en el destino del país al margen del gobierno e incluso contra el gobierno.

Y en la tertulia matutina de la cadena Ser, el 9 de septiembre último, Gonzalo de Velasco, profesor de Filosofía, señalaba que no debe continuar silenciándose el papel del Opus Dei en la serie de acontecimientos tan graves de corrupción económica e institucional que están ocurriendo en España.

Pues bien, de manera modesta, el presente artículo va a describir en la medida que permita su brevedad, las principales características de la Logia P2 italiana, y en otros dos sucesivos, el carácter del Opus Dei y sus particularidades básicas y el papel desempeñado en la política y en la economía de nuestro país por algunos de sus principales miembros.

El 17 de marzo de 1981 en la localidad de Castiglione Fibocchi, en el norte de Italia, se procedía por la policía a cumplimentar la orden de entrada y registro acordada por dos jueces de Milán, en un local donde disponía una habitación el venerable Licio Gelli, gran maestre de la llamada Logia P2.

Las investigaciones judiciales y parlamentarias revelaron que esta secta había condicionado decisivamente la vida política italiana durante los últimos 20 años, situando a sus miembros y afines en los puestos claves de las instituciones públicas y privadas del país.

Entre los 900 componentes cuyos datos aparecieron en dicho registro, se encontraban dos ex presidentes del gobierno italiano, un personaje que acabaría siendo una celebridad, Silvio Berlusconi, 62 senadores, 44 diputados, oficiales del ejército y los servicios secretos, altos funcionarios y los principales empresarios italianos, entre ellos los propietarios de la Editorial Rizzoli, editora del Corriere della Sera.

Posteriormente se descubrió también por la policía el denominado «Plan para el resurgimiento democrático», que exponía sus objetivos, a saber, conseguir una democracia cada vez más autoritaria y anticomunista, fijando entre sus métodos el de dividir el movimiento sindical y dar un golpe de estado no convencional, mediante la continua presión sobre todas las instituciones en el sentido favorable a sus designios.

La Comisión del Parlamento Italiano creada por Ley 527/81, presidida por Tina Anselmi, la consideró una organización criminal, con vínculos con la CIA, y fue disuelta.

Sus actividades ilegales fueron innumerables, con la principal obsesión de impedir, por todos los medios, la entrada en el gobierno del Partido Comunista Italiano.

Entre otros muchísimos asuntos de enorme calado, la secta P2 maniobró para impedir el rescate de Aldo Moro, secuestrado por las Brigadas Rojas, político del sector más progresista de la democracia cristiana, partidario de formar un gobierno de coalición con el partido comunista mediante el cumplimiento del llamado compromiso histórico.

El secuestro concluyó con el asesinato de Aldo Moro.

Uno de los más conocidos mecanismos que utilizaron, fue la colaboración con la llamada Red Gladio, otra organización secreta creada por la OTAN, utilizando la llamada «estrategia de la tensión». Fue condenada por el Parlamento Europeo en 22 de noviembre de 1990.

De máxima repercusión fue la matanza de la estación de tren de Bolonia, con más de 80 víctimas, ocurrida en 1982, y la provocada en la Plaza de la Fontana en Milán, con la participación de elementos de extrema derecha. En ambos casos se manipularon y desaparecieron pruebas esenciales y se produjeron mecanismos de despistaje, organizados por los servicios secretos, en el periodo controlado por la Logia.

En definitiva, se trataba de una organización jerarquizada, que actuaba en total secreto y con la obediencia al Maestro Venerable por parte de sus miembros, a los que colocaba en las más altas instancias públicas y privadas del país. En definitiva, creando «un estado dentro del estado», como la calificó la Comisión Anselmi.

Roberto Calvi, banquero de Dios

La Logia P2 tenía el control de entidades financieras, como el Banco Ambrosiano, y el Banco Nacional Franklin, presididos respectivamente por Roberto Calvi y por Michele Sindona, que guardaban fondos del Instituto de Obras de Religión del Vaticano y también de la mafia. Las quiebras de estas entidades crediticias estuvieron detrás de la muerte por ahorcamiento del primero de ellos en Londres, y del más oscuro todavía envenenamiento con cianuro del segundo en una cárcel italiana,

Pues bien, Italia acordó su disolución y tipificó dichas sectas, como delictivas, sancionándolas el código penal en el artículo 1 de la Ley 17/82, aplicable a aquellas sociedades secretas que actuando «incluso dentro de asociaciones que no lo sea… manteniéndose en secreto… desarrollen una actividad dirigida a interferir en el ejercicio de las funciones de Órganos Constitucionales…»

En fin, mencionemos que esta extraordinaria situación oscura, es la que ha sido recordada como la más parangonable a la España actual por el escritor y periodista Enric Juliana, que fue durante muchos años corresponsal de La Vanguardia en Italia.

Alberto García

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