La «batalla de Madrid» y el papel de Pablo Iglesias

Ilustración: ¡dejadme solo! Autor: Fernando Francisco Serrano.

Con la amenaza fascista real en Madrid, Pablo Iglesias peca, además de protagonismo, de subjetivismo «voluntarista» confundiendo «su deseo» con la realidad objetiva y también “se pone la venda antes de la herida”.

La estrategia de los sectores más reaccionarios y abiertamente fascistas de que sea la llamada “batalla de Madrid” una auténtica anticipación y ensayo de su conquista del Gobierno del Estado se está desarrollando en un escenario marcado por una correlación de fuerzas claramente desfavorable para la izquierda.

Al estudiar la correlación de fuerzas es fundamental tener presente el grado de cohesión o de contradicciones existentes dentro de cada uno de los sectores en pugna. No es lo mismo un enemigo cohesionado que dividido. Pero esto no sólo es válido para el enemigo, es también válido para el campo de la izquierda.

La sombra amenazante de una abstención importante en una jornada electoral en día laborable que dificulta la participación de la clase trabajadora y capas populares mientras el barrio de Salamanca se vuelca en potenciar a la punta de lanza constituida por la suma de Ayuso con Vox empieza a dibujar la primera parte, la del enemigo, en la ecuación señalada.

En frente se presenta una izquierda a la que le falta coherencia y la necesaria cohesión, derivada, por una lado, de las posiciones socioliberales del PSOE y a su izquierda de la desorientación generada por las posiciones oportunistas que la experiencia de Podemos ha venido a potenciar en ese espacio de referencia para la clase obrera y resto de capas populares.

Y es que cuando el papel de Podemos ha sido fundamental para que se produjera el reemplazamiento de la lucha de clases por el electoralismo más acusado, no se puede esperar que la ausencia de fuerza social genere la necesaria fuerza política para vencer a la derecha. Una derecha que, no lo olvidemos, hace del anticomunismo su santo y seña en la estela de mociones de condena al comunismo como la aprobada en 2019 por el Parlamento Europeo, con el apoyo no solo del Partido Popular, Vox, Ciudadanos y PNV sino también del PSOE, y que anuncia tiempos de represión de las luchas y organizaciones populares, en un previsible contexto de agudización de las contradicciones de clase, si no somos capaces de impedirlo.

El marxista ruso Jorge Plejánov, en su libro «El papel del individuo en la historia», escrito en 1898, explicaba la genuina posición del marxismo en esta cuestión: «Los individuos pueden influir en los destinos de la sociedad. A veces, su influencia llega a ser muy considerable, pero tanto la posibilidad misma de esta influencia como sus proporciones son determinadas por la organización de la sociedad, por la correlación de las fuerzas que en ella actúan. El carácter del individuo constituye un «factor» del desarrollo social sólo allí, sólo entonces y exclusivamente en el grado en que lo permiten las relaciones sociales».

Marta Harnecker, en «Los conceptos elementales del materialismo histórico» es muy clara al respecto: «es la lucha de clases y no la acción de los individuos aislados lo que determina la marcha de la Historia». El marxismo–leninismo juzga el papel histórico de las personalidades, en palabras de Lenin, «por lo nuevo que aportaron en relación a sus antecesores» y desde luego la aportación de Pablo Iglesias es continuadora del oportunismo sufrido en el seno del PCE y en todo el espacio político de la izquierda que la clase obrera y las capas populares tienen por referente.

Puede decirse, por las posiciones que se van haciendo públicas, incluida la del Secretariado del PCE, que se quiere compensar la manifiesta debilidad real con ese mismo voluntarismo y subjetivismo que incluso roza el caudillismo político. Pero dicha debilidad está en el ADN de las fuerzas del espacio de la izquierda en presencia en la Comunidad de Madrid (y en el conjunto del Estado), su desvinculación de la lucha de clases la determina.

Está muy claro que bajo el «viejo régimen», bajo el «viejo poder» no hay posibilidad  dereforma política que altere las relaciones de poder materiales que marcan los parámetros del sistema capitalista sin cuya ruptura no hay progreso que valga, por lo que el oportunismo electoralista se amarra al limitado posibilismo que el sistema le ofrece. Y centran en él «su batalla electoral», ni más ni menos.

Por el contrario, también en una coyuntura electoral las tareas tanto de comunistas como de otros sectores de la izquierda pasan en este país por agitar y trabajar por la formación de una amplia alianza política en favor de la ruptura democrática y republicana, establecer una hoja de ruta y mucha organización y determinación para lograr dicho objetivo, junto con la defensa intransigente de los intereses obreros y populares. Esta alianza entre organizaciones políticas, movimientos sociales y organizaciones sindicales, debe hacerse sin concesiones de principio que aten al movimiento obrero y popular a posiciones o intereses de la burguesía.

Manifestación en Madrid tras la abdicación de Juan Carlos el 2 de Junio de 2014
Manifestación en Madrid tras la abdicación de Juan Carlos el 2 de Junio de 2014. Fuente: Revista LA COMUNA 25.10.17

Desde luego, nuestra estrategia y lenguaje no puede someterse a determinadas particularidades individuales, por imprimir una fisonomía individual a los acontecimientos, menos aún en casos extremos de individuos con un recorrido que ha pasado de la insistente denuncia del “régimen del 78” a su defensa con la Constitución que lo consagra en mano.

En 1877, desde Londres, escribió Karl Marx: «no damos un penique por la popularidad. Como prueba de ella citaré por ejemplo el siguiente hecho: por repugnancia a todo culto de la personalidad, yo, durante la existencia de la Internacional, nunca permitía que llegasen a la publicidad los numerosos mensajes con el reconocimiento de mis méritos con que me molestaban desde distintos países; incluso nunca les respondía, la primera afiliación mía y de Engels a la sociedad secreta de los comunistas, se realizó solo bajo la condición de que se eliminaría de los estatutos todo lo que contribuía a la postración supersticiosa a la autoridad».

Pues parece que dicha «postración» se promueve en la «izquierda» actual ignorando también las enseñanzas de Lenin cuando afirmaba: «así se refuta la concepción puramente mecánica y pueril de los subjetivistas que se contentaban vanamente con decir que la Historia es obra de los individuos vivientes, sin preocuparse por investigar qué ambiente social determina las acciones de los individuos y cómo opera».

También juega su papel el reflejo dialéctico de que “se actúa según se prevé” de modo que, dicho de una forma más castiza, Pablo Iglesias “se pone la venda antes de la herida” (que ya anuncia la pérdida progresiva de apoyos en Galicia, Euskadi, Cataluña…) ante el triste balance de su Gobierno con el PSOE en cuanto a la reforma laboral, pensiones, salario mínimo interprofesional, ingreso mínimo vital, deterioro y privatización sanitaria, desahucios, alquileres, cortes de luz, dependencia, ley mordaza, etc. optando por pasar a otro ámbito en huída hacia delante «voluntarista» que le lleva a confundir «su deseo» con la realidad.

Redacción

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