El reclutamiento forzoso y agresivo de Zelenski
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Ian Proud analiza la cada vez más agresiva conscripción forzosa de Zelensky. Proud fue miembro del Servicio Diplomático de Su Majestad desde 1999 hasta 2023. Ian fue alto funcionario en la Embajada Británica en Moscú desde julio de 2014 hasta febrero de 2019, en una época en la que las relaciones entre el Reino Unido y Rusia eran especialmente tensas. Desempeñó varios cargos en Moscú, entre ellos Jefe de Cancillería, Consejero Económico —encargado de asesorar a los ministros británicos sobre sanciones económicas—, Presidente del Comité de Crisis, Director de la Academia Diplomática para Europa del Este y Asia Central, y Vicepresidente del Consejo de la Escuela Angloamericana.
Como nos avisan premonitoriamente desde el Centre Delàs, lo más espeluznante que nos ha traído la guerra de Ucrania es el colosal belicismo que ha despertado en Occidente y en casi todos los países de lo que se puede considerar el bloque occidental.
Ya sabíamos que los ejércitos están conformados bajo un principio patriarcal de obediencia y sumisión absoluta a la jerarquía y con el objetivo de dar la vida por valores metafísicos como la patria y la soberanía. Una ideología denominada como militarista que se está imponiendo a base de dinero y manipulación mediática.
En definitiva, el enorme gasto militar del Gobierno de España es cómplice de la nueva escalada belicista, impulsada por EE UU, que pretende mantener un poder hegemónico en el mundo frente a la alternativa de un mundo multipolar que nace.
El belicismo marca la agenda mundial y España se suma al rearme… y en un mundo que se rearma el ruido de los misiles vuelve a ser la banda sonora del poder. España también parece aceptar la lógica del miedo que se disfraza de patriotismo, de invertir en armas y no en diplomacia, de vender la guerra con la etiqueta de la seguridad. J.L. Gómez en Mundiario avisa de que las palabras retroceden cuando los tanques avanzan.
Son malos tiempos para la paz y la gente huye de la batalla, aunque sea arriesgando la propia vida, de manera que mercenarios y desertores pululan por el escenario bélico huyendo de los escuadrones de reclutamiento encargados de mantener el suministro de la necesaria carne de cañón.
Mientras, en España, nos acostumbran a la probabilidad de la guerra global.

